<< MAYO / 2006 - No.152 |
SEGMENTO |
Para otros, la razón está en la tesis freudiana de una devoción a la Virgen entendida como resultado de un proceso de sublimación de la femineidad y de la sexualidad. En este caso, el culto mariano tendría, para un grupo numeroso de devotos, una especie de función terapéutica.
Evidentemente, estas y otras explicaciones similares, presuponen el rechazo de cualquier intervención de lo sobrenatural en la realidad y la historia de nuestro mundo y consideran la exaltación y el culto de la Virgen María, como el resultado de puros mecanismos culturales para unos o sicológicos para otros. 2- La separación de oriente y occidente: Efectos en la devoción mariana En la Edad Media, con la separación progresiva del imperio de Oriente (Imperio bizantino) del mundo occidental, el culto mariano sufre una evolución que resulta distinta en cada una de las dos partes. En Oriente, el cuadro histórico-social y cultural, se presenta estable a lo largo de los siglos, y allí, el interés por la Virgen está ligado a la función que desempeña en la encarnación, rodeándola de una especie de aureola de trascendencia y hasta de divinización, en su papel de Madre de Dios. Es un culto muy rico pero ligado a un acontecimiento lejano en la historia. En tanto que en el mundo occidental, la sociedad sufre profundas transformaciones de todo tipo. Las condiciones de inseguridad social, los peligros, las guerras civiles y con otros países por diversas razones, posteriormente la revolución industrial, con su secuela de huelgas y desempleo, favorecen la exaltación de fuertes personalidades, es decir, líderes que consiguen conquistar una posición de privilegio y de prestigio en el entramado social. La masa popular tiene necesidad de figuras que defiendan sus derechos elementales y que les ofrezcan pistas de actuación. De todo ello, sale –entre otras consecuencias– una clara tendencia a incrementar la piedad mariana, sobre todo en su dimensión de madre y protectora de los más necesitados. En un clima religioso de este género, la Virgen queda envuelta para cada uno de los cristianos en una relación fuertemente personal. Los fieles sienten, junto a la necesidad de una protección sobrenatural en sus dificultades, un modelo de conducta, de comportamiento religioso que encuentran en María, desplazándose la atención de sus devotos, de la participación de la Virgen en la encarnación (como en el Oriente) a la participación de la Virgen en el sacrificio redentor de Cristo. La devoción a María de Nazareth y de Belén, se va sustituyendo por la devoción a María Dolorosa, María al pie de la cruz en el Calvario. 3- Clima entre católicos y protestantes antes del Vaticano II Desde los tiempos de la Reforma en el siglo xvi, la discusión entre católicos y protestantes ha sido cada vez más difícil y más áspera. Sólo después del Concilio Vaticano II, se comienza a revisar las distancias que se han establecido entre los dos grupos religiosos, creándose un clima más o menos estable aunque no uniforme, de ecumenismo. En este terreno, las diversidades teológicas han dado origen a tipos de sensibilidad popular contrastante. Por un lado se oye decir que los protestantes no creen en la Virgen y por otro que los católicos ya no son cristianos sino marianos. Tal parece que en relación con la Virgen, unos pecan por defecto y otros por exceso. as divergencias entre católicos y protestantes eran no sólo notorias, sino calificadoras. Por la parte protestante se ha mirado la devoción a María como la suma de todas las herejías, mientras que por la parte católica se ha asistido a la proclamación de dos dogmas: la Inmaculada Concepción de María y la Asunción de la Virgen en cuerpo y alma a los cielos, además de un desarrollo sin precedentes en las devociones marianas. Sólo después del Concilio Vaticano II ha sido posible pasar de la contraposición más áspera, al intento de diálogo. 4- Posición sobre María de losreformadores en el origen del protestantismo En todo lo que sigue, nos vamos a limitar a las denominaciones tradicionales, pues sería extremadamente difícil seguir la pista de las innumerables “iglesias” surgidas en Estados Unidos fundamentalmente, en los siglos xix y xx. Por lo tanto nos moveremos en el terreno de la posición sobre el culto a la Virgen, de Lutero, Calvino, y los anglicanos.
