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Los
103 niños
muertos
 
en el antiguo convento de
Santa Clara de la Habana Vieja.
por Pedro A. HERRERA LÓPEZ*.

De todos los aconteci-mientos que han tenido lugar en el viejo convento de Santa Clara ninguno tan conmovedor como éste que vamos a narrar a continuación, el que más indignación y tristeza nos causa porque tuvo lugar en su ámbito y fue ocasionado por el Mando Superior de Cuba durante la última etapa colonial de España.

En los años de la década de 1960, después de trasladarse el Ministerio de Obras Públicas, llamado posteriormente al triunfo de la Revolución como Ministerio de la Construcción (MICONS) y de haberse paralizado las obras de demolición del más antiguo convento de monjas habanero y de Cuba, se realizan varias excavaciones arqueológicas y, entre ellas, de numerosas sepulturas en el área de la que fuera la huerta, donde estuvo

Claustro principal del Convento de Santa Clara, en la Habana Vieja.
Claustro principal del Convento de Santa Clara, en la Habana Vieja.
el cementerio de las monjas hasta 1915. Aparecen allí numerosos restos humanos pertenecientes a niños de corta edad. Bien pronto esto se divulgó y unos por ignorancia y muchos por malos y perversos prejuicios, casi no tenemos que decir lo que se pensó y dijo entonces. Toda la culpa recayó sobre las monjas.

Pasaron los años e investigando para escribir la historia del convento de Santa Clara, llegó a mis manos un libro sobre la historia de la Real Casa de Beneficencia y Maternidad de La Habana donde indirectamente se aclara el origen y causa de los restos de niños, y digo que indirectamente, lo que no se propuso precisamente su autor por haberse realizado en el convento, sino como un capítulo más de la historia de la benéfica institución sobre la que él escribía.

En el mes de agosto de este 2006 se cumplen ciento diez años de los hechos que, en menos de dos años, llevó a la muerte a estos ciento tres olvidados infantes que, con no menos de 300 mil cubanos más, sellaba el capitán general Valeriano Weyler y Nicolau su mandato en Cuba, y España su régimen colonial.

El 24 de febrero de 1895 comenzaba la última guerra por la independencia de Cuba del dominio colonial español. Para tratar de negociar la paz con los revolucionarios alzados en armas, el Gobierno de Madrid nombró Capitán General de la Isla de Cuba al general Arsenio Martínez de Campos y Antón,(1) quien al no poder alcanzar el objetivo de su misión, renunció en febrero de 1896 al cargo para el cual había sido enviado.

Fue sustituido por el general Valeriano Weyler y Nicolau (1896-1897) que ya había estado en Cuba, durante la Guerra de los Diez Años. Este cruel y despótico gobernante realizaría durante su mandato el más inhumano de los actos contra el pueblo cubano al decretar la concentración en las poblaciones de todos los campesinos con el objetivo de quitar a los insurrectos toda la ayuda que les pudiesen brindar, lo que causó centenares de muertes por hambre y enfermedades entre los recon-centrados. Pero a esta página de horror hay que unir la totalmente desconocida de los niños muertos en el convento de Santa Clara y que constituye la más espantosa de su más que tricentenaria historia, la cual añade a la sevicia de ese gobernante colonial el calificativo de un Herodes de los más pequeños de los niños cubanos.

Con el pretexto de instalar un hospital militar en el edificio de la Real Casa de Beneficencia y Maternidad de La Habana, mandó a desalojarlo y así comenzó este terrible drama. Para ello vamos a copiar literalmente este pasaje del libro que sobre su historia escribió el doctor Ramón María Alfonso.(2)

Este señor, hablando de los problemas económicos de dicha Casa y sus eventuales soluciones, cita la última del año fiscal de 1892 y pasa a contar lo que es objeto de nuestro interés con la siguiente narración: “Poco tiempo después, el horizonte político del país se cerraba con la densa tempestad representada por la conflagración de 1895; y la crisis económica que la precedió envolvió a la Institución, disminuyendo sus ingresos de un modo considerable. Esta amenaza, sin embargo, era nada, si se compara con el huracán que se desató sobre ella al año siguiente y que pasamos a relatar.”

