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<< MAYO / 2006 - No.152
SEGMENTO

La Vírgen María en las religiones no católicas.
La Vírgen María.
 

por p. Fernando DE LA VEGA.

1- Consideraciones previas

Nuestro tiempo, como cualquier otra época de la historia, presenta algunas contradicciones propias, que no dejan de aflorar incluso en el ámbito de un fenómeno religioso como es la devoción a la Virgen María.
En este sentido asistimos, por una parte, a un intento generalizado, sobre todo a partir del Vaticano II, de desmitificar la figura de la Virgen y de rechazar todo lo que tenga visos de culto a la personalidad. Este intento tiende a reajustar la posición de María en la economía de la salvación y echar agua al fuego de las exageraciones y proliferación devocionales.

Sin embargo, por otra parte, se constata que la fascinación que ciertas personalidades siguen ejerciendo sobre la sicología del hombre de hoy, explica por qué el culto mariano, al menos a nivel popular, no ha sufrido la inflexión que se ha verificado por ejemplo, en otros terrenos de la liturgia.

El primer aspecto de esta realidad contradictoria, se configura, decíamos, como un esfuerzo de

desmitificación, que en algunas confesiones cristianas, como veremos, llega al rechazo total de cualquier asunto relacionado con la Virgen María.
Algunos ven en el origen del culto mariano la materialidad de una necesidad inconsciente e instintiva en el ser humano, de ternura, afecto y protección.

Ciertamente esta necesidad instintiva está en la base del culto que se da en muchas religiones antiguas, a una especie de “diosa-madre”. Así sucede con las figuras de Isis, Cibeles, Astarté y otras divinidades femeninas semejantes.

Según el análisis marxista de la historia, el culto de una diosa, madre de los dioses y de los hombres, surge y se difunde especialmente en los pueblos donde la presencia del esclavismo era muy fuerte, por ejemplo en los antiguos pueblos mediterráneos, caracterizados por una fuerte mentalidad esclavista.
Para otros, la razón está en la tesis freudiana de una devoción a la Virgen entendida como resultado de un proceso de sublimación de la femineidad y de la sexualidad. En este caso, el culto mariano tendría, para un grupo numeroso de devotos, una especie de función terapéutica.

Evidentemente, estas y otras explicaciones similares, presuponen el rechazo de cualquier intervención de lo sobrenatural en la realidad y la historia de nuestro mundo y consideran la exaltación y el culto de la Virgen María, como el resultado de puros mecanismos culturales para unos o sicológicos para otros.

2- La separación de oriente y occidente:
Efectos en la devoción mariana

En la Edad Media, con la separación progresiva del imperio de Oriente (Imperio bizantino) del mundo occidental, el culto mariano sufre una evolución que resulta distinta en cada una de las dos partes. En Oriente, el cuadro histórico-social y cultural, se presenta estable a lo largo de los siglos, y allí, el interés por la Virgen está ligado a la función que desempeña en la encarnación, rodeándola de una especie de aureola de trascendencia y hasta de divinización, en su papel de Madre de Dios. Es un culto muy rico pero ligado a un acontecimiento lejano en la historia.

En tanto que en el mundo occidental, la sociedad sufre profundas transformaciones de todo tipo. Las condiciones de inseguridad social, los peligros, las guerras civiles y con otros países por diversas razones, posteriormente la revolución industrial, con su secuela de huelgas y desempleo, favorecen la exaltación de fuertes personalidades, es decir, líderes que consiguen conquistar una posición de privilegio y de prestigio en el entramado social. La masa popular tiene necesidad de figuras que defiendan sus derechos elementales y que les ofrezcan pistas de actuación.

De todo ello, sale –entre otras consecuencias– una clara tendencia a incrementar la piedad mariana, sobre todo en su dimensión de madre y protectora de los más necesitados. En un clima religioso de este género, la Virgen queda envuelta para cada uno de los cristianos en una relación fuertemente personal. Los fieles sienten, junto a la necesidad de una protección sobrenatural en sus dificultades, un modelo de conducta, de comportamiento religioso que encuentran en María, desplazándose la atención de sus devotos, de la participación de la Virgen en la encarnación (como en el Oriente) a la participación de la Virgen en el sacrificio redentor de Cristo. La devoción a María de Nazareth y de Belén, se va sustituyendo por la devoción a María Dolorosa, María al pie de la cruz en el Calvario.

