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El mercado
es un lugar
humano |
Texto y fotos Orlando MÁRQUEZ
Luigino Bruni y Antonio Maria Baggio regresaron en febrero a La Habana para completar el Seminario iniciado aquí el pasado diciembre. Los profesores italianos, miembros del Movimiento de los Focolares, se reunieron una vez más en la casa San Juan María Vianney con laicos de distintas diócesis del país para compartir sus experiencias y desarrollar un diálogo amplio. En la edición de enero, Palabra Nueva ofreció una entrevista con el filósofo Baggio, en esta ocasión presentamos una al economista Bruni.
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Luigino Bruni tiene 41 años, es doctor en Economía Política por la Universidad de Florencia y en la actualidad trabaja como Profesor Asociado de esta especialidad en la Facultad de Economía de la Universidad Milano-Bicocca. El profesor Bruni confiesa que su “primer amor científico” fue la historia del pensamiento económico antiguo, moderno y contemporáneo, pero ha ampliado su interés a temas relacionados, como Filosofía y Ética de la Economía, lo que lo llevó a adentrarse en conceptos como la elección racional, la confianza y el capital social. Su campo de interés lo mantiene ocupado hoy en el tema de la felicidad en la economía, sus paradojas y su historia, es decir, la Teoría económica y la felicidad. Si bien, |
aunque no le guste referirse a ello en primera persona, su mayor esfuerzo y aporte ha sido la Economía de Comunión, un proyecto de inspiración cristiana que ha superado la teoría y se aplica hoy en cientos de empresas alrededor del mundo.
Quisiera comenzar por algunos conceptos que usted ha manejado aquí. Economistas cristianos, bien, y economía de salvación, también. Pero economía cristiana, cuando se trata de mercado y compra-ventas, ¿no es algo contradictorio o, al menos, poco relacionado?
“No necesariamente, en el sentido de que es una actividad fundamental del ser humano. Hoy sabemos que ya en las comunidades primitivas el intercambio de productos estaba entre las primeras actividades cuando los hombres se reunían. No es algo artificial o inhumano. Después, es verdad, a menudo la compra y la venta se vuelve algo inhumano, como también puede ocurrir en las relaciones políticas, en la familia, en todas las relaciones humanas. El mercado es un lugar humano, no más ni menos que los demás. Por tanto se puede vivir el cristianismo dentro y fuera de los mercados, porque al final es la persona, con su libertad y sus decisiones, la que hace del ambiente un lugar cristiano o no cristiano.”
En un mundo como el actual, donde hasta el presente predomina la globalización del mercado liberal, ¿qué puede aportar el pensamiento cristiano?
“El pensamiento cristiano no se identifica nunca plenamente con una situación política o económica, por lo tanto el cristianismo es siempre una crítica, un reto, a cada sistema sociopolítico constituido. Es importante que el cristiano se sienta bien en un sistema económico determinado porque él es siempre un elemento de crítica, profético. También en la globalización el cristiano es un elemento de crítica.
”Es bueno recordar que las mercancías y los bienes no son los fines últimos de la vida, hay cosas mucho más importantes, como las relaciones entre las personas, el amor, el dolor. En un mercado que se globa-liza el cristiano está tanto dentro como fuera del proceso, y así puede mirar al mercado con una actitud de discernimiento,
recordándole siempre los valores cristianos fundamentales como el compartir, el amor, la justicia, y también el amor por la pobreza como valor evangélico. Por lo tanto, la globalización no es en sí ni un bien ni un mal absoluto, es una tendencia de los mercados globales que es necesario llenar de contenido. Y el cristiano es alguien que trae también contenido y sentido a la globalización.”
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¿Cree que el mercado europeo, por ejemplo, desarrollado y poderoso, está preparado para aceptar esas consideraciones del pensamiento cristiano?
