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GLOSAS CUBANAS

Villanueva
Un¡versdiad Santo Tomas de Villanueva (foto de la época)

por Perla Cartaya COTTA

Para los que amamos a la vieja Habana y, a pesar de todo, sentimos la dicha inefable de vivir en ella, parafraseando a Lezama Lima, constituye un regalo preciado la reconstrucción de una parte de la que antaño fue la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de La Habana, demolida hace muchos años.

Quizás usted no recuerde que mientras en algunas ciudades del continente americano España erigió universidades antes de mediar el siglo xvi,1 Cuba tuvo que esperar más de 200 años para contar con su primera universidad. Por eso los jóvenes criollos con bienes de fortuna que deseaban realizar estudios superiores tenían que acudir a la Universidad de Santo Domingo o a la de México, de no lograr la aspiración de hacerlo en España. Otros estudiaron en el Colegio de los Comendadores de San Ramón, fundado en México por el obispo fray Alonso de Armendáriz, este es el caso de los historiadores José Martín Félix de Arrate e Ignacio José de Urrutia y Montoya.

La Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de La Habana, la primera de Cuba, fue fundada en 1728 en el Convento de Santo Domingo por la Orden de Predicadores. Allí, el 13 de julio de 1807, el padre Félix Varela y Morales recibió el grado de licenciado en Filosofía.


Por estos tiempos se habla mucho de la enseñanza superior y hasta hay cursos que se ofrecen por la televisión. Uno de ellos movió a mi voluntad a rescatar del olvido a la Universidad de Santo Tomás de Villanueva –la primera privada que tuvo Cuba durante su primer medio siglo de vida–, la cual surgió al amparo de la Constitución de 1940 (título quinto, sección segunda, artículo 54).

No debo soslayar, en este momento de evocación, a un grupo de cubanos que, frente a disímiles obstáculos, se esforzaron por lograr el surgimiento del alto centro de estudios: el doctor Emeterio Santovenia, el doctor Jorge Mañach, el doctor Ernesto R. de Aragón, el doctor José Manuel Pérez Cabrera, el doctor Manuel Dorta Duque y el doctor Ángel Fernández Varela (los dos últimos figuras prominentes del catolicismo cubano).

Un aparte merece el padre Lorenzo Spirali (Italia, 1882), miembro de la Orden Agustiniana, fundado de la Universidad de Villanueva. En 1926 fue designado párroco de la Iglesia del Cristo del Buen Viaje, en la vieja Habana; viaja a Roma, en 1932, para asuntos de su Orden, y cinco años más tarde regresa a Cuba como párroco de San Agustín, en el Reparto Almendares. Desde entonces el tenaz sacerdote aunó fuerzas y recursos para la edificación de templos, el dispensario de San Lorenzo y, por último, la realización de un hermoso sueño: dotar a Cuba de su primera universidad privada. Creo que para él debió ser un momento de singular emoción la cristalización de tan noble empeño.

Ocurrió el viernes 4 de octubre de 1946, a las diez de la mañana, en la preciosa capilla construida por el arquitecto Ricardo Mira, “el mejor expositor del Románico en Cuba” (padre Kelly, tesis doctoral). Tras la solemne ceremonia, presidida por el cadenal Manuel Arteaga y Betancourt, arzobispo de La Habana, tuvo lugar el desfile académico y la ejecución del Himno Nacional por la Banda de la Marina, y algo después la disertación del doctor José María Chacón y Calvo sobre la trascendencia cultural de la fundación.


La revisión de la prensa de la época permite constatar la favorable acogida otorgada a esta universidad, destacándose entre otros artículos los firmados por Gastón Baquero y el doctor Chacón y Calvo, ambos en el Diario de la Marina.

El primer rector fue el M.R.P. James M. Hurley (Nueva York, 1897). Al revisar la composición del claustro de profesores es obvio el rigor académico latente en la selección de los decanos y profesores, encontrándose entre los últimos docentes Antonio Álvarez Pedroso, José Ignacio Lasaga, José Manuel Pérez Cabrera, Rosaura García Tudurí, Teresa Gavaldá, Joaquín G. Lebredo y Raúl Mestri. La universidad tuvo, inicialmente, cuatro Facultades: Filosofía y Letras, Educación, Derecho y Ciencias Comerciales, para las cuales fueron designados como Decanos, respectivamente, los doctores José María Chacón y Calvo,2 Mercedes García Tudurí, Raúl de Cárdenas3 y Eduardo Moreno, todos profesionales de gran prestigio.

La Facultad de Educación y la de Ciencias Comerciales pronto tuvieron cursos nocturnos y sabatinos para los trabajadores. Y, a partir de 1947,
Padre Lorenzo Spirali (OSA), fundador de la Universidad de Villanueva.
Padre Lorenzo Spirali (OSA), fundador de la Universidad de Villanueva.
funcionaron los famosos Cursos de Verano, para ampliar cultura y conocimientos sobre materias de interés general, especialmente de educación y tecnología. El primer director de estos cursos fue el propio Rector de la Universidad. Desde el verano de 1949 se organizó la Sección de Estudios Latinoamericanos bajo la dirección del doctor Gustavo Du-Bouchet, dedicada a los estudiantes extranjeros. Por iniciativa del doctor Chacón y Calvo fue creada desde fecha temprana la Cátedra Fray Bartolomé de las Casas, en la cual disertaron intelectuales tan notables del continente americano como fueron el doctor Lewis Hanke, director de la Fundación Hispánica de la Biblioteca del Congreso de Washington, el doctor Herminio Portell Vilá, profesor de la Universidad habanera y el coronel Cosme de la Torriente.

