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<< ABRIL / 2006 - No.151
SEGMENTO

XX Años del ENEC y Nuevo Plan Pastoral.
Construimos juntos el mañana
Conferencia pronunciada por S.E.R. Cardenal
Jaime Ortega Alamino, Arzobispo de La Habana.
Convento San Juan de Letrán, 6 de abril de 2006.

Debo presentarles el nuevo plan pastoral que los Obispos de Cuba han entregado a nuestra Iglesia y que entrará en vigor el próximo mes de septiembre en la fiesta de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.

QUÉ ES PASTORAL

 
 
La palabra pastoral significa todo cuanto hace la Iglesia para prolongar en el mundo la misión de Cristo Buen Pastor, a fin de conducir el rebaño del Señor, alimentándolo con la Palabra de Dios, colmándolo de vida divina con sus sacramentos, hasta llevarlo a los prados de vida eterna. La pastoral es más que una técnica o un arte. Es la escucha del querer de Cristo Buen Pastor que nos compromete a todos: Obispos, sacerdotes, diáconos, personas consagradas y fieles laicos, a cumplir la única misión de la Iglesia que el Señor Jesús nos confió: Anunciar el Evangelio, o sea la Buena Noticia de la salvación, a todos los pueblos hasta el fin del mundo. La acción pastoral es la respuesta activa de la Iglesia al sentir de Jesús: “Tengo pena por esta multitud que vaga como ovejas que no tienen pastor” (Mc 6, 34).

LA IRRUPCIÓN DEL REINO DE DIOS

Jesús se presentó a sus coterráneos diciéndoles: “conviértanse, está cerca el Reino de Dios”, (Mt 4, 17). En toda la predicación de Jesús el Reino de Dios o Reino de los Cielos será la idea-fuerza que lo impulsará a recorrer campos y aldeas, a convocar y enviar discípulos. Es un reino del corazón, que se apoya en la interioridad del ser humano capaz de abrirse a la verdad, a la justicia y sobre todo al amor. Encontrar ese reino es como hallar una perla preciosa, todo se deja cuando se la ha hallado. Jesús se presenta trayendo a la tierra ese Reino. “El Reino de Dios está en medio de ustedes”, (Lc 17, 21), dirá refiriéndose a su propia persona. Jesús enseña a sus discípulos, antes de enviarlos a predicar a los pueblos vecinos, que ese Reino de amor, de justicia y de paz ellos deben anunciarlo a todos, pero especialmente a los pobres. Jesús entrega su vida a la causa del Reino, será juzgado por Pilato por “hacerse rey” y proclamará ante él que su reino no es de este mundo.

En las discusiones que se producen en el juicio de Jesús entre los sacerdotes y el procurador romano el tema fue el reinado de Cristo. Tanto es así que el llamado “buen ladrón”, espectador involuntario de ese juicio, cuando se dirige desde el suplicio de la Cruz a Jesús que padece junto a él, le dice: “Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”, (Lc 23, 42). Jesús es, pues, el Rey de cielo y tierra que se hace pobre y humilde por amor a nosotros para traernos su Reino. Todo su Evangelio es el anuncio de esa realidad que Él desea plantar en la tierra, y para esto dejará a sus discípulos el encargo de convocar a los hombres a una fraternidad diferente, a compartir una vida nueva, a dejar los caminos que lleven al odio y al mal y a aceptar el amor como la base más sólida de la convivencia humana. Cuando en su gloria de resucitado se apareció a sus discípulos, Jesús los envió al mundo entero a anunciar esta buena noticia: “que el Rey de la gloria, Jesús, el Cristo ha venido a nosotros, que venció el mal y la muerte al morir en la Cruz y ha resucitado gloriosamente para darnos vida abundante”.

Este es el mensaje que los apóstoles proclamaron a sus contemporáneos y que todos en la Iglesia debemos proclamar. Todo lo que en la Iglesia llamamos Pastoral es un modo organizado y espontáneo, novedoso y tradicional de hacer llegar a los hombres y mujeres de todo tiempo y lugar la buena noticia de Cristo Salvador y tratar de establecer en nuestro mundo el Reino de Dios por medio del amor, del servicio y de la entrega de la vida. La Iglesia es la presencia “nuclear” en medio del mundo del Reino de Dios.

