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por Orlando MÁRQUEZ
Pocas veces hemos presenciado un debate tan espontáneo, sin mayores adornos a la realidad, como es el caso de la telenovela cubana La cara oculta de la luna. Pero los medios, además de reflejar la realidad, pueden también alterar la realidad con los mensajes más ingenuos. En este campo nada queda al azar. Sin embargo, los debates son sanos y convenientes si están bien orientados o fundamentados. Si bien en nuestro país "no existen las estructuras para un debate social adecuado", cualquier oportunidad puede ser provechosa.
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El sacerdote Antonio Rodríguez afirma, con la Iglesia, que no
hay pluralismo moral.
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Pero me parecía que el debate generado por La cara... quedaba en la superficie, sentía un escandaloso silencio sobre el referente moral y ético. Y hay un grave peligro en el abandono del referente moral, pues se pierde la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. Nadie piense en moralismos, fundamentalismos o dogmas. Claro que el ser humano es libre de elegir entre dos ofertas, pero ¿está conciente de que su elección es la correcta?
Para tratar el asunto conversé con el padre Antonio Rodríguez, cura párroco de Alquízar, Licenciado en Teología Moral en la Universidad Comillas, de Madrid, España, y profesor de Teología del Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana. El padre Tony ha seguido la telenovela, y no dudó en conceder esta entrevista por lo que él considera una razón muy fuerte:
–Orlando Márquez: En los últimos meses se ha desatado un debate inusual en la sociedad cubana, motivado por una telenovela que, al mismo tiempo que refleja la realidad social, según sus autores, puede condicionar la realidad. ¿Qué piensa acerca de este tipo de debates sociales y del modo en que se desarrolla entre nosotros?
–P. Antonio Rodríguez: Ciertamente la segunda parte de la novela "La cara oculta de la luna" ha puesto a los televidentes ante un debate. Son muchas las razones. La primera, es que por primera vez se aborda el tema del comportamiento homosexual en la televisión cubana de forma tan extensa. Lo habíamos visto tal vez en alguna película, pero ahora ha estado en una telenovela durante más de un mes, y la homosexualidad ya no en el extranjero, sino en Cuba. Estoy de acuerdo que estamos ante una realidad que no podemos soslayar.
Para analizar la telenovela tenemos que hacer una triple distinción. La primera es que los realizadores de la novela tienen derecho a tratar ese tema, porque es un tema de la realidad; segundo, se ha tratado bien, desde el punto de vista artístico, con una dramaturgia y unas actuaciones dignas, incluso se han tratado bien ciertas escenas, a diferencia de la primera parte donde aparecían relaciones sexuales más explícitas, en la segunda parte han quedado en los diálogos, se infieren. Por otro lado la novela no ha dado respuestas morales, sino que ha presentado los hechos como tal. Y una tercera observación, en que pongo el énfasis, es en la recepción que es la que genera el debate, y aquí está lo preocupante. ¿Cómo el pueblo cubano, o esa parte del pueblo cubano que ha seguido la novela, ha recibido, desde el punto de vista moral, lo que ha visto? Hay una parte de la población que no ha aprobado el comportamiento del personaje escenificado en la novela, debido a su cultura, a su formación moral y también debido a su religión; pero hay otra parte que sí lo ha aprobado. Y la pregunta que nos tenemos que hacer es desde qué fundamentos se recibe la oferta televisiva, qué hay por detrás de todo esto y de qué manera se desarrolla el debate.
En Cuba es difícil que se desarrolle un debate amplio, dada la manera en que se conciben, por el Estado, los medios de comunicación social, que son todos estatales, así como la enseñanza es estatal, lo cual condiciona el debate. Por lo tanto es bueno preguntarse qué tipo de moral vive el pueblo. En los temas sexuales ha habido una mayor liberalidad en los últimos años, como resultado del contacto del pueblo cubano con un cierto tipo de cultura occidental con la que hemos convivido; además tenemos una experiencia vivida aquí, pues hace más de treinta años, varias generaciones cubanas han tenido su iniciación sexual –y no me refiero solo a la relación sexual, sino a la iniciación conceptual de vida sexual– fuera de la familia, pues desde la adolescencia muchos han estado en el sistema educacional de internados o becas. Y tenemos también la experiencia de las familias divididas como resultado del divorcio, de hijos que no se crían al mismo tiempo con los dos padres y cuya educación se ha delegado en la escuela, o en uno solo de los padres o en los abuelos. Todo esto conjugado no permite que existen las estructuras para un debate social adecuado.
