Esta entrevista obtuvo premio
en el Concurso Literario
B. Sara Salkahasi. |
Para ofrecerme |
por Laura DOMINGO AGÜERO
fotos: Orlando MÁRQUEZ
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he nacido
“El amor jamás dejará de existir”
I Cor 13, 8 |
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“Cierto día, estando en Israel y viajando en una guagua, le pregunté a una señora cuál es la función de la mujer en su país, teniendo en cuenta la discriminación que como todos sabemos a veces sufren las mismas en países como éste. Aquella señora demoró sólo un instante en responder: ¡Educadora!, la mujer es educadora, porque en sus manos está el niño, el hombre y todo el género humano.”
Carmen Rosselló Estade, Carmina para todos, de la Sociedad del Sagrado Corazón, me contaba esta anécdota cuando una tarde me decidí a entrevistarla. La he escuchado rememorar muchos recuerdos durante los años que llevo vinculada a la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario en la capitalina zona del Vedado. Ella tiene la escasa virtud de enamorar con las palabras, de que todos seamos capaces de recordar sus historias, sus clases, sus enseñanzas, para toda la vida. En una ocasión, refiriéndose a El Pequeño Príncipe, de Antoine de Saint-Exupéry, nos decía: “Me hubiese gustado escribir algo sobre El Principito, pero soy oradora, no escritora”. Por el contrario yo pienso que de haberlo hecho realmente nos habría dejado una obra de insuperable calidad. |
“Soy española, pero sobre todo de Mallorca, una isla bañada por el Mediterráneo, el llamado ‘Mar de la cultura’, cuyas aguas constituyen como un bautismo para la gente. Yo tengo el aire, el sol, y la sal del Mediterráneo.
”Estudié en un colegio católico y desde mis primeros años me sentí muy atraída por la vida religiosa, la figura de Santa Magdalena Sofía, Mater Admirabilis, la Virgen María y el Corazón de Jesucristo. Luego cursé el bachillerato, Teología en el Regina Mundi y en la Universidad de Deusto de Bilbao, y Pedagogía en Barcelona. Creo que he sido una gran estudiosa, pero cada vez que me acerco a la verdad me convenzo de que ‘sólo sé que no sé nada’.”
En efecto, para Carmina la superación y el estudio han sido palabras motrices desde los años de juventud. Fue profesora de la Universidad del Sagrado Corazón, en San Juan de Puerto Rico, donde impartió clases de ética, un curso del Nuevo Testamento que se tituló Jesús de Nazaret y su mensaje, y otro que llevó por nombre, Yo y el Hombre en la Literatura Moderna. De esos años agrega emocionada:
“Fue entonces que descubrí El Principito, estando en Puerto Rico, y fueron los estudiantes los que me ayudaron a descubrirlo.”
Estuvo años más tarde en la Biblioteca de París, en Francia, consultando la bibliografía de Saint-Exupéry. Residiendo ya en Cuba, se ha desempeñado durante 12 años como profesora de latín, filosofía y teología, sucesivamente, en el Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana. Ha tenido en sus clases estudiantes muy heterogéneos, lo cual ha constituido para ella un gran enriquecimiento.
“He aprendido a dialogar, a exponer en lugar de imponer, a escuchar y a creer en la persona humana, a encontrar semillas de autenticidad en otras religiones que difieren de la católica y a confiar en la honestidad de cada persona que sabe nadar en el mundo de la verdad dentro de su propia religión. |
”En una ocasión me pidieron en la Facultad de Periodismo de La Universidad de La Habana que impartiera un curso de Sagradas Escrituras porque los estudiantes tenían ciertas dudas y necesitaban tener un conocimiento más amplio sobre el vocabulario bíblico. Pero el comienzo de este curso coincidió con la carta pastoral que escribieron los obispos, titulada ‘El amor todo lo espera’, y seguidamente quedó suspendido. Sin embargo, un grupo de aquellos alumnos expuso que si yo no podía ir a la Universidad, ellos acudirían a mí donde quiera que estuviera. Así fue como asistieron al Rosario para recibir mis clases. La experiencia de compartir con estudiantes ateos por primera vez fue un reto sin duda, pero muy enriquecedora a la vez.”
La definición que emite Carmina sobre la educación no puede ser entonces más dulce: “Para mí, como dice Pedro Salinas, ‘educar es sacar de ti tu mejor tú’. En cada persona hay un misterio, algo muy maravilloso, es como la ostra en cuyo interior se encuentra la perla. El educador es el que sabe extraer la perla sin violencia, o mejor aún, es quien hace fluir una energía, una corriente, una comunicación capaz de lograr esto.
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”José Martí ha dicho que la educación es lo único que puede hacer libre a un pueblo, y yo estoy totalmente de acuerdo con este planteamiento que es científicamente cierto. La libertad es como un producto de dos cosas fundamentales: la capacidad de conocer los valores y la fuerza para optar por ellos. Si los valores se presentan como valores, tienen fuerza para llamar a las personas y se puede optar por ellos. Al educador le toca entonces presentarlos. Si no tenemos presentadores de valores no habrá nunca gente libre.”