El éxito docente posibilitó que surgieran otras facultades o escuelas: Ciencia y Tecnología, Arquitectura, Economía e Instituto de Investigaciones Económicas, Psicología y Arte y Decoración; e incorporar más profesores.

Monseñor Enrique Pérez Serantes, arzobispo de Santiago de Cuba.
Monseñor Enrique Pérez Serantes,
arzobispo de Santiago de Cuba.
La Universidad de Villanueva estimulaba la participación de sus alumnos (muchachas y muchachos) en las actividades extracurriculares a fin de que se incorporaran plenamente a una formación integral (actividades culturales, deportes), pero únicamente aquellos estudiantes que lograban vencer satisfactoriamente sus estudios podían pertenecer a los diversos grupos o asociaciones culturales y deportivas de la institución. Contaban con publicaciones estudiantiles y hasta llegaron a tener el Teatro Villanueva en el cual se presentaban con frecuencia obras montadas por la Cátedra de Drama.

Hay un hecho que no deseo pasar por alto: los estudiantes no católicos estaban exentos de recibir educación religiosa, pero los católicos tenían que aprobar los cuatro cursos de Religión para obtener el diploma de graduado de Villanueva.

La primera finalidad de Villanueva era proporcionar un profundo entrenamiento católico y profesional a sus estudiantes, de acuerdo con la filosofía católica de la vida. La fe, más que la emoción, es la guía para la práctica y el desarrollo de la vida espiritual. En las memorias de sus diez primeros años, se expresa que Villanueva era apolítica, si bien reconoce que todo ciudadano debe tener interés por los problemas de la Patria, la Universidad sigue la norma “de que todo ciudadano debe tomar parte activa en los destinos de su país únicamente cuando tenga suficiente madurez para que su aporte proporcione algún resultado positivo
al bien común de la nación… el estudiante debe observar con interés los problemas cívicos, manteniéndose informado de ellos…”4 para decidir más tarde su actitud al respecto. Aconsejaban que la participación activa en tales problemas se produjera al terminar la carrera.

A partir de 1959 comenzaron a soplar nuevos aires en Cuba, los cuales fueron percibidos por monseñor Enrique Pérez Serantes, Arzobispo de Santiago de Cuba, quien escribió el 13 de febrero de ese año: “…estamos oyendo decir… que nuestras universidades, en primer término la de Villanueva… está seriamente amenazada… Podrá decirse que, ¿ser alumno de una escuela católica entraña un peligro para la sociedad? ¿Acaso por haber pasado por una escuela religiosa hay temor de que nuestros jóvenes sean menos cultos o menos varoniles? Crecer sin religión es un mal de proporciones tan gigantescas que espantan…” entonces, continúa diciendo monseñor Pérez Serantes, “¿a quiénes puede estorbar la Universidad de Villanueva? Respetar y aún apoyar los derechos individuales, representa una labor constructiva en cualquier país, máxime si se ha peleado denodadamente por sus libertades…y, por si alguno no ha asimilado bien el manjar de la democracia, piense que para merecer el título de demócrata es preciso haber aprendido primero la lección del respeto a su prójimo… Al pedir que a la Iglesia se le respeten sus colegios tal como han funcionado hasta ahora, no mendigamos un favor: pedimos justicia… Cuando pedimos que se nos reconozca nuestro derecho a enseñar en la forma expresada, no pedimos algo que signifique un privilegio: sólo pedimos se nos deje ejercer el derecho de servir a Cuba en la mejor formación de sus ciudadanos”.5

El último Rector de la Universidad fue monseñor Eduardo Boza Masvidal, obispo auxiliar de La Habana, graduado de Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana.

El 6 de julio de 1961 el Consejo de Ministros del Gobierno Revolucionario aprobaba la Ley de la Nacionalización de la Enseñanza. Se declaraba pública la función de la enseñanza y gratuita la prestación de sus servicios, disponiendo la nacionalización de todas las escuelas privadas del país, incluyendo las universidades. Por eso las Memorias de Villanueva sólo pudieron llegar hasta 1959, legándonos en sus páginas las imágenes de cuatro estudiantes asesinados el 28 de diciembre de 1958 en Pinar del Río por soldados de la dictadura de Batista: Javier Calvo Formoso, Jilián Martínez Inclán, José Ignacio Martista Cruz y Ramón Pérez Lima.

Referencias:
1. Por ejemplo: México tenía universidad desde 1539; Lima desde 1584; en Perú, 1610; Guatemala en 1641, y en las misiones jesuíticas del Paraguay y la Argentina, poco antes de 1700.
2. Fue decano durante los primeros años de la universidad católica de Villanueva, y después profesor de literatura cubana hasta 1960 en el mismo centro.
3. Vicepresidente de la República a la sazón.
4. Universidad de Santo Tomás de Villanueva: Contribución a la historia de sus diez primeros años, La Habana, 1956, p.108.
5. La Voz de la Iglesia en Cuba. 100 Documentos Episcopales, Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C., México, D.F. pp. 64-69.


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