–Antes de continuar me parece oportuno hacer referencia a un término que al parecer no es muy considerado hoy día en la sociedad moderna, o al menos interpretado de forma variada: moral. ¿De qué estamos hablando cuando nos referimos a la moral?
–La moral es una sola, no hay pluralismo moral. Y esa única moral es la que se fundamenta en la naturaleza de la persona. La moral no es inventada por los hombres, las sociedades o los estados. La moral está inscrita en la naturaleza humana, y se revela en el comportamiento ético de la persona.
Pongamos un ejemplo. Adolfo Hitler dictó una moral de la vida y definió su propia clasificación de la vida, y para él solo debían vivir los que él consideraba personas. Entonces consideró que los judíos no eran personas, los homosexuales o quienes tuvieran algún defecto físico, no eran personas, no eran seres humanos, y por tanto no debían vivir como, o junto a, aquellos que él sí consideraba personas. Y los judíos, los homosexuales o quienes tuvieran algún defecto físico fueron enviados a los campos de concentración o a las cámaras de gas, de acuerdo con su moral de la vida.
Esa es la moral dictada por un hombre según sus criterios, pero no puede ser así, porque si fuera así cada persona se consideraría con el derecho de dictar una moral de acuerdo con sus criterios, y sus criterios siempre van a responder a su conveniencia e intereses. Por tanto, la única moral posible es aquella que se fundamenta en los datos que nos da el ser humano como tal.
En el caso de la sexualidad, el ser humano todo, su corporeidad y su alma o parte espiritual, nos muestran su modo de comportarse en la sociedad, esa es la moral. Por tanto ni siquiera los llamados especialistas pueden definir cuál es el compor-tamiento moral correcto. Un psicólogo, o un siquiatra, atiende a una persona y emite criterios de acuerdo con su comportamiento personal, y dará criterios tera-péuticos, pero no puede dictar la moral. Y si a eso se añade que hay varias escuelas de psicología, con pronunciamientos distintos, ¿cada escuela de psicología va a ofrecer un criterio distinto de moral? Y si tenemos distintos tipos de moral, ¿cómo lograr la convivencia social?, ¿cómo saber lo que es bueno y lo que es malo? Pues lo que es bueno para una escuela sicológica puede ser malo para otra.
Pero me gustaría aclarar además que la moral no se refiere solo a la moral sexual. La moral, y por tanto la ética que es su manifestación práctica, lo que estudia es la moral personal, la moral familiar y la moral social, y, como un aspecto de la moral personal está la moral sexual.
–Y ¿qué autoriza a la Iglesia a hablar de moral?
–La Iglesia está en el mundo para hablar de Dios, pero de un Dios en contacto con la realidad del mundo que invita al comportamiento moral y ético. Cuando la Iglesia predica la moral no está predicando algo exclusivo de la Iglesia.
Pensemos en temas como la guerra, los derechos humanos, la familia, la justicia social o el tema sexual..., cuando la Iglesia predica sobre esto lo hace predicando desde la verdad sobre el hombre. Quien enseña la moral a la Iglesia es la misma naturaleza de la persona humana, y esto es también válido para el musulmán, |
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Personajes de “La cara oculta de la luna”,
telenovela que ha generado un debate
inusual en la sociedad cubana. |
el budista o el no creyente, porque el hombre es el mismo siempre. Cuando la Iglesia dice "no robar", no lo dice porque esto sea privativo de los católicos, ni es sólo para los católicos; el "no robar" proviene de la naturaleza de la persona humana y es común a todos los hombres, sin embargo la Iglesia lo enseña desde la fe cristiana, pero la esencia es la misma para todos. Y el budista y el musulmán no robarán desde los contenidos de sus religiones, pero no hay preceptos morales privativos de la religión católica. Cuando la Iglesia habla de la familia y de la vida sexual no enseña contenidos morales propios de la Iglesia, sino contenidos morales propios de la naturaleza humana redimensionados desde la fe cristiana.
–Si bien normalmente lo que piensa y enseña la Iglesia en materia social y moral no es conocido ni tenido en cuenta por amplios sectores sociales, ¿cree que la Iglesia puede tener una palabra particular en este tipo de debates?