“El mercado europeo es también fruto del cristianismo. Sabemos que las primeras formas del mercado moderno nacieron en el medioevo con los franciscanos, quienes inventaron los primeros bancos, la primera teoría económica sobre los bienes, sobre la carestía como fuente de valor, sobre el precio, los intereses, etcétera. La economía de mercado es mucho más antigua que el capitalismo, que es la forma que asume la economía de mercado después de 1700 en algunas regiones de Europa. El actual sistema de mercado europeo incorpora algunas de estas instancias cristianas.
”Pensemos por ejemplo en la idea del estado de la riqueza, en la distribución de la renta, en la posibilidad de dar una base de seguridad a cada hombre, más allá de que esté sano o enfermo, dentro o fuera del mercado. No podemos dejar de ver ahí una influencia del cristianismo. Muchas leyes económicas y sociales han sido hechas por cristianos.
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”Una vez dicho esto, yo tampoco afirmaría que el sistema económico social europeo es la encarnación del cristianismo. El cristianismo excede siempre las experiencias concretas. Hoy Europa se presenta como un lugar donde, por un lado, el sistema económico es más sencillo con respecto a Japón o a América del Norte, al reconocer algunos grandes valores cristianos, como igualdad o solidaridad. Por otro lado, es también un lugar difícil porque es un mundo secularizado, a Europa le cuesta trabajo reconocer sus raíces cristianas, como lo demostró el debate sobre la Constitución europea y la negativa a escribir en su preámbulo el término ‘raíz cristiana’. Por tanto es una realidad muy heterogénea, intercultural y multidireccional. Pero permanece el hecho de que los cristianos siguen siendo en Europa –y espero que lo sigan siendo en el futuro– una fuerza vital en la política, en lo social y en lo económico. Una buena parte –no sabría cuantificar si el 60 o el 70 por ciento– de la economía social europea tiene una inspiración cristiana, nace de movimientos cristianos, de personas que piensan en el evangelio. La economía social europea no es una pequeña cosa marginal, es muy importante y da trabajo a millones de personas.”
Ya hemos hablado sobre el mercado, pero quisiera que desarrollara más su percepción como cristiano y economista: el mercado ¿es malo?, ¿es bueno? ¿Cuál es su fortaleza y cuál su debilidad?
“El mercado es bueno cuando se convierte en lugar de encuentro positivo entre las personas, que no se reunirían por otros motivos. ¿Qué sucedería si no existiera el mercado? Si yo quiero obtener un bien de quien no me lo regala puedo robarlo o hacer una guerra para obtenerlo. Cuando existen los mercados lo puedo comprar. El mercado ha sido siempre un camino intermedio entre el amor y la guerra. Porque esta dimensión del intercambio es más neutral, menos dañina que la guerra, aunque menos humana que el amor. Si miramos al mundo de hoy vemos que hay lugares en los que el mercado y el intercambio producen civilización, no podemos negar esto. Hoy en Europa no tendríamos tantas garantías sociales, mayor nivel de vida, etcétera, si no hubiéramos desarrollado el mercado. Porque el mercado es una gran fuerza que trasmite el deseo de mejorar de las personas, apunta a la necesidad del ser humano de mejorar, de vivir una vida mejor. Esto es muy fuerte en las personas, y el mercado activa este deseo profundo de mejorar, para uno mismo o para los hijos.
