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<< ENERO / 2007 - No.159

Padura
en tiempo de boleto
por María del Carmen Muzio
Leonardo Padura.
“...la vida puede parecerse
demasiado a un bolero”
Leonardo Padura

"LA NEBLINA DEL AYER"

En la Feria del Libro anterior fue presentada y lanzada a la venta la última novela de Leonardo Padura, La neblina del ayer (Ediciones Unión, La Habana, 2005). Siempre una obra de este autor es un acontecimiento. En esta ocasión el hecho se vio matizado por la gran cantidad de asiduos lectores a ese carismático personaje de Mario Conde –recreación literaria que le ha proporcionado ya diferentes cartas de triunfo– que, desgraciadamente, tuvieron que irse con las manos vacías, pues el número de ejemplares no alcanzó para el enorme público que persigue (y lo digo en el mejor sentido policial) la novelística de Padura. A esto hay que añadirle además, los premios alcanzados por la novela: Premio de la Crítica 2006, Premio Dashiell Hammett y Premio Brigada 21 de la comunidad catalana al mejor libro escrito en español. Gracias a Dios, siempre hay una mano amiga que presta un ejemplar.

En la Feria del Libro anterior fue presentada y lanzada a la venta la última novela de Leonardo Padura, La neblina del ayer (Ediciones Unión, La Habana, 2005). Siempre una obra de este autor es un acontecimiento. En esta ocasión el hecho se vio matizado por la gran cantidad de asiduos lectores a ese carismático personaje de Mario Conde –recreación literaria que le ha proporcionado ya diferentes cartas de triunfo– que, desgraciadamente, tuvieron que irse con las manos vacías, pues el número de ejemplares no alcanzó para el enorme público que persigue (y lo digo en el mejor sentido policial) la novelística de Padura. A esto hay que añadirle además, los premios alcanzados por la novela: Premio de la Crítica 2006, Premio Dashiell Hammett y Premio Brigada 21 de la comunidad catalana al mejor libro escrito en español. Gracias a Dios, siempre hay una mano amiga que presta un ejemplar.

Dividida en dos partes –en franca alusión al género musical que es elemento activo de la obra–, “Vete de mí” y “Me recordarás”, la novela transcurre durante la investigación del expolicía sobre la desaparición de Violeta del Río, una cantante de boleros de los años cincuenta. La trama, en apariencia no muy compleja, le sirve al escritor para recrear una serie de aspectos en donde radica la mayor parte de su disfrute.

El autor juega con algunos “guiños literarios” como el de la biblioteca, la cual, sin lugar a dudas, nos trae a la memoria al argentino Jorge Luis Borges con su biblioteca total, a la del monasterio de Eco en El nombre de la rosa; y hasta las cenas lezamianas con el almuerzo elaborado a partir de recetas cubanas de un antiguo libro de cocina. Luego, se le aparece al protagonista, durante la inconsciencia de una golpiza, la imagen de J. D. Salinger, el escritor estadounidense, autor de una sola novela, El guardián en el centeno, pero que fue suficiente para incluirlo con letras mayúsculas en la literatura norteamericana. La obra policial de Leonardo Padura está signada por la mejor herencia de escritores norteamericanos como Raymond Chandler con la llamada novela negra.

La biblioteca encontrada por el ahora vendedor de libros viejos Mario Conde, muestra todas las joyas inimaginables de la bibliografía cubana. Sin embargo, este policía devenido comerciante, posee una ética que lo lleva a aconsejar no vender aquellos ejemplares invaluables que no deben salir del país. Por este derrotero apreciamos los aspectos más significativos de la novela.

El personaje principal es un hombre contradictorio, que se cuestiona todo pero no ambiciona nada, e incapaz de desprenderse de sus valores de antaño aunque estén “pasados de moda” o le parezca un marciano a su contrapartida, el personaje de Yoyi el Palomo. Mención aparte merece este joven de su tiempo, pero sin perder la capacidad de asimilar las valoraciones de la generación de Mario Conde y sus amigos.

Otro de los méritos del libro lo constituyen las reflexiones de Mario Conde sobre la realidad en que vive, y de él se dice: “...su incapacidad para remendar las vidas de otras personas y, sobre todo, la suya propia” (p. 386). Son estos aspectos los que hacen al Conde un personaje tan creíble, en fin, tan humano.

Sugestivo personaje resulta el Africano, hombre del bajo mundo, pero capaz de guardar durante años una pelota de béisbol autografiada por un brillante pelotero.

En su búsqueda investigativa y también espiritual, Mario Conde se entrevista con el padre Mendoza, octogenario, amigo de la familia, y siempre dispuesto al consejo oportuno y a la futura –quién sabe– reconversión del protagonista.


El inframundo de la delincuencia
aparece en el recorrido del protagonista por la Habana Vieja de manera descarnada, lindando con el
llamado realismo sucio.



" El autor juega con algunos “guiños literarios” como el de la biblioteca..."
Terminando con algunos de los personajes, queda el fiel Basura, ese perro que nos humaniza más aún al protagonista y le da un toque alegre a una novela que se mueve dentro de los peores aspectos de la sociedad.

El inframundo de la delincuencia aparece en el recorrido del protagonista por la Habana Vieja de manera descarnada, lindando con el llamado realismo sucio.

De hacer alguna objeción a la obra, se la haría a las cartas intercaladas, las cuales –si bien constituyen una pieza clave en el desarrollo del entramado policial– merman en algo la rica prosa, dinámica, a que nos tiene acostumbrado el autor. Escritas con la cursilería propia de su época pueden llegar a resultar algo aburridas, pero como bien se dice: “...la vida puede parecerse demasiado a un bolero” (p. 384).

Desfilan otra galería de personajes atractivos, algunos ya conocidos de la tetralogía; y otros, no por novedosos menos interesantes.

Los años cincuenta son recreados en sus luces y sus sombras. Por una parte está el idílico mundo de la música, los cabarets, la bohemia de los músicos en las noches habaneras; y por otro, el de los mafiosos, burgueses y la infinidad de lacras sociales de la época batistiana.

Hay que agradecerle a Padura esta nueva entrega del Conde, con su fidelidad a la amistad, a la profesión, a la mujer amada, y al ser humano.

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