amando por medio de la Iglesia, que quiere necesitar de nosotros hoy como necesitó ayer del Padre José Agustín Caballero o del obispo Espada, de Carlos Finlay o del Padre Esteban Salas,
para que su Iglesia cumpla su misión de servicio y de amor. Porque de eso se trata, de ser fieles todos, obispos, sacerdotes, diáconos, personas consagradas y laicos, a la única misión de la Iglesia, que es precisamente anunciar a Jesucristo, decir a todos nuestros hermanos en Cuba que no hay otro nombre que se nos haya dado en el cielo o en la tierra que pueda salvarnos. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre (Heb 13, 8). Este fue el llamado convocante del ENEC. Y después se abrieron las puertas de la Iglesia para que entraran nuevos creyentes o para que salieran a evangelizar jóvenes y adultos. Y tocamos a las puertas, y se establecieron casas de oración o de misión, y vino el Papa Juan Pablo II y confirmó a la Iglesia en su andar cuando nos dijo, al pisar tierra cubana en el aeropuerto de La Habana: No tengan miedo de abrir sus corazones a Cristo, dejen que él entre en sus vidas, en sus familias, en la sociedad, para que así todo sea renovado.
4. Con esa tónica misionera y encarnada ha vivido nuestra Iglesia en Cuba en los últimos veinte años, esa tónica debe seguir caracterizándola y debe profundizarse, para esto es el nuevo Plan Pastoral que los obispos de Cuba han entregado a la Iglesia, a fin de ponerlo en práctica a partir del mes de septiembre, en la fiesta de Nuestra Señora de la Caridad. Este Plan Pastoral se extenderá por cinco años y está en continuidad con el anterior, que proponía a nuestras comunidades católicas la formación de los cristianos que la integran para llegar a forjar comunidades vivas y dinámicas, abiertas a la misión y capaces de promover humana y socialmente a nuestros hermanos.
Nuestras comunidades se han hecho más dinámicas y se ha multiplicado en este tiempo el número de casas de oración y de misión, llegando a más de mil doscientas en todo el país. En ellas se estructuran nuevas comunidades, los nuevos cristianos se forman y crecen en la fe, se ha incrementado en la Iglesia el quehacer de los laicos que trabajan por la promoción de sus hermanos en Cáritas, en distintos movimientos e instituciones de la Iglesia y en el seno de la sociedad.
NUEVO PLAN PASTORAL
5. A fin de preparar el nuevo Plan Pastoral, y para conocer el sentir de los católicos de Cuba, se realizó una encuesta en todas las comunidades grandes o pequeñas, sobre cómo desean los católicos que la Iglesia continúe su misión en nuestro país. Muy interesantes fueron las respuestas de hombres y mujeres, adultos, jóvenes o ancianos que, en mayoría notable, expresaron su parecer: “para realizar su misión en Cuba los católicos que forman la Iglesia necesitan una profunda espiritualidad”.
6. ¿Qué quieren decir nuestros hermanos por “espiritualidad”? En sentido general se entiende por espiritualidad todo cuanto ennoblece al ser humano en sus facultades espirituales, como el desarrollo del pensamiento, del gusto por la belleza, de la capacidad de amar de veras. Así lo entendemos también los cristianos, pero añadiendo algo que, más que un matiz, es el aliento que sustenta nuestra espiritualidad como el tronco del árbol que se levanta desde la tierra hasta el cielo en busca de luz y halla en esa misma luz la energía vital para seguir creciendo, hacerse frondoso y florecer. Este impulso vital viene en el espíritu humano de la luz de Dios que nos lleva hacia lo alto, fortifica nuestras raíces y da consistencia al tronco y las ramas. Sólo así nuestra sombra bienhechora podrá cobijar a muchos y aparecerán frutos abundantes.
LA ESPIRITUALIDAD, PRIMERA PRIORIDAD
7. El Espíritu divino trasciende el espíritu humano y lo eleva, pues Cristo Jesús, cumpliendo su promesa, lo ha infundido en nuestros corazones por el bautismo. El don del Espíritu Santo nos hace hijos de Dios capaces de amar y servir al modo de Jesús y de hacer de nuestra vida, por medio de Cristo, una ofrenda a Dios Padre. En este movimiento de nuestro yo espiritual, que al levantarnos hacia Dios transforma y da sentido a nuestra vida, la iniciativa es siempre divina. Es el Señor quien nos invita, nos despierta, nos llama. Nosotros sólo debemos darle una respuesta. Jesús tomó de la mano al paralítico y le dijo: anda, yo te lo digo, levántate, (cf. Mc 2, 5).
