No es una verdad desconocida que Venezuela fue el primer país de la América Española que declaró oficialmente su Constitución como nación independiente. Pero lo que tal vez usted no sepa es que entre los hombres que tomaron parte activa en este hecho histórico –tanto en esa declaración como en las luchas para obtener la independencia nacional–, figuró de manera destacada un patriota de origen cubano: Francisco Javier Yanes.
Durante años no pocos historiadores estuvieron confundidos acerca del lugar y fecha de nacimiento de Yanes, pero su fe de bautismo fue hallada en la iglesia de Santa Ana, en la ciudad de Camagüey, por el presbítero Mario Mestril, actual obispo de Ciego de Avila. Según este documento, Francisco Xavier (escrito su nombre según la ortografía de la época), hijo de Juan Yanes y María de la Cruz Socarrás, nació en Puerto Príncipe el 12 de mayo de 1776, y fue bautizado el día 19 del mismo mes en el templo antes mencionado.
La infancia de Francisco Javier transcurrió sin las dificultades económicas y afectivas que sufrían otros niños. Los autores de sus días constituían un matrimonio bien llevado; la madre, mujer dulce y devota, estaba emparentada con familias que gozaban de excelente posición social en Puerto Príncipe, y el padre –hombre honesto y culto– era un abogado de renombre en la ciudad.
Tal vez en busca de un horizonte más amplio para el ejercicio de su profesión, el licenciado Yanes decidió trasladarse a la capital de la Isla con su familia, lo cual tuvo lugar cuando Francisco Javier era todavía un niño. El doctor Herminio Portell Vilá, biógrafo del prócer camagüeyano, refiriéndose a esos años, escribió: “…Leía éste de todo: literatura, historia, filosofía, teología, derecho, etc., como si fuese un hombre”.1
Ya era un mozalbete cuando el doctor Francisco Javier de Socarrás, por cierto médico de prestigio y pariente por línea materna, lo llevó consigo a Venezuela, país donde completaría su formación intelectual y al cual serviría el resto de su vida. Allí, en la Universidad de Caracas, obtuvo el título de Licenciado en Derecho Civil.
En 1810, recién casado con la señorita Ana María Socarrás, estalló en Venezuela el movimiento revolucionario que condujo al establecimiento de la Junta Suprema de Caracas, pero él no vacila: se adscribe al clamor patriótico y al año siguiente, cuando se constituye el Consejo General de Venezuela, integrado por diputados que representaban a las principales regiones del país, Francisco Javier se encuentra entre ellos por el Araure.
Ante los acontecimientos que tenían lugar en la Metrópoli, dos corrientes se hacían visibles en la tierra de Bolívar: una de ellas era partidaria de mantenerse fiel al rey Fernando VII, mientras la otra sostenía que había llegado el momento de separarse de España. Francisco de Miranda (el primero en dar el grito de independencia, en 1806, en la ciudad de Coro, sin tener éxito) y Francisco Javier Yanes, pertenecientes al club cívico llamado “Sociedad Patriótica”, eran partidarios de que el Congreso se manifestase abiertamente a favor de la ruptura con la Madre Patria: “Hay que dar el paso decisivo de proclamar la independencia antes de que la reacción pueda ponerla en peligro, o hacerla imposible. La irresolución no nos salvará, y la Patria necesita que adoptemos las decisiones finales”,2 tal era el pensamiento del diputado de Araure.
Tras apasionados debates que contaron con la palabra valiente de Miranda y Yanes, el 5 de julio de 1811 el Congreso declaró solemnemente, en el Salón de Actos del Palacio Federal de Caracas, la independencia absoluta de Venezuela. Días después, el cubano a quien dedico estas cuartillas estampó su firma en el acta contentiva de esa declaración.
Ante el problema de la esclavitud no escaseaban los diputados que defendían la tesis de que las soluciones al respecto debían ser competencia de las diferentes provincias que entonces formaban la Confederación Venezolana.
Frente a ellos se alzó la firmeza de principios del diputado que nació en Camagüey: “El problema de las razas es materia fundamental del Estado, y por lo tanto pertenece al Congreso tratarla. Es imposible dejar a las provincias libertad absoluta en cuanto a este tema…”3 Si la forma del gobierno y la división del Estado eran del resorte del Congreso, también lo eran los derechos y deberes del ciudadano, “y los negros son ciudadanos venezolanos… Caracas jamás peleará por hacer a los hombres esclavos unos de otros, sino por redimirlos de la tiranía y del despotismo…”4
Al fracasar, en 1812, el movimiento revolucionario, Francisco Javier tiene que salir del país; más no demoraría en regresar con un grupo de patriotas para continuar la lucha por la libertad de Venezuela. Es obvio que había llegado el momento: en 1813, Bolívar –tras una brillante campaña militar– entra en Caracas donde se le otorga el título de Libertador de Venezuela. Ese mismo año Nueva Granada (hoy Colombia) declara su independencia de España y, en 1816, se forma el primer gobierno unido de venezolanos y granadinos: Francisco Javier Yanes es uno de sus ministros. En 1816, el Congreso reunido en Angostura (hoy Ciudad Bolívar), nombra a Yanes presidente de la corte de Almirantazgo, cargo que lo convertiría en uno de los más importantes asesores jurídicos del mando supremo del Ejército Libertador. Y un dato interesante: en ese mismo Congreso se determinó la unión de los países que hoy llamamos Venezuela, Colombia y Ecuador en una sola nación, que denominaron República de Colombia en honor al descubridor de América.