“El 31 de agosto de 1896, el Gobernador General de la Isla, dictó una resolución destinando a Hospital Militar el edificio-asilo, disponiendo que se desocupara ‘inmedia-tamente’, a cuyo efecto se trasladarían los niños al Seminario de San Carlos; las niñas, párvulos y criaturas en lactancia al Convento de Santa Clara(3) y los mendigos al Asilo La Misericordia, en el Cerro. La Junta acató lo dispuesto y en diecisiete días quedó entregado el edificio. Satisfecho el Gobernador prometió devolverlo ‘tan pronto cesaren las circunstancias que obligaron a tomarlo’, facilitando mil pesos, con cargo al crédito de guerra, para cubrir los gastos de la mudanza hecha, pues el Asilo no tenía un centavo en sus arcas. Al ocuparse el local del Convento de Santa Clara destinado a los niños de pecho y de la primera infancia, se comprobó que era inhabitable, pues carecía de ventilación, agua y cloacas (en el convento sólo había un pozo negro), hecho ya denunciado por el arquitecto señor Sáenz Yánez; mas nada se hizo entonces por vía de remedio; y aquel lugar, falta de luz, aire, agua y desagües, con tres pestilentes pantanos en el patio y el desaseo propio de todo caserón antiguo, se convirtió en un horrible matadero de los expósitos, por las enfermedades que se desarrollaron dentro de aquel antro de infección, al punto que, de septiembre de 1896 a diciembre de 1897 murieron sesenta y nueve de dichas tiernas criaturas y dieciocho se encontraban en gravísimo estado, siendo inútiles cuantos esfuerzos se hicieran a fin de salvarlos, pues el primer peligro era la falta de cloacas para dar salida a las aguas sucias del Convento. Transido de dolor, el señor Cornelio Coppinger presentó
 
Capitán general
Valeriano Weyler.

Capitán general Valeriano Weyler.
un escrito a la Junta, en enero del 98,(4) exponiendo lo insoportable de esta situación y pidiéndola reclamase al Gobierno la devolución de la Casa-Asilo a fin de remediarla. Hízolo así la Junta a principio de marzo (en ese tiempo murieron dieciséis asilados más) y aunque no fue devuelto el edificio como se reclamaba, acometiéronse algunas reparaciones sanitarias en el local de Santa Clara, y meses más tarde, el 18 de agosto de ese año, el edificio vino a ser entregado a la Junta por el Gobernador Civil doctor Rafael Fernández de Castro, comenzando a recibir sus asilados por dicha fecha concluyendo esta operación por enero de 1899”.

Antes de entrar a analizar este tan triste y lamentable hecho hemos de recordar que durante la época colonial no existía un sistema o red de alcantarillado ni aún en la misma ciudad de La Habana, lo cual fue una de las primeras medidas sanitarias efectuadas por el Gobierno Interventor de los Estados Unidos.

En cuanto a lo escrito por el doctor Ramón María Alfonso después de pasados veinte años, sin tratar de quitar nada a la gravedad de los hechos, sí pensamos exagera en algunos puntos de las malas condiciones del convento, como la falta de luz y de aire, que bien sabemos quizás sea lo que más sobra en sus amplios claustros.