3- Clima entre católicos y protestantes
antes del Vaticano II

Desde los tiempos de la Reforma en el siglo xvi, la discusión entre católicos y protestantes ha sido cada vez más difícil y más áspera. Sólo después del Concilio Vaticano II, se comienza a revisar las distancias que se han establecido entre los dos grupos religiosos, creándose un clima más o menos estable aunque no uniforme, de ecumenismo.

En este terreno, las diversidades teológicas han dado origen a tipos de sensibilidad popular contrastante. Por un lado se oye decir que los protestantes no creen en la Virgen y por otro que los católicos ya no son cristianos sino marianos.
Tal parece que en relación con la Virgen, unos pecan por defecto y otros por exceso.

as divergencias entre católicos y protestantes eran no sólo notorias, sino calificadoras. Por la parte protestante se ha mirado la devoción a María como la suma de todas las herejías, mientras que por la parte católica se ha asistido a la proclamación de dos dogmas: la Inmaculada Concepción de María y la Asunción de la Virgen en cuerpo y alma a los cielos, además de un desarrollo sin precedentes en las devociones marianas. Sólo después del Concilio Vaticano II ha sido posible pasar de la contraposición más áspera, al intento de diálogo.

4- Posición sobre María de losreformadores en el origen del protestantismo

En todo lo que sigue, nos vamos a limitar a las denominaciones tradicionales, pues sería extremadamente difícil seguir la pista de las innumerables “iglesias” surgidas en Estados Unidos fundamentalmente, en los siglos xix y xx. Por lo tanto nos moveremos en el terreno de la posición sobre el culto a la Virgen, de Lutero, Calvino, y los anglicanos.

Martín Lutero
Martín Lutero
Comenzaremos por Martín Lutero. El “Comentario al Magnificat” escrito por el reformador alemán, sigue siendo el texto más significativo de la posición sobre la Virgen de la iglesia luterana. Lutero concentra su teología en la justificación por la fe. El resto de los temas están considerados partiendo de esta idea central. La cuestión mariana en general, no era de las más preocupantes en el siglo xvi, por ello hay que buscar en otras fuentes las indicaciones que nos permitan tener una visión de conjunto de la posición de los luteranos sobre María.

La perpetua virginidad de la Virgen no es puesta en discusión, pero nadie está obligado a creerla. Cuando la Sagrada Escritura habla de “hermanos de Jesús” hay que tener presenteque el término tenía entonces un significado más amplio que el actual. Para Lutero uno puede aceptar el término en cualquiera de los dos significados, es decir, literal: la Virgen
tuvo más hijos; o en sentido amplio: el texto se refiere a primos y parientes en general.

Para Lutero, María fue purificada y redimida del pecado original. En lo relacionado con la asunción en cuerpo y alma a los cielos, Lutero calla, con el Nuevo Testamento que nada dice al respecto, pero no excluye que el cuerpo de María fuera transportado al cielo por los ángeles. Excluye, en cambio, cualquier paralelismo con la ascensión de Cristo. En relación con los títulos marianos, no tiene reparos en llamar a María “madre nuestra” puesto que Cristo es, para él, “nuestro hermano”.
María es “reina del cielo” pero hay que tener cuidado de no endiosarla. No se puede hablar de María como “mediadora o abogada” porque eso corresponde sólo a Cristo. Se puede decir que María “ruega por nosotros”, pero no se debe llegar a invocarla, porque eso sería idolatría. El rezo del Ave María está prohibido. Los luteranos mantienen tres fiestas marianas, porque están fundamentadas en el Nuevo testamento: La Anunciación, la Visitación a Isabel y la Purificación de la Virgen en el Templo.

