por Jorge Domingo Cuadriello |
Las viejas librerías de la calle Obispo |
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Al asturiano Fermín de la Fuente Sánchez,
sobreviviente de los viejos libreros de la calle Obispo.
En el número correspondiente al mes de noviembre de 2006 de esta revista vio la luz el valioso y bien documentado artículo “La calle Obispo”, del investigador Arturo A. Pedroso Alés. Inspirado en el mismo y con el propósito de ofrecer informaciones sobre otro importante aspecto relacionado con esta vía peatonal de la Habana Vieja, las principales librerías con que contó durante el período republicano, he escrito el presente texto.
LA CALLE OBISPO Y SUS LIBRERÍAS DURANTE LA REPÚBLICA
Por su afortunada situación geográfica en el complejo urbanístico de La Habana, a lo largo del siglo xix la calle Obispo fue ganando progresivamente en importancia vial y comercial hasta el punto de convertirse en una de las arterias esenciales de la ciudad, donde abundaban las tiendas de ropa y de calzado, los cafés y otros comercios minoristas. En el ámbito del crecimiento económico de aquella calle vino a sumarse, aproximadamente en 1890, el establecimiento en un amplio local, que entonces comprendía los números 133 y 135, de la imprenta y librería La Moderna Poesía.
La nueva edificación era propiedad del gallego José López Rodríguez, más conocido por Pote, quien había llegado a Cuba a los 18 años, solo, pobre y analfabeto. En un principio se vio obligado a trabajar como fregador de platos. Más tarde logró alfabetizarse y entrar como empleado en una librería.
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En el número 521 de la calle Obispo
se
asentó,
en 1937, la Librería Montero.
Hoy el lugar lo ocupa una
oficina del Comité Militar.
foto: Pablo Argüelles. |
Incursionó con buena fortuna en el mundo de los negocios y gracias al capital acopiado pudo levantar dicha casa impresora y de venta de libros, que no se vio perjudicada por el derrumbe del sistema colonial español y ya en los primeros años de la República alcanzó una gran importancia.
En 1910 este próspero empresario obtuvo un notable éxito al establecer el único taller en el país, capaz de realizar grabados en acero, que dedicó a la fabricación de sellos de correos. Las ganancias por este negocio, así como otras que le llegaron, por ejemplo, a través de la impresión de los billetes de la Lotería Nacional, le permitieron convertir a La Moderna Poesía en la principal librería de Cuba por ese entonces, con filiales en algunas ciudades del interior y una amplia y diversa oferta que incluía muchos textos impresos en España. Aproximadamente en 1935, ya en manos de José López Serrano, el hijo de Pote, en dichos terrenos se levantó un moderno edificio que aún perdura.
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En la antigua Librería La Victoria, Obispo 366,
radica hoy una casa particular.
foto: Orlando Márquez. |
En un plano más modesto estuvo situada la Librería Willson, del poeta y periodista gallego Severino Trinquete Solloso, que desde principios del siglo xx contó con un espacio en Obispo no. 52. La casa tenía como oferta principal la venta de revistas de moda y libros de literatura. Unos años después, y en gran medida como resultado de la prosperidad económica conocida como “las vacas gordas”, durante el primer período presidencial de García Menocal, unieron sus esfuerzos el empresario madrileño Ramón Rambla Contreras y el gallego Jesús María Bouza Bello para crear una de las más sobresalientes imprenta-librerías, Rambla y Bouza, situada en Obispo no. 35, esquina a San Ignacio. Esta firma impresora se encargó de confeccionar no sólo la Gaceta Oficial de la República de Cuba y el Diario de Sesiones del Congreso, sino centenares de obras de autores cubanos. Entre 1917 y 1924 publicó un total de 514 títulos, que junto a otros muchos ofrecieron en venta hasta que un devastador incendio, ocurrido en marzo de 1938, arrasó con el taller, la librería y el valioso archivo de esta casa editora. |
Por esa fecha esta firma enfrentaba la competencia de la muy poderosa La Moderna Poesía y de otros establecimientos que habían ido surgiendo en la misma calle como Minerva, la Editorial González Porto y P. Fernández. En 1913 los hermanos burgaleses Valentín, Pedro y Julián García García habían erigido en la esquina de Obispo y Bernaza la librería Minerva, aunque como principal gerente de la misma quedó el primero de ellos. Si bien ese centro comercial se dedicó preferentemente a la venta de libros cubanos y de textos escolares, también publicó con su sello algunas obras valiosas de nuestras letras como el poemario de Agustín Acosta La zafra (1926) y el conjunto de ensayos Apuntaciones literarias (1935), de Medardo Vitier.