ORGANIZARSE PARA HACER PRESENTE EL REINO DE CRISTO

Es normal que la Iglesia organice su misión, lo hicieron ya los apóstoles, lo leemos en el libro de los Hechos y en las cartas de San Pablo. Los dos grandes apóstoles Pedro y Pablo se dividieron las tareas de anunciar el Evangelio. Pedro lo haría a comunidades de origen judío y Pablo a los paganos. Los apóstoles organizaron los servicios caritativos en la comunidad de Jerusalén para atender viudas y huérfanos. Crearon para esto el diaconado y escogieron los primeros siete hombres que tendrían esa responsabilidad.

Desde el inicio la Iglesia ha estructurado, de acuerdo a las épocas y los lugares, su acción pastoral. En la época actual, con la experiencia y los conocimientos que existen sobre técnicas de organización, es normal que éstas sean utilizadas para preparar los llamados planes pastorales. Pero no podemos olvidar que todos los métodos deben quedar ordenados y subordinados a la misión esencial de la Iglesia: Anunciar a Jesucristo e instaurar su Reino.

Ninguna otra entidad en nuestro mundo podría actuar de ese modo, porque la Iglesia no elabora un programa partiendo únicamente de presupuestos sociológicos. Es más, en frase feliz de Juan Pablo II, “la Iglesia no tiene programas, su programa es Jesucristo”, (Novo Millennio Ineunte). Por esto, elaborar un plan pastoral es buscar los medios mejores para lograr que en el mundo de hoy se abran cauces a la acción del Espíritu Santo. Pero veamos cómo hemos llegado al Plan pastoral 2006-2010.

Para esto es necesario referirse a las coordenadas temporales y espaciales de nuestro plan.
No se comprendería este Plan Pastoral si no lo referimos al Encuentro Nacional Eclesial Cubano, (ENEC); cuyo vigésimo aniversario acabamos de conmemorar. No por pura coincidencia quisimos los obispos de Cuba presentar el Plan pastoral en el marco de esa conmemoración, pues el ENEC significó un giro en cuanto al quehacer pastoral de la Iglesia en Cuba. Fue como el pivotear de un jugador de baloncesto que lanza al aro y acierta el tiro.

LA HOSTORIA ANTERIOR AL PLAN PASTORAL

La Iglesia en Cuba, en las décadas del sesenta y del setenta, después de las dificultades graves que el cambio revolucionario originara en sus estructuras pastorales y de servicio social, se vio disminuida en el número de sacerdotes, religiosos y religiosas que prestaban sus servicios y se halló de pronto sin escuelas, sin acceso a los medios de comunicación y menguada también en el número de sus fieles por el éxodo continuo, que no ha cesado aún en nuestro pueblo, pero que impactó notablemente entonces nuestras empobrecidas comunidades. La Iglesia hizo un esfuerzo titánico por mantener el culto, la catequesis y el mínimo de estructuras imprescindibles para la conservación de las comunidades cristianas. La realidad misma nos impuso una pastoral de mantenimiento, de conservación. Teníamos a veces la impresión de que nuestra Iglesia se encontraba como postrada, sin saber qué hacer.

PAPEL DEL ENEC EN EL DESPERTAR DE LA IGLASIA

El ENEC, precedido por los cinco años de la Reflexión Eclesial Cubana (REC), que movilizó a todas las parroquias y comunidades del país para pensar seriamente en los deberes y posibilidades de la Iglesia en Cuba, hizo que la Iglesia tomara conciencia de que el impostergable anuncio del Reino de Dios no podía dejar de hacerse aquí, con los pobres medios a nuestro alcance. La Iglesia debía realizar su misión en Cuba socialista como la realizaba en Europa capitalista o en Latinoamérica, pobre y convulsa. Para cada sitio debemos hallar nuestro modo de evangelizar, de cumplir nuestra misión, también para Cuba.

Los obispos cubanos que fueron al Concilio Vaticano II en los inicios de la década del sesenta visitaron a un obispo joven de Europa del Este, de Polonia, Auxiliar de Cracovia, llamado Karol Woityla, para escuchar su opinión acerca de cómo podía vivir la Iglesia y realizar su misión en un país socialista. Fue el muy recordado Monseñor Adolfo Rodríguez, Obispo de Camaguey, quien nos contó esto. Vemos, pues, que esta preocupación atenazó siempre a los obispos de Cuba desde aquellos años tempranos y difíciles.