–Sí. La Iglesia tiene una palabra específica en este tipo de debates porque su palabra es iluminadora. La Iglesia no impondrá su palabra, pero la tiene y debemos escucharla. La Iglesia en Cuba tuvo, durante cuatro siglos y medio el papel de quien ilumina la vida moral, familiar y sexual. Cuando en el año 1961 comienza el gran divorcio entre la Iglesia y la sociedad, divorcio motivado por el Estado y que limitó la influencia de la Iglesia en la sociedad, la Iglesia quedó reducida al ámbito de las cuatro paredes del templo y dejó de iluminar desde una moral humanista y cristiana a la sociedad cubana.
–Pero también se dice que, históricamente, la sociedad cubana, si bien mantenía fuertes expresiones religiosas, buena parte de ella actuaba con bastante liberalidad en materia sexual.
–Habría que matizar eso. Pudiera pensarse que fue muy liberal, pero le quitaría el muy, incluso matizaría el liberal.
Porque la mayoría de los cubanos no iban a misa el domingo, pero se nutrían de una moral defendida por la Iglesia y que estaba presente en la sociedad. Muchos tenían más bien una tendencia al relajamiento, no en los conceptos pero sí en la vida. Aquel que tenía tal vez una amante, tenía muy claro que había que conservar el matrimonio y la familia. Eviden-temente encontramos en esto una dualidad, pues hay una situación negativa en la infidelidad, pero al mismo tiempo se intentaba mantener lo que constituía un valor constante, que es la familia, precisamente un valor que la Iglesia defendía y predicaba en la sociedad.
–Uno de los argumentos más socorridos en la sociedad actual, incluso por los llamados especialistas y líderes de opinión, es que la persona debe satisfacer sus deseos y ejercer su libertad en materia sexual, lo que correspondería al ámbito de la moral privada, distinta de la moral pública. ¿Es esto un signo de la modernidad? ¿Qué piensa al respecto?
–No podemos pedirle al hombre unos comportamientos de cara a su moral pública y social y no pedirlos de cara a su moral privada. Una parte de los políticos y especialistas hacen una distinción de este tipo, y pretenden dejar en lo privado dos realidades importantísimas para la vida pública: la persona y la familia. ¿Cómo decir entonces que la vida sexual de una persona no admite las normas morales como sí lo admitiría la vida social? Es una dicotomía ineficaz, precisamente por un error epistemológico, de conocimiento, pero también de tipo práctico. ¿Cómo se puede edificar una sociedad con un conjunto de valores sociales que no valgan para la vida familiar? No puede haber dos morales, ni valores para una moral social y valores para una moral que llaman privada. Y la llaman así, privada, para encubrir aspectos de la realidad. ¿Cómo decir que unos niños que están sufriendo la separación y el divorcio de sus padres, van a tener un comportamiento normal en la sociedad, y que lo que han vivido en el seno de su familia no va a repercutir en sus personas o que después no presenten dificultades en la sociedad? No se puede tapar el sol con un dedo. Cuando escuchamos a los psicólogos hablar de las conductas sociales anómalas de las personas, siempre nos remiten a lo familiar, a la historia pasada del individuo, y todos tenemos esa historia en la familia. No se le puede quitar a la familia su primera función, que es la formación de la persona. Antes que la escuela y la Iglesia está la familia, que es a su vez el enlace entre la persona y la sociedad. Una familia no se edifica en el libertinaje.
Por otro lado, se habla de satisfacer los deseos sexuales y no otros. ¿En qué se fundamentan tales especialistas para decir después que en el orden público no podemos hacer todo lo que deseamos? Yo no puedo entrar en una casa y robarme un televisor para satisfacer un deseo, pero ¿en el orden sexual si puedo hacer lo que desee? La cuestión sexual tiene que ser protegida, no solo porque lo diga la religión, que lo dice, sino porque lo dice la historia humana, con sus aciertos y desaciertos, que siempre ha procurado un particular cuidado sobre la vida sexual en todas las culturas. Así como ha habido desviaciones sexuales ha habido cuidado en este sentido para salvar a la familia.
