por Perla Cartaya COTTA
José de la Luz y Caballero. |
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1820
1862 |
José Cipriano de la Luz y Caballero, hijo de Antonio José María (Regidor perpetuo del Ayuntamiento, Teniente Coronel y Capitán del Regimiento fijo de la capital) y de Manuela Teresa de Jesús (sobrina nieta del presbítero José A. Caballero), ingresa en 1820 en el Colegio-Seminario de San Carlos y San Ambrosio, con el fin de seguir la carrera eclesiástica. Procedía del Convento de San Francisco de Asís con méritos académicos y espirituales a su haber. El padre Félix Varela había dado fe de su "limpieza de sangre" y de buenas costumbres, lo cual le constaba por los vínculos de amistad que lo unía a la familia Luz-Caballero. |
Si tenemos en cuenta que en el Seminario las reformas antiescolásticas realizadas por el padre José A. Caballero y el Siervo de Dios, padre Varela, abrieron las puertas al racionalismo, con la introducción del conocimiento de Descartes, Locke, Condillac, Newton y Rousseau, es comprensible la fuerte repercusión que ejerciera en las concepciones filosóficas y sociopolíticas de Luz y por ende en sus criterios con respecto a la enseñanza, la educación y la autosuperación.
FRAGUA
De septiembre de 1824 a igual mes de 1826, Luz desempeña temporalmente la cátedra de Filosofía en el Seminario, en sustitución de José Antonio Saco (porque viaja a los Estados Unidos) y por designación del obispo Espada. Inicia así el camino del magisterio.
Tiene 24 años cuando dice, en el acto solemne de inauguración del curso escolar, refiriéndose al padre Varela: "…penetrado internamente de mi insuficiencia yo seguiré el camino que me has trazado; yo haré cuanto esté de mi parte para mostrarme tu digno discípulo, y con este objeto no te separaré un instante de mi memoria, ora exponiendo las doctrinas que van a ser blanco de nuestras faenas, ora estudiando sus obras, ora inspirando a mis discípulos aquel amor por la ciencia y la virtud que tú sabías infundir solo con tu presencia".
Es obvio la profunda y merecida admiración que le merece el futuro autor de Cartas a Elpidio pero, además, ¿no estamos ya en presencia de inquietudes pedagógicas cuando se refiere al propósito de inspirar a sus alumnos el amor por la ciencia y la virtud?... El joven maestro declara que sería dichoso si algún día pudiera exclamar: "La suerte me proporcionó explicar a la juventud habanera las doctrinas de la filosofía y haciéndoles ver en ella los desbarros y extravíos del entendimiento humano… he alcanzado por este medio tributar un servicio, aunque pequeño a la humanidad… He aquí mis votos".
Así, Luz iniciaba un camino que lo convertiría en el continuador de la obra de Varela en el orden filosófico y educacional, oponiéndose al pensamiento anticientífico en general.
Su epistolario de esos años –con el padre Varela y con su amigo Saco– da fe de su interés por esclarecer problemas filosóficos y pedagógicos que hallaba en su quehacer como docente; y en tanto utiliza como texto base para sus clases las Lecciones de filosofía, le pide a su autor: "Quisiera que usted me comunicara todo aquello que creyese útil para el mejor desempeño de la clase, pues yo me glorío de ser su discípulo…".
Muy intensa es la actividad intelectual de Luz, desoye consejos, y comienza a sufrir una seria afección del sistema nervioso que no le permite continuar los estudios de medicina y tampoco trabajar el tercer curso en el Seminario. La cátedra de Filosofía y la juventud habanera, según la valoración del padre Justo Vélez, Rector del Seminario, perdía mucho con el "descanso" obligado de Luz. Y como los doctores Romay y Terriles le aconsejan un largo viaje, el tío Agustín le proporciona los recursos necesarios para hacerlo.
