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por Nelson de la Rosa RODRÍGUEZ |
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El deporte ha sido siempre una manifestación destinada a unir a los hombres. Desde la antigüedad, incluso las guerras se detenían para dar paso a los Juegos Olímpicos tal como lo recogen varios escritos. |
Industriales,
equipo cubano
de béisbol.
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Sin embargo, los últimos tiempos han estado marcados por un incremento de la violencia y acciones agresivas en las que son protagonistas tanto aficionados como atletas y no solo en el exterior, sino también en Cuba.
Podemos encontrar diferentes formas de agresión y violencia en los varios ámbitos de la actividad humana. Ya sea en las relaciones personales, laborales, familiares, profesionales, políticas, comerciales, por lo tanto no debería extrañarnos su aparición también en uno de los fenómenos mas característicos e importantes de la sociedad contemporánea, el deporte. No obstante, eso no debe dejarnos con los brazos cruzados.
Recientemente un estudio del Consejo Iberoamericano del Deporte sobre la violencia en los estadios dejó claros algunos puntos, en especial la diferencia entre lo que llamamos “violencia” y “agresión”.
Según ese estudio existe violencia cuando se coartan los derechos de una persona, mientras que considera que ha habido agresión, cuando deliberadamente se pretende causar daño físico o moral.
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Podemos agregar que la propia naturaleza de algunos deportes pueden llevar a la violencia, no solo entre los atletas sino también en las gradas donde se encuentran los aficionados, los cuales, de alguna manera, también forman parte del espectáculo.
Hay deportes en sí que por su rudeza o contacto personal son propicios para manifestaciones violentas, como son el fútbol, el baloncesto, el béisbol y hasta el polo acuático y el hockey sobre césped y en el hielo. Esos, sin tener en cuenta otros puramente de lucha cuerpo a cuerpo, como el boxeo, el karate, el judo, etcétera.
Ahora, si el deporte en su esencia está llamado a confraternizar y a unir los hombres en un espíritu de superación constante, ¿qué elementos propician acciones violentas?
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Son varias las causas y varios los responsables. Los medios de comunicación a menudo “encienden la mecha” publicando ciertas rivalidades entre equipos y jugadores, citan frases de dirigentes y deportistas fuera de contexto y todo eso crea una expectativa entre fanáticos y atletas que llena de un interés malsano la competencia.
El propio estudio del Consejo Iberoamericano del Deporte ubica por orden una lista de los principales factores que inciden en la creciente violencia, entre ellos, declaraciones de jugadores, análisis desacertados en los medios de comunicación social, frustración social, crisis económica, infraestructura inadecuada de las instalaciones, malas decisiones de los árbitros, consumo de bebidas alcohólicas, ausencia o ineficacia de los contingentes policiales y sociedad maleducada.
Otro elemento a considerar es el significado de una señal agresiva para el desarrollo de una disposición agresiva de la conducta. Este fenómeno puede darse tanto entre participantes como entre los espectadores.
También debe diferenciarse entre deporte de combate y lucha, deportes de contacto y deportes sin contacto, donde el terreno compartido o separado determina una mayor o menor proximidad.
Son conocidas las tragedias en los estadios de fútbol de Europa, así como escenarios de baloncesto, hockey sobre hielo y béisbol de los Estados Unidos y Canadá, situaciones que poco a poco se van haciendo más cotidianas. Recientemente la selección suiza de fútbol fue agredida en Turquía y un destacado atleta egipcio de ese deporte la emprendió contra su director técnico porque lo reemplazó en la Copa Africana de naciones. |
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Real Madrid, equipo español de fútbol. |
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Lo más lamentable es
que cuando vemos
esas manifestaciones
en otros países
pensamos en los vándalos,
los hooligans ingleses,
los tifosi italianos o
las barras bravas argentinas
y siempre le echamos
la culpa
al sistema social,
el bajo nivel
de las personas,
el consumo de drogas, etc.
¿Qué justificación
le damos entonces
a ese fenómeno en Cuba?
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CUBA NO ES LA EXCEPCIÓN
Lamentablemente en nuestro país situaciones de este tipo también van tomando protagonismo en varias disciplinas y distintos escenarios.
En fecha tan reciente como el 24 de diciembre una gran trifulca entre los equipos de Ciudad de la Habana y Matanzas trajo como consecuencia la suspensión del capitalino Jaime Colomé, integrante de la selección nacional de fútbol. El hecho ocurrió durante el Campeonato Cubano de ese deporte y tuvo por sede el municipio de Cárdenas.
