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<< MARZO / 2006 - No.150
DEPORTES

Clásico Mundial de Béisbol: una mirada después del juego.

Diseñado como especie de “tabla de salvación” para el béisbol olímpico, el Primer Clásico Mundial atrajo la atención de los millones de seguidores que tiene este deporte a nivel mundial.

Con cuatro grupos eliminatorios, dos “poules” de cuartos de final, una semifinal y un choque para definir los ganadores de medallas de oro y plata, la lid se extendió del 3 al 20 de marzo en escenarios de Japón, Puerto Rico y Estados Unidos.

por Nelson de la Rosa RODRÍGUEZ.

Duelo Zuzuki-Yulieski.
Duelo Zuzuki-Yulieski.


Llegó el Clásico en el momento oportuno; las Ligas Mayores de Estados Unidos, el Sindicato de Jugadores, la Agencia Mundial Antidopaje y la Federación Internacional pusieron todas sus cartas sobre la mesa con el único objetivo de demostrar que la verdadera calidad de ese deporte en el mundo no era la referencia tenida de los Juegos Olímpicos, Copas Intercontinentales y Campeonatos Mundiales.

El objetivo planteado se cumplió. En aras de apreciar a los mejores peloteros del mundo, las cadenas de noticias se hicieron eco de cada detalle y la afición respondió colmando las gradas en la mayoría de los partidos celebrados.
Increíblemente ninguno de los tres favoritos pre-competencia, Estados Unidos, Venezuela y Dominicana, llegaron a la discusión del título. Este lo alcanzó la selección nacional de Japón luego de vencer en el pleito final a la sorpresiva novena de Cuba, 10 carreras por 6.

Sin embargo, el Clásico merece un análisis más detallado.

CUBA PASÓ EL EXÁMEN

Aunque los medios de prensa en la Isla y los especialistas dijeran lo contrario, el equipo Cuba era el más presionado de cara al certamen. Había llegado el momento de demostrar que los triunfos en Juegos Olímpicos, Campeonatos Mun-diales, Copas Intercontinentales, Juegos Panamericanos y Centro-americanos no eran fruto de la casualidad, sino consecuencia de una alta maestría deportiva, inde-pendientemente del nivel de los rivales.
Yulieski Gurriel.
Yulieski Gurriel.
 
La realidad del terreno demostró algo que siempre se comentó entre la afición: “Varios peloteros cubanos tienen calidad para jugar en las Grandes Liga, y su selección nacional gana y pierde con cualquier rival”.

Cuba cumplió el examen, demostró que sus triunfos a escala internacional no son casualidad, sino consecuencia de la calidad de sus jugadores y entrenadores. Esta vez la parada fue más alta y el conjunto fue subiendo a medida que se desarrollaba el torneo. Es cierto que no se ganó como antaño, y para colmo hasta un nocaut se sufrió, pero así es el béisbol, en el que también están en el juego el error, el «machucón”, el passball, el jonrón y hasta un poco de suerte.

Se pensó en el pitcheo como “la oveja negra” del equipo, y no fue así. De no ser por las excelentes labores de Yadel Martí, Pedro Luis Lazo, Ormari Romero, Yunieski Maya y hasta Vicyhoandri Odelín, el equipo no hubiera llegado tan lejos. Esta vez la tanda de Paret, Michel y Yulieski no funcionó como se esperaba y en su rescate salieron hombres como Yoandy Garlobo, Ariel Borrero, Frederich Cepeda y Osmani Urrutia.
 
Este equipo sacó el “extra” de los peloteros cubanos, el mismo de Conrado Marrero, Agustín Marquetti, Pedro Medina, Urbano González, José Antonio Huelga, Luis Giraldo Casanova, Braudilio Vinent, Antonio Muñoz, , Lourdes Gourriel, Omar Linares, Antonio Pacheco y Germán Mesa. Ese mismo extra hizo brillar en las Grandes Ligas a Orestes Miñoso, Rafael Palmeiro, Luis Tiant, Atanasio “Tani” Pérez , Bárbaro Garbey, Reinaldo Ordóñez, Orlando Hernández, su hermano Liván, Danys Báez y últimamente José Ariel Contreras.
Equipo Cuba en el Clásico Mundial de Béisbol.
Equipo Cuba en el Clásico Mundial de Béisbol.
Precisamente esa “extra” era uno de los puntos a favor de Cuba, como también lo fue el hecho de estar en plena forma deportiva y el llamado “team work” de un grupo de atletas que vienen jugando unidos desde hace al menos dos o tres años.

Ciertamente los entendidos nunca creyeron que Cuba pudiera llegar tan lejos en el Clásico, pero para los conocedores de la calidad de los peloteros criollos una despedida en la segunda fase les hubiera dejado un sabor de insatisfacción.

¿Y LAS GRANDES LIGAS?

Si Cuba pasó el examen, prueba que también sacaron satisfac-toriamente Japón y Corea del Sur, hay que decir que los equipos formados por peloteros de las Ligas Mayores se quedaron por debajo, aunque pudieran argumentarse muchas razones, aun sin el ánimo de justificar.