”Por otro lado, no podemos dejar de ver que debajo del mercado se esconden relaciones de fuerza. Existen grandes empresas que se aprovechan por ejemplo de los agricultores más pobres, sobre todo en los países más pobres que no tienen reglas suficientes. Pero esto no es culpa del mercado, sino del sistema social en general, que no tiene leyes lo suficientemente buenas como para impedir esto. Al final, el mercado es una foto de la sociedad; si la sociedad civil es madura y equilibrada, tendremos un mercado maduro y equilibrado. En cambio, si una sociedad no tiene buenas leyes, no tiene una política controlada desde abajo, si no es democrática en el sentido de establecer pesos y contrapesos o poderes que limitan a los otros poderes, veremos un mercado que reproduce las mismas cosas: un mercado injusto donde los fuertes prevalecerán sobre los débiles. La historia de la humanidad en todos los países, nos dice que el mercado refleja a la sociedad, y la sociedad representa al mercado. No es solo verdadera la versión marxista que dice que las relaciones económicas determinan las relaciones sociales, sabemos por la historia que la realidad es mucho más compleja. En muchos momentos de la historia, han sido las ideas y las ideologías, o grandes eventos culturales, los que han transformado las relaciones económicas. Hay siempre interdependencia entre lo económico y lo social.
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”Por tanto, hoy encontramos culturas y países donde el mercado es un lugar de civilización. Pienso en Inglaterra, en Francia, en Italia, etcétera; y encontramos también países donde el mercado no es lugar de civilización, pero no es el mercado el responsable, sino la sociedad compleja que no genera un mercado civilizado. Si la sociedad sabe organizarse bien, generar buenas leyes, controlar la economía, entonces el mercado se convierte en un producto de la buena administración.”
A este tradicional concepto de economía de mercado, en la China actual le han añadido un par: la “economía de mercado socialista”. ¿Qué piensa de esto? ¿Es algo parecido a lo que ocurre en algunos países escandinavos, por ejemplo Suecia, donde se ve una amplia participación del Estado en la economía?
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“Estuve en China hace un año y no vi una economía muy social. Mi impresión es que el mercado que existe hoy en China es un mercado bastante salvaje. La Iglesia tal vez no pueda entrar, pero todas las empresas que quieran sí, basta que lleven riquezas. Por ejemplo, no hay mecanismos de control social, de hecho no hay sindicatos, o están poco desarrollados para la nueva situación, no hay garantías de los derechos de los trabajadores, ni de los menores, no hay condiciones sanitarias mínimas para la nueva realidad. Todas las conquistas que Europa ha alcanzado en 200 años de liberalismo en relación con el derecho de los trabajadores, en China están ausentes o poco presentes, y las que se desarrollan, paradójicamente, no son consecuencia de una evolución interna de China, sino por una influencia externa de las ONGs que están presentes en China y hacen presión, una fuerza para desarrollar el tema de los derechos humanos.
”Dicho esto, tenemos que admitir que China hace un esfuerzo económico excepcional, tiene una tasa de crecimiento anual de un 9 o un 10 por ciento. Pero lo social no es un objetivo actual en China, el objetivo es el crecimiento económico; y también el gobierno busca esto, el crecimiento económico, y no parece muy interesado en la cuestión social. Y esta es la paradoja de China en este momento: un país todavía socialista que experimenta el mercado más salvaje de tipo capitalista. Es una paradoja que tendrá que resolverse.
”Yo esperaba encontrar, por la historia socialista de China, un mayor control de la transición hacia el mercado libre, pero no es así. El mercado en China explotó de manera súbita con un pequeñísimo control sobre el efecto social. Es una vía nueva, y no sabemos todavía a dónde llevará, pero es un reto grande llevar juntos crecimiento económico y derechos humanos. Normalmente, donde ha habido desarrollo económico ha habido desarrollo de los derechos humanos. ¿Será también así en China? Esperemos que sí.”
Entonces, no hay certezas sobre las consecuencias sociales o políticas de este crecimiento económico.
“No se sabe. Es un capitalismo completamente diferente del modelo japonés, europeo o norteamericano. Es un modelo que ha tomado, del capitalismo mundial, una gran confianza en la empresa, en el libre intercambio. Por otro lado, está el Partido comunista que controla buena parte de la economía. Es un experimento nuevo que hoy presenta grandes problemas, sobre todo en relación con los derechos de los trabajadores, pero tal vez evolucionará de un modo positivo.”
