Aunque el problema aún es polémico en muchos aspectos y posibles variantes, existe consenso sobre un modelo geológico general que explica el origen de la isla, sus cadenas de cayos e islas menores. Según ese modelo lo que es hoy Cuba fue el lugar geográfico, hace 50 millones de años, unidades más o unidades menos, de la colisión o choque de un fragmento de placa continental procedente de latitudes más bajas al sur, contra lo que en esa época era el borde marítimo del continente de Norteamérica: Golfo de México-Estrecho de la Florida-Bahamas. Fue una colosal colisión de placas que causó el plegamiento intenso, ruptura y amontonamiento caótico de rocas de las más diversas características, edades geológicas y procedencia geográfica, como si un gigantesco buldózer hubiese apiñado un pedazo de continente a la deriva contra el borde sur de la estable placa de Norteamérica. Con esta gráfica descripción solía caracterizar el ingeniero Gustavo Echevarría, pionero de los geólogos cubanos, este magno evento tectónico. Los efectos de esa colisión se pueden observar hoy con total claridad a lo largo de una franja en forma de arco que corre a lo largo de toda la costa norte de Cuba actual.
¿De dónde procede el fragmento de placa continental que colisionó?
Durante tres años y algo más el autor de este artículo realizó estudios para dar respuesta a esa y otras preguntas que nos hacíamos los geólogos cubanos sobre el origen geológico del archipiélago. En primer lugar fue necesario el análisis e interpretación de un enorme volumen de información geológica y geofísica de una extensa área geográfica que incluía gran parte del Mar Caribe, Estrecho de la Florida, Bahamas, Cuba, Centro América y México. Se utilizaron con este fin también los trabajos de campo realizados en varios sectores de la costa norte cubana, en los cuales fue posible identificar los complejos rocosos que pertenecían al borde sur de la placa norteamericana y separarlos de los complejos rocosos que correspondían al fragmento “extraño” de tipo continental que provocó la colisión. Los resultados de esta etapa se presentaron en el 1er y 2do Congresos de Geología de Cuba efectuado en Santiago de Cuba y La Habana, también en varios artículos de la revista Geología y Minería.
Figura 1. Dibujo del autor.
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El fragmento
desprendido
(proto-Cuba)
se movió en deriva
a lo largo
de una falla
de deslizamiento
del tipo semejante
a la actual falla
de San Andrés,
en la costa occidental
de Estados Unidos.
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En una segunda etapa se pasó a comparar estos complejos rocosos “extraños” con las secuencias de rocas de igual edad de las regiones cercanas al sur de Cuba para establecer el lugar de procedencia del fragmento de placa continental que colisionó. Todos los análisis condujeron a identificar el Istmo de Tehuantepec al sur de México como la más probable zona de procedencia del
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fragmento de placa, se pudo establecer sobre la base de un gran número de semejanzas como: secuencias estratigráficas casi idénticas, evolución geológica, condiciones de formación de las rocas y contenido de fósiles entre otras características coincidentes.
El proceso de desprendimiento ocurrió hace 65 millones de años en los tiempos finales del período Cretácico. La deriva subsiguiente se ha representado en la figura No.1. Se puede apreciar que el fragmento desprendido se movió en deriva a lo largo de una falla de deslizamiento del tipo semejante a la actual falla de San Andrés en la costa occidental de Estados Unidos. Durante 15 millones de años aproximadamente, el bloque continental se movió a una velocidad promedio de 6 centímetros por año. La distancia recorrida hasta el momento de la colisión con el borde sur de la placa norteamericana fue de unos 900 a 1000 km. El momento de la colisión se puede fechar como Eoceno inferior a medio del cual nos separan unos 50 millones de años.
El hecho de que el territorio cubano esté constituido en proporciones considerables por rocas de terrenos que se desprendieron y derivaron desde el sur de México es de un alto interés científico y también práctico. No es casual que el petróleo que se ha extraído y se extrae aún de los campos petrolíferos de Chiapas y Tabasco en México sea del tipo pesado sulfuroso, semejante al petróleo que se extrae en Cuba de complejos rocosos similares. Además se puede inferir que el espacio marítimo del Golfo de México al norte del occidente y centro cubano, en las inmediaciones de la costa, debe tener hidrocarburos más ligeros por pertenecer a terrenos típicos del borde continental pasivo de Norteamérica, no afectados por las intensas deformaciones tectónicas de la colisión de placas. Por ello se puede mirar hacia el Golfo con nuevas esperanzas.
La deriva de placas y las colisiones entre ellas han ocurrido y siguen ocurriendo en el momento actual en el planeta. El fenómeno en sí no es perceptible al hombre por su extrema lentitud relativa al ritmo de la historia humana (1 a 8 cms/año), ya que no es posible observar cambios drásticos en el paisaje geográfico, aún al paso de decenas de generaciones de seres humanos, aunque los terremotos débiles o intensos y las erupciones volcánicas son señales claras de la vigencia de las grandiosas fuerzas internas que mueven las placas continentales y oceánicas. Son los mismos acontecimientos que acompañaron y acompañan el devenir del universo. Es en resumen parte del misterio divino de la creación en su infinita armonía entre el micro tiempo-espacio y la eternidad. Donde el hombre se preguntará siempre de dónde viene, quién es y a dónde va.
* Doctor en Ciencias Geológicas. |
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