Retornar al "Home Page" ...
 
 

Amando la sabiduría

Pitágoras.
por Narciso de la Iglesia RODRÍGUEZ: SDB

Sinceros
como los números


En los números está el secreto de todo. Lo dijo Pitágoras y basta que es toda una autoridad. Cuando se comienza a estudiar Filosofía es el segundo filósofo que se da, después de Tales, el de Mileto, para el que el agua era el principio y la explicación de todo. Pero para Pitágoras el secreto está en los números y dicen
que inventó la tabla de multiplicar. Por eso, llamar a un muchacho de la escuela “Pitagorín”, por ejemplo, significa que es un Nobel en Matemáticas y no saber el “teorema de Pitágoras” es pasar por un burro mayúsculo.

Pitágoras vivió allá entre los años 580-497 a.C. cuando Grecia se estaba haciendo la gran potencia intelectual y pensante de la Historia. Nació en Samos aunque siempre vivió en Trotona. Fundó una comunidad singular de carácter científico, religioso y político. Y miren qué atrevido, él fue el primero en dividir a sus discípulos y a la gente en general en dos grupos: intelectuales, que son los matemáticos que pueden conocer, y los acusmáticos, que por mucho que lo intenten no entenderán nunca nada.

Esa comunidad de la que era el jefe tenía unas normas de lo más extrañas, como por ejemplo no partir el pan con las manos o no comer ni frijoles ni huevos y tener siempre dobladas las alfombras. Dedicaban mucho tiempo a la Música y a la Astronomía y una de las cosas en las que creía y enseñaba nuestro gran Pitágoras era la inmortalidad y la trasmigración de las almas. Para él, el alma es inmortal y el hombre será feliz si induce el alma a que haga el bien. También decía que el saber mucho hace feliz y purifica el alma. Pues no me parece mal. Sin duda, por eso yo leo mucho e intento saber de todo.

Como les decía arriba, para Pitágoras todo estaba relacionado con los números y todo se podía explicar a través de ellos. Además, éstos tienen propiedades mágicas, curativas, anticipadoras, religiosas...

Miren ustedes, ¿saben por qué me gusta Pitágoras? Pues porque parece que nos está diciendo que hay que ser claros y nobles como los números. Dos y dos son cuatro y ya. Y si tienes cuatro… no digas que son cinco. Los números no engañan. Lo que son… son. Así de sencillo. Y eso es lo bueno. Como lo que decía Jesús cuando nos enseñaba a ser auténticos: “Que tu palabra sea sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que pasa de ahí, viene del maligno” (Mt 5, 37).

Los pitagóricos y su maestro tenían muy claro que los números procedían de dos elementos, lo par y lo impar. Luego todo podía explicarse en base a una serie de oposiciones entre dos términos (par-impar, limitado-ilimitado, bueno-malo, luz-oscuridad, etcétera). O se es una cosa u otra y que no vale eso de “sí…pero no”. Vamos, que con Pitágoras lo de aparentar aquello que no se es te lo puedes guardar en el baúl de los recuerdos.

Como está escrito arriba en letras más grandes, sinceros como los números, francos, naturales. Sin careta, sin trastienda, sin doble cara, como los números que no aparentan lo que no son. Están ahí y lo dicen todo sólo con mirarlos.

Cuántas veces nos lo dijo Jesús, que posiblemente no entendía mucho de números cuando se trataba de hacer el bien a los demás (le dieron un día cinco panes y dos pescados… y en sus manos se convirtieron en miles para alimentar a una multitud hambrienta): cuidado con la hipocresía, con la falsedad, que no se cogen uvas de los espinos o higos de las zarzas, que no puede un árbol bueno dar frutos malos, ni un árbol malo dar frutos buenos (Mt 7, 17-18).

Y es que estamos bastante escasos de sinceridad. ¡Si lo bonito es ver las cosas y las personas como son y que nos vean a nosotros como lo que somos! Vemos un 2 y decimos “¡dos!”, un 100 y gritamos “¡cien!”. Y nos quedamos tan a gusto. Y todos vemos lo mismo: 2, 100,… y nos entendemos. Los números no engañan, no señor. “Al pan, pan y al vino, vino”. Sin adulteraciones del producto que somos para los demás.

Me gusta Pitágoras con eso de los números y su teorema del triángulo tan bien planteado y resuelto (repáselo de paso, si lo ha olvidado). Y aunque fue un místico algo rarillo, le felicito. No sabemos mucho de él pero yo, que trato de ser sencillo como una paloma como me aconseja el Maestro de Nazaret, saco esta conclusión de la filosofía de nuestro amigo Pitágoras: seamos sinceros como los números. Nos sentiremos mejor con nosotros mismos, que de eso se trata, y no engañemos a nadie, que es una torpeza.

Regresar al Home
Sumario Breves Opinión Religión Sociedad Segmento Internacional Glosas Cubanas