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APOSTILLAS

por Monseñor Carlos M. de Céspedes GARCÍA-MENOCAL
Consideraciones sobre el secularismo
en la cultura contemporánea
La Iglesia Católica en Cuba está presente en nuestra realidad con un estilo mejor articulado que en tiempos anteriores.
La Iglesia Católica en Cuba está presente en nuestra realidad con un estilo mejor articulado que en tiempos anteriores.


IINTRODUCCIÓN

La situación religiosa del ámbito correspondiente (parroquial, diocesano, nacional), es parte del cimiento de cualquier plan pastoral coherente, del que se espera sea efectivo en relación con dicho ámbito. Lo religioso es siempre una realidad abarcadora y compleja. Además, es muy posible que no todos los analistas estén de acuerdo en una ordenación establecida a partir de las que se consideren prioridades y, mucho menos, en el cómo abordar los objetivos: desde qué ángulos, dirigidos a qué porción de los hombres y mujeres de Iglesia, con cuáles medios, etcétera. Pueden concordar los analistas pastorales en que los problemas son tales. Este primer paso del diagnóstico pastoral es relativamente fácil. En los pasos siguientes –prioridades, articulación, medios, etcétera– lograr un acuerdo total es más difícil. Ahora bien, en relación con la dimensión evangelizadora y pastoral de la Iglesia no debería haber paralizaciones debidas a tales desacuerdos. De tal modo es esencial esta dimensión que interrumpir toda acción en esa línea, esperando unanimidades inalcanzables, acarrearía deterioros muy difíciles de recomponer. Afortunadamente, en todos los niveles de la realidad eclesial –parroquial, diocesano y universal (a los que podríamos añadir el conveniente nivel nacional desde que existen las conferencias episcopales)– existen autoridades responsables de tomar prudentemente decisiones en aras de la irrenunciable unidad eclesial. Evidentemente, la toma de decisiones por parte de la autoridad no es hija de arrogancias ni, mucho menos, de caprichos irracionales. Supone siempre conocimiento de la realidad, prudencia, diálogo, comprensión y aprecio tanto de la unidad, como de las diferencias de situación y de personas, etcétera.

La Iglesia Católica en Cuba, de manera especial después del Concilio Ecuménico Vaticano II y de la renovación eclesiológica que trajo consigo, no ha cesado de hacerse presente en nuestra realidad con un estilo, en principio, mejor articulado que en tiempos anteriores, a pesar de la pobreza de medios materiales y de personal cualificado –problemas históricos– y las dificultades situacionales debidas a los cambios sociales radicales, hijos de nuestro proceso revolucionario en curso. Estos cambios radicales inciden, aportando matices peculiares, en un fenómeno que no es exclusivamente cubano. Es mucho más amplio, por no decir que con mayor o menor intensidad toca de algún modo al universo mundo. Me refiero al secularismo contemporáneo, con su arrastre –en su costado negativo– de relativismo, indiferentismo, agnosticismo, ateísmo, etcétera, y en el costado positivo con un mayor aprecio de algunos valores fundamentales que atañen al crecimiento de la persona como tal: responsabilidad en la libertad y la justicia, autonomía de “lo secular” (científico, político, cultural, etcétera). Esta variedad de ingredientes se integran, no siempre de forma articulada, en la realidad cultural contemporánea que algunos analistas califican como “postmodernista”. Otros prefieren llamarla, sencillamente, cultura secular contemporánea, secularismo, sin definir, como parece hacerlo el término “postmodernidad”, si ha ocurrido ya un cambio de era; si el modernismo racional ha tocado ya a su fin y hemos pasado a otra era que sería, en ese caso, el “postmodernismo”.

Desde hace años, en Roma, el Pontificio Consejo para la Cultura tiene ante sus ojos, en lugar prioritario, la consideración de este fenómeno cultural con profundas repercusiones en el ámbito de la religiosidad y de la pastoral de la cultura. De hecho desde hace meses se está preparando la próxima Asamblea Plenaria del Consejo y de nuevo su temática apunta a la secularización, puesto que el fenómeno, lejos de atenuarse, se incrementa y hay signos de que penetra la vida de la Iglesia.

Justificando la elección del tema, el documento convocatorio afirma lo siguiente: “Por lo que respecta al fenómeno de las culturas secularizadas, se añade el hecho inquietante de que el secularismo, además de dominar con su presencia la sociedad y permear el mundo de la cultura, especialmente los medios de comunicación masivos, se manifiesta también en la vida de la Iglesia, convulsionando así, desde dentro y en profundidad, la visión cristiana y más concretamente aún los estilos de vida y los comportamientos de los creyentes… El fenómeno, por ello, debe ser considerado y afrontado en ambos frentes, ad intra y ad extra, comenzando por una reflexión sobre la vida propia de la Iglesia”.

