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Europa
se amplía
(y se cansa)
por Lázaro J. ÁLVAREZ
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Si bien con limitaciones, Bulgaria y Rumanía ingresaron a la Unión Europea el 1º de enero de 2007.
Otros quedan a la puerta, en espera…
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Que una casa se amplíe, debe ser motivo de regocijo para la familia. A fin de cuentas, hay más espacio, más acceso a otras comodidades. El resultado ha de ser necesariamente positivo.
Sin embargo, el tema de extenderse, de abarcar más Estados, no está causando especial entusiasmo en la actual Unión Europea, pues las nuevas áreas de la casa no son precisamente confortables. Las ex socialistas Bulgaria y Rumanía, cuyo Producto Interno Bruto no alcanza ni la mitad de los del resto de los países «eurocomunitarios», son los nuevos socios desde el 1 de enero de 2007, por lo que el bloque eleva a 27 el número de sus miembros y alcanza así las costas del Mar Negro.
Con esta, ya la UE ha concluido su sexta ampliación. El experimento nació con seis países en 1951 y estableció desde sus inicios la eliminación de las barreras comerciales, una política económica común y la equiparación de las condiciones de vida entre las naciones que lo conformaban.
Para integrarse a este club, el Estado aspirante ha de satisfacer unos criterios bien definidos, a saber, poseer instituciones estables que garanticen la democracia, el Estado de derecho, el respeto de los derechos humanos y la protección de las minorías; una economía de mercado viable, y la capacidad para asumir los deberes emanados de la adhesión, en especial aceptar los objetivos de la unión política, económica y monetaria. Es la Comisión Europea (el brazo ejecutivo de la UE) quien determina cuándo se han cumplido estos aspectos y cuándo un país está listo para sumarse a los “eurocomunitarios”.
A Bulgaria y a Rumanía ya les llegó el momento de pasar “bajo el arco de triunfo”, mientras otros esperan a las puertas. Sin embargo, la bóveda celeste no es completamente azul para Sofía y Bucarest, que deberán esforzarse por continuar haciendo las transformaciones que exige Bruselas; ni todo el que aspira a entrar tendrá delante un camino de rosas, sino condiciones aún más duras para poder hacerlo.
DOS MÁS, MÁS POBRES
Bulgaria y Rumania comenzaron sus negociaciones de adhesión en febrero de 2000. En septiembre pasado, el bloque dio luz verde a lo que ya se había decidido: la entrada de ambos en 2007, por considerarlos “suficientemente preparados”.
Y he aquí el contrasentido, pues la UE ha anunciado que tomará medidas para protegerse de las carencias de estos países en diversas áreas.
Según Bruselas, la estrategia para combatir la corrupción en estas naciones –ambas con un desarrollo económico muy por debajo de la media– es insatisfactoria, por lo que se teme que el dinero que se destinará a la homologación con el resto de los socios, se pierda en oscuros bolsillos.
Para evitar lo anterior, la Comisión advierte que podría suspender la ayuda financiera e incluso reclamar que se le retribuya el dinero malversado. Asimismo, tanto búlgaros como rumanos deben establecer agencias que gestionen con transparencia los fondos dirigidos a la agricultura, y cada seis meses habrán de entregar un informe sobre el enfrentamiento a la corrupción.
También hay un grupo de prohibiciones, como la de exportar carne de cerdo hacia otros miembros del bloque, por no cumplir ciertos criterios sanitarios; o, en el caso búlgaro, que sus aeronaves vuelen por los cielos europeos, por el déficit de seguridad que estas representan, según los expertos comunitarios.
De igual modo, y aunque el Tratado de la UE contempla disposiciones relacionadas con la libre circulación de trabajadores (artículo 39), el derecho de establecimiento (artículo 43) y la libre prestación de servicios (artículo 50), los búlgaros y los rumanos tendrán escollos en algunos países. Gran Bretaña, por ejemplo, avisó que los nuevos «eurociudadanos» solo podrán trabajar en la agricultura y en la industria alimentaria, mientras que Irlanda opta por mantener el sistema de permisos de trabajo, y España expresa que aplicará restricciones durante dos años. Otros Estados ya han anunciado algunas de estas limitaciones, más o menos matizadas.
O sea, eres europeo, eres socio de pleno derecho, pero ¡stop! Aún no puedes traspasar el umbral de mi casa.
