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por Chamber of Mazarbul
ilustración Pedro Calvo |
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O cómo saber distinguir la mezquindad y la responsabilidad
de la generosidad |
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Érase que se era un muchacho. Este muchacho había salido de su casa a comprar una caja de bombones. Y esta caja, no os penséis que era un regalo para su hermana; tampoco para algún amigo; mucho menos un encargo de su madre. Esta caja, se la había comprado con su dinero, y esta caja, era para él...
Resultó que cuando llegó a su casa, se encontró a su madre. No intentó siquiera esconder los dulces, y su madre le preguntó:
-¿Para quién son esos bombones, hijo?
-Son para mí, madre. Tenía el capricho de comprar bombones y comerlos.
A la madre le bastó esta explicación, y no dijo nada más. Su hijo guardó la caja de bombones en su habitación, y cada día, cogía un bombón, y se lo comía...
Ocurrió entonces que su hermana se enteró del capricho de su hermano, y entró en su habitación hecho una furia:
-¿Qué haces, que comes dulces sin decírmelo? ¿Es que no tengo derecho a saberlo ni a que me des uno?
A lo que, el hermano, confundido, respondió:
-Lo cierto es que estos bombones son míos, pero, ¿por cuál razón debería habértelo dicho?
La hermana, enfurecida, le contestó gritando de tal manera que se podía escuchar desde la otra punta de la casa:
-¡Pues sabes bien que entre hermanos hay que compartirlo todo! ¡Eres un egoísta! ¡Mira que no decírmelo! ¡Te exijo ahora que me des un bombón, debes hacerlo porque eres mi hermano y tienes que compartirlo conmigo!
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Tranquilamente, el chico se acercó a ella, y le dijo:
-Mira. Piensa en tres cosas. Una: yo y esta caja de bombones. Un día se me antojó, así que me la compré, y como soy mayor de edad, no necesito opinión de nadie. Razón que, aunque no excusa, tampoco implica tener que decirte que me lo he comprado...
Dos: Te daré un bombón ahora, pero piensa que en ningún momento había quedado contigo ni nadie para compartirlos. Por lo tanto, estos bombones no son algo que tenga que compartir contigo...
Y tres: cuando tengas algo que también quiera yo, tranquila, que yo no te voy a gritar exigiendo derechos como has hecho antes...
Le dió un bombón, y la despidió de su habitación.
-¡Ah! Y piensa en lo amargo que te resultará el dulce, cuando pienses, haberme gritado por tus derechos, y no haberme dicho ni un mísero "por favor"... |
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