Para Lutero, María fue purificada y redimida del pecado original. En lo relacionado con la asunción en cuerpo y alma a los cielos, Lutero calla, con el Nuevo Testamento que nada dice al respecto, pero no excluye que el cuerpo de María fuera transportado al cielo por los ángeles. Excluye, en cambio, cualquier paralelismo con la ascensión de Cristo. En relación con los títulos marianos, no tiene reparos en llamar a María “madre nuestra” puesto que Cristo es, para él, “nuestro hermano”.
La Comunión anglicana es una asociación de iglesias organizada a nivel local y se extiende fundamentalmente en Inglaterra y los países que formaron parte del imperio británico. Cada una de las iglesias expresa, a su modo y con plena autonomía, la tradición religiosa de la reforma de Enrique VIII en Inglaterra en 1534, en un clima antimariano. Los anglicanos, al pasar a América, concretamente en Estados Unidos en 1785, asumieron el nombre de Iglesia Episcopal o episcopaliana, como la conocemos nosotros.
Es necesario pensar que el espectro de la fe de los anglicanos, presenta una serie continua e ininterrumpida de matices, variables en el tiempo y en el espacio, que van de un extremo al otro. Aquí se incluyen los temas relacionados con María, aunque los que están a favor de la devoción a la Virgen parecen ser mayoría hoy, entre los anglicanos o episcopales. Como dato curioso, en 1982 dos peregrinaciones anglicanas visitaron el santuario mariano de Lourdes. Desde algunos años antes, se construyó en Lourdes una capilla anexa y destinada a la celebración del culto de confesiones no católicas con plena libertad. 5. Maria y los musulmanes Se puede afirmar sin ningún género de dudas, que la persona de María ejerce una gran fascinación sobre el mundo musulmán. Este con sus casi ochocientos millones de creyentes constituye una de las mayores religiones monoteístas del mundo, y está en constante proceso de expansión.
La actitud impregnada de estima y admiración de Mahoma hacia María, a pesar del carácter masculino de su religión, asombra a quienes estudian el asunto. El profeta del Islam, no sólo defiende a María frente a las acusaciones de los judíos y de los excesos de los cristianos a quienes acusa de tratar de hacer de ella una diosa, sino que le reserva un puesto extraordinario que ninguna otra mujer comparte con ella, ni siquiera la propia hija del profeta. Actuando así, Mahoma introduce a María entre los grandes preelegidos de Dios y le asigna un doble cometido, el de ser “ayat”, es decir, un signo para el universo y el de ser “mathal”, es decir, un modelo, un ejemplo para los creyentes. 6. María en las iglesias orientales Pasaremos revista rápidamente a las principales iglesias del Oriente cristiano de las que brindaremos algunos rasgos históricos y una breve descripción de la doctrina y formas de devoción de cada una, relacionada con la Virgen María. La Iglesia armenia tiene un marcado carácter nacional y su historia es la del pueblo armenio, con múltiples perturbaciones a lo largo de los siglos. Cuenta con unos cinco millones de fieles dispersos en Armenia y el medio oriente, también en pequeñas comunidades en los cinco continentes a causa de la emigración. Son muy devotos de María, que ha sido su refugio en medio de su atormentada historia, especialmente durante su pertenencia a la Unión Soviética. Muchos de sus templos están dedicados a la Virgen, especialmente santuarios con títulos muy sugestivos como: “La que está revestida de púrpura”, “La Augusta”, “La que ha recibido a Dios”, “La Fuerte”, “La Toda Blanca”, etcétera.