En cambio Calvino, el reformador de Ginebra, suprime de entrada todas las fiestas marianas. Acepta el título de “Madre de Dios” apoyándose en el Concilio de Efeso del año 431 pero por motivos pastorales prefiere utilizar la expresión “Madre de Cristo”, es decir de Dios encarnado. Calvino defendió, con mucha fuerza, la perpetua virginidad de María, comentando que cuando el evangelio según San Mateo capítulo 13,55ss habla de hermanos de Jesús, no se trata de otros hijos de María, sino de los parientes, sostener lo contrario es “abusar de las Escrituras”.
La Anunciación.
La Anunciación.

La Comunión anglicana es una asociación de iglesias organizada a nivel local y se extiende fundamentalmente en Inglaterra y los países que formaron parte del imperio británico. Cada una de las iglesias expresa, a su modo y con plena autonomía, la tradición religiosa de la reforma de Enrique VIII en Inglaterra en 1534, en un clima antimariano. Los anglicanos, al pasar a América, concretamente en Estados Unidos en 1785, asumieron el nombre de Iglesia Episcopal o episcopaliana, como la conocemos nosotros.

La Inmaculada Concepción.
Su objetivo, o al menos una de sus intenciones principales, era “abolir la superstición”. Los primeros años de la reforma estuvieron marcados por una radical eliminación de toda muestra de piedad mariana. Se suprimió toda forma externa de culto a la Virgen, se prohibió, bajo penas severísimas, el rezo del rosario y se destruyeron todos los santuarios e iglesias en el país, dedicadas a María.

En la actualidad, los dogmas marianos (la inmaculada concepción y la asunción a los cielos) no son aceptados como dogmas por los anglicanos, pero entran en el ámbito de los asuntos comprensibles (aceptables o no según el caso). Igual posición ocupa lo relativo a la virginidad de María.

Es necesario pensar que el espectro de la fe de los anglicanos, presenta una serie continua e ininterrumpida de matices, variables en el tiempo y en el espacio, que van de un extremo al otro. Aquí se incluyen los temas relacionados con María, aunque los que están a favor de la devoción a la Virgen parecen ser mayoría hoy, entre los anglicanos o episcopales.

Como dato curioso, en 1982 dos peregrinaciones anglicanas visitaron el santuario mariano de Lourdes. Desde algunos años antes, se construyó en Lourdes una capilla anexa y destinada a la celebración del culto de confesiones no católicas con plena libertad.

5. Maria y los musulmanes

Se puede afirmar sin ningún género de dudas, que la persona de María ejerce una gran fascinación sobre el mundo musulmán. Este con sus casi ochocientos millones de creyentes constituye una de las mayores religiones monoteístas del mundo, y está en constante proceso de expansión.
Los musulmanes llaman a María con el nombre de Maryam y muchas veces le dicen también Sayyida, que significa Señora. Esa atracción va unida al respeto que tienen hacia su hijo Issa o Jesús, considerado por el Islam como el mayor entre los profetas, el más importante anillo –después de Mahoma– en la cadena de la trasmisión de la revelación divina.

La actitud reverente que los musulmanes reservan a María, está expresada de diversos modos: dan este nombre a muchas de sus mujeres como signo de protección y para expresar la devoción hacia la única mujer mencionada en el Corán con nombre propio

Otra manifestación de admiración y devoción a María es el respeto que los musulmanes han tenido siempre hacia los santuarios marianos en los países en que conviven con cristianos: Siria, Libia, Palestina, Turquía, Egipto etc.
El Corán recoge y expone cinco episodios en la vida de María: natividad, retiro en el templo, anunciación, parto y defensa ante la reacción airada de sus parientes, por tener un hijo sin estar casada. El texto fundamental de los musulmanes, omite losdemás episodios del Nuevo Testamento, como las bodas de Caná, la
La Inmaculada Concepción.
La Inmaculada Concepción.
presencia durante la vida pública de Jesús, su presencia al pie de la cruz y su presencia en Pentecostés.

La actitud impregnada de estima y admiración de Mahoma hacia María, a pesar del carácter masculino de su religión, asombra a quienes estudian el asunto. El profeta del Islam, no sólo defiende a María frente a las acusaciones de los judíos y de los excesos de los cristianos a quienes acusa de tratar de hacer de ella una diosa, sino que le reserva un puesto extraordinario que ninguna otra mujer comparte con ella, ni siquiera la propia hija del profeta.