Si estos son los vientos fríos que reciben Sofía y Bucarest, otros en el mapa no la pasan mejor.
ESPERAR, ESPERAR
La lista de quienes desean integrarse en el club comunitario no termina con los que se adhieren en 2007. Hay más aspirantes: Croacia, Serbia, Montenegro, Albania, Bosnia-Herzegovina, Macedonia y Turquía. Pero en la UE se experimenta un “cansancio de ampliaciones”, y los gobiernos creen que es hora de detenerse y hacer arreglos de fondo antes de admitir nuevos ingresos. “Una pausa” ha pedido el jefe de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.
Así, para cada uno de los que anhelan entrar, hay señalamientos. En el caso de Croacia, por ejemplo, un informe de la Comisión en noviembre instó a Zagreb a mejorar su combate contra la corrupción y ajustar su sistema judicial según los criterios comunitarios, además de que debe juzgar a los implicados en crímenes de guerra durante el conflicto de los Balcanes, la pasada década.
En el de Macedonia, el informe subraya que necesita más disposición para luchar contra el fraude, y en el de Serbia, que el arresto de criminales de guerra y la cooperación con el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia será un factor clave para retomar las negociaciones, ahora detenidas.
El caso turco es quizás el más peliagudo de todos. Solo el 39 por ciento de los ciudadanos de la UE aprueba el ingreso del país musulmán. Las noticias sobre los “crímenes de honor” cometidos por ciudadanos turcos residentes en la UE contra mujeres, y sobre la implicación de terroristas musulmanes en la preparación de atentados en Londres y Madrid, alimentan los temores de una ola de islamización extremista en Europa, si un día caen las barreras fronterizas con Turquía.
Si tomamos en cuenta además el impacto que tendría una creciente influencia islámica en un continente que se descristianiza, ello podría suponer un mayor retroceso en la identidad judeocristiana europea. Y no olvidemos que, si en el Reino Unido, Italia o Francia florecen las mezquitas –como muestra de la diversidad cultural y religiosa permitida y avalada por el modelo social– hay países musulmanes donde es impensable edificar un templo cristiano, y donde profesar la fe del Resucitado es equivalente a cárcel o lapidación. ¿Qué variante del Islam será la que utilizará a Turquía como puente? No lo sabemos.
Impresiones aparte, en su acercamiento a la vida interna del país, la Comisión dice ver carencias en temas como democracia, derechos humanos, minorías, mujeres, libertad de culto, justicia, etcétera.
Y un punto que pesa como ningún otro en el presente: la negativa de Turquía a reconocer diplomáticamente a la República de Chipre, con la que mantiene un litigio desde que las tropas turcas invadieron la isla en 1974 y se asentaron en la parte septentrional, una división que permanece. A día de hoy, Ankara prohíbe incluso la entrada de buques y aviones chipriotas a puertos y aeropuertos turcos, pese a un intento de acuerdo auspiciado por la pasada presidencia rotativa de Finlandia al frente de la UE, para relanzar un proceso de normalización entre ambos países.
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Ello determinó que a principios de diciembre, los cancilleres de los 25 decidieran congelar ocho de los 35 capítulos de negociación con Turquía, hasta que ese país no abra todas sus terminales marítimas y aéreas a las naves y aeronaves de Chipre. Es ilógico que la Unión Europea acceda a admitir como Estado miembro a un país que no reconoce a otro miembro del bloque. Por lo que de persistir Ankara en su posición intransigente, alejará cada vez más el horizonte para su incorporación en el euroclub.
Comoquiera, y ya que la incomodidad de los ciudadanos europeos con la ampliación es notoria –no solo en el caso turco–, la Comisión ha propuesto que las futuras adhesiones cuenten con el beneplácito de la opinión pública, que podría ser consultada en referendos y daría, dicen, la “legitimidad democrática” a la cuestión.
De momento, Francia ha hecho saber que después de Croacia, que sería la próxima en la lista de admitidos, todo nuevo ingreso deberá ser aprobado en las urnas. Si la mayoría de los votantes de un país se niegan, ya sabemos cómo reacciona el resto de la maquinaria europea: se detiene automáticamente, y el asunto se engaveta para mejores tiempos. Como se engavetó el proyecto de Euroconstitución.
El gigante ha crecido, es cierto. Pero tiene sus límites, y se agota. |
Ankara,
Turquía.
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