La llegada de esta mujer a nuestra tierra y su permanencia en ella tantos años ha significado para muchos un privilegio. En las clases de catequesis que imparte al grupo de jóvenes de la Parroquia del Rosario cada sábado en la noche, nos ha contado que llegó a Puerto Rico enviada por tres años, y estuvo 19. A Cuba vino también en principio por tres años y ya suman ¡18! Ahora ni siquiera tiene interés en conocer el lugar a donde será destinada, y ciertamente debe de tener algo de mágico, de exótico o de peculiar esta Isla cuando ella es capaz de afirmar que con gusto viviría aquí los últimos días de su vida:
“Mi padre era marino, capitán del ‘Marqués de Comillas’, y había venido muchas veces a Cuba durante la guerra europea por lo que la conocía muy bien. Yo crecí junto a un dibujo del Morro de La Habana que había en mi casa, sobre el que siempre me aseguraba: ‘Desearía que un día lo vieras al natural’. Por tanto, desde niña he soñado con La Habana, con la ‘Perla de las Antillas’, con ese Morro que atrajo tanto la atención de mi padre y sobre todo con llegar a conocer el país algún día. En el año 1987 llegó a mí la oportunidad tantas veces esperada: vine para dar un retiro a religiosas y quedé enamorada de una Cuba sencilla, en la que había unos valores que no tenía la ‘sociedad de consumo’ y sobre todo muchísima gente con deseos de conocer a Dios. Me emocionó pensar que podía amar y hablar de Jesús en un lugar en que se practicaba el ateísmo oficialmente, y como considero que la fe es uno de los regalos que Dios me ha hecho, esa conjunción de la sed y el ateísmo atrajo mucho mis deseos de permanencia en esta tierra. Es por ello que me gustaría morir aquí, sembrarme aquí.”
Sobre la mujer cubana, para ella también mujer del mundo, me comenta:
“A la mujer cubana y la mujer del mundo la considero la matriz de la historia, porque es la matriz de la humanidad. Mi experiencia en el Caribe me ha demostrado que la mujer es muy valiosa. Las personas, las jóvenes que he conocido y que conozco en Cuba, en la Parroquia del Rosario, las considero un futuro de la Patria, son un germen que salvaguardará la vida. La vida humana necesita el útero de la madre, los senos de la madre, los brazos de la madre y necesita la intuición, la ternura, la capacidad de escuchar, ese aguante que tenemos las mujeres. Espero que no se diga nunca más en la historia que somos ‘el sexo débil’ porque somos un sexo fuerte, no ‘el sexo fuerte’ sino un sexo fuerte, sí, muy fuerte. Esto es un gran baluarte en la Cuba de hoy en día.
”Pienso además que la mujer puede ser muy decisiva defendiendo los derechos de sus hijos, y en el mundo de las artes, de las Bellas Artes, del Ballet, es absolutamente espectacular.”
Y respecto a la influencia del proyecto de Dios, del catolicismo, de la moral cristiana en estas mujeres, agrega:
“Somos diferentes de los hombres y tenemos una misión muy importante desde el punto de vista ético y religioso y del encuentro con el Señor porque somos más abiertas a la entrega y a morir por los demás. Creo que toda mujer es madre espiritual o fisiológicamente, y esto constituye la entraña de la humanidad. El sello que tiene la mujer que se llama ternura, compasión y acogida es la esencia de la ética... La religión y la ética sin compasión, sin misericordia, no existen. Esto lo tiene que aprender la mujer cubana, la mujer española, la mujer americana y todas las mujeres del Universo, seguramente será sencillo para ellas, para nosotras, porque lo llevamos en las entrañas mismas.
”Considero que el proyecto de Dios es muy femenino. Un ejemplo de ello es el tema de la relación: la mujer, como decía anteriormente, es mucho más abierta a la relación que el hombre porque es espacio para el amor, es ella quien acoge la vida, la que vive la relación más profunda, más seria, más íntegra y más difícil de violar que es la maternidad. La mujer es para la vida, en ella está la vida y su cuerpo es totalmente dador de vida. Las religiosas, que no poseemos hijos biológicos, somos también madres de ancianos, de desvalidos, de huérfanos. Estamos dotadas del don de cuidar la vida, de protegerla, sólo nosotras sabemos con cuánta ternura lograr esto.
”Somos educadoras por naturaleza, educadoras de la paz, primero en el corazón y en la familia y luego en todos nuestros ‘hijos’.
”Nos han tachado mucho de engañosas, de las nuevas ‘Evas’ de todos los ‘Adanes’ de la historia, y pienso que esto ha sido muy humillante. La mujer ha sido avasallada y es necesario dedicar también nuestra atención sobre todo a las que aún hoy son víctimas de violencias de este tipo.”