De modo que, en mayo de 1828, embarca hacia los Estados Unidos, en compañía de su hermano Antonio y sus amigos José L. Alfonso y José a. Saco. FORMACIÓN
Viaja durante tres años por los Estados Unidos y Europa Occidental. "El espartano" -así se llamaba a sí mismo-, a pesar de su precario estado de salud se propuso: perfeccionar sus concepciones filosóficas; profundizar en el conocimiento de las ciencias físico-químicas; enriquecer su acervo cultural; recopilar experiencias para ofrecerlas a la Patria.
Durante su andar por escuelas, bibliotecas y universidades, le impresionan fuertemente: –En Edimburgo (capital de escocia), el profesor Word y aprecia la aplicación de "The explanatory system" en gramática, geografía, historia natural, física, etcétera;
–en Alemania, los logros de la escuela prusiana y de su didáctica; los seminarios o escuelas especiales (escuelas normales) y la preparación de los maestros en la teoría y la práctica de la enseñanza;
–en Suiza, las concepciones del célebre pedagogo J. E. Pestalozzi. Luz asoció lo que el propio Pestalozzi consideró como "el principio fundamental y rector de la enseñanza, base fundamental de cualquier conocimiento" con la experiencia woodiana: objeto sensible y razonamiento;
–en esos países había escuelas que aun en los lugares más recónditos preparaban "al hijo del herrero, del sastre, del albañil, del pobre labrador, para desarrollar la industria, ejercer la fuerza y emplear la robustez, formándoles buena fe, valor, hospitalidad y amor patrio";
–en Ginebra, la escuela del pedagogo P. E. Fellemberg (1771-1834), considerado seguidor de Pestalozzi y dedicado al mejoramiento social e intelectual del campesinado, destacándose en su obra la Escuela Normal para formar maestros.
Luz establece relaciones de amistad, de intercambio cultural y de trabajo científico con los hombres más notables de los países que visita. Por ejemplo: estudia química con Mateo Orfila (1787-1853), célebre médico y químico español, naturalizado francés. En Alemania, Alejandro de Humboldt le encomienda que se ocupe de la instalación y dirección científica del observatorio magnético en Cuba, y en ese país le publica un artículo científico que tituló Cometas.
Conoce a Mitscherlich (1794-1864), químico alemán que descubrió la ley del isomorfismo; y se sentirá orgulloso de tener su amistad.
Destaco el interés de Luz por la Química: con razón la consideró una ciencia fundamental para el futuro desarrollo económico de Cuba, por eso la estudia en el Instituto Real de Londres y en las universidades de París y Berlín.
Tres años y cuatro meses estuvo Luz ausente de su país. Al regresar, su nombre ocupaba un sólido lugar en los círculos científicos y culturales de los Estados Unidos y de Europa. Traía consigo ciencia, experiencia y el "rico tesoro", así lo llama, que para él constituían los consejos y recomendaciones que recibiera, en Nueva York, del padre Varela.
El análisis cuidadoso de esta etapa formativa de Luz, me permite precisar –aunque es cierto que sus intereses fueron enciclopédicos– lo que a mi juicio constituyen las líneas directrices de su labor futura:
-la implantación del sistema explicativo en la enseñanza,
-el incremento de la instrucción pública elemental y popular,
-el impulso a la biblioteca pública,
-la formación de maestros,
-la difusión de conocimientos científicos. SIEMBRA Y MISIÓN
El hombre que llega a La Habana en septiembre de 1831 posee una preparación sólida para acometer lo que él, con los años, reconocerá como su misión. Impaciente por trabajar y poner en función de su Patria las experiencias y concepciones asimiladas y forjadas durante su viaje, actúa en la vida pública literaria y educacional cubana, desde las filas de la juventud ilustrada liberal.
