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texto y fotos: Orlando Márquez
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RASTREAR
el principio olvidado |
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Del 15 al 17 de diciembre, en la casa “San Juan María Vianney” se desarrolló el seminario Persona y Socialidad en el Cristianismo, auspiciado por la Comisión de pastoral social de la COCC e impartido por dos laicos italianos: el filósofo Antonio Maria Baggio y el economista Luigino Bruni. Unos sesenta laicos de Pinar del Río, La Habana y Matanzas, se beneficiaron de las charlas y la rica experiencia compartida por los italianos, miembros del Movimiento de los Focolares. Hacer crónica de tal evento no es suficiente. Entrevistar a los especialistas italianos sobre los mismos temas desarrollados por ellos, era una forma válida, directa, de informar a los lectores sobre lo ocurrido allí. De momento presentamos una de ellas, sobre Filosofía; la del doctor Bruni debe esperar. |
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Antonio Maria Baggio se licenció en Filosofía en dos universidades, Padua y la Gregoriana de Roma, y se doctoró en la Universidad Santo Tomás. En la actualidad imparte Ética Social y Filosofía Política en la Universidad Gregoriana, y es profesor de Politología en el Instituto Superior de Cultura “Sophia” del Movimiento de los Focolares, del que es co-presidente; es además presidente de la Fundación Tony Weber y de Res Nova, entidades para la formación política de jóvenes en Italia y otros países; ha escrito libros y numerosos artículos sobre su especialidad, y ha colaborado en proyectos de la Unión Europea y de la Conferencia Episcopal Italiana. Su curriculum es extenso, pero su palabra es un sólido, claro y fluido torrente de convicciones, y de fe.
Pregunta: En una de sus conferencias usted habló sobre la fraternidad y se refirió a ella como el “principio olvidado”. ¿Qué consecuencias tiene ese olvido?
Respuesta: La pregunta en torno a la fraternidad se está desarrollando también en la reflexión de la politología contemporánea, porque se empieza a tomar conciencia de que la libertad y la igualdad, que habían sido anunciadas junto a la fraternidad durante la revolución francesa como el tríptico que interpretaba la idea de una política nueva, de los derechos humanos, etcétera, han relegado a la fraternidad. El haber descuidado la fraternidad probablemente ha puesto dificultades a la realización de la igualdad y la libertad. Estos dos últimos principios se volvieron principios constitucionales, han dado origen a partidos políticos, se volvieron derechos. En cambio la fraternidad no tuvo la misma evolución, y hoy se comienza a pensar en este olvido –por ello hablo del principio olvidado–, como el mueble que tiene solo dos patas, pero es necesaria la tercera pata.
Y con más razón aún si vemos que, históricamente, la fraternidad precede a la libertad y a la igualdad. Los que tienen que crear un Estado y luchan por la independencia, todavía no tienen ni la libertad ni la igualdad, tienen solo la fraternidad. Es la fraternidad la que permite crear una unidad, dar una identidad a la futura nación. Nosotros hemos vivido esto en Italia durante la Segunda guerra mundial con la lucha contra el nazismo y el fascismo. Es la fraternidad la que permite vivir la igualdad y la libertad. Es necesario recordar esto porque sin fraternidad a la libertad y a la igualdad les falta el alma, les falta la generosidad, les falta la relación positiva con los demás, porque la igualdad y la libertad solas no pueden subsistir.
Pregunta: También dijo que la fraternidad es un concepto introducido por el cristianismo, pero añadió que no es necesario ser cristiano para aceptar el origen divino de este concepto. ¿Por qué? ¿No considera la posibilidad de que sea rechazado por un no cristiano?
Respuesta: El cristianismo introduce una fe y da por tanto un conocimiento de Dios, y hace nacer dentro del alma el amor por Dios. Pero es también un hecho cultural, pues introduce en la historia de la civilización humana principios e ideas que no existían. La fraternidad es un modo de ver a los hombres como pares entre ellos, teniendo la misma dignidad, pero al mismo tiempo cada uno es diferente del otro. Como en la definición de hermano: mi hermano es uno que está a la par conmigo, pero es diferente de mí. Por tanto la fraternidad es un concepto que une la libertad y la igualdad, y esto antes del cristianismo no existía.