Y en el ENEC, una veintena de años más tarde, después de cinco años de reflexión y teniendo como documento de trabajo un recuento meditado y enriquecido de todo cuanto habían aportado las reflexiones de las comunidades católicas y los diversos grupos que las formaban, la Iglesia en Cuba, en reunión de obispos, grupos representativos de sacerdotes, personas consagradas y fieles, siendo ahora Papa aquel joven obispo de Cracovia, se hizo valientemente la pregunta clave que la compromete en todo tiempo y lugar: ¿Qué camino debíamos tomar los católicos cubanos para realizar nuestra misión en Cuba?
La Iglesia debía ser ORANTE,  ENCARNADA, MISIONERA. Ese es el aporte valioso del ENEC

Estaba muy claro que la Iglesia debe cumplir su misión (se sobreentiende dondequiera que esté, también en Cuba) y esto para permanecer idéntica a sí misma, pero,

¿Qué nos faltaba para eso?:

Aquí se ubica el aporte valioso del ENEC:

1. Darnos cuenta de nuestro compromiso con Dios, con Cristo y salir de nuestro repliegue. Esto debía descubrirlo y vivirlo la Iglesia en su ORACIÓN. La Iglesia debía ser ORANTE.

2. Pisar fuerte en nuestro suelo. La Iglesia está aquí, no en otro lugar, vive ahora, en nuestro tiempo, el pasado puede ser una atadura que ayuda a la postración. La Iglesia en Cuba debe ser una Iglesia ENCARNADA.

3. Con el corazón bien centrado en Cristo el Señor y con los pies bien puestos en nuestra tierra, tenemos que evangelizar. La Iglesia tiene que ser MISIONERA.

Una Iglesia ORANTE, ENCARNADA Y MISIONERA es la que debía encontrar los caminos para realizar su misión.
Es importante la comprensión del significado del ENEC para aquilatar nuestro nuevo plan pastoral que deriva sus proyecciones actuales y futuras de aquel encuentro.

INFLUJOS INTERNOS Y EXTERNOS A LA REC Y EL ENEC

En el año 1981, acababan de tener lugar en Cuba los acontecimientos del Mariel, doblemente dolorosos por la partida de cubanos hacia Estados Unidos y los actos de repudio que los acompañaron. Una sensación de tristeza había quedado en nuestro pueblo, al mismo tiempo que un conjunto de reformas económicas y sociales generaban cierta esperanza. En el ámbito eclesial latinoamericano un acontecimiento importante marcaba el paso para los católicos de Iberoamérica: había tenido lugar en Puebla, México, la tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en momentos de gran tensión en la Iglesia, por la polarización sociopolítica entre los seguidores de la Teología de la Liberación y aquellos que veían sus deficiencias y sus riesgos. La situación político-social en América Latina, con su inmensa carga de problemas humanos de difícil solución y las luchas a veces violentas que esto generaba, ocupaban la escena de modo desafiante y dificultaban una consideración abierta y serena del papel de la Iglesia de cara a esas mismas realidades temporales y a su compromiso evangelizador.

El Papa Juan Pablo II fue a Puebla a presidir aquella Conferencia. En ella se repitió la opción preferencial por los pobres, pero hubo un claro rechazo a los medios violentos de lucha para eliminar la pobreza y la Iglesia reafirmó la índole de su misión que no podía ser otra que anunciar íntegramente el Evangelio. Esto produjo el descorazonamiento en quienes deseaban posturas de combate. En suma, aquella Conferencia, en la cual Cuba estuvo representada por monseñor Francisco Oves, Arzobispo de La Habana, produjo un documento que respondía a los desafíos concretos y a las dificultades intra y extraeclesiales de los católicos en los países latinoamericanos; pero que no incidía en la realidad cubana. El influjo de los acontecimientos internos de Cuba y externos en el ámbito eclesial Latinoamericano sugerían la idea de hacer nuestra propia reflexión.

