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Oyentes de
LA PALABRA

LITURGIA PARA EL MES DE MAYO

por fray Jesús ESPEJA, OP


6 DE MAYO: DOMINGO V DE PASCUA
LA MARCA DEL DISCÍPULO: EL AMOR

La palabra de Dios: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en él”; “amaos unos a otros como yo os he amado” (evangelio); “esta es morada de Dios entre los hombres” (segunda lectura); “enviados con la gracia de Dios a la misión” (primera lectura).

1.En nuestro deseo de infinitud los seres humanos somos un enigma para nosotros mismos, y de modo más o menos explícito nos preguntamos por nuestra última verdad, lo que nos constituye y puede ser nuestra gloria. Según el evangelio, en la victoria sobre la muerte es glorificado el ser humano –eso quiere decir “Hijo del hombre”– y es glorificado Dios. Conocemos la verdad de Dios y la verdad del ser humano; “glorificar” significa hacer visible la verdadera realidad. Porque murió con amor, Jesús venció a la muerte, y así manifestó que la humanidad se realiza, logra su verdad, “es glorificada” cuando ama. Pero Jesús fue capaz de morir con amor, porque Dios-amor estaba en él; y en esa presencia de amor que suscita sentimientos y práctica de amor en la humanidad, “es glorificado”, se manifiesta la verdadera realidad de Dios.
La Ascensión: “Vosotros sois testigos de esto”

2. El Jesucristo Dios “ha puesto su morada entre los hombres”; ha plantado su tienda en nuestro campamento. Y la encarnación continúa en cada ser humano que ama de verdad a los otros. Esta humanidad, que se deja alcanzar y transformar por los sentimientos de amor y de justicia, es la verdadera morada de Dios en este mundo. La Iglesia es signo de esa humanidad donde Dios se hace presente y activo como amor y compromiso por una sociedad más humana y más justa.

3. Sintiéndose amados, perdonados y acompañados –eso quiere decir “con la gracia de Dios”– los primeros cristianos, se lanzaron al mundo como testigos de un amor que no admite discriminaciones y, como el padre bueno de la parábola, sale corriendo con los brazos abiertos para estrechar al hijo. Porque esta gracia de Dios no excluye a nadie, todos los hombres y todas las mujeres del mundo somos de algún modo enviados para ser testigos del amor que nos humaniza.

13 DE MAYO: DOMINGO VI DE PASCUA
“NO SE TURBE SU CORAZÓN NI SE ACOBARDEN”

La Palabra: “El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (evangelio); “la ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero” (segunda lectura); “no imponeros más cargas que las indispensable” (primera lectura).

1. Los discípulos entran en crisis al ver que Jesús es eliminado y se quedan solos ante el peligro. Pero Jesús les garantiza que sigue con ellos “si escuchan su palabra” y tratan de ponerla en práctica. Dios está más íntimo a nosotros mismos, y en el fondo de nuestra conciencia podemos escuchar su voz. Así nos lo indica el evangelio de Jesucristo. Si escuchamos esa buena noticia, y dejamos que esa presencia de Dios amor emerja en nuestra existencia, podemos experimentar como Jesús: “no estoy solo porque el Padre está conmigo” . Esta presencia es garantizada por Dios mismo, Espíritu que “recuerda todo lo dicho por Jesucristo”.

2. La comunidad cristiana que llamamos Iglesia es una sociedad organizada donde hay unas normas y distintas funciones. Pero ante todo y finalmente es la comunidad de mujeres y hombres convocados por el Espíritu, para “re-crear” en su propia historia la conducta de Jesucristo. Por eso lo fundamental en la Iglesia no son las leyes y la organización visible, sino el encuentro personal y comunitario de las personas con Jesucristo vivo. Este encuentro personal es decisivo para la verdad de la Iglesia. La lámpara que ilumina y hace brillar a la Iglesia es “la gloria de Dios”, la verdad de Dios como amor, que se manifestó plenamente en Jesucristo, “el Cordero”; el que fue capaz de vivir y morir con amor a favor de todos.

3. La Iglesia es misterio porque ahí, en condiciones ambiguas de la humanidad, se hace presente Dios amor revelado en Jesucristo. Cuando los primeros cristianos se plantearon la necesidad de anunciar el evangelio también a los paganos que ni conocían siquiera las prácticas religiosas de los judíos, gracias al Espíritu entendieron que las personas y su vida son antes que las normas y prácticas religiosas. Ese fue el criterio observado por Jesús de Nazaret. Una vez más, no hay verdadero cristianismo sin experiencia personal de la gracia. Sólo en ese clima tienen sentido las normas y cumplimientos.