8. Y aquí llega mi pregunta, que yo mismo como Pastor de la Iglesia debo hacerme cada día y se la propongo también a ustedes: ¿Cómo estamos respondiendo al llamado de Dios? ¿Es nuestra oración asidua, pidiendo al Espíritu de Dios que nos haga dóciles al llamado de Jesús, a su invitación, a ponernos en movimiento? ¿Tengo los ojos fijos en el rostro de Jesús o las cosas y preocupaciones de este mundo me hacen, en la práctica, darle la espalda al Señor y vivir como si no tuviera fe? La Iglesia nos presentará a partir de septiembre todo un plan para que cada uno de los que la integramos participemos en su misión. Cada grupo en la vida de la comunidad católica: los catequistas, los jóvenes, las familias, los voluntarios de Cáritas, cada movimiento, cada sector del pueblo de Dios y toda la comunidad, deben hacerse personal y grupalmente estas preguntas y otras más para tratar de responder ante Dios en sincera oración. Porque un plan diseñado en iglesia para que la comunidad cristiana haga presente a Cristo en medio de nuestro pueblo y sea como la voz de Jesús que convoca a nuestros hermanos al amor, no es una estrategia bien concebida al estilo de una operación de mercado que intenta convencer por la propaganda. La aplicación de tales métodos harían de nosotros unos proselitistas, nunca un apóstol. Lo que caracteriza al apóstol es su cercanía a Jesús: Jesús los llamó para que estuvieran con Él, (cf Mc 3,14). Jesús no impone, sino propone: Si quieres ser mi discípulo...
Discípulos de Cristo
9. Nuestro Plan Pastoral nos invita a todos a ser discípulos de Cristo, conscientes de estar llamados por Él, que respondemos en toda libertad a su invitación, sabiendo que el seguimiento de Jesús comporta abrazar su cruz pues el Señor mismo explicó cuáles son las condiciones del seguimiento: Si quieres ser mi discípulo... toma tu cruz y sígueme. Sólo el verdadero discípulo, centrado en Cristo, con una espiritualidad fuerte, puede llevar adelante la misión de la Iglesia, vivir serena y gozosamente su fe y sembrar esperanza, proponiendo a otros, en toda libertad, el Evangelio del Reino de Dios.
10. La Iglesia, en estos próximos cinco años pretende:
Potenciar la misión y el discipulado des
de comunidades que centran su vida en Jesucristo, se renuevan y profundizan en una auténtica espiritualidad que genera vida abundante, para colaborar en la transformación de nuestra realidad y posibilitar una nueva esperanza. Este es el objetivo general que persigue nuestro Plan Pastoral y que cada uno de nosotros, y nuestras comunidades, deben conocer y apreciar en toda su belleza y contenido. Mediante sus recomendaciones y reflexiones queremos revitalizar nuestra Iglesia e impulsar su misión. Para esto es necesario:
11. Promover una espiritualidad centrada en el encuentro con Jesucristo, que ilumine la vida en todas sus dimensiones y posibilite un estilo de vida comprometido, generador de esperanza y coherente con nuestra identidad cristiana. Este es el objetivo especifico del Plan Pastoral, es decir, lo que primeramente debemos proponernos y hacer, lo que tendrá una especial prioridad en estos próximos años en la vida de la Iglesia en Cuba.
CONVERSIÓN Y ENCUENTRO CON CRISTO
12. Al conocer lo que la Iglesia nos ofrece como programa de acción para estos años y el reto que esto supone, viene a nuestra mente el tema que domina todo este tiempo de Cuaresma, desde el momento en que, al imponer las cenizas sobre nuestras cabezas nos dice el sacerdote: “Conviértete y cree en el Evangelio”: se trata de la conversión, que deseo proponer a todos como itinerario espiritual en este tiempo cuaresmal. Convertirse es volverse hacia alguien o hacia algo, dejando de mirar por el mismo giro que hacemos, hacia un sitio, para mirar hacia otro. Que sea la Cuaresma un tiempo en el cual, por el rechazo del pecado, por la oración y la abstinencia de algunas cosas lícitas, pero innecesarias o superfluas, aligeremos nuestro espíritu para volvernos prontamente hacia Cristo. Con Él y como Él tenemos que vencer las tentaciones del maligno, que se reducen todas a una sola, la tentación antigua y muy grave de
prescindir de Dios, de hacer nuestra vida sin Él. En la oración del Padre Nuestro, hacia su final, Jesús colocó esta petición sumamente importante: No nos dejes caer en la tentación. No nos dice el Señor: no nos dejes caer en las tentaciones, en plural, sino en la tentación, aquella que es raíz y nervio de todas las tentaciones, la que ofusca la mente y el corazón para que no pensemos en Dios, la terrible tentación de
prescindir de Dios. Con Cristo en el desierto cuaresmal tenemos que “dejar plantado” al diablo y, unidos a Él convertirnos a Dios, volver a poner a Dios en el centro.