SITUACIONES DIVERSAS

Una misma hora de la historia unía a Latinoamérica y Cuba, pero se daban situaciones diversas en la Isla y en el Continente. De modo simple podemos decir que la Iglesia en América Latina parecía encontrarse en una situación pre-revolucionaria, la Iglesia en Cuba estaba en una situación post-revolucionaria. Los católicos latinoamericanos se preguntaban si debían participar en acciones revolucionarias o aún en guerrillas de inspiración marxista y hasta dónde podían participar; algunos legitimaban la violencia, incluso en nombre del amor cristiano, otros la rechazaban.
Nosotros en Cuba estábamos en una situación diversa, que he llamado post-revolucionaria. Había quedado atrás la época previa a la revolución, cuando los católicos se hicieron también preguntas del género de las que agitaban en aquellos momentos la conciencia cristiana de los católicos latinoamericanos. Muchos católicos cubanos habían respondido arriesgando sus vidas y habían muerto en aquella lucha. Pero ya esos años habían quedado atrás.

Ahora los católicos cubanos vivían su fe replegados en comunidades diezmadas por la emigración o por temor a la sanción social que pudiera recaer sobre quien iba a la Iglesia. Y nuestra preocupación, fruto de la situación real en que nos encontrábamos, era hallar caminos para sacar de su inmovilismo a la Iglesia, para hacerla salir de su postración.
Una mirada hacia dentro de la Iglesia

Luego, nuestra mirada no era a la situación social crítica y dolorosa de los pobres, como en Latinoamérica, no era una mirada hacia fuera de la Iglesia, sino hacia dentro de la Iglesia para hacerla andar. Esto determinó el objetivo general de nuestra Reflexión Eclesial Cubana, que duró desde 1981 a 1985. Fueron cinco años de una introspección que hizo la Iglesia contando con sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos comprometidos, y fieles sencillos de pequeñas y grandes comunidades.

LA METODOLOGÍA DEL ENEC

Esta estuvo orientada por el objetivo que se perseguía en los inicios de la década de los 80: cómo podía vivir la Iglesia en Cuba socialista sin dejar de realizar su misión. Esta pregunta suscitaba la reflexión, sería una metodología reflexiva la que se abriría paso. En el orden de presentación de factores que influyeron y dejaron huella en el ENEC, debo mencionar en primer lugar el proceso de Reflexión Eclesial Cubana, llamada REC, que hace un todo con el ENEC, ya que éste no fue más que su culminación.

La metodología para las reflexiones, si bien tenía el trasfondo del VER, JUZGAR y ACTUAR que se había hecho tradicional en las reuniones de la Iglesia, al tener como objetivo general el análisis de la misma realidad eclesial, no entró en juicios sobre realidades sociales extraeclesiales, sino miró al mundo concreto cubano como realidad dentro de la cual debía la Iglesia ejercer su misión, buscando los modos para hacerlo.

Los resúmenes diocesanos de estas reflexiones fueron recopilados y se creó un comité nacional que, basándose en aquella rica reflexión elaboró un documento de trabajo que serviría de base a las deliberaciones de aquel Encuentro Nacional que tuvo lugar en 1986 y que ha pasado a constituir, junto con la visita del Papa Juan Pablo II, un hito en la historiade nuestra Iglesia en Cuba. El documento final que recoge las modificaciones hechas por la asamblea del ENEC al documento de trabajo, es un instrumento indispensable para comprender cuáles han sido las opciones pastorales fundamentales de la Iglesia en Cuba y cómo se estructura nuestro actual plan pastoral.

Teniendo un texto básico bien estructurado, el Documento de Trabajo del ENEC se alejó del método clásico de VER, JUZGAR y ACTUAR, –que en algunas ocasiones, como en una revisión grupal de vida, tiene sus ventajas–, para acercarse a otros métodos que se emplean con muchos frutos cada vez más en la Iglesia de cara al mundo y a la historia.

Se trata de la presentación del tema que nos preocupa o que se ha revelado previamente interesante o urgente para la acción pastoral de la Iglesia en un medio determinado.

Viene después la iluminación teológica. Qué dice el evangelio o la Sagrada Escritura en general, la reflexión de los teólogos y el magisterio de la Iglesia sobre el tema.
Al terminar el Encuentro Eclesial Cubano teníamos en mano un documento final que contenía un análisis de la misión de la Iglesia en Cuba.

Esto abre caminos para proponer líneas de Acción. Evidentemente las líneas de acción tienen en cuenta la realidad y la analizan, pero la miran con un pensamiento esclarecido previamente por la fe y el magisterio de la Iglesia.