Los no creyentes, que estudian la evolución de las ideas, necesariamente tienen que reconocer el hecho de la contribución cristiana a la historia de las ideas. En modo particular lo ha hecho con la fraternidad. Pero si se adquiere la fraternidad, también la libertad y la igualdad se ven de otro modo. La libertad vista en clave fraterna es una libertad que no permite el desarrollo de la ley del más fuerte, de modo que el más fuerte se sienta libre de oprimir a los demás, y será entonces una libertad responsable. Así mismo, la igualdad fraterna no será nunca una igualdad que obligue a que seamos iguales, a vivir del mismo modo a personas que son diferentes. La definición grande de la igualdad, vista con los ojos de la fraternidad, es el derecho de ver reconocida la propia diferencia: somos verdaderamente iguales cuando cada uno de nosotros es libre de elegir el propio estilo de vida. Esta es la igualdad: el derecho de ser diferentes. La libertad es responsable y la igualdad es respetuosa de las diferencias personales. Esto lo da la fraternidad, y puede ser reconocido también por quien no tiene la fe, porque es un dato de la cultura.
Pregunta: Pero, ¿no puede darse el caso de una cultura no cristiana que no acepte este concepto de la fraternidad, o la reconozca pero no la haga propia?
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Respuesta: Es difícil, porque en todas las grandes culturas hay algo que se acerca a la fraternidad. En todas las grandes culturas, en las grandes civilizaciones asiáticas, africanas, indoeuropeas y otras, existe un principio que indica hacer a los demás lo que esperas que te hagan a ti, o en forma negativa: no hagas a los demás lo que no deseas que te hagan a ti. Es lo que se conoce como “la regla de oro”, y es común a todas las civilizaciones que conozco. Profundizando en esa regla de oro uno se da cuenta que tiene que tratar de hacer al otro lo mejor, lo que quisiera para sí mismo. Y esto nos acerca mucho a la fraternidad, aunque es verdad que la plena revelación de la fraternidad la tenemos en el cristianismo. Por tanto, creo que cualquier cultura puede reconocer la idea de fraternidad, porque en su interior tiene ya los presupuestos. Es lo que nosotros cristianos llamamos las semillas del verbo diseminadas en toda cultura, una semilla que conoce el verbo.
Pregunta: “El iluminismo se apropió de esta triada –libertad, igualdad, fraternidad– pero la despojó de su vestimenta espiritual, de su carácter religioso”, esa es otra aseveración suya. ¿El secularismo actual es una especie de iluminismo moderno?
Respuesta: El actual secularismo tiene cierto parentesco con el iluminismo, por tanto sí existe un vínculo. Pero es un fenómeno complejo que ha recibido otras contribuciones. La respuesta es sí, pero no es heredero únicamente del iluminismo. Esta pregunta permite que vayamos al corazón del problema. Todos los grandes iluministas habían recibido una educación cristiana; Voltaire estudió con los jesuitas y amaba que le leyeran durante el almuerzo las homilías de los grandes predicadores cristianos, sobre todo de Massillon(*), por tanto estaba nutrido por la cultura cristiana. Pero en Francia se desarrolla en la segunda mitad del siglo XVIII un proceso de vaciamiento del principio de autoridad de las instituciones, y las instituciones políticas estaban muy vinculadas a una visión
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religiosa, y de este modo pierden su naturaleza. De manera que la religión se ve envuelta también dentro de un rechazo a la autoridad, que ya ha perdido su credibilidad, y el principio de autoridad del antiguo régimen se abandona.
