Retornar al "Home Page" ...
 
 

Amando la Sabiduría
por Narciso de la Iglesia RODRÍGUEZ, SDB
 
Como Popper...
Centinelas de la libertad.

Karl Popper
¿Le suena Karl Popper? ¡Diga que sí,

por favor! Hay que quedar bien con los amigos. Pero, bueno, con esta página que está usted leyendo se va a enterar de muchas más cosas sobre este filósofo, casi de ayer, que nació en Viena el 28 de Julio de 1902 y que moriría en Gran Bretaña en 1994. Prácticamente todo un siglo de vida. Sin duda, el filósofo de la ciencia más influyente del siglo xx. Y ya se lo digo desde el principio: su importancia no reside tanto en la originalidad de sus ideas, como en la fuerza y claridad con las cuales las defendió.

Empiezo: le daban jaqueca los dogmatismos. Por eso se enfrentó a todos ellos, incluso al psicoanálisis, ideología basada en la ciencia –muy influyente en la Viena de principios de siglo–, demostrando la irracionalidad de sus ideas y también las de Hegel, proponiendo el camino de la teoría de la relatividad de Einstein que él formulaba con aquello de: “No sabemos, sólo podemos conjeturar”. Su obra más conocida es La lógica de la investigación científica, en la que Popper afirma que todas las teorías científicas no son más que conjeturas, presunciones o supuestos. Nada está determinado y es fundamental aprender de los errores.

Así pues, quien lanza una teoría de la clase que sea, se cree que es la verdad más grande del mundo o la única, que es peor, incluso llamándola “científica”, y la quiere imponer por la buenas o por las malas… fracaso rotundo. Y todavía peor si, después del fracaso de tal infeliz propuesta, uno no quiere reconocer su error.

Popper estaba requeteconvencido de la importancia de la falsación. ¿A que nunca había oído esta palabrita? Pues quiere decir eso: tener la suficiente humildad para saber que los propios conocimientos no son más que conjeturas. Así que ponga los pies en el piso y baje del pedestal si es que está encaramado en él o anclado en un dogmatismo tenga el apellido que tenga. Pobre de usted si, además, sabe que está en el error y sigue empecinado en él. ¡El daño que se estará haciendo!

El ideal de Popper es el de una sociedad abierta, donde se admitan distintos valores y que puedan ser criticados racionalmente. Más todavía: reconocer los propios errores o los del sistema es el motor del saber. ¿A que si esto funcionara otro gallo nos cantara en nuestro mundo globalizado?

Frente a los fundamentalismos, dogmatismos se llamaban antes, dice: “Todo aquel que está a favor de la libertad debe estar a favor de estar lo menos gobernado y tener el mínimo gobierno posible” (Sociedad abierta, Universo abierto. Tecnos, Madrid, 1984, p.27). Pero fíjese que esto plantea un problema serio: el de la limitación de toda forma de gobierno en tanto que supone una amenaza a la libertad individual, así como la limitación de la libertad en tanto esta puede desembocar en anarquía o nuevas formas de tiranía, como la “tiranía de la mayoría”. Como ve usted, esta propuesta pide diálogo entre personas civilizadas y acuerdos desde el respeto mutuo.

Más: “Creo que tengo razón, pero yo puedo estar equivocado y ser usted quien tenga la razón; en todo caso discutámoslo, pues de esta manera es más probable que nos acerquemos a una verdadera comprensión que si meramente insistimos los dos en tener la razón” (El desarrollo del conocimiento científico: Conjeturas y Refutaciones. Barcelona, Paidós, Buenos Aires, 1979, p. 410). “El futuro siempre está abierto”, señala insistentemente Popper. ¿A que Ud. también lo afirmaría? Y lo anterior, ¿verdad? ¡Ahí va mi mano, encantado de tener un amigo!

No me resisto a esto otro: “Verdad es que necesitamos de la esperanza; actuar, vivir sin esperanza es cosa que supera nuestras fuerzas. Pero no necesitamos más que eso y, por lo tanto, no se nos debe dar más. No necesitamos certeza” (La sociedad abierta y sus enemigos, Paidós, Barcelona, 1981, p. 439).

¡Ay la esperanza bendita… cuánta nos hace falta! Pero la verdadera, la que nos hace ser y sentirnos libres, la que encontramos en las páginas del Evangelio donde Jesús nos enseña a llamarnos y tratarnos como hermanos, la que produce ganas de hacer un mundo nuevo desde el amor. El amor que es respeto, tolerancia, reconocimiento de los propios errores, bondad con todos sin que nadie se sienta superior a nadie, donde hagamos nuestro lo de Jesús de Nazaret: “Ejemplo les he dado” (Jn 13,14). ¡Y acababa de lavarles los pies a sus amigos! ¡Qué lección, señor mío!

Pues, sí, un buen Popper que nos cantara las cuarenta nos vendría a unos cuantos como anillo al dedo.

Regresar al Sumario
Sumario Religión Sociedad Segmento Internacional Glosas Cubanas Deportes