Al utilizar un método cercano al que he esbozado, la Iglesia en Cuba tomó la delantera al Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), que lo utilizaría más tarde en 1992 en su Cuarta Conferencia General de Santo Domingo.

Este método para abordar el quehacer de la Iglesia en relación con su misión ha sido mantenido en la elaboración de los tres planes pastorales que han seguido al ENEC. Resumiendo, al terminar el Encuentro Eclesial Cubano teníamos en mano un documento final que contenía un análisis de la misión de la Iglesia en Cuba. Esta se había contemplado a sí misma teniendo en cuenta la historia y haciendo proyecciones de futuro. Una clara afirmación nos indica cómo se descubría la Iglesia a sí misma para realizar su misión: debía ser una Iglesia unida a su Señor en la oración y encarnada en la realidad cubana en medio de la cual debía anunciar el Evangelio. La Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, había redescubierto lo que ella debe ser siempre. Por eso el ENEC tiene un valor actual y lo tendrá en el futuro. Y los tres planes pastorales que se han elaborado después de su realización lo han tenido muy en cuenta y se han basado radicalmente en él, también nuestro Plan actual.

NECESIDAD DE UN PLAN PASTORAL

Una vez que el ENEC ubicó bien a la Iglesia en su dependencia del Señor y su inserción en la realidad para ser capaz de realizar su misión, se hacía necesario saber por qué medios ésta se llevaría a cabo. Esa es la función de los planes pastorales.

Los tres planes pastorales que se han puesto en práctica después del ENEC han tenido en cuenta las conclusiones del ENEC, pero además han tenido su misma visión teológica. Esto vale también para nuestro plan pastoral actual.

LA TEOLOGÍA DEL ENEC

Si prestamos una atención de observadores a la metodología del Encuentro Eclesial Cubano que llegó a la propuesta fundamental de una Iglesia Orante, Encarnada y Misionera podremos conocer la Teología que subyace en la preparación del documento de trabajo, teniendo en cuenta las corrientes de pensamiento teológico, social y político en los medios católicos a escala mundial y sobre todo en América Latina y la coyuntura histórica en que el Encuentro Eclesial se producía.

Cuando se celebran las reuniones de la R.E.C. al inicio de la década del 80, la Teología de la Liberación parecía dominar el pensamiento católico latinoamericano. La teología consiste en aplicar nuestro pensamiento a todo cuanto se refiere al hombre, a las cosas y a Dios mismo bajo la luz de la revelación divina. Cuando se piensa el quehacer económico, político y social del hombre a la luz de la fe tenemos una Teología de las realidades terrenas o de las realidades temporales.

TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

En América Latina sus pensadores católicos: sacerdotes o laicos, a partir del terrible contraste entre ricos y pobres, de la opresión de éstos por los poderosos y de una general situación de injusticia, habían producido una Reflexión

Teológica sobre estas realidades terrenas, descubriendo en la Sagrada Escritura, sobre todo en los santos evangelios, cómo Dios y su Hijo Jesucristo estaban de parte del pobre frente al opresor. Esta reflexión aseguraba la cercanía de la Iglesia a quienes luchaban por la justicia y animaba a los cristianos a tomar una postura de rechazo ante los males que aquejaban a los desfavorecidos, había nacido así la Teología de la Liberación. La Teología de la Liberación tiene en verdad raíces bíblicas, pero movimientos políticos de izquierda inspirados en el marxismo y algunos teólogos comenzaron a utilizar el análisis marxista en la Teología de la Liberación. De la teoría se pasó poco a poco a la práctica en algunos sectores. Se justificó la lucha de clases a partir del Evangelio y se aprobaban, por algunos, métodos de lucha que llegaban a la violencia, respaldándolos con el pensamiento cristiano: “en la lucha podemos llegar a matar al rico por amor al pobre”, se llegó a decir.

He citado las expresiones extremas de esta corriente de pensamiento, pero aún sin llegar a ellas, la Teología de la Liberación estaba en conexión con una mentalidad pre-revolucionaria, e insisto, los católicos cubanos vivíamos en una situación post-revolucionaria. Y vuelvo a esta simplificación en aras al menos de una mínima comprensión. La Teología de la Liberación era un instrumento que no servía a nuestros fines, que no respondía a nuestras inquietudes. No podía animar nuestra reflexión.