Porque la vida sexual no es algo accesorio a la vida del hombre, para hacer uso de ello como se usa una camisa o un par de zapatos, que mañana podremos cambiar si lo deseamos. La misma psicología moderna, Freud incluido, nos ha enseñado que la vida sexual no es un accesorio, sino algo fundamental porque somos seres sexuados que nos relacionamos socialmente desde nuestra identidad sexual, y no hablo de genitales, sino de toda las características sexuales que nos definen e identifican. Entonces cómo no vamos a cuidar la vida sexual si esto es algo que contribuye al crecimiento personal y por el mismo hecho al crecimiento de toda la sociedad. La vida sexual va más allá de la simple expresión genital que postulan algunos modernistas o posmodernos, pues tiene una dimensión biológica, una dimensión interpersonal, una dimensión espiritual y una dimensión sociocultural. ¿Cómo trivializarla cuando es tan importante en la vida personal y social? No se pueden tener criterios basados en el deseo, el instinto o lo que a mi me parezca.
En cuanto a la telenovela, no podemos dejar de cuestionar al personaje de Yasser por haber roto su familia. Aunque no podemos cuestionar su condición sexual, desde el punto de vista moral sí cues-tionamos que haya roto su familia y dejado a una niña sin familia. La historia ha dado buenos ejemplos diferentes de esto. Del mismo modo que ha habido hombres que, por su patria, han puesto sus intereses individuales en un segundo lugar, los ha habido, y hay, capaces de grandes renuncias por la familia. La Iglesia afirma que la condición homosexual, como el caso del personaje de la novela, debe sacrificarse por salvar la familia. Y esto es un criterio objetivo. Y esto es algo que tal vez el público no ha valorado, si se centra sólo en el debate sobre la realidad de Yasser, si hizo bien o mal. Está la realidad de la familia, que queda relegada por un nuevo deseo descubierto por esta persona. Ciertamente tenemos derechos, pero esos derechos tienen sus límites en los otros, ya sea en la familia o en la sociedad.
El debate debe llevarnos a pensar qué familia estamos construyendo o qué familia queremos construir.
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–¿No se corre el riesgo de que esas referencias a la verdad y la moral, socaven la libertad del ser humano?
–Una cosa es la libertad y otra el libertinaje. La libertad no es ilimitada. La primera fuente de esta afirmación es la misma experiencia humana. A todo lo largo de la experiencia humana la libertad ha tenido límites. La libertad tiene el límite de la verdad y del amor. Yo puedo tener libertad de matarte a ti, por un deseo, pero la sociedad me dice que yo no debo matarte a ti, porque tú eres un ser humano, y esa es la verdad que me enseña la antropología y también el derecho. La verdad limita a la libertad, y si la verdad no limita a la libertad esta se convierte en un absoluto y por tanto en libertinaje, lo que degrada al hombre y la sociedad. Un padre de familia no debe romper su vida familiar a partir de un deseo, porque ¿dónde deja su responsabilidad ante la familia que ha |
constituido, dónde deja el bienestar de esafamilia, de esas personas que son los integrantes de la sociedad presente y futura?
Hoy muchos no tienen en cuenta la verdad. Hay muchas falsas verdades, y por tanto no son verdades sino meras opiniones, pero sólo existe una verdad, y es la verdad sobre el hombre. Ese es el fundamento de la moral. Si hubiera muchas verdades habrían muchas morales, y si hay muchas morales estamos en presencia del subjetivismo, y ahí llegamos al relativismo, al "todo vale". No aceptamos el relativismo moral en ninguna manifestación. No enten-demos que un país invada a otro, eso es un relativismo social. Del mismo modo que no aceptamos el relativismo social no podemos tener dos morales, una para el público y otra para la familia.
– Desde hace varios años, la Iglesia viene definiendo su postura crítica en relación con el relativismo, el papa Juan Pablo II fue muy enfático en este sentido. Sin embargo, tal relativismo surge más bien en un tipo de sociedad bien distinta de la nuestra, como es el modelo democrático que prevalece en la cultura occidental, en la que conceptos como individuo, libertad, tolerancia, entre otros, ponen en duda valores absolutos como los que usted menciona.
¿Qué ocurre en la sociedad cubana para que se den tales manifestaciones? ¿Estamos hablando entonces más bien del hombre concreto, más allá de las construcciones sociales?