Aún con ese amargo sabor, solo tres días después, cuando se celebraba un aniversario más del inicio del béisbol en nuestro país, el integrante del equipo olímpico de ese deporte, el granmense Manuel Vega, se disgustó con el árbitro principal del partido y la mejor manera que encontró de protestar fue la agresión física. El hecho ocurrió en el estadio Cándido González de la ciudad de Camagüey.
Aún sin terminar el 2005, otra “bronca” entre yumurinos y capitalinos, esta vez en la Liga Superior de Baloncesto, incluyó a varios aficionados y motivó la suspensión de Reinier Panfet y Osniel Alberto, el primero de Ciudad de la Habana y el segundo de Matanzas. Esta vez el escenario fue la Sala Polivalente “Ramón Fonst”.
Sin embargo, eso no fue todo. El 4 de enero en la ciudad avileña de Morón el árbitro Juan José Cuevas y el pelotero local Mario Vega “se fueron a las manos”, luego que el segundo no estuviera de acuerdo con una decisión del primero. Resultado: los dos fueron suspendidos por 2 años.
Dos días después en el propio escenario se enfrentaron los equipos de Industriales y Ciego de Ávila. Luego de algunas situaciones “calientes”, el avileño Yordanis Pérez se deslizó “sucio” en segunda y Rudy Reyes optó por lanzarle la pelota y ahí “se armó la gorda”, a decir en buen cubano.
Por si eso fuera poco, la subserie entre Industriales y Santiago de Cuba en el Latinoamericano, por demás televisada a todo el país, vio muy malas actitudes tanto de atletas como de aficionados, los cuales incluso motivaron el forfeit favorable a los santiagueros, cuando después de una gran trifulca en las gradas los aficionados optaron por lanzarse al terreno.
Sin embargo, las agresiones y acciones violentas no quedan ahí. En nuestras instalaciones se ofende a atletas y a árbitros, se consumen, aunque esté prohibido, bebidas alcohólicas, y no son ajenas las peleas entre fanáticos que se ven envueltos en apuestas y deudas que no son capaces de pagar.
Recientemente hablaba con un sacerdote amigo mío y muy conocedor del béisbol, y me decía: ...antes me gustaba ir al Latino, me acompañaban los muchachos de la parroquia, ¿sabes por qué dejé de ir?: En varias oportunidades me topé con personas, cerca del sitio donde estábamos, que fumaban algo más que un simple cigarrillo, el olor era diferente, creo que era marihuana. Hoy los estadios no son un lugar seguro para el disfrute del tiempo libre, prefiero verlo por la televisión.
Equipo europeo de fútbol.  |
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Lo más lamentable es que cuando vemos esas manifestaciones en otros países pensamos en los vándalos, los hooligans ingleses, los tifosi italianos o las barras bravas argentinas y siempre le echamos la culpa al sistema social, el bajo nivel de las personas, el consumo de drogas, etc. ¿Qué justificación le damos entonces a ese fenómeno en Cuba? Presumimos de una excelente educación académica y formal que hace de los cubanos el pueblo más culto del mundo, alejado de “malos vicios”, con personas llenas de valores, integrados política y socialmente. Sin embargo esas manifestaciones nos dejan “mal parados”, más cuando mante-nemos la aspiración de organizar unos Juegos Olímpicos. |
Es cierto que personas de este tipo son las menos en los estadios y las canchas cubanas, pero también es verdad que ahí están y pertenecen a nuestro pueblo. Son personas, atletas o aficionados, que están entre nosotros y que por diversas causas canalizan su desesperación, inmadurez o condición social en actitudes como un deslizamiento brusco, un pelotazo, un golpe, una zancadilla, una palabrota, etcétera.
En su esencia los deportes promueven la salud mental, la paz del espíritu, alivian las hostilidades, la agresividad y reducen la delincuencia, la criminalidad y la violencia. Sin embargo, cuando eso no se logra y por el contrario prevalece la violencia, la actividad del músculo deja de cumplir su objetivo.
La solución no es ubicar más policías en los estadios, ni suspender a los atletas. Eso simplemente levanta un muro que impide exteriorizar la actitud violenta que se lleva por dentro. La violencia no es innata del deporte, erradiquemos sus causas sean las que sean y disfrutemos de un deporte sano, de un verdadero espectáculo. |
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