Ethan Frome
o la vida en el infierno por María del Carmen MUZIO |
|
Sin querer pecar de recurrente, me siento incapaz de soslayar el tema de esos libros amontonados en los estantes de las librerías y que constituyen verdaderos ejemplos de buena literatura. Ya en una ocasión me referí a la novela Sostiene Pereira de Mario Tabucchi, visible aún en numerosos estantes de venta.
|
Ahora me referiré a Ethan Frome de Edith Wharton. Encontré la obra de casualidad, en una librería vacía de público. Había montones de ejemplares de ella. Libro pequeño, de pocas páginas y a un precio accesible. Pero lo que me llevó a adquirirlo fue el nombre de su autora, conocida por su maravillosa novela La edad de la inocencia, magistralmente llevada al cine por el director Martin Scorsese en 1993 y también publicada, hace unos años, en nuestro país.
Y ahora tenemos la dicha de conocer otra novela de esta gran autora norteamericana: Ethan Frome, también llevada al cine en 1993 por el director John Madden. Ambientada en un pueblo pequeño, de fríos y nieve intensos, la obra se aleja de New York, ciudad que figura en la mayoría de las obras de esta escritora. No obstante, aparece como en las demás, el triángulo amoroso. Y es en el tratamiento de este tema tan manido a lo largo de la historia de la literatura donde radica, en mi opinión, el gran mérito del libro.
En el pueblo imaginario de Starkfield, en Massachusetts, vive el protagonista, cuyo nombre da título a la obra. En su presentación radica también otro de los méritos de la autora con esta breve novela.
|
Edith Wharton. |
Ethan Frome se nos presenta como un individuo taciturno, rodeado de cierto misterio de quien los pobladores no son capaces de explicar al narrador –un visitante ocasional por motivos de trabajo–, lo que verdaderamente le sucede. Desde el comienzo nos atrapa la narración con la aureola de enigma que envuelve a Ethan Frome. Las páginas iniciales que la autora titula “Nota introductoria” terminan con la llegada del forastero a la casa de Ethan. Después, en los diez capítulos en que se sucede la historia, narrados en orden cronológico, hasta llegar al desenlace, vuelve a engarzar perfectamente con la visita del narrador a casa del protagonista, y que había sido el inicio. Al igual que los lugareños del alejado pueblo, el viajero ocasional termina por corroborar la primera impresión que de Ethan Frome se hiciera al conocerlo que lo hizo exclamar: “¡Si parece ya muerto y en el infierno!”. |
La explicación del enigma que envuelve a tan peculiar personaje nos sorprende. Mientras leemos, podemos imaginar muchas soluciones, pero no acertamos con lo que nos ofrece la Wharton, a pesar de percatarnos, al final de nuestra lectura, que nos había ofrecido todas las claves, sólo que fuimos incapaces de darnos cuenta. Por lo general, esto es lo que le ocurre a quien se acerca a esta novela hábilmente estructurada.
Los personajes son recios, como corresponde a personas que viven en clima tan inhóspito, y aunque se habla, lo esencial queda oculto tras el velo de las sugerencias. Característica ésta muy típica de otro gran escritor estadounidense nacionalizado inglés, Henry James, de quien Edith Wharton fue gran amiga y deudora.
Henry James, maestro de la narrativa, autor de novelas tales como Retrato de una dama y la famosísima Otra vuelta de tuerca, se caracterizó por una prosa en la que lo principal se silencia, los diálogos constan más de sugerencias, por lo que el lector debe adivinar el drama que subyace en los personajes. De este estilo es muy buena heredera Edith Wharton.
Al final de esta edición cubana, contamos con un esclarecedor epílogo escrito por la profesora universitaria Mayerín Bello, quien nos confirma en él: “La versatilidad y el talento narrativo de la escritora norteamericana Edith Wharton (1862-1937) quedan confirmados con Ethan Frome (1911)”.
Y con esto invito, una vez más, a no despreciar esos libros que vemos mosqueados en las librerías. Donde menos lo imaginamos, encontramos una obra maestra. |
|