Lastimosamente se incluye también a la Iglesia en el mismo paquete del antiguo régimen, pero el cristianismo es riquísimo. Los iluministas toman de la cultura cristiana algunos elementos muy importantes pero los vuelcan contra el cristianismo, y tienen que vivirlos y presentarlos como si fueran invenciones de la pura razón. Es verdad que en la razón el hombre puede encontrar muchos principios, por ejemplo principios éticos universales, que están dentro de sí mismo, en su naturaleza humana. Sin embargo, en los iluministas es clara la derivación del cristianismo, como también es clara su forma de maniobrar cuando dicen “no, no son principios cristianos”. A veces sucede con un cambio terminológico, por ejemplo la fraternidad crea dificultades para el iluminismo, pero otros conceptos como el de libertad –un poco menos el de igualdad– o el de razón, son realidades que aporta el cristianismo. ¿Quién dijo que la naturaleza humana es importante, que el hombre lleva dentro de sí las leyes del comportamiento y que con su inteligencia puede organizar el mundo? Fue Santo Tomás. Porque el cristianismo comprende que hay una ley divina dada a la naturaleza que se vuelve ley natural; si el hombre combate esta ley natural, es autónomo precisamente porque está hecho a semejanza de Dios y puede volverse soberano de sí mismo. Esto es un concepto tomista, no iluminista. Los iluministas hacen como si lo hubieran inventado ellos, pero reducen la potencia de la razón y para ellos se vuelve una razón mecánica, y la inteligencia humana se reduce. Si no es capaz de encontrar los grandes principios metafísicos y captarlos, se reduce la inteligencia humana a la sola razón instrumental. Para los iluministas, la única certeza es la que nos da la ciencia, sobre todo lo demás cada uno decide por sí mismo. Esta es una raíz del relativismo en el iluminismo; el actual relativismo es una consecuencia de la debilidad de la razón. Los iluministas debilitan la razón humana porque la usan solo de forma instrumental y técnica, pero miles de años antes de los iluministas se había usado también el intelecto, que es una facultad que permite abrirse a los principios, que permite al hombre abrirse a lo que es más grande que él; el intelecto lo usa ya Aristóteles, quien es el fundador de la lógica occidental. Hoy no tendríamos las computadoras si no hubiéramos tenido a Aristóteles, quien decía que el conocimiento cierto viene del intelecto, la razón instrumental es una consecuencia. Hay una afirmación cultural muy extendida hoy, que hace arrancar la historia del hombre moderno desde el iluminismo, como si antes todo fuera oscuro, obra de la superstición… No. Al tomar como válidas exclusivamente las ideas que surgen con el iluminismo, tal afirmación se inicia ya con una razón disminuida.
Pregunta: Pero si estamos ante un momento de crisis, digamos cultural, ¿no considera usted que las crisis pueden ser el preludio de crecimientos humanos y este momento puede ser superado?
Respuesta: Yo pienso que sí, porque se ha vaciado a tal punto la razón humana que en cierto momento las personas se dan cuenta que tiene que existir algo más. El hombre contemporáneo se hace preguntas, pero tiene una razón debilitada que pretende ser solamente científica, y no es así. Nosotros no usamos la razón científica para tomar las grandes decisiones de nuestra existencia, cuando elegimos a la persona que amamos, o cuando decidimos permanecer fieles a un ideal, no hacemos solo cálculos instrumentales. En el hombre hay otra inteligencia que los iluministas han obstruido, y nosotros tenemos que regresar ahí.
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Pregunta: Hablemos sobre religión, cultura y sociedad. Para el islam, por ejemplo, la religión, al tiempo que es sumisión ante Dios, tiene una función social importante e irremplazable, el líder religioso es tenido en cuenta, etcétera. El cristianismo, por otra parte, ha hecho grandes aportes a la sociedad moderna como usted ha mencionado ya: libertad, fraternidad, igualdad, reconocimiento de los derechos humanos, incluso la democracia occidental, con los defectos que pueda tener, surge del reconocimiento del derecho a la participación de todos los hombres creados iguales. Sin embargo, una vez que la sociedad occidental de raíz cristiana se consolida en esos derechos, deja fuera la función social de la religión. ¿Por qué? ¿No es una ironía esta fe en un Dios que quiere al hombre libre, si después el hombre ignora a Dios y la religión en la organización social?