Y a lo anterior, habría que añadir la “economía de comunión” que usted ha referido durante sus conferencias en La Habana. ¿De qué se trata? ¿Se puede aplicar?
“La economía de comunión no es solo teoría. Es un proyecto concreto, un proyecto económico que nació de un movimiento católico y espiritual, que es el movimiento de los focolares. En 1991, después de 50 años de existencia, este movimiento dio vida a un proyecto económico que hoy implica a más de 800 empresas en todo el mundo con la intención de conciliar la dimensión del mercado con la dimensión de lo social. Como dice su nombre es economía de comunión.
”Se trata de empresas que operan en el mercado y siguen los incentivos del mercado como cualquier empresa capitalista, pero por otro lado, el fruto de la empresa, los beneficios, se ponen en comunión. Esto es interesante porque el objetivo de la empresa capitalista son los beneficios, las ganancias que normalmente van al empresario; y por otro lado, los sistemas colectivistas, estatistas o de economía centralizada que no han querido estos beneficios en manos privadas, han renunciado también al empresario y a la idea de las ganancias. La economía de comunión reúne ambos elementos, trata de conjugar la libertad de iniciativas, de incentivos, el deseo de desarrollar la libertad empresarial, valores propios de una cultura liberal, con la solidaridad y la comunión, que no son típicos de la primera tradición. Y esto es porque el proyecto nace de un carisma, un don del Espíritu Santo que hace nuevas todas las cosas. Es un modelo económico que no está presente en las propuestas disponibles, no es comunismo ni capitalismo. Y una de las cosas simpáticas que me suceden cuando lo presento en algunos lugares del mundo, es que quienes se llaman de derechas consideran el proyecto de izquierda, y quienes son de izquierda consideran al proyecto de derechas. Porque es un proyecto que no entra en las categorías que hoy conocemos.
”Yo creo que este proyecto tendrá un gran desarrollo porque logra reunir dos grandes exigencias. Por un lado la libertad, que es fundamental y es lo que ha llevado al gran desarrollo del capitalismo, porque el empresario es como un ave libre que le gusta arriesgarse, imaginar un futuro mejor, que es creativo y puede transformar su dinero en realidades sociales, lo cual es un gran valor que está en la economía de la comunión; y por otro lado, otra gran exigencia humana que es la comunión, la solidaridad, la necesidad de experimentar relaciones profundas entre las personas y que el mercado pone en dificultad. La economía de comunión es el intento de reunir ambos elementos, es verdaderamente una operación importante que marca un momento histórico, pero que responde a las exigencias profundas de la economía contemporánea.”
Este proyecto, que usted mismo ha concebido e impulsado, ¿es aplicado por pequeñas, medianas o grandes empresas? ¿Cómo es en la práctica?
“Pequeñas y medianas empresas fundamentalmente; hay algunas grandes empresas también, pero no son muchas. Sin embargo, es bueno indicar que el futuro no está en las grandes empresas sino en las pequeñas empresas. La gran empresa es típica del “modelo fordista”, del trabajo en cadena, una economía escalonada, en la que cuenta mucho la tecnología y la estandarización productiva, y mientras más se produce más se abaratan los costos; ahí tiene sentido la gran empresa porque la gran producción baja los costos y los precios.
”Pero hoy la economía es esencialmente economía de conocimientos, y es el pequeño grupo el que es más eficiente, porque no tiene sentido reunir mil personas para inventar un producto publicitario o una computadora, se necesitan sólo pequeños grupos que tal vez están conectados en red. Por tanto, esta no es la era de los ‘dinosaurios económicos’, sino la de los pequeños ‘mamíferos económicos’ que son más flexibles para adaptarse a la era de la globalización. La globalización viene a ser como el meteorito que hizo extinguir a los “dinosaurios”, a las grandes empresas; no es entonces un problema que la economía de comunión se aplique en pequeñas empresas, porque el futuro de la economía estará regido por estas pequeñas y medianas empresas.”
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