Invitado por la Sección de Educación de la Sociedad Económico de Amigos del País (S.E.A.P) a los exámenes que celebraban los colegios principales de la ciudad, deriva de esas visitas su primer trabajo sobre educación: Revista de los exámenes generales de las escuelas y colegios de esta ciudad (1832), cuya lectura recomiendo a los maestros por la profundidad del análisis y porque al reconocer méritos y hacer críticas, afloran sus propias concepciones. Entre las críticas que señaló se encuentran: el carácter formal y dogmático de la enseñanza; la tendencia de las familias ricas de enviar a sus hijos a estudiar al extranjero por sus consecuencias: la pérdida del idioma nativo, el detrimento del amor a la Patria y el debilitamiento de los vínculos familiares; la incorrecta dosificación del plan de estudio; el desinterés de los escolares; la "libertad de enseñar" propugnada por Juan Justo Reyes y cuya esencia era la oposición al sistema explicativo que Luz proponía. |
Seminario San Carlos y San Ambrosio
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¿Cuáles fueron las concepciones e ideas que Luz expone en esa ocasión? Entre ellas: "hacer a todos los alumnos, sean cuales fueren sus disposiciones, susceptibles de llegar al mismo resultado: he aquí el triunfo más completo de la disciplina y el método"; despertar en los alumnos el entusiasmo: "…he aquí la llama que ha inflamado siempre a los grandes hombres: démosle pábulo y más pábulo para que no se extinga jamás"; la urgencia de formar un magisterio idóneo en escuelas normales; los científicos e intelectuales cubanos debían preocuparse por la educación nacional; la necesidad de examinar críticamente los problemas de las escuelas: "no huyamos nunca el cuerpo a la discusión, que también al choque de las opiniones suelen saltar las preciosas chispas de la verdad…"
Ese mismo año, y por la misma tarea encomendada por la Sección de Educación, suscribe con José A. Saco el informe: Sobre el colegio de educación en la ciudad de Santa María de Puerto Príncipe, en el cual exponen juicios e ideas audaces y novedosas entonces: "Si nuestros colegios han de ser el plantel donde se forme la juventud, es menester organizarlos conforme a nuestras necesidades…". "En ningún pueblo se debe trabajar más que en este para lograr la feliz asociación de la teoría con la práctica… Hablemos menos y operemos más. Por largos años hemos sido los hombres de las teorías; empecemos ya a ser los hombres de los hechos".
Pero para lograr lo antes expuesto, era necesario acometer la reforma de la enseñanza, la cual, propone Luz, debía realizarse de abajo para arriba, apoyándose, entre otros argumentos, en la urgencia de elevar la calidad de la enseñanza y desarrollar en los niños el espíritu de investigación desde edades tempranas: premisas necesarias para el futuro del país. Aspiraba a extender la reforma "a todas las clases de la sociedad porque era una necesidad colectiva cuya solución redundaría, a su vez, en el mejoramiento de las costumbres del pueblo". Al plantear la educación –científica, técnica y práctica– para todas las capas sociales, se proyectaba como un representante de los intereses de la sociedad en su conjunto.
Luz no aceptaba que sus ideas fueran meras palabras: trataría de llevarlas a la práctica a pesar de las limitaciones inherentes a Cuba.
La ocasión se le presenta pronto: don Antonio Casas, fundador y director del "Colegio de San Cristóbal de La Habana", lo nombra Director Literario, primero, y Director General después.
Corría el año 1832 cuando Luz, con el apoyo de don Antonio, inicia la reforma de la enseñanza en aquella escuela, destacándose en la organización y ejecución de la misma dos vertientes: 1- el contenido de la enseñanza y 2- los métodos de enseñanza y educación:
1. Luz da un vuelco a la enseñanza de todas las asignaturas. Orienta la enseñanza de la geografía en la utilización de todos los recursos que le permitieran al maestro lograr que le niño obtuviera una visión clara del estudio científico de esta disciplina; su estudio comenzaba por la Geografía de Cuba: lo local era el punto de partida, por eso puede considerársele el precursor de la aplicación en Cuba de la teoría alemana del Heimat. Desde luego, se correspondía esta teoría con el interés lucista de desarrollar el sentimiento patriótico en los niños y jóvenes, y como no podía enseñar abiertamente Historia de Cuba buscaba relacionar la enseñanza de la Geografía con hechos y personalidades que fomentaran el amor patrio.