20 DE MAYO: LA ASCENSIÓN
“VOSOTROS SOIS TESTIGOS DE ESTO”

La palabra de Dios: “El Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los hombres” (evangelio); ¿qué hacéis plantados mirando al cielo?” (primera lectura); “que el Dios de Nuestro Señor Jesucristo, ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama” (segunda lectura).

Pentecostés:Una sola familia humana.

1. El evangelio, la buena noticia de Jesucristo es inaudita: Dios mismo, encarnado en nuestra propia historia, y corriendo con nosotros nuestra misma aventura, revela y garantiza que viviendo y muriendo con amor, llegamos a la plenitud de la vida. Es el verdadero mesianismo de Jesucristo: la plena realización de la humanidad es obra de Dios que nos ama, y en nosotros, con nuestra entrega libre, sigue sembrando amor. La muerte de Jesús es epifanía de ese amor que no cede incluso ante los sufrimientos, y victoria del amor sobre los verdugos homicidas. “De esto” debemos ser testigos los cristianos.

2. Desde sus orígenes la evasión espiritualista es una tentación fuerte para la Iglesia. En el mundo continuamente brotan idolatrías o falsos absolutos del tener, poder y gozar inmediato, que nada quieren saber de solidaridad y preocupación por los otros. Así la sociedad se pervierte por el individualismo egoísta e, incapaz de amar, es portadora de muerte. Ante esta situación que se opone de frente a lo que Jesucristo expresó con el símbolo “reino de Dios”, los cristianos no deben quedar “plantados mirando al cielo”. Deben introducir las manos en la masa e infundir en sus venas el fermento del evangelio para que salga el pan caliente.

3. Sobre todo en el segundo período del postconcilio y ante la complejidad del mundo cada vez más confuso y marcado por la ley del más fuerte, nos ha invadido también a los cristianos un cierto desánimo; no miramos al futuro confiadamente. Pero el Resucitado está dentro de nosotros y sigue diciéndonos: “vosotros sois testigos de esto; tenéis la fuerza de lo alto”. Que Dios ilumine “los ojos de nuestro corazón” para que, animados por la confianza, no sólo podamos esperar sino también construir el futuro, esa nueva humanidad hacia la que todos nuestros anhelos apuntan.

27 DE MAYO: PENTECOSTÉS
UNA SOLA FAMILIA HUMANA.

La Palabra de Dios: “estaban todos reunidos en el mismo lugar” (primera lectura); “en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común” (segunda lectura); “como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (evangelio).
1. Hoy estamos todos los pueblos del mundo y todos sus habitantes como en una aldea donde todos nos enteramos de todo, gracias a los sofisticados medios de comunicación. Pero, si bien estamos inevitablemente vinculados unos a otros, nuestras desavenencias son terribles y generan continuamente conflictos que destruyen las verdaderas relaciones humanas de convivencia pacífica. En Pentecostés también “estaban todos reunidos en el mismo lugar”, había gentes de todas las naciones, cada uno con su propia lengua y cultura. Pero gracias al Espíritu, todos entendían a todos; se lograba la convivencia pacífica entre los distintos en la única familia humana. El Espíritu es como el aire que nos permite respirar y nos une a todos en la común atmósfera; es como el fuego que anima entre nosotros relaciones cálidas de amor y fraternidad.

2. Según el relato bíblico de los orígenes, el Creador infundió su espíritu en el barro y surgió el ser humano. Todos somos portadores del Espíritu; todos hemos recibido gratuitamente dones que debemos poner al servicio del bien común. Así lo dice Pablo refiriéndose a la comunidad cristiana de Corinto; esto vale para todas las comunidades cristianas, donde todos y todas somos responsables y corresponsables; pueblo de Dios animado por el único Espíritu. Y algo similar hay que decir para la sociedad; sólo en el supuesto de que toda persona humana tiene una palabra que decir y algo que aportar se puede caminar hacia una verdadera democracia.

3. “Como el Padre me envió así os envío yo”, se completa con otra frase de Jesús: “Como el Padre me amó, yo también os he amado”. Animado por el Espíritu y motivado por el amor, Jesús actuó como enviado de Dios-amor, Padre, para ser testigo del amor. Los cristianos hemos recibido este mismo Espíritu que nos permite invocar a Dios como “Padre”, y ser testigos de su amor en el mundo. La evangelización no es más que una vida inspirada en el amor y apasionada por la fraternidad. El ser cristiano es ya misión. Jesús no dice “vosotros podéis ser la sal del mundo”, sino “sois la sal del mundo”. Para iluminar la luz no necesita más que ser luz. El espíritu es “luz que penetra las almas” y las hace luminosas.


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