Actuando así, Mahoma introduce a María entre los grandes preelegidos de Dios y le asigna un doble cometido, el de ser “ayat”, es decir, un signo para el universo y el de ser “mathal”, es decir, un modelo, un ejemplo para los creyentes.

6. María en las iglesias orientales

Pasaremos revista rápidamente a las principales iglesias del Oriente cristiano de las que brindaremos algunos rasgos históricos y una breve descripción de la doctrina y formas de devoción de cada una, relacionada con la Virgen María.

La Iglesia armenia tiene un marcado carácter nacional y su historia es la del pueblo armenio, con múltiples perturbaciones a lo largo de los siglos. Cuenta con unos cinco millones de fieles dispersos en Armenia y el medio oriente, también en pequeñas comunidades en los cinco continentes a causa de la emigración.

Son muy devotos de María, que ha sido su refugio en medio de su atormentada historia, especialmente durante su pertenencia a la Unión Soviética. Muchos de sus templos están dedicados a la Virgen, especialmente santuarios con títulos muy sugestivos como: “La que está revestida de púrpura”, “La Augusta”, “La que ha recibido a Dios”, “La Fuerte”, “La Toda Blanca”, etcétera.

Nuestra Señora de Guadalupe. La iglesia armenia, hace memoria de María en la misa de cada día y se reza el Magnificat diariamente. El miércoles está dedicado a María por considerarlo el día en que ocurrió la anunciación. Las fiestas marianas que celebran son las siguientes: Natividad de María (8 de septiembre), Presentación en el templo (21 de noviembre), Concepción (8 de diciembre), Purificación (14 de febrero) y la Anunciación (25 de marzo).

Para los armenios, María es la llena de gracia, la sin pecado, la siempre Virgen. Para ellos, María lleva en sí tres misterios que imponen respeto y devoción: Su concepción virginal, el parto inmaculado y la virginidad después del parto. En relación con la Asunción, su doctrina expresa que “la santa Madre de Dios ha sido asunta al cielo con su cuerpo por virtud de Cristo”, lo cual está basado en la inmunidad de todo pecado.

7. La Iglesia Copta


Cuenta en la actualidad unos siete millones de seguidores, su raíz está en Egipto y su lenguaje litúrgico es una mezcla de árabe y egipcio. Desde 1895 una pequeña rama de esta iglesia se unió a Roma y mantiene buenas relaciones con la iglesia católica, esta rama es de unos doscientos mil creyentes.
Los coptos, debido a la permanencia de la Sagrada Familia en Egipto, consideran su patria como la “segunda tierra santa” y es la raíz de su devoción a María en esta zona, consagrada a Ella después del concilio de Efeso en el año 411.

Para los coptos, el mes de diciembre está enteramente dedicado a Maria, por celebrarse ese mes la Navidad. El calendario de los coptos está plagado de fiestas marianas, las que tienen que ver con María y Cristo: Anunciación, Navidad, Purificación y Huída a Egipto. El 21 de cada mes celebran la fiesta de la “Dormición” de la Virgen ya que consideran que María murió el 21 del mes de tubah correspondiente al 29 de enero nuestro.
Hay otras fiestas relacionadas sólo con María: Concepción, Natividad, Entrada en el templo y Asunción en cuerpo y alma a los cielos. Esta última la celebran el 22 de agosto porque es el día, según su liturgia, en que fue abierto el sepulcro de María y encontrado vacío.

Los coptos aceptan la virginidad perpetua de María a la que consideran la más grande entre los santos por su perfección personal y por las funciones que desarrolló en torno a Jesús. Precisan que Maria es mediadora entre Cristo y los hombres por ser madre de El y de nosotros.

8. Iglesia Bizantina (ortodoxos)

Es la mayor de las iglesias del Oriente cristiano con unos doscientos millones de fieles. La iglesia de Constantinopla, ha recogido la herencia del oriente y ha hecho de ella una admirable síntesis, siendo la devoción a la Virgen María, muy profunda y rica en matices. También en esta Iglesia el miércoles es el día consagrado a María y ese día se canta el Magnificat de modo solemne, pero además, conservan otras fiestas importantes a lo largo del año.