El primer handicap que tuvieron fue que muchos peloteros en definitiva no participaron por una causa u otra. Panamá y Dominicana, por solo poner un ejemplo, reunieron sus mejores equipos de la historia, pero no era todo su potencial.

Eso a la larga les costó.

Unido a ello, la inmensa mayoría de los peloteros llamados “big leaguers” demostraron no estar en forma deportiva adecuada. Téngase en cuenta que para ellos esta fue la “pre-temporada” de cara al certamen de Grandes Ligas, el cual se extiende desde abril hasta octubre, con un calendario de 164 partidos para cada equipo.

Sin embargo, algo en lo que coincidieron la mayoría de los managers es que las selecciones que dirigieron fueron eso, selecciones de estrellas, pero no un equipo. Un equipo se forma con meses, años de trabajo, y la mayoría de estos jugadores jamás juegan juntos unos con otros.

Pese a esto, los lanzadores abridores de Grandes Ligas que se enfrentaron a Cuba demostraron una altísima calidad. Sin incluir a los abridores de Holanda, Puerto Rico y Japón, los criollos enfrentaron en sus primeros turnos al panameño Bruce Chen, al venezolano Johan Santana y a los dominicanos Odalis Pérez y Bartolo Colón, con 15 hits conectados en 71 veces al bate, para un pobre average de 211 con solo 3 carreras limpias en 20 entradas y 2 tercios de labor.

De que sobre todo los bateadores de Grandes Ligas no estaban en forma da fe el hecho de que hombres como Alex Rodríguez (USA), David Ortiz, Moisés Alou y Albert Pujols (Dominicana), Carlos Lee (Panamá), Andrew Jones (Holanda), Iván Rodríguez (Puerto Rico) y los venezolanos Miguel Cabrera, Omar Vizquel y Bobby Abreu, entre otros, son mucho mejores que lo que lucieron en esta oportunidad y eso conspiró contra el resultado final de sus equipos.

No obstante quedó claro que la calidad no es patrimonio exclusivo de las Grandes Ligas. Son seres humanos que poseen una maestría deportiva como la puede alcanzar todo aquel que se consagre a este deporte, pero no son infalibles, cometen errores, se ponchan y hasta los directivos se equivocan al tomar una decisión.
 


Estadio Petco Park, en California.

LAS ENSEÑANZAS DEL CLASICO


A manera de resumen pudiéramos decir que el Clásico dejó grandes enseñanzas.

En primer lugar, nuestro pueblo pudo ver un béisbol de nivel y eso “abrió” el panorama. Jamás en la televisión cubana se habían visto tantos partidos completos con jugadores de Grandes Ligas, y ese detalle había hecho un mito de estos jugadores.

Por otra parte pudimos apreciar que ser profesional no solo significa recibir salarios con cifras de siete ceros. Ser profesional es también saber lo que hay que hacer en cada momento, tanto en el terreno como fuera de él. Con orgullo hablaron de lo que para ellos significó representar a sus países, y como los cubanos, también salieron a “dejar la piel” en el diamante.

Por otra parte, Iván Rodríguez, Moisés Alou, Albert Pujols y muchos más compartieron con nuestros atletas sin prejuicio ninguno, sin que mediaran cuestiones políticas y con la admiración mutua, dando un gran ejemplo de deportivismo. Pujols, ponderó las cualidades de Yulieski Gourriel y hasta le dio algunos consejos, mientras Miguel Tejada alabó las cualidades defensivas de Ariel Pestano. ¿Quién no recuerda el saludo de los peloteros boricuas a los cubanos, o el rostro sonriente de Iván Rodríguez mientras accedía a las múltiples solicitudes de fotografiarse con los peloteros criollos? Minutos antes, el propio receptor puertorriqueño se lamentaba hasta el extremo luego de fallar su turno ofensivo.

Otro aspecto importante es la disciplina en el terreno. Muy pocas protestas ante el trabajo de los árbitros, fueron un signo evidente de maestría deportiva, de disciplina, de aceptar la autoridad de aquellos que están en el juego para impartir justicia y que no quieren equivocarse.

Los puntos de enseñanza son muchos y el espacio es poco. Eso sí, el Clásico Mundial cumplió su cometido; cubanos, japoneses y sudcoreanos demostraron que la calidad no es patrimonio de las Grandes Ligas, y los integrantes de estas ya saben que no pueden venir a improvisar frente a otros países. Y algo que realmente me impresionó: el béisbol, quizás más que otro punto, hizo unir en el sentimiento a los cubanos que vimos el Clásico en la Isla y los que pudieron verlo en Puerto Rico y Estados Unidos, ya fuera por televisión o en los propios estadios.

El Primer Clásico Mundial de Béisbol ya es historia. El 2009 marca una nueva cita y con ella nuevos retos.

Preparémonos para la ocasión.

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