Orientó, en cuanto a las clases de lengua materna y composición, que las máximas escogidas tuvieran un contenido moral de interés para los niños y relacionarlos, preferentemente, con hechos de su vida escolar y social.
La reforma incluyó clases de dibujo lineal, aritmética mercantil, cronología, trabajos topográficos, física, química, idiomas, música y danza. Año y medio después acometió la segunda etapa de la misma, en la cual se propuso y logró atender a la enseñanza secundaria (sin menoscabo de la primaria), incorporando el estudio de la teneduría de libros, la taquigrafía y el italiano. Creó un curso de filosofía, incorporado a la Universidad, que se hizo famoso; en él, Luz expuso una buena parte de sus doctrinas filosóficas así como lo más avanzado del pensamiento contemporáneo.
2. Destierra de la escuela el sistema Bell-Lancaster (enseñanza mutua), muy difundido entonces en Cuba, porque descansaba en razones puramente económicas, con exclusión de criterios científicos. El niño no recibía la influencia educativa del maestro, quien no podía atender a un aspecto que Luz consideró primordial en el proceso de educación de la personalidad: la formación del carácter.
Argumentos básicos en que se apoyó para implantar el sistema explicativo, el único medio, a su juicio, de atajar el torrente de males que hollaban el terreno de la educación: instruir y educar al unísono; estimular la actividad cognoscitiva; educar la atención; satisfacer la curiosidad; estimular la fantasía y el desarrollo de la imaginación; los alumnos se acostumbraban a seguir un método esencialmente baconiano: marchar de los hechos a las consecuencias por la cadena de la inducción; sólo por esos escalones podrían asimilar las nociones más abstractas; al eliminar el aprendizaje memorístico los niños dejaban de ser "maquinitas repetidoras"; posibilidad de desarrollar el pensamiento independiente de los alumnos.
José Antonio
Saco
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José de la Luz, entonces, libraría una lucha enconada y sin tregua para implantar el sistema explicativo en la enseñanza cubana. Polemizó públicamente al respecto, enmascarando su connotación política. Utiliza la Sección de Educación para dialogar con los maestros sobre la necesidad de ese sistema. Escribe instrucciones metodológicas y un libro de texto para la enseñanza de la lectura. Si bien logró su objetivo en las escuelas que dirigió y creó, así como en otros centros de enseñanza dirigidos por hombres preclaros como él, no pudo extender el uso de este sistema a todas las escuelas del país porque, como era de esperar, no contó con el apoyo del gobierno colonial español. La lucha de Luz significó el enfrentamiento entre una pedagogía renovadora, criolla, liberadora del pensamiento y del sentimiento y una pedagogía formalista, verbalista, oficial, a la cual llamó "pedagogía de loros". Significaba, en fin, la lucha entre la nacionalidad cubana en gestación y el dominio colonial español.
Impresiona la obra de don Pepe a partir de su presencia en el colegio Carraguao, en el cual permaneció hasta 1836.
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Desde fines de 1831 hasta 1842 se halla, a mi juicio, el período más rico de su vida desde el punto de vista de su producción pedagógica y científico-técnica y de su actividad práctica: escribió más de 30 trabajos pedagógicos y muchos más de diversa índole. Se destaca
como polemista en el campo de la filosofía y la educación. Hizo época su Informe sobre la Escuela Náutica de Regla, en el cual presenta el proyecto de crear un Instituto cubano que incluyera la formación profesional de los maestros. Es nombrado vicedirector primero (bienios 1835-36 y 1837-38), y director después (bienios 1839-40 y 1841-42) de la S.E.A.P., según sus contemporáneos por su prestigio como hombre de ciencia y su destacada labor pedagógica.
Entre los aspectos medulares de su quehacer al frente de la S.E.A.P. resaltan:
-El esfuerzo por impulsar las bibliotecas públicas mediante la creación de "bibliotecas mutuas", tanto en la capital de la Isla como en el interior del país.
Las bibliotecas debían satisfacer las necesidades del teólogo y el jurisconsulto, pero también la de los campesinos y trabajadores de oficios. Quiso, además, proporcionar a los padres de familia libros interesantes para desviarlos de las visitas a las tabernas y los cafés, sitios donde se reunían los holgazanes.