13. Los invito, pues, a subir al monte Tabor para escuchar la voz del Padre que nos llega con la luz que envuelve a Jesús y nos dice: éste es mi Hijo amado, escúchenlo. La Cuaresma es el tiempo para dejarnos iluminar por Cristo, para ser transfigurados por Él, para ponernos en serio en la escuela de Jesús, escucharlo y aprender a ser discípulos. Así se estarán preparando cada uno de ustedes para celebrar la Pascua, la Resurrección del Señor, con ánimo renovado, saliendo al paso a esa especie de desaliento y postración que un discípulo de Cristo no puede dejar que se instale en su vida y que vicia a menudo la vida de nuestras comunidades. La Cuaresma es combate y nuestra Iglesia debe combatir justamente la inercia que se origina en el desaliento, que genera desinterés, crítica y falta de compromiso. A la frase: “es natural que muchos se sientan así” yo respondo: las actitudes de fe, la esperanza y el amor en la vida de un cristiano no son nunca naturales, son siempre sobrenaturales. Y ése es el testimonio que da el discípulo de Cristo ante el mundo: decir a todos con nuestra vida que hay Alguien que nos llena, nos sostiene y nos hace capaces de amar, de servir y de mantener una serena alegría en medio de las dificultades porque el auxilio nos viene del Señor que hizo el cielo y la tierra, (Sal 124, 8). |

Conversión de María Magdalena
(Jesús de Nararet, Zeffirelli). |
14. Este es el único lenguaje que puede hablar un cristiano. Si nos hacemos sordos para escuchar esta palabra, si hay resistencias interiores para acogerla y queremos buscar causas naturales externas para culparlas de este estado de alma deplorable y si, en consecuencia pensamos que poco o nada se puede hacer, hay que echar por la borda todos esos argumentos, pues se parecen a los que el diablo presentaba a Jesús en el desierto, y debemos hallar el camino para salir de ese estado, subiendo en oración al monte de la transfiguración y contemplando el rostro radiante de Jesús, El nos iluminará con su luz.
PLAN PASTORAL Y CONVERSIÓN
15. Sin esta conversión previa no sería posible pensar en cristianos y comunidades capaces de extender sus manos para acoger el nuevo plan pastoral y hacer de él un instrumento válido en nuestra Iglesia. La Cuaresma es el tiempo oportuno para hacer un sincero camino de conversión. Ponerse en camino de continua y renovada conversión es comenzar a participar activamente en el objetivo general del Plan Pastoral, preparando su puesta en práctica en el mes de septiembre porque, como leemos en el mismo Plan.
16. “La conversión personal y comunitaria a Aquel sin el cual nada podemos hacer (Jn 15, 5) es fundamental para la renovación eclesial y para el ejercicio de la misión, pues los evangelizadores lo serán de veras si ellos mismos están evangelizados. La conversión sigue siendo el presupuesto necesario e irrenunciable de la misión y como tal la primera opción pastoral. Y conversión no sólo al Dios revelado en Jesucristo, sino también a nuestra realidad en la que ese mismo Dios quiere hacerse presente salvíficamente”, (Plan Pastoral, página 35).
17. “La espiritualidad cristiana debe ser, pues, un camino existencial de fidelidad continua y con la ayuda de la gracia, a nuestra consagración bautismal, que nos configuró a Cristo y nos hizo partícipes de su mismo Espíritu. En esta coherencia de vida, hasta las últimas consecuencias, que exige una actitud de conversión y purificación permanentes, reside la santidad a la que todo bautizado, por el mismo hecho de serlo, está llamado, y la cual debe ser la perspectiva de nuestro camino pastoral y el fundamento de toda programación”, (Plan Pastoral, página 35). Porque la Iglesia no planifica al modo de una empresa. Como nos dijo el Papa Juan Pablo II al inicio de este milenio: La Iglesia no tiene un programa, su único programa es Jesucristo, (Novo Millennio Ineunte).
18. Queridos hermanos y hermanas: es hora de gracia y de conversión. Es el Señor quien nos toma de la mano y nos levanta. Pongámonos en movimiento, hay que echar a andar, partiendo de una conversión sincera, que nos transforme paso a paso en discípulos de Jesús. Los invito a responder las preguntas personales y comunitarias que esta carta pastoral suscita, en espíritu de oración, en comunión con los hermanos de la comunidad, acudiendo a la confesión sacramental para descubrir con humildad ante el Señor los males profundos que minan nuestra vida cristiana y que son causa de desaliento, incomodidades, compromisos a medias y esperanzas sin mañana.
19. La Iglesia nos da la Cuaresma como tiempo oportuno. Busquen al Señor mientras puede ser encontrado, invóquenlo mientras que está cerca, (Is 55,6). La Iglesia espera para realizar su misión en Cuba que cada uno de ustedes y toda la comunidad abran sus corazones a Cristo.