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Catedral del Santísimo Salvador de Bayamo-Manzanillo.
Catedral del Santísimo Salvador
de Bayamo-Manzanillo.

texto y fotos: Carlos R. Escala FERNÁNDEZ*

“Somos templo del Espíritu Santo”

“…y ofrecieron, de acuerdo con la ley, un sacrificio
sobre el nuevo altar de los holocaustos que habían construido”

1 Macabeos 4, 53



Hace más de tres mil años, al cumplirse el primer día del segundo año de la huida de Egipto, Moisés consagró el santuario erigido por orden del Señor. Muchos años después, el pueblo judío celebraba durante ocho días del mes de diciembre la Fiesta de la Dedicación del templo, restaurado por Judas Macabeo, luego de la profanación y destrucción del sacro recinto en el 164 a.C. por Antíoco Epifanes.

El pasado 17 de febrero, el pueblo de la diócesis del Santísimo Salvador de Bayamo-Manzanillo, acompañado por feligreses, sacerdotes, obispos y personalidades de otras provincias, celebró la dedicación de su Catedral y la reapertura de la Capilla de Nuestra Señora de los Dolores. Más de una década ha transcurrido de la erección de esta diócesis, y a la espera del nombramiento de su nuevo obispo, tras conocerse la designación de monseñor Dionisio García Ibáñez como arzobispo de Santiago de Cuba, la impresionante asistencia de los fieles, las “piedras vivas”, la “Iglesia de Cristo”, confirmó que sí valía la pena el esfuerzo de quienes durante estos años batallaron por rescatar una parte preciosa del patrimonio histórico y cultural de la nación cubana. Más aún, aquellas personas que pusieron su grano de arena para dignificar la casa de Dios, entre ellas, a Junior Ceballo, Teresita “la costurera”, Cosme Proenza, Eduardo Franco, Rafael Rodríguez Ramos, Roberto Roldós y Mario Domínguez; así como a los arquitectos de los departamentos de Construcción, Restauración y Conservación de Bienes Arquitectónicos de la Universidad de Florencia, los especialistas de la firma italiana GEOGRA, los obreros que trabajaron en dichas labores y todos los que ayudaron con su aporte económico desde Miami o Madrid.

Acompañaron a monseñor Dionisio, los obispos, monseñor Mario Mestril, de Ciego de Ávila, monseñor Juan García, arzobispo de Camagüey, monseñor Pedro Claro Meurice Estíu, entonces arzobispo de Santiago de Cuba, el obispo residencial de Holguín, monseñor Emilio Aranguren y el obispo emérito de esta diócesis, monseñor Héctor Luis Peña. Estuvieron también presentes, monseñor Wilfredo Pino, de Guantánamo y monseñor Juan de Dios Hernández, auxiliar de La Habana.


RITUAL, TRADICIÓN, SACRIFICIO

La dedicación de este santo recinto, en tanto acto profundamente simbólico, constituye una muestra de continuidad apostólica y preservación de la alianza del pueblo de Dios con el Creador. Varios ritos descritos en la Biblia sirven de base a los que se realizaron dentro de la liturgia de esta celebración. El primero de ellos, comenzando la misa, fue el iniciado por la procesión y entronización de las imágenes del Santísimo Salvador y de la Virgen de la Caridad, precedidas por las banderas de Céspedes y Narciso López. Al quedar entronizadas las imágenes, el Coro Profesional de Bayamo, dirigido por Maricel Ávila, entonó el Himno Nacional en su versión original.

Mural de la Bendición de la bandera.
Mural de la Bendición de la bandera.

Los arquitectos Rafael Rodríguez y Roberto Roldós, junto a una representación de los obreros, entregaron a monseñor Dionisio documentos relativos a la restauración, y éste, a su vez, se los dio al párroco de la Catedral para conservarlos en el Archivo. Finalmente, el obispo de la diócesis, concluyó con la bendición y aspersión del agua sobre el altar y el pueblo. Los obispos concelebrantes realizaron la misma acción sobre los muros de la Catedral.