TEOLOGÍA DE LA RECONCILIACIÓN

Un teólogo francés, ilustre profesor de nuestro Seminario San Carlos y San Ambrosio, el querido Padre René David, presentó por esa época (comienzo de los 80) su teología de la reconciliación. Con el juicio certero de una inteligencia brillante él captaba que la Teología de la Liberación no podía tener resonancia en los católicos cubanos, pues no se adecuaba a nuestra realidad e intuyó que en Cuba era necesaria una reflexión teológica sobre la reconciliación. Según esta Teología de la Reconciliación del Padre David, los católicos cubanos debían reconciliarse con la realidad marxista, comprendiendo humildemente aquellos errores de los cristianos que históricamente habían generado el rechazo y la oposición de los marxistas. El proyecto tenía un alcance universal, sentaba las bases para un diálogo entre marxistas y católicos en cualquier parte del mundo, pero los cubanos sentíamos que nuestras dificultades con el medio social marcado por la revolución cubana, no eran las que presentaba aquella Teología, que tenía rigor intelectual, pero era demasiado teórica y no se adecuaba plenamente a nuestra situación concreta.

Había una intuición muy válida en aquella Teología de la Reconciliación. El padre David sabía que era necesario que los cubanos nos reconciliáramos unos con otros después de dos décadas de revolución, yo también lo creía y lo sigo creyendo, pero ésta no debía ser una reconciliación entre católicos y marxistas, sino entre cubanos.

Los conflictos habían tenido lugar entre cubanos, no entre católicos y marxistas. No era apropiado trasladar el diferendo histórico marxismo-cristianismo con sus implicaciones filosóficas, que convierten su tratamiento en un diálogo de expertos, a nuestra realidad cubana, más sencilla, con menos trasfondo filosófico y quizás con más carga emocional.

TEOLOGíA DE LA COMUNIÓN

Estaba yo sentado junto al Cardenal Pironio, que presidía una de las sesiones del ENEC, cuando éste me dijo al oído: en Cuba no vale la Teología de la Liberación ni la Teología de la Reconciliación, la Teología de la Iglesia en Cuba es la Teología de la Comunión. Esa era en efecto la Teología que estaba subyacente en el documento de trabajo, la que quedaría plasmada en el documento final del ENEC.

De hecho la Teología de Comunión, que emergió con toda luminosidad en el Concilio Vaticano II es la que ha estado presente en la Reflexión Eclesial Cubana, en el ENEC y en los planes pastorales y el quehacer de la Iglesia en Cuba hasta el día de hoy.

Explico ahora lo que quiere decir Teología de Comunión. El modo más fácil es volver la palabra comunión al revés, tenemos así: UNIÓN-COMÚN.En la Iglesia existe una unión común entre los obispos, sacerdotes y fieles para alabar,
Cardenal Eduardo Pironio
Cardenal Eduardo Pironio
bendecir y dar gracias a Dios nuestro Padre en unión con Cristo, movidos por el Espíritu Santo. El momento privilegiado de esta unión es la Santa Eucaristía cuando Cristo se ofrece al Padre por nosotros. Al recibir a Cristo en nuestros corazones en la celebración eucarística nos unimos a Él y a nuestros hermanos que también lo reciben. A este momento de la unión personal con Cristo en la Eucaristía y a través de Él con los hermanos lo llamamos precisamente Comunión.

La vocación de cada cristiano en la Iglesia es la Comunión, unirnos a todos nuestros hermanos cristianos en el amor, superando las separaciones y divisiones. Esta es la razón del llamado al ecumenismo que nos hace la Iglesia. Obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos tienen la única y misma misión en el mundo, anunciar a Cristo, sembrar su amor en los corazones en unión común, cada uno según su vocación personal, su pertenencia a una parroquia, a una comunidad, a un movimiento. Participan así, unidos, de la misma misión que Cristo confió a su Iglesia: plantar en nuestro mundo el Reino de Dios.

Y la Iglesia, unida a su Señor en íntima comunión, debe ser signo y convocación en medio del mundo para congregar a toda la humanidad en el amor. Esto incluye a hombres y mujeres de distinta fe religiosa y también a los agnósticos y a los ateos.

