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<< ENERO / 2007 - No.159

Dulce María Loynaz.

por Jorge Domingo Cuadriello

Dulce María Loynaz

A DULCE MARÍA LOYNAZ (1902-1997) las palmas del éxito siempre le llegaron un poco tarde. Aunque cultivó la poesía desde muy joven, su primer libro de poemas, Versos, no vio la luz hasta el año 1938. Su “novela lírica” Jardín (1951) casi pasó inadvertida en el momento de su publicación y fue décadas después que los críticos literarios se percataron de sus valores. Asumió la presidencia de la Academia Cubana de la Lengua cuando ya contaba con 80 años de edad y a los 89 recibió el codiciado Premio “Cervantes”. Dios le concedió la dicha de vivir lo suficiente para conocer la reparación de sus méritos escamoteados y si bien padeció el olvido no murió en él. Su poesía intimista, y en especial los versos de Canto de la mujer estéril (1938) y Últimos días de una casa (1958), están llamados a perdurar en las letras cubanas.
   
Señor, que lo quisiste…

(Fragmento)
Señor, que lo quisiste: di, ¿para qué he nacido?...
¿Quién me necesitaba? ¿Quién me había pedido?...
¿Qué misión me confiaste? ¿Y por qué me elegiste?
Yo la inútil, la débil, la cansada, la triste…
Yo que no sé siquiera qué es malo ni qué es bueno,
Y si busco las rosas y me aparto del cieno
Es sólo por instinto…¡Y no hay mérito alguno,
En la obediencia fácil, a un instinto oportuno!...
Y aún más: ¿pude hacer siempre todo lo que he
intentado?
¿Soy la misma siquiera lo que había soñado?...
¿En qué ocaso de alma he disipado el luto?
¿A quién hice feliz tan siquiera un minuto?
¿Qué frente oscura y torva se iluminó de prisa,
tan solo ante el conjuro de mi pobre sonrisa?
¿Evitar a cualquiera pude el menor quebranto?
¿De qué sirvió mi risa? ¿De qué sirvió mi llanto?
Y al fin, cuando me vaya fría, pálida, inerte…
¿Qué dejaré a la vida? ¿Qué llevaré a la muerte?
……………………………………………………
Bien sé que todo tiene su objeto y su motivo,
que he venido por algo y para algo vivo…,
que hasta el más vil gusano su destino ya tiene,
que tu impulso palpita en todo lo que viene,
y que si lo mandaste fue también con la idea
de llenar un vacío por pequeño que sea…,
que hay un sentido oculto en la entraña de todo:
en la pluma, en la garra, en la fuente, en el lodo…;
que tu obra es perfecta, ¡oh, Todopoderoso!,
Dios justiciero, Dios sabio, Dios amoroso…
¡Oh, Dios de los mediocres, los malos y los buenos,
en tu Obra no hay nada ni de más ni de menos…!
Pero…No sé, Dios mío, me parece que a Ti
–¡un Dios!– te hubiera sido fácil pasar sin mí.
El Bautismo

Sobre las aguas del Jordán sagradas
recibe Cristo con fervor ardiente
el Bautismo que Juan piadosamente
le ofrece de las ondas argentadas.
Descendiendo en minúsculas cascadas
a su cabeza el agua transparente,
ha dejado unas gotas en su frente,
rodando como perlas desgranadas…
Y las aguas del río espumosas
deslizábanse raudas, impetuosas
por las verdes campiñas a través,
al ver a Cristo que las recibía
agolpándose todas en porfía
se detuvieron a besar sus pies.
 

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