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Respuesta: Las dos religiones tienen una profunda semejanza cuando afirman que Dios es bueno y misericordioso, por tanto todo lo que viene de Dios esencialmente es bueno; la maldad es posible, pero esta afirmación sobre la bondad de lo creado es fundamental. Como la creación es buena y el hombre es bueno, la vida social misma es hermosa. Ambas religiones están muy interesadas en la vida social, en la relación social, porque ambas son religiones de comunidad, no solo de interioridad. Pero hay una distinción importante. Cuando las dos religiones dicen en qué modo Dios es bueno, en el cristianismo tenemos una característica que lo distingue de todo, pues dice que Dios es amor porque en sí mismo, por decirlo de algún modo, es una comunidad, la Trinidad. Es decir, la raíz de la realidad, que está en Dios, es múltiple, Dios es uno pero se abre en la multiplicidad. Esto, en el cristianismo, fundamenta la idea de que existe una libertad dentro de la dimensión social y nadie puede ser obligado a hacer el bien. Es necesario crear las condiciones para que cada uno llegue a hacer el bien.
Hay una idea de distinción en el cristianismo que se aplica, como el respeto a la libertad de cada uno, como distinción entre la comunidad eclesial y la sociedad más vasta, porque existe el respeto hacia el que todavía no se considera miembro de la Iglesia visible. El cristianismo desde el origen admite la diversidad. Los reyes magos que vienen a rendir homenaje a Jesús son sabios del Oriente que reconocen quién es Jesús, pero no se quedan allí, no se vuelven apóstoles, regresan a sus casas… es decir, en la estructura del cristianismo existe la aceptación profunda de la diversidad de las culturas y la certeza de que todos podrán reconocer al verdadero Dios sin ser obligados. Esto tiene también consecuencias profundas en la sociedad, la Iglesia no puede prescribir de modo normativo las leyes de la sociedad civil porque reconoce esta distinción. El plano natural debe gobernarse a sí mismo como decíamos antes.
Por otra parte, esto no lo comprendió la Iglesia inmediatamente, ha habido periodos históricos en los que pensaba que tenía que ejercitar un poder en la vida civil, no directamente sino a través del rey, pero pensaba que las leyes que tenían una naturaleza eclesial eran también válidas para la vida civil. De manera que la Iglesia misma ha hecho un recorrido histórico hasta una comprensión más plena de su propio mensaje. Como decía el profesor Bruni, el cristianismo está todavía en la primera hora, es como un niño que tiene que crecer.
Pregunta: Entonces, según sus palabras, el hecho de que la religión no sea tan visible en la cultura occidental cristiana, o tan activa en el ordenamiento social como lo es en la cultura y en la sociedad islámica, no es una debilidad.
Respuesta: Bueno, depende de los lugares, porque existe una transformación a nivel mundial en la que el cristianismo tuvo un papel importante. Tuvo un papel importante en la transformación de los países del este europeo, tuvo un papel importante en la transformación del régimen en España y en muchos otros lugares. Entonces hay que tener cuidado, porque hay una gran influencia social del cristianismo que se manifiesta de forma diferente al islam, se manifiesta a través de la libertad de las personas, algo que tal vez sea menos noticioso, como el bosque que crece en el silencio. Millones de cristianos hacen cosas buenas con su trabajo, a través de sus obras, y así quizás no hagan noticia. Pero hay una presencia social más silenciosa porque se habla a través de la sociedad, no sólo como Iglesia oficial –porque también la Iglesia oficial interviene, habla, dice y hace–, pero es como decir de un modo más cotidiano, más fisiológico, con hechos concretos y usando el lenguaje de la sociedad. A veces se dice “la Iglesia no dice nada”, pero no es así, pues está hablando a través de aquel político, de aquel ingeniero, de aquel médico, a través de los laicos que viven en la sociedad. Y la Iglesia continuará su compromiso de este modo, porque el hombre es el camino de la Iglesia, como dijera Juan Pablo II.
* Jean-Baptiste Massillon (1663-1742), destacado predicador francés, autor de La pequeña cuaresma, miembro de la Academia Francesa. |
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