Posteriormente a la homilía pronunciada por monseñor Dionisio García Ibáñez y la oración del Credo, se rezaron las Letanías de los Santos y el celebrante leyó la Oración de dedicación. Luego, según está escrito, fue ungido el altar con el Santo Crisma, en el medio y en sus cuatro ángulos y los mismos obispos ungieron las doce cruces distribuidas en las naves. En cinco braseros encendidos “quemaron incienso sobre el altar”, incensando además al pueblo y muros y “encendieron las lámparas del candelabro para que alumbraran el santuario”.

Prosiguió la eucaristía, y el ofrecimiento del holocausto mayor, el sacrificio de Cristo y se completó con la inauguración de la capilla del Santísimo Sacramento y la veneración de las imágenes del Santísimo Salvador y la Virgen de La Caridad, mientras en la orquesta y coro, dirigidos por el maestro Carlos Puig, vibraban “Tú reinarás” y “A los pies de la Virgen”. Sentido homenaje rindió entonces monseñor Dionisio a aquellos que hicieron posible obra de tal magnitud, a Cosme, a Eduardo, a Teresita, a Junior, a los obispos presentes y los que dieron su aporte desde la diáspora.

LECTURAS Y HOMILÍA: EL TEMPLO DE DIOS
SON LOS HOMBRES

La plegaria de Israel, la morada divina cantada por el salmo, las palabras de san Pablo y la purificación del templo por Jesús retumbaron en la última homilía de monseñor Dionisio García a sus fieles, como obispo de la diócesis de Bayamo-Manzanillo. Lecturas que, reservadas a esta fiesta, condujeron a un brevísimo panegírico de la historia de la evangelización y la rebelión del pueblo de esta parte de la cuenca del Cauto contra la dominación española, porque “aquí se va formando la nacionalidad cubana”, en aquellos tiempos en que la miseria del hombre no era suficiente para evitar el servicio a Dios y a los hermanos, donde los que vieron incendiarse sus casas el 12 de enero de 1869, salvaron primero de las llamas las imágenes veneradas en la parroquia bayamesa, pues “ahí estaba su identidad”, en el amor al Creador y al suelo cubano, a la patria libre y “Dios respeta nuestra libertad”.

Entonces, si al tener ante sí el costoso proyecto de restauración, cobraba sentido preguntarse si valía la pena tal esfuerzo, su objetivo –glorificar a Dios en este sitio símbolo de hermandad, de cubanía, de religiosidad, de fe–, dio la respuesta positiva; la certeza de haber sido consagrados por Jesucristo como su Iglesia, la asamblea que ha de dar testimonio de fe pues no es la piedra muerta que constituye muros, columnas, torres, sino la piedra viva redimida en el Calvario, templo del Espíritu Santo, que ha de llevar su Palabra a todos los hombres.

LA PARROQUIAL MAYOR
Y LA CAPILLA DE LOS DOLORES

Las palabras de monseñor bien nos ayudan a introducir varios apuntes sobre estas construcciones patrimoniales de la nación, histórica y artísticamente. La accidentada y azarosa andadura de la parroquia de San Salvador de Bayamo comenzó por el año de 1516, alcanzando el título de Parroquial Mayor en 1613. En los años de 1551, 1624 y 1766 fue devastada por sendos terremotos, y, como recordó nuestro obispo en su homilía, en 1869, el pueblo de la “Ciudad Monumento” acudió a salvar sus imágenes de las llamas que la destruyeron, por última vez. De tal suerte que hoy, tras once años de restauración, podemos admirar nuevamente el gran panel de la Bendición de la Bandera, las piezas de Cosme Proenza al fondo del altar, las imágenes restauradas por Junior.

Los deseos del sacerdote Don Luis Piña y Provenza de utilizar su capital para la erección de la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, motivaron que el obispo Joan Laso de la Vega y Cansino bendijera la primera piedra de ésta el 24 de enero de 1733, aunque el proceso constructivo sólo comenzara, realmente, cinco años después, extendiéndose hasta 1740, cuando fue inaugurada el 24 de abril por Don Andrés Estrada y Silva.

