| |
SONETOS DE MUERTE. I
“Come, lovely and soothing Death”
Walt Whitman
Ir hacia ti, mujer de la ancha sombra,
Celosa de tus luces recogidas,
Donde enmudecen ya sendas heridas
Entre la Gracia que el silencio nombra.
Ir hacia el lirio que en tu frente asombra
-Recia vena de aguas bendecidas -,
Por ascender en paz a nuevas vidas
Levantadas de amor contra la sombra.
Llega, madre de luz, sumando pasos
A los que da por ti lúcido y fuerte
El ser que a Dios le reclamó Sus Brazos,
El ser que fue para poder saberte.
Madre y señora de los eternos lazos,
Cabe tu dulce pecho, clara Muerte. NACIMIENTO DE CRISTO
Por darle eternidad a cuanta alma
en hombre, flor o ave se aprisiona,
sustancia eterna ya brindóse en palma
salvando del martirio a la paloma.
La blanca sombra y el gentil aroma
que sus carnes exhalan; y la calma
de angustias plena que la frente asoma,
alma sin par desnudan en su alma.
Siendo recién venido eternidades
a sus ojos acuden en tristeza.
Ya nunca sonreirá. Hondas verdades
ciñéndole en tinieblas la cabeza,
van a ocultar su luz, sus potestades,
mientras en sombras la paloma reza. |
|
CUANDO LOS NIÑOS HACEN UN MUÑÉCO DE NIEVE
Cuando los niños hacen un muñeco de nieve,
Ellos no saben que juegan a Dios,
Autorizados por Dios.
Desde el seno de la cellisca sonríe el Señor,
Y aporta nuevos ramos de nieve, más blanca a cada instante,
Para hacer los brazos del ente, las orejas, la frente
De ese muñeco que acaba por erguirse en la vastedad
de la nieve,
Igual que un hombre sale de las manos de Dios.
Cuando los niños hacen un muñeco de nieve,
Una vez satisfechos y plenos como el mismo Padre de
todas las criaturas,
Lo abandonan gentiles a su nuevo destino,
Y queda sorprendido de ser para siempre una sombra
arrojada a la nieve,
Aquel a quien los niños |