Una anciana del sur estaba disgustada porque su vecina no la había invitando a un té que ofrecería en su jardín. En la mañana del día en que tendría lugar la fiesta, la anfitriona quiso arreglar la situación haciéndole una invitación de última hora.
“Es demasiado tarde”, dijo la señora que no había sido invitada. “Ya he rezado pidiendo que llueva esta tarde”.
Aquellos que más daño hacen a la religión son con frecuencia los que aparentan ser buenos y persisten con su mezquindad y pequeñez. Sienten cierto placer en guardar rencor y únicamente buscan la menor oportunidad para vengarse a su manera.
Generalmente son buenas personas en el fondo, que exageran las ofensas insignificantes hasta convertirlas en graves injurias.