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Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han enterrado su pecado,
dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta su delito
y cuya conciencia no queda turbia.
Callara o rugiera todo el día, se consumían mis huesos,
porque día y noche tu mano pesaba sobre mí,
secando mi savia como el bochorno estivo.
Te manifesté mi pecado, no te encubrí mi delito,
propuse: “Confiaré al Señor mi culpa”,
y tu perdonaste mi culpa y mi pecado.
Por eso, que todo fiel te suplique en la desgracia,
la crecida de las aguas caudalosas no lo alcanzará.
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Obra del pintor Alan M. González
“¿Qué puede enseñarnos la Última Cena sobre el modo de vivir bien, y bellamente, nuestra sexualidad? ¿Cómo nuestra sexualidad puede ser realmente eucarística? Estas inusuales preguntas son presentadas aquí por el sacerdote dominico inglés Timothy Radcliffe. Mientras una percepción equivocada sobre la Iglesia se ha extendido a muchos ámbitos, el sacerdote inglés nos recuerda que “…Jesús reunió a los discípulos a su alrededor, y tomó el pan, lo bendijo y lo dio a ellos diciendo: ‘Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes’. En el corazón de nuestra religión está el regalo de un cuerpo” (ver artículo). |
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