Cuando a los españoles (tras las victorias de Bolívar en Boyacá y en Carabobo) todavía les quedaba la bien fortificada ciudad de Puerto Cabello (situada a unos 130 kilómetros de Caracas), Yanes aconseja que se bloquee ese territorio para obligarlos a rendirse, de manera que, en 1823, la ciudad fue tomada por el general Páez y sus hombres.
En 1826 persistía la unión de los tres países antes mencionados en un solo Estado. Yanes es nombrado presidente de la Alta Corte de Justicia de la región venezolana, y en esa posición permanece hasta que, cuatro años después, los venezolanos, encabezados por el general Páez, deciden romper con lo que se ha llamado la “Gran Colombia” y constituir su propio gobierno.
Al ocurrir la secesión de Venezuela, el general Páez convoca a elecciones para celebrar un Congreso constituyente, y al reunirse por primera vez los diputados al mismo, eligieron presidente a Francisco Javier. Se afirma que debido en buena parte, a sus orientaciones, surgirá la primera constitución de Venezuela, que tratará de combinar las ventajas del gobierno federal con una centralización moderada.
Al analizar las proyecciones de Yanes es perceptible su permanente preocupación por las libertades públicas, aunque su optimismo le hiciera errar al expresar, en el Congreso, que se habían disipado las negras nubes formadas por un poder ilimitado y que el ejército, encabezado por Páez, sería para el pueblo de Venezuela el mejor escudo de sus libertades.
Otra arista destacable en la labor de Yanes, lo constituye su apoyo a lo que puede considerarse el primer esfuerzo por buscar ayuda internacional para libertar a Cuba: me refiero a la comisión formada por cuatro cubanos (tres de ellos naturales de Puerto Príncipe) y el argentino José Antonio Miralla (simpatizante de la causa por la independencia de Cuba). Desembarcaron en La Guaira (Venezuela), en noviembre de 1823, y allí se les unió el general Antonio Valero, que ansiaba luchar por la libertad de su patria, la isla de Puerto Rico.
Pocos días después se entrevistaron con Francisco Javier en Caracas: sorpresa, alegría y emoción al saber el objeto de aquel viaje, brotaron en la mirada y la palabra del hombre que no olvidaba a su tierra, según el decir de Gaspar Betancourt Cisneros, partícipe de ese hecho. Pero a pesar del entusiasmo y apoyo de Yanes las gestiones fracasan porque Bolívar no se decidía a intentar ninguna acción militar a favor de Cuba o Puerto Rico. Otros proyectos a favor de la independencia de Cuba también fracasarán: en 1825 se constituye en México la “Junta Patriótica Cubana”, se esperaba que México y Colombia pudieran enviar a Cuba un ejército de 5 mil hombres, lo cual no sucede. Hacia 1826 era posible que en el Congreso de Panamá convocado por Bolívar, surgiera una gran alianza de las naciones hispanoamericanas, pero el Congreso fracasa, entre otras cosas, por la oposición diplomática de los Estados Unidos, y esto elimina la posibilidad de una acción internacional a favor de la independencia de Cuba. Los camagüeyanos Fructuoso del Castillo y José Agustín Arango (ambos miembros de la Comisión que se había entrevistado años atrás con Yanes), fungieron como secretarios de las delegaciones que participaron de ese evento.
En 1827, el cubano José Aniceto Iznaga se entrevista con él y discuten largamente el mejor modo de lograr la ayuda a la noble causa de Cuba; mediante una carta de presentación que le entrega Yanes, logra entrevistarse con “el Libertador” pero obtiene la misma respuesta negativa que coronó los patrióticos esfuerzos de las anteriores comisiones.
El camagüeyano ausente nunca se cansó de favorecer cuantas gestiones pudieran coadyuvar a la liberación de la hermosa tierra que le vio nacer: la lejanía no siempre quiere decir olvido. Y no sé si pudo suponer algún día que tendrían que transcurrir tres cuartos de siglo para que el hermoso sueño de los cubanos pudiera al fin cristalizar.
Referencias:
1. Herminio Portell Vilá. Vidas de la Ciudad Americana, La Habana, Minerva, 1944, p. 384.
2. Ibídem, p.387.
3 y 4. Ibídem, p. 390. |