A finales de los años 10 llegó a La Habana el gallego José González Porto, quien después de trabajar como empleado plantó una librería en la calle Obispo no. 409, entre Compostela y Aguacate. Poco tiempo después, decepcionado ante la crisis económica y política del machadato, se trasladó a Ciudad México, donde fundó la casa matriz Editorial González Porto, que unos años después habría de convertirse en una gran empresa comercial bajo la firma Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana (UTEHA). La dependencia habanera quedó entonces como una sucursal especializada en libros de arte y de literatura, enciclopedias y diccionarios. En cuanto a P. Fernández debemos señalar que si bien poseyó una gran imprenta propia ubicada en la calle Hospital, su amplio local de venta de textos escolares, papel y objetos de escritorio tuvo por sede Obispo no. 113.
La ciudad continuaba creciendo y otras vías como Galiano y Reina adquirían cada vez más importancia vial por su amplitud y la comodidad de sus portales. Pero Obispo no perdía su poder comercial y sus librerías continuaban atrayendo a profesores, estudiantes, intelectuales y simples lectores. Así quedó demostrado cuando en 1937, aproximadamente, el editor vallisoletano Jesús Montero trasladó de la calle Neptuno hacia la próspera Obispo, justo en el no. 521, su librería Studium, que pasó a llevar su apellido. A pesar de que era un pequeño local, su dueño logró convertirlo en una librería de obligada visita para los interesados en textos sobre derecho y jurisprudencia. Montero contó con una firma editorial de gran prestigio, incluso a nivel internacional. Entre los títulos notables publicados estuvieron El proceso penal y la responsabilidad civil (1946), de Eduardo de Acha, y Defensas penales de América (1950), de Luis Jiménez de Asúa.
Por si no fueran suficientes todas estas librerías de la calle Obispo, a principios de la década del 40 abrieron sus puertas otras dos en la misma arteria comercial: Lex y La Victoria. La primera fue fundada por el abogado y periodista madrileño Mariano Sánchez Roca, exiliado republicano de la guerra española. Al igual que la firma P. Fernández, éste también logró establecer un importante taller de impresión donde se confeccionaron, entre otros títulos relevantes, las Obras Completas de José Martí, en 1946, y al año siguiente las de Simón Bolívar, ambas en dos tomos, papel biblia y ediciones de lujo. En la librería de la Editorial Lex, que tuvo por sede Obispo no. 465, se pusieron en venta fundamentalmente textos jurídicos, compilaciones de las leyes cubanas y libros de literatura.
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La Victoria, establecida por su dueño, el español Tomás Rodríguez Prieto, en Obispo no. 366, entre Habana y Compostela, consistió en un modesto local dedicado a la venta de libros y revistas de literatura. A su favor contó con un ágil mecanismo de rápida oferta de títulos recién impresos en España, México o Argentina. Esto explica que a pesar de sus limitaciones fuese una librería muy apreciada por los intelectuales cubanos.
Salvo alguna otra que quizás se nos escapa por haber tenido menos significación, estas fueron las principales librerías de la calle Obispo durante el período republicano. Como habrá podido apreciarse, todas ellas eran propiedad de inmigrantes españoles. No fue este un hecho casual. Durante aquella etapa de nuestra historia el proceso de producción, distribución y venta de libros estuvo casi por completo en manos de individuos de origen español, como ya ha anotado el ensayista Ambrosio Fornet en su valioso estudio El libro en Cuba (1994). A la relación de estas librerías podrían sumarse otras no menos importantes, como Cervantes, Albela y Martí, situadas en otras calles habaneras y cuyos propietarios eran también españoles.
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La esquina de Obispo y Bernaza, en 1940.
A la izquierda la librería Minerva
y al fondo La Moderna Poesía.
foto: Archivo del autor
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ACTIVIDAD CULTURAL DE AQUELLAS LIBRERÍAS
No puede decirse que aquellas librerías de Obispo, así como otras ubicadas en distintos espacios de la ciudad, fuesen locales donde solo se vendían libros, revistas, papeles y objetos de escritorio. Ante el deficiente sistema de bibliotecas que padecía nuestro país por esa época el librero asumía muchas veces la función de referencista y orientaba a los clientes acerca del libro idóneo que debía consultar de acuerdo con el tema de su interés.
De igual modo, algunas de estas librerías fueron durante años centro de reunión, de diálogo fecundo y de provechoso intercambio de ideas entre muchos intelectuales cubanos. No escasean los ejemplos al respecto. La librería Rambla y Bouza fue la sede de una concurrida tertulia por la cual desfilaron, según afirma José A. Pascual en su valioso y desdichadamente olvidado libro Peñas y tertulias (1964), “magistrados del Tribunal Supremo, de la Audiencia de La Habana, jueces, personalidades de la enseñanza, la política y los negocios, constituyendo una verdadera tertulia jurídica”.1 Entre sus asistentes estuvieron el patriota Juan Gualberto Gómez, los sobresalientes abogados Pedro Herrera Sotolongo y Ángel C. Betancourt, los periodistas Gastón Mora y Lino D`ou, el ingeniero José Comallonga y algunos renombrados juristas de aquellos días.