–El concepto de libertad comienza a fraguarse en Atenas, llegó a Roma y recibió del Derecho Romano contenidos acerca de la verdad del hombre. Cuando, en lo que llamamos mundo occidental, se ha pensado en libertad a través de los siglos, se ha hecho pensando en verdades humanas. En los últimos años –y no como consecuencia del concepto de tolerancia, que es muy bien asumido por la sociedad contemporánea y la misma Iglesia–, el problema surge porque en la sociedad occidental el concepto de libertad se va separando de la verdad. Esta es la razón: se abandona la verdad acerca del hombre.
A nosotros en Cuba nos ha llegado en sus efectos, a través del cine, la televisión, el arte proveniente de esa sociedad distinta a la nuestra. En Cuba se ha asimilado poco a poco. Lo vemos en las telenovelas todas las noches, cada noche tenemos un informe permanente acerca de esos nuevos modos de vida. Pero lo vemos también en las programaciones televisivas para jóvenes en horarios de la tarde. Y pasó también con "La cara oculta de la luna", si algo tenemos que objetar desde el punto de vista moral de esa telenovela es el horario de trasmisión, pues muchos niños y adolescentes estaban recibiendo una información para la cual ellos, desde el punto de vista psicológico –no olvidemos la psicología evolutiva– no estaban preparados. Y esto es sobretodo responsabilidad de los padres, responsabilidad que no asumen por muchos factores, pero uno de ellos es el relativismo moral si se piensa "¿qué mas da?, si otros la ven". Y claro que sus hijos conocerán esas realidades, pero deben hacerlo cuando llegue el momento oportuno.
Es la ausencia de esos valores lo que los padres deben enmendar, deben reconquistarlos y defenderlos de cara a la educación de sus hijos.
Y además, como decía al principio, en Cuba ese relativismo social se inició con el sistema de educación internado, que se ha ido ampliando hasta hacerse masivo, y esta iniciación sexual es masiva desde el punto de vista conceptual y práctico. En el cubano de hoy, por razones distintas a esa cultura occidental experimentada en sociedades también distintas, y debido a un modo de vida particular de Cuba, se han dado estas transformaciones de la mentalidad. El hombre de hoy no es un hombre que piensa y actúa como el hombre del año 1970.
En esto repercutió también algo que no es malo en sí, como es la integración de la mujer a las actividades extrahogareñas, lo cual es un derecho, pero el modo que se empleó, si bien no descalificó los valores morales, familiares y sexuales, sí los relativizó. Y ahora tenemos el resultado. Se han deteriorado muchos valores.
–La experiencia de este tipo de debate qué nos debe dejar después de todo.
– Si partimos del debate provocado por la telenovela, de la cual hemos visto solo dos partes y creo que hay más, diría que la misma telenovela es un llamado a nuestra sociedad cubana para salvar el valor de la familia. Como dije antes, la familia tiene un valor como espacio de formación de las personas. Hay que salvar la familia. Hay que cuidar la familia, como dijera Juan Pablo II en Cuba, para conservar sano el corazón del país. Antes que la sociedad está la familia.
Este debate debe llevarnos a pensar qué familia estamos construyendo, o qué familia queremos construir y de qué manera la construimos. El debate sobre el personaje, o los personajes, es secundario. El debate debe llevarnos a pensar en la familia, donde se forman las personas. Esta formación es un derecho y un deber de la familia, no del Estado, como tampoco de la Iglesia. La Iglesia y el Estado están salvar, proteger y cuidar a la familia. Y por eso debe haber una consonancia en este sentido entre el Estado y la Iglesia. Y si la Iglesia está en este país pues también tiene una voz, que no se impone, no hablo de imponer los criterios de la Iglesia, sino que debe tener un espacio para que se escuche y que sea formativa de la conciencia moral. Esto es importantísimo, porque el hombre concreto va más allá de las construcciones sociales. No son las construcciones sociales las que dictan las normas morales. Es la naturaleza de la persona humana la que nos da los significados morales. En términos filosóficos diría que los significados antropológicos son los que enseñan los significados morales, no puede haber significados morales en contra de los significados antropológicos.
Entonces no solo se trata de salvar la familia, sino de conocer más al hombre y su naturaleza. Cuando hay comportamientos inmorales, pen-semos que son tales por ser opuestos a la naturaleza del hombre y al significado del hombre y su felicidad. |