Pero algunas han dedicado sus vidas por entero al servicio, a la religión, a los demás, únicamente a los demás y su presencia se hace escasa en las congregaciones religiosas de hoy en día. Para muchos resulta verdaderamente alarmante esta ‘despoblación’ en las Congregaciones religiosas y en los Seminarios, en el caso de los hombres que también optan por esta vocación. Sin embargo, Carmina ofrece un punto de vista esperanzador respecto a este punto:
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| “Ha descendido el número de vocaciones sacerdotales y religiosas, esto es un hecho. Se ha desatado un gran traslado de las vocaciones a los países del Tercer Mundo, sobre todo a África y Asia, como son los casos de Corea del Sur y la India. Es lógico que en el primer mundo desciendan porque es imposible responder a las exigencias del Reino cuando se pretende sólo la gloria, el poder y el tener. La vida religiosa y sacerdotal es una vida de servicio, en la que se ofrece todo lo que Jesús también ofreció. El primer mundo, en su mayoría satisfecho y pleno, es incapaz de la ofrenda. Sin embargo, es precisamente en el primer mundo donde existen muchas respuestas positivas respecto a los voluntariados. Hay universitarios que pasan sus vacaciones en países pobres, construyendo viviendas, brindando ayuda, relacionándose con personas más necesitadas, nutriéndose del dolor, de las problemáticas, de los barrios marginales. |
“He dedicado mi vida a Jesús,
a mi Congregación,
que tiene como primicia
descubrir el amor de Jesucristo,
y con mucha sencillez y realismo, puedo decir que me he consagrado
a la educación.” |
”A partir del Vaticano Segundo se ha exaltado con razón la vocación laical, mas yo confío que la vida religiosa existirá siempre, quizás de una manera más cercana a la gente. Creo que va a haber algo muy nuevo y no lo encuentro negativo, porque al ser menos vamos a perder la fascinación del número: Lo que importa es ser, no la cantidad, sino SER. Jesús movió el mundo con 11 y nos ha demostrado que ser pocos no es ningún fracaso sino un reto.”
Carmina conoce verdaderamente el significado de la consagración:
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“He dedicado mi vida a Jesús, a mi Congregación, que tiene como primicia descubrir el amor de Jesucristo, y con mucha sencillez y realismo, puedo decir que me he consagrado a la educación. Pasados algunos años saqué la cuenta un día y me percaté de que sólo en Puerto Rico había tenido nueve mil estudiantes. Creo que mi vida se podría resumir en este triángulo: Jesús, mi trabajo educador y la amistad, unido al placer de ayudar a tanta gente a descubrir un poco el mensaje de la salvación y las ciencias humanas, sobre todo en la línea de la teología.”
Hizo su profesión a los 29 años en Roma, y con sólo verla nos percatamos que ya suman algunas décadas de este crucial momento.
Sin embargo,cuando Carmina hoy mira hacia atrás le es difícil encontrar sinsabores en el camino:
“Los grandes sinsabores de mi vida han sido no haber podido llegar a algunas personas por falta de intuición, de fe, de savoir faire (como dicen los franceses) y la incomunicación... estos han sido los grandes dolores. Sin embargo, he tenido muchísimas alegrías: conocer América, la labor de enseñar y educar.... ¡He sido tremendamente feliz! Creo que de volver a nacer elegiría el mismo camino.” |
Dedicamos los últimos minutos al tema del matrimonio, a esta palabra que proviene de máter, madre, privilegio de mujer y cuyo altísimo valor le han reconocido todas las culturas, ya que de hecho es la base de la humanidad:
“Experiencias como mujer casada no he tenido nunca, yo he vivido un leal matrimonio con Jesucristo, pero esto es a otro nivel. Guardo muchos recuerdos del matrimonio de mis padres, y sus manifestaciones de cariño han constituido la mayor expresión y escuela de amor de mi existencia. Supieron crear un compromiso basado en el respeto, la ternura, el juego (acostumbraban a jugar cada tarde al ajedrez), la conversación y el disparate, el saber llegar a decirse tonterías delante de nosotros. Eso fue lo que me convenció de que el que no sabe decir tonterías es porque no sabe amar... El amor necesita un lenguaje mítico, simbólico, para poderse expresar.
”Por otra parte, he sido consejera matrimonial durante muchos años, lo cual me ha traído experiencias preciosas de entrega, de ofrenda, de dolor, de comprensión, de saber caminar juntos, de mirar un mismo horizonte. Muchos jóvenes me han hablado de sus noviazgos, de sus enamoramientos, de las cartas de amor y demás muestras de afecto. Esto ha resultado muy consolador porque a pesar de los fracasos y de los desamores no cabe duda que he podido incursionar en el mundo del amor humano y he llegado a convencerme de que es posible amarnos. En un mundo de tanta división, es posible que nos amemos.”
Carmina ha parado de hablar y me sonríe con sencillez mientras yo me quedo aún extasiada con sus palabras, pronunciadas con el inconfundible acento de los españoles. Nadie como ella puede ser capaz de hablar con tanta ternura del amor, porque siendo un vivo ejemplo de la mujer que nos ha descrito, Dios ha colmado su corazón del amor infinito, el que no muere y no es egoísta, ni celoso, ni egocéntrico: el amor a los seres humanos, a todos, a cada uno de nosotros.
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