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por Anette JIMÉNEZ

Un espacio para todos

Un espacio para todos

Recordando una exposición de diseño sueco contemporáneo, presentada hace poco más de un año en el Museo Nacional de Bellas Artes y titulada Diseño para todos, me he preguntado una vez más quiénes son realmente los discapacitados. ¿Acaso es un grupo de personas especiales, distintas, reconocibles con facilidad entre las demás? ¿Es el conjunto reducido de ciudadanos que, por sus características, debe recibir un trato diferenciado y, quizás por esto mismo, debe someterse a las normas que regulan la vida de la mayoría? A propósito: ¿la mayoría son ellos o nosotros?

Según el criterio de aquellos artistas suecos (y en él basaban su proyecto artístico-utilitario), todos los seres humanos somos, en algún momento de nuestra existencia, discapacitados. Lo es un débil visual, un impedido físico o alguien que sufre un trastorno mental, pero lo es también un niño en un entorno construido sólo para adultos, un asmático o alérgico en un medio
hostil para su organismo, o un individuo en una comunidad lingüística que no conoce, y donde queda prácticamente anulada su posibilidad de comunicación. A la persona sordomuda tal vez le resulta difícil entender y contestar la pregunta imprevista de un desconocido. Sin embargo, este interlocutor supuestamente “aventajado” se encontrará en una situación desfavorable si es invitado a una fiesta o reunión de amigos donde todos emplean el lenguaje de señas.

Entonces, si la vida no es fija e inamovible, si cada uno de nosotros puede quedar, por causas propias o externas, inhabilitado o disminuido en alguna de sus facultades, y puede sufrir, en algún momento, las consecuencias de la interacción con circunstancias desventajosas o medios adversos, optemos por respetar el derecho ajeno, por derribar barreras arquitectónicas y mentales que subrayan diferencias donde priman semejanzas, y por comportarnos con los demás como desearíamos que lo hicieran con nosotros.

Diariamente construimos el mundo en que vivimos. Decidámonos ya (bastante hemos demorado) a crear en él un espacio para todos. De eso sí, con total seguridad, somos capaces.

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