Retornar al "Home Page" ...
 
 
<< ABRIL / 2006 - No.151

  Poetas Cubanos.
 
por Jorge Domingo CUADRIELLO
 
 
 
 
Poeta, ensayista e investigador literario, ROBERTO Friol (1928) ha sabido conquistar con sostenido esfuerzo y, por encima de todo, con fidelidad a su propia voz, un espacio en el discurso poético cubano de las últimas décadas. Al canto coral estridente ha respondido con su verso mesurado y a diferencia de muchos de sus contemporáneos ha preferido el remanso de paz del banco de un templo o la soñolienta placidez de los parques. Quizás por eso fue omitido de la lista emblemática de los poetas de la Generación de los 50, a la cual en realidad pertenece. Indiferente ante ese escamoteo, ha sumado a su primer poemario, Alción al fuego (1968), los volúmenes de versos Turbión (1988), Tramontana (1997) y Zodiakos (1999), entre otros. Por su valiosa obra poética y por sus notables estudios sobre la literatura cubana del siglo xix recibió en 1998 el Premio Nacional de Literatura.
 
  MOISÉS
Se hizo tarde escribiendo
la vida
en la mano de Dios.
Y luego,
al descender de la montaña
la hoguera de su rostro
era una máscara de Dios sobre el polvo
del escriba.

RELOJES
Se pudre en nuestra alma el cuco.
La gota de agua
resbala en la mejilla de la muerte.
Y el puñado de arena
deja de ser la nevada de las culpas.
Tregua.
Ya volveréis,
agua, a lo abismal del hombre;
arena, a hacerle los huesos a la vida;
canto del cuco, a suplicarle a Dios.
TERESITA
Madre mía: ayúdame a bien morir.
El Evangelio al lado del corazón,
como el vino inmarcesible que corrobora
la oración que salva la eternidad de Pranzini.
He visto la nieve y poco soy: todo mi mérito
estuvo en doblar las capas olvidadas, no desear
la visión tumultuosa ni que mis manos
retuviesen otra espiga que el amor.
Esto supe: alzar mi copa hasta la noche
sin que temblase la máscara de mi juventud.
Y sé que de la lámpara a medio apagar se encienden
las ciudades.
Las fundaciones no son mi herencia, sino este caminito
en que el grano de arena se ofrece como grano de arena,
y arde en silencio por verte sonreír.

EL REZAGADO

Me quedé atrás con las viejas canciones,
con la alborada de mi madre,
con la verdad del viejo Dios.
Me quedé con mi hilito de vida,
con mi brasa ya en rescoldo,
en doliente resaca de mi sueño.
Me quedé atrás, bien atrás,
sin fanfarronadas de viejo verde lírico.
Con mi alción.

Regresar al Sumario Sumario Breves Religión Sociedad Letra Ligera Segmento Internacional En este Universo de Dios