Para los armenios, María es la llena de gracia, la sin pecado, la siempre Virgen. Para ellos, María lleva en sí tres misterios que imponen respeto y devoción: Su concepción virginal, el parto inmaculado y la virginidad después del parto. En relación con la Asunción, su doctrina expresa que “la santa Madre de Dios ha sido asunta al cielo con su cuerpo por virtud de Cristo”, lo cual está basado en la inmunidad de todo pecado. 7. La Iglesia Copta Cuenta en la actualidad unos siete millones de seguidores, su raíz está en Egipto y su lenguaje litúrgico es una mezcla de árabe y egipcio. Desde 1895 una pequeña rama de esta iglesia se unió a Roma y mantiene buenas relaciones con la iglesia católica, esta rama es de unos doscientos mil creyentes. Los coptos, debido a la permanencia de la Sagrada Familia en Egipto, consideran su patria como la “segunda tierra santa” y es la raíz de su devoción a María en esta zona, consagrada a Ella después del concilio de Efeso en el año 411. Para los coptos, el mes de diciembre está enteramente dedicado a Maria, por celebrarse ese mes la Navidad. El calendario de los coptos está plagado de fiestas marianas, las que tienen que ver con María y Cristo: Anunciación, Navidad, Purificación y Huída a Egipto. El 21 de cada mes celebran la fiesta de la “Dormición” de la Virgen ya que consideran que María murió el 21 del mes de tubah correspondiente al 29 de enero nuestro. Hay otras fiestas relacionadas sólo con María: Concepción, Natividad, Entrada en el templo y Asunción en cuerpo y alma a los cielos. Esta última la celebran el 22 de agosto porque es el día, según su liturgia, en que fue abierto el sepulcro de María y encontrado vacío. Los coptos aceptan la virginidad perpetua de María a la que consideran la más grande entre los santos por su perfección personal y por las funciones que desarrolló en torno a Jesús. Precisan que Maria es mediadora entre Cristo y los hombres por ser madre de El y de nosotros. 8. Iglesia Bizantina (ortodoxos) Es la mayor de las iglesias del Oriente cristiano con unos doscientos millones de fieles. La iglesia de Constantinopla, ha recogido la herencia del oriente y ha hecho de ella una admirable síntesis, siendo la devoción a la Virgen María, muy profunda y rica en matices. También en esta Iglesia el miércoles es el día consagrado a María y ese día se canta el Magnificat de modo solemne, pero además, conservan otras fiestas importantes a lo largo del año.
En la devoción a María, esto se da en alto grado y pasa a ser el ejemplo más típico de esta forma de religiosidad. En algunos casos, debido a factores históricos, una particular devoción mariana ha llegado a formar parte de la identidad nacional, por ejemplo la Virgen de Guadalupe en México, la Virgen Negra en Polonia, Montserrat en Cataluña y no es exagerado decir, la Virgen de la Caridad en Cuba. Las características más frecuentes en este tipo de catolicismo suelen ser: la acentuación del poder espiritual de la Virgen María, esperando de ella milagros e intervenciones extraordinarias como algo normal, incluyendo apariciones, curaciones milagrosas, etc. Igualmente, ven en María una especie de “escudo protector” contra accidentes, enfermedades, y en general, cualquier problema de la vida. En este tipo de creyentes, queda muy en segundo plano María como modelo de fe y de vida cristiana, como creyente y seguidora de Cristo. Esta fuerte dosis de protección y auxilio que es esencial a la piedad mariana en el pueblo, se debe a dos factores: en parte a la falta de formación religiosa y cultural, pero también, a la situación de pobreza y marginación que sufre. Una expresión típica entre nosotros es “Si Dios quiere y la Virgen...”, que muestra una inmensa confianza en la intercesión de María. Conclusión Escribía San Agustín: “Nunca vimos el rostro de la Virgen María...” (De Trinitate 8,7). Sólo a los artistas parece interesarle cómo era físicamente la Madre de Dios y madre nuestra. No obstante, cada época ha encarnado y expresado, a partir de sus propios modelos culturales y de los retos angustiosos que la vida va presentando, una imagen de la Virgen, acentuando una u otra dimensión de su persona, aun a riesgo de caer en ciertas deformaciones, como de hecho ha ocurrido y que el magisterio de la Iglesia, siempre vigilante y dispuesto a corregir excesos y defectos, ha señalado. Queda en pie, de todas formas, que María, bien como persona dotada de un mundo interior rico e impenetrable, bien como criatura que participó íntimamente en el proyecto salvífico de Dios, está situada en una zona de misterio que legitima y al mismo tiempo descalifica todo tipo de conocimiento exhaustivo. El atractivo que la Virgen ejerce en las diferentes culturas y épocas a lo largo y ancho de todo el orbe en las diversas religiones con sus diferencias y coincidencias, nos ratifica que la devoción a la Madre de Dios y Madre nuestra, puede sintetizarse en las palabras de María en las bodas de Caná para salvar la situación de aquella pareja de recién casados: “Hagan lo que El les diga...” señalando así, el único camino para superar todas las crisis y necesidades del hombre de hoy y de todos los tiempos. |
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