De igual modo en el modesto local de la Librería Montero existió durante años una animada tertulia que protagonizaron los profesores universitarios y destacados juristas Roberto Agramonte, Emilio Fernández Camús, Herminio Portell Vilá, Juan José Expósito Casasús y José Agustín Martínez.
Mención aparte merece el pequeño local de La Victoria por su notable importancia para el proceso de gestación y desarrollo del Grupo Orígenes, que ocupa un lugar privilegiado en la historia de la literatura cubana. Aquella reducida librería fue punto de reunión de algunos de los iniciadores de dicho grupo de intelectuales y abundan los testimonios al respecto. Aquí van dos de ellos. Lo encabeza el que nos brinda el poeta y sacerdote navarro Ángel Gaztelu al evocar, décadas después, sus recorridos con el poeta José Lezama Lima, principal figura de aquella agrupación, por las calles habaneras:
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“Muchos de esos paseos terminaban en la Librería La Victoria, situada en la calle Obispo, entre Habana y Compostela. En ese establecimiento uno podía conseguir con bastante facilidad revistas y libros editados en el extranjero, sobre todo en México y España. En la diminuta trastienda de La Victoria podía uno asistir a las tertulias del autor de Paradiso. Con su enorme tabaco entre los dedos, se solía imponer con su maravillosa conversación”.2
Por su parte, el dramaturgo y poeta Virgilio Piñera añade: “Recuerdo ahora La Victoria, en la calle Obispo. Entre 1938 y 1949 sobrellevó su dueño dignamente esa invitación a la lectura que es la meta de todo librero. Pero araba en el mar. Sin embargo, era el punto de reunión de la intelligentzia cubana; por años Lezama hizo tarde en La Victoria...”3
Hasta donde conocemos, la librería de la Editorial Lex no fue sede de alguna tertulia de intelectuales o artistas. Sin embargo, a partir de mediados de 1956 contó con una importante galería de arte en la cual expusieron sus cuadros, en dicho año, René Portocarrero y Esteban Doménech, y en 1957 Víctor Manuel y Ricardo Villares. De igual modo, en este amplio local se presentó una muestra póstuma de pinturas de Carlos Enríquez. El crítico de arte y periodista catalán Rafael Marquina, redactor del diario Información, fue el principal animador de dicha galería, donde además impartieron conferencias algunos sobresalientes intelectuales, entre ellos el ensayista español Federico de Onís durante su visita a Cuba en 1956.
EPILOGO
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Con el pasar de los años,
La Moderna Poesía siguió
ganando en la preferencia del público.
foto: Orlando Márquez. |
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Al ocurrir el triunfo revolucionario de 1959 aún tenían sus puertas abiertas en la calle Obispo las librerías La Moderna Poesía, Minerva, Editorial Lex, González Porto, Wilson, P. Fernández y Montero. Las cinco últimas desaparecieron unos años después como resultado de la salida del país de sus propietarios –los casos de Jesús Montero y de Mariano Sánchez Roca– o como consecuencia de la aplicación de la política de intervenciones de las nuevas autoridades. Aún hoy funcionan La Moderna Poesía y, donde estuvo situada Minerva, la Librería Ateneo-Cervantes. La primera oferta sus libros sólo en pesos convertibles y la segunda en moneda nacional, tanto nuevas ediciones cubanas como libros de uso. A estos dos locales debemos sumar otra librería ubicada en Obispo no. 526, que abrió sus puertas en los años 70 y constituyó una sucursal de La Moderna Poesía. En la actualidad lleva el nombre de La Internacional e igualmente oferta libros y objetos de escritorio en pesos convertibles. Quizás a esta relación deberíamos añadir los libreros particulares que desde hace algo más de una década venden sus libros en la Plaza de Armas, que tiene como uno de sus límites la calle Obispo, mas por su carácter provisional no creemos que representen en conjunto una librería. Donde estuvo ubicada La Victoria existe una casa particular, en la cual hoy se exponen y venden cuadros. El local de la antigua librería Montero aún conserva su nombre, pero ha sido destinada a un Comité Militar Municipal. Como otras muchas cosas, las viejas librerías de la calle Obispo pertenecen al pasado.
NOTAS:
1. Pascual, José A. Peñas y tertulias. La Habana, Editorial Ágora, 1964. Tomo I. p. 57
2. Gaztelu, Ángel. “Su estatura espiritual y humana era inmensa”. En Cercanía de Lezama Lima de Carlos Espinosa. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1986. p. 30.
3. Piñera, Virgilio. “Pasado y presente de nuestra cultura”. En Lunes de Revolución No. 43. La Habana, 18 de enero de 1960. p. 10. |
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