-La lucha por incrementar la instrucción pública en La Habana y en el interior del país. A esos fines logra la autorización del gobierno para crear una Juan Patriótica en San Juan de los Remedios. Proporcionan ayuda económica a escuelas de otros lugares de la Isla, por ejemplo, la de Nueva Gerona. La Memoria de 1840 destaca los méritos de Luz en esos esfuerzos y la creatividad que demostró para recaudar fondos.
-El impulso al aprendizaje de Artes y Oficios.
En 1839 logra la aprobación del reglamento para tal enseñanza, lográndose la inscripción de 853 ciudadanos entre los diferentes barrios. Recibieron clases gratuitas para ser carpinteros, tabaqueros, albañiles, herreros, caldereros, toneleros, etc. Y en 1841 obtiene la autorización para instalar una Escuela de Mecánica: los jóvenes del país estudiarían, especialmente, la máquina de vapor, la navegación moderna, la explotación de las minas y la construcción de caminos de hierro. Pero el Gobierno –como antes ocurriera con el Proyecto de Instituto cubano– no proporcionó los recursos económicos necesarios para lograr dicho proyecto.
-La preparación y ayuda metodológica a los maestros mediante la entrega de materiales didácticos, la visita a las clases y la exigencia de requisitos de moralidad e instrucción para ejercer como tal.
El análisis profundo de la realidad cubana lo reafirmó en una concepción que ya había expresado en 1833: "Tengamos el magisterio y Cuba será nuestra". Por eso, en 1848, es capaz de expresar: "Cuba no está preparada para la independencia, para que lo esté soy yo ahora maestro de escuela". Y es que el magisterio era, para él, mucho más que una profesión digna y necesaria: lo concibió como una misión social de carácter patriótico. Por eso funda, ese mismo año, el Colegio del Salvador, en la barriada del Cerro. Mucho antes había escrito: "Atendamos de preferencia a este semillero de plantas tiernas y delicadas que más reclama nuestro cultivo, si queremos ver algún día árboles robustos y frondosos bajo cuya sombra pueda tranquila redimirse la Patria".
José de la Luz inaugura el Colegio del Salvador el 27 de marzo de 1848. Este centro era una sociedad de accionistas integrada por Silverio Jorrín y Ramón Palma, entre otros. Pero para don Pepe no significaba un negocio. Quedaban atrás definitivamente otras responsabilidades. Su lugar, para siempre, será la escuela y allí entrega su alma al Señor el 22 de junio de 1862, rodeado de libros y de sus alumnos más cercanos. Mientras las fuerzas físicas cada vez más escasas se lo permitieron, se mantuvo –como en Carraguao– trabajando también en los primeros grados.
Logró, en aquel templo de amor, verdad y ciencia, llevar a la práctica su ideario pedagógico con mayor amplitud y profundidad porque se trataba de su propia escuela. Mantuvo la línea de trabajo que él llamó "maestros intermedios" (que no era más que una formación emergente de maestros) e incorporó las charlas sabatinas que llegaron a tener fama.
No creo que pudiera suponer que su ideal educativo –a más de un siglo de su formulación– aún tendría sentido para nosotros: "No me cansaré de repetir que aspiramos a formar hombres y no farsantes… Hombres y no maquinitas repetidoras…" y repito con él "¡Qué no daría yo porque retumbara esa palabra en el corazón de los cubanos!"
José de la Luz no se conformó con ser un pensador profundo, un excelente maestro y un director ejemplar.
Mediante un riguroso trabajo experimental y metodológico, dotó a la pedagogía cubana de postulados esenciales que asumieron y, en ocasiones, enriquecieron creadoramente una pléyade de educadores que enriquecen la historia de la educación y la cultura cubana, entre ellos se hallan: los hermanos Guiteras, Juan Bautista Sagarra, Enrique José Varona, María Luisa Dolz y Manuel Valdés Rodríguez. |
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