Su fachada acusa gran sencillez, resaltando únicamente por los pináculos que la rematan y que fueron “...trabajados en sus cuatro caras triangulares con azulejos que representan pasajes bíblicos, traídos a Bayamo por el comercio de contrabando y producidos en la fábrica de Delf de Holanda...”.1 Si el exterior resulta extremadamente sobrio para la época de su construcción, su interior, si no en los muros laterales, en su coro, artesonado y retablo, sí deslumbra por los ricos ejemplos barrocos. Precisamente en los dos últimos elementos se concentran tanto la riqueza, como la polémica histórica. Su hermoso techo de alfarje de dos faldones y harneruelo, con sus tirantes pareados y ménsulas, dada su pureza estilística –según el eminente y extinto profesor Francisco Prat Puig– es “impropio” del momento en que fue realizado, advirtiendo la posibilidad real de que éste fuera una copia del antiguo techo de la actual Catedral, destruido por las llamas libertadoras.

Altar barroco de Nuestra Señora de los Dolores.
Altar barroco de Nuestra Señora de los Dolores.
Indudablemente, el retablo de Nuestra Señora de los Dolores es uno de los más bellos del país, y su historia, muy controvertida. La descripción de las pinturas anteriores al retablo, en el 2003, ha abierto un nuevo campo para la investigación al tratarse, posiblemente, de uno de los más antiguos ejemplares de pintura sobre muro de Cuba. El levantamiento fotográfico, realizado por el equipo italiano de la empresa GEOGRA, ha permitido apreciar cómo se trata de alegorías de la Pasión de Cristo, tema que es retomado por el retablo. Durante mucho tiempo ha estado gravitando, además, la duda sobre la autoría de éste último, atribuyéndosele por varios años a Manuel del Socorro Rodríguez –soberbio ejemplo de autosuperación y voluntad, que terminó su vida en tierras colombianas–. Se conoce también que la Cruz que ostenta el retablo en su parte posterior pudo haber llegado a Bayamo en fecha tan remota como el 1633, proveniente de Europa, México o Dominicana, a través de idénticas vías a las de los azulejos de Delf.

Sin embargo, al enfrentarnos al conjunto tallado, se pueden observar cosas, cuando menos, curiosas, como la parte helicoidal de los estípites, a los que Joaquín Weiss atribuye influencia mexicana o ecuatoriana, pero Diego Angulo Íñiguez (1901-1986) no registra la

evolución del estípite hacia lo torcido o helicoidal, y sí su deformación escultórica y su convivencia con la columna salomónica, por lo que pudiera tratarse de la influencia directa de algún ejemplar local de los países antedichos. Este rasgo debe estudiarse con más detenimiento, pues si resulta obvia la profusa decoración fitomorfa que inunda el retablo, no se trata de un ejemplo “ultrabarroco”, ni mucho menos, ni siquiera tan recargado como los de Guanabacoa y Santa María del Rosario.

En fin, que del trabajo mancomunado del Obispado de Bayamo-Manzanillo, el Centro Provincial de Patrimonio, la Universidad de Florencia, el Programa de Desarrollo Humano Local (PDHL), el PNUD, para la restauración de la Catedral del Santísimo Salvador de Bayamo-Manzanillo y la Capilla de Nuestra Señora de los Dolores, como parte del proyecto “Barranca de la Lizana–Plaza del Himno”, en el que también intervienen el Poder Popular Provincial y el Ministerio de Cultura, se han rescatado dos joyas del patrimonio cultural de la nación cubana, y se honra la casa de Dios, adonde su Iglesia va a alabarle, llevando en el corazón el intenso trabajo que en más de una década han realizado religiosos y laicos en esta diócesis, y orando porque “todos nuestros proyectos y empeños diocesanos, presentes y futuros, estén inspirados y fundamentados en la misión evangelizadora”2 encomendada por el Señor.

* Estudiante de 4º Año de Historia del Arte, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba.

Notas:
1 Raynor Amaury Rivera Licea: Concretan contenido de un hallazgo en la Capilla de la Dolorosa, en: Vértice, edición número 2 del 2003 (Octubre). 
2 Oración por el Décimo Aniversario de la Diócesis del Santísimo Salvador de Bayamo-Manzanillo.


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