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  Nuevo rector
para el Seminario

 

por Rogelio Dean PUERTAS*

El padre Najarro, en el balcón de su despacho, frente al canal de la Bahía de La Habana.
El padre Najarro, en el balcón de su despacho,
frente al canal de la Bahía de La Habana.

Un tiempo después de dar gracias a Dios por la obra realizada por monseñor Jorge Serpa a su paso por nuestro Seminario, en su función de Rector, y orar por su nuevo ministerio episcopal como pastor de la vecina diócesis de Pinar del Río, nos llega con alegría a los seminaristas una buena noticia: ¡Tenemos un nuevo Padre Rector!

En esta ocasión, el Espíritu Santo nos envía a un noble habanero, el padre Eduardo Najarro Reyes, miembro de la Compañía de Jesús desde 1983. Con 17 años de vida sacerdotal, estudió primero Licenciatura en Ciencias Físicas,
 
en la Universidad de La Habana, graduándose en 1971. Es además, Doctor en Teología Dogmática, laureado en el “Instituto Pontificio San Ignacio” de la brasileña ciudad de Belo Horizonte, donde también se desempeñó como formador y acompañante espiritual.

Con una marcada huella pedagógica que le viene por herencia familiar, el padre Najarro siempre ha estado vinculado a la educación, rama a la cual le atribuye un valor incalculable. Es capaz de trasmitir sus conocimientos irradiando calidez humana y apertura a la escucha de criterios diversos. Transparenta una sólida espiritualidad cristiana, esto permite que no sólo se identifique al profesional educador en su persona, sino también en todo momento al sacerdote en su más amplia y justa dimensión.

A su sólida raíz cubana, el padre Najarro suma una importante visión internacional, avalada por su paso por varios países, comenzando por Brasil donde vivió nueve años para seguir por el Viejo Continente, cursando estudios en Irlanda y haciendo una estadía temporal en España. De 1998 hasta el 2006 trabaja en la formación en República Dominicana; fecha en la cual regresa a su querida tierra de Cuba. Desde su regreso a la Isla ha sido profesor de nuestro seminario, impartiendo en diferentes momentos más de ocho materias del área de las Ciencias Teológicas y más recientemente apoyando también en el acompañamiento espiritual de los seminaristas. Colaboraba pastoralmente en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús (Reina), donde residía con sus hermanos de comunidad religiosa.

Ahora como rector, dice tener muchos “sueños”; uno de ellos sería el de perfeccionar la formación del candidato al sacerdocio con vista a una mejor respuesta a la propia realidad cubana. A la pregunta sobre qué es lo que más le gusta del seminario, responde: “sentir latir a la Iglesia cubana al poder interactuar con seminaristas de toda la Isla, en el seno de la obra más importante de nuestra Iglesia que es el seminario.”

Como comunidad diocesana de La Habana procuremos hacerle sentir nuestro apoyo; ya sea desde la oración o desde mensajes que podamos hacerle llegar manifestándole nuestra cercanía. Las formas de canalizar el amor hacia el seminario pueden ser las más diversas, lo importante es que se siga considerando a nuestra institución como una responsabilidad de todos.

Nuestra Iglesia necesita sacerdotes santos que traigan del seminario corazones configurados al de Cristo, para que en plena unidad con los obispos puedan ser testigos con la vida de aquel que ha venido para traer vida y para darla en abundancia. (Jn, 10-10. Lema de ordenación sacerdotal del padre Najarro)
* Seminarista de la Arquidiócesis de La Habana

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