¡Qué fácilmente puede encarnarse la Iglesia en cualquier realidad cuando descubre su misión, si vive la comunión!

¡Cómo se comprende la misión de la Iglesia no sólo al llamar a todos al seguimiento de Cristo, sino al tratar de congregar a la humanidad en el amor!

Ahora podemos leer el objetivo general de nuestro nuevo plan pastoral:

“Potenciar la misión y el discipulado desde comunidades que centran sus vidas en Jesucristo, se renuevan y profundizan en una auténtica espiritualidad que genera vida abundante para colaborar en la transformación de nuestra realidad y posibilitar una nueva esperanza”

Para comprender a fondo el objetivo general de nuestro nuevo plan pastoral, hay que tener presente el recorrido histórico-teológico que acabamos de hacer, a fin de saber exactamente cuáles son las opciones que ha hecho la Iglesia en Cuba después del Concilio Vaticano II hasta hoy: y las vamos a hallar como en síntesis en el objetivo general:

1. Aparece el papel protagónico de la COMUNIDAD. Ella debe ser el lugar desde donde se potencia la misión. Toda la Iglesia es responsable y ejecutora de la misión. Todos en comunión, con una espiritualidad que nos lleva a centrar nuestras vidas en Jesucristo, lo anunciamos al mundo.

2. El objetivo general del Nuevo Plan Pastoral describe a la Iglesia-Comunión en su acción convocante, llamando y acompañando a los discípulos de Jesús y misionera: potenciando la misión para transformar nuestro mundo y sembrar esperanza.

3. Debemos fijarnos en la acción bienhechora de la Iglesia-Comunión en medio de la sociedad: colabora en la transformación de nuestra realidad, genera esperanzas.

El objetivo especifico del nuevo Plan Pastoral, es decir, lo primero que debemos atender para cumplir nuestro objetivo general es:

“Promover una espiritualidad centrada en el encuentro con Jesucristo, que ilumine la vida en todas las dimensiones y posibilite un estilo de vida comprometido, generador de esperanza y coherente con nuestra identidad cristiana”.
Lo que garantizará que todos y cada uno de los cristianos participen en una acción misionera comunitaria es que tengan una sólida espiritualidad centrada en Jesucristo. En esto debemos trabajar todos en la Iglesia de modo prioritario.

El anterior plan pastoral nos presentó como primera prioridad la formación de los fieles cristianos: son muchos los nuevos cristianos que deben conocer los aspectos fundamentales de nuestra fe y otros tienen ansias de conocer el misterio cristiano en toda su riqueza. Esto ha sido un camino que hemos seguido con provecho para muchos en nuestro plan pastoral. Pero el nuevo plan no sustituye al otro, dejando a un lado sus metas y logros.

La formación debe durar y perfeccionarse; pero los católicos de Cuba han manifestado mayoritariamente, en una encuesta nacional muy bien realizada, que a nuestra Iglesia, a nuestros católicos les falta espiritualidad.

Y ésa es la primera de las prioridades pastorales para los próximos cinco años.

Lógicamente será una espiritualidad de Comunión la que debe animar a nuestra Iglesia, como la que reclama el objetivo general.

Deberá ser una espiritualidad que nos lleve al encuentro personal con Jesucristo que genera vida y esperanza, para hacer que cada uno esté más y mejor dispuesto a incorporarse, en COMUNIÓN con sus hermanos, a la única misión de la Iglesia como discípulo de Jesús, para hacer de la comunidad cristiana un faro de luz y esperanza en medio de nuestro pueblo. Es importante comprender bien tanto el objetivo general como el objetivo especifico del Plan Pastoral, pues el resto del Plan, y sobre todo sus líneas de acción, serán analizadas en cada comunidad, en cada grupo con mayor fruto y muchas ventajas.

Queridos hermanos y amigos: La Iglesia en Cuba comenzará a poner en práctica el Plan Pastoral 2006-2010 en la fiesta de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba. He querido que en la Arquidiócesis de La Habana el tiempo de Cuaresma, propicio para la oración y el acercamiento al Señor, tenga muy en cuenta la entrada en vigor del nuevo Plan Pastoral y, en clima de oración, reflexione sobre él. A su oración encomiendo, pues, este renovado camino de la Iglesia en Cuba.

Muchas gracias.

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