El nacimiento de María, la Madre de Dios, el 8 de septiembre; la Entrada en el Templo el 21 de noviembre; la Purificación o fiesta del “encuentro” el 2 de febrero; la anunciación el 25 de marzo; la Concepción el 9 de diciembre; y una fiesta especial el 26 de diciembre para honrar a María después del nacimiento de su Hijo.

La mayor fiesta de María, para los ortodoxos, es la de la Asunción, preparada con quince días de ayuno y abstinencia y que se prolonga hasta el 23 de agosto, es decir, una semana después de la fecha de celebración. En esta Iglesia aceptan la virginidad perpetua de María así como su mediación entre Dios y los hombres.

Rechazan los dogmas de la Inmaculada concepción de María (1854) y de la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo (1950), considerándolos extraños a la propia tradición, aunque precisan que no pretenden privar a la Virgen de prerrogativas que le pertenecen. El diálogo ecuménico entre las dos iglesias, permite avizorar que María no va a ser causa de separación sino de unión entre católicos y ortodoxos.


9. María en el catolicismo popular

Se suele entender por “catolicismo popular” o religiosidad popular la forma de catolicismo de las mayorías insuficientemente evangelizadas, aún no bien integradas
Nuestra Señora de Guadalupe.
Nuestra Señora de Guadalupe.
en las estructuras y normas oficiales de la Iglesia católica. En este tipo de catolicismo, lo devocional tiene gran importancia y generalmente se realiza una fuerte compenetración entre la fe cristiana y la cultura de las gentes.



En la devoción a María, esto se da en alto grado y pasa a ser el ejemplo más típico de esta forma de religiosidad. En algunos casos, debido a factores históricos, una particular devoción mariana ha llegado a formar parte de la identidad nacional, por ejemplo la Virgen de Guadalupe en México, la Virgen Negra en Polonia, Montserrat en Cataluña y no es exagerado decir, la Virgen de la Caridad en Cuba.

Las características más frecuentes en este tipo de catolicismo suelen ser: la acentuación del poder espiritual de la Virgen María, esperando de ella milagros e intervenciones extraordinarias como algo normal, incluyendo apariciones, curaciones milagrosas, etc. Igualmente, ven en María una especie de “escudo protector” contra accidentes, enfermedades, y en general, cualquier problema de la vida. En este tipo de creyentes, queda muy en segundo plano María como modelo de fe y de vida cristiana, como creyente y seguidora de Cristo.

Esta fuerte dosis de protección y auxilio que es esencial a la piedad mariana en el pueblo, se debe a dos factores: en parte a la falta de formación religiosa y cultural, pero también, a la situación de pobreza y marginación que sufre. Una expresión típica entre nosotros es “Si Dios quiere y la Virgen...”, que muestra una inmensa confianza en la intercesión de María.

Conclusión

Escribía San Agustín: “Nunca vimos el rostro de la Virgen María...” (De Trinitate 8,7). Sólo a los artistas parece interesarle cómo era físicamente la Madre de Dios y madre nuestra. No obstante, cada época ha encarnado y expresado, a partir de sus propios modelos culturales y de los retos angustiosos que la vida va presentando, una imagen de la Virgen, acentuando una u otra dimensión de su persona, aun a riesgo de caer en ciertas deformaciones, como de hecho ha ocurrido y que el magisterio de la Iglesia, siempre vigilante y dispuesto a corregir excesos y defectos, ha señalado.

Queda en pie, de todas formas, que María, bien como persona dotada de un mundo interior rico e impenetrable, bien como criatura que participó íntimamente en el proyecto salvífico de Dios, está situada en una zona de misterio que legitima y al mismo tiempo descalifica todo tipo de conocimiento exhaustivo.

El atractivo que la Virgen ejerce en las diferentes culturas y épocas a lo largo y ancho de todo el orbe en las diversas religiones con sus diferencias y coincidencias, nos ratifica que la devoción a la Madre de Dios y Madre nuestra, puede sintetizarse en las palabras de María en las bodas de Caná para salvar la situación de aquella pareja de recién casados: “Hagan lo que El les diga...” señalando así, el único camino para superar todas las crisis y necesidades del hombre de hoy y de todos los tiempos.

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