Comparando esta descripción que él hace del convento, posiblemente sólo de oídas –pues cuando se publica su libro en 1920 aún las monjas residían en dicho lugar y todavía no se había abierto al público lo que ocurrió dos años más tarde–, pero por documento que se encuentra en el Arzobispado de La Habana,(5) sabemos que el 4 de enero de 1906, la Junta de Sanidad efectúa una inspección al convento y vemos que lo que él llama “tres pestilentes pantanos”, en la citada Inspección dice que son dos pozos y un aljibe que deben ser cerrados herméticamente, que no es lo mismo. En el informe de la Inspección da la existencia de dos pozos en el segundo patio y otro más en la cocina, por lo que, aunque había tal vez abundancia de agua, ésta estaría contaminada. En ambos sólo se cita un pozo negro, que dicha Inspección de 1906 sitúa en la huerta, donde también sitúa el lugar destinado a los entierros, que existió y se estuvo enterrando en él hasta 1915.

Ahora, en cuanto al número de niños muertos en menos de dos años, no creo hayan sido únicamente las condiciones sanitarias del convento que él califica como “aquel antro de infección” convertido “en un horrible matadero de los expósitos por las enfermedades que se desarrollaron”, la causa de aquella hecatombe de ciento tres niños, pues de todos es sabido que durante la reconcentración ordenada por Weyler, cientos de cubanos murieron de enfermedades tan contagiosas como el tifus, la desintería, la malaria y otras,(6) a las que no eran inmunes ni ajenos ese elevado número de los niños más pequeños y, por lo mismo, más vulnerables a las enfermedades infecciosas que pululaban en el ambiente. Dado el número de personas muertas fuera del convento, los que muchos fueron enterrados en fosas comunes, estos niños serían sepultados en el cementerio de la huerta.

Antigua foto de la Real Casa de Beneficencia de La Habana.
Antigua foto de la Real Casa de Beneficencia de La Habana.
 
Esa horrible situación tuvo que afectar en el ánimo a las Hermanas de la Caridad, quienes desde 1847 estaban al cuidado de los niños de la Beneficencia, para las que sería motivo de dolor y de impotencia ver cómo se les morían aquellos pequeños a ellas encomendados, y de seguro para las monjas clarisas, que no estarían ajenas a lo que en su propia casa ocurría. El doctor Ramón María Alfonso no tiene en sus páginas ni siquiera una mención de las Hermanas de la Caridad, no digamos ya un reconocimiento, lo que sí hizo Raimundo Cabrera en su libro(7) en el cual también trata de estos hechos.

Notas:

1. El general Arsenio Martínez de Campos y Antón fue quien en 1878 logró poner fin a la Guerra de los Diez Años con la firma por ambas partes contendientes –los cubanos que peleaban por la independencia de Cuba y el Gobierno español– del Pacto del Zanjón. Al reiniciarse la contienda, el Gobierno de Madrid consideró que Martínez de Campos lograría de nuevo la paz entre cubanos y españoles.
2. Ramón María Alfonso: Casa de Beneficencia y Maternidad de La Habana, reseña histórica. Imprenta y papelería de Rambla, Bouza y Ca., Habana, 1920.
3. Ramón María Alfonso. Obra citada, página 45.
–Sección Religiosas, leg. 1, exp. “Capitanía General –año 1896”, en el archivo del Arzobispado de La Habana. (A.A.H.)
4. En esta fecha el Gobierno de Madrid instauró en Cuba el Gobierno Autonómico, que duró sólo un año, el de 1898. Le siguió la Intervención norteamericana hasta el 20 de mayo de 1902.
5. Sección Religiosas, leg. 1, exp. “Informe al Ilmo. Sr. Obispo de la inspección sanitaria de los doctores Gabriel Custodio y Federico Torralbas”, A.A.H.).
6. Los datos que ofrecen diferentes autores acerca de las estadísticas de los fallecidos, no coinciden, pues mientras unos dan la cifra de 200 mil, otros la elevan a 500 mil. Dada la población existente en la Isla en ese momento, siempre fue una alta proporción.
7. Raimundo Cabrera: La Casa de Beneficencia y la Sociedad Económica. Imprenta La Universal, Habana, 1914, pp. 105 y 172.

*Investigador y escritor. Autor del libro “Historia del Convento de Santa Clara de La Habana Vieja”, Sevilla, 2006.
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