Como es costumbre, en la convocatoria el Consejo envía a miembros y consultores las razones de la elección del tema y las preguntas que deben orientar las respuestas que, luego, servirán para elaborar el documento de trabajo que se considerará en la Plenaria. Ya envié mis respuestas dentro del plazo fijado, pero dada la importancia que concedo al tema, debida a su globalidad, y teniendo en cuenta que en nuestra arquidiócesis estamos en tiempos de reflexión pastoral acerca de la “espiritualidad”, énfasis del Plan Pastoral que ahora nos ocupa, he querido poner en consideración de los lectores mis respuestas. Agradecería entonces cualquier comentario o crítica a las mismas.

PREÁMBULO A MIS RESPUETAS

Cualquier intento de comprensión de la cultura cubana supone tener en cuenta: 1) La naturaleza de la evangelización dentro del régimen colonial articulado, en relación con la Iglesia, por las leyes del “Patronato Regio”. Este régimen se prolongó en Cuba hasta 1898, o sea, casi un siglo más que en el resto de América Latina. 2) La naturaleza del liberalismo español del siglo xix, que Cuba vivió como parte de España (territorio de ultramar). 3) El fenómeno de la esclavitud; la población de origen africano, muy débilmente evangelizada, presente en Cuba desde el siglo xvi, llegó a ser en el siglo xix más numerosa que la población de origen español. No resulta difícil imaginar las consecuencias culturales y religiosas que tal fenómeno ha acarreado en los orígenes y desarrollos ulteriores de la identidad cultural cubana. 4) La peculiar naturaleza de un cierto liberalismo católico, cuya fuente de irradiación fue, en el primer tercio del siglo xix, el Real y Pontificio Colegio Seminario “San Carlos y San Ambrosio”, cuyo “padre” fue el Siervo de Dios Félix Varela y Morales y cuyos discípulos y amigos “inventaron” y fundaron Cuba. Una de las notas de este “catolicismo liberal” a la cubana fue la eticidad y, muy particularmente, la eticidad en el campo socio-económico. 5) El hecho de que la ola de secularismo del siglo xx, en Cuba, en la última etapa de ese siglo, fuese inducida por las autoridades civiles, explícitamente socialistas desde 1961 y marxista-leninistas desde 1965. Los “colores” de ese socialismo marxista-leninista han sido matizados en los últimos 20 años, fenómeno debido, en gran medida aunque no únicamente, al desplome de los regímenes socialistas europeos. Con este preámbulo ante los ojos, me dispongo a responder a las preguntas de la consulta.

Primera pregunta: ¿Cómo se manifiesta el secularismo en la vida de la Iglesia?

En la vida del clero, de lo religioso y de los fieles, no se manifiestan, hasta el momento, rasgos acusados de secularismo. Siendo muy escaso el número de católicos practicantes y satisfactoriamente formados, las celebraciones aunque dignas, no son muy concurridas en cifras relativas. La mayor parte de los asistentes son católicos de los últimos 20 años: tienen muy buena voluntad, pero entre ellos encontramos fenómenos sumamente ambiguos de “sincretismos”, de los que no están ausentes ni la herencia africana, ni un cierto gnosticismo y un evidente arrianismo de nuevo cuño. La Iglesia no tiene acceso a la educación; lo que se hace en este ámbito es lo que podemos sólo por medio de nuestras actividades parroquiales relacionadas con la formación de niños, de jóvenes, catecumenado de adultos, etcétera. Aunque oficialmente se promueve la familia, de hecho tanto la escuela oficial, como la universidad y los medios de comunicación social son excesivamente tolerantes en materia de relaciones sexuales, aborto, divorcio, etc. Los agentes evangeli-zadores, en este campo, en términos generales, tratan de sostener las actitudes tradicionales de la Iglesia, pero sus orientaciones poco peso tienen en una sociedad oficialmente tan concesiva. Después de muchos años sin acceso alguno a las actividades caritativas de grupo, hoy la Iglesia despliega programas caritativos y de promoción social bastante amplios, cuyas mayores limitaciones dependen hoy de la escasez de recursos económicos. Aunque la Iglesia no tiene acceso a los medios de comunicación, todas las diócesis tienen algunas publicaciones de circulación limitada y de calidad muy diversa, con las que trata de ampliar el círculo de sus auditores. Por ejemplo, una de las revistas mensuales de la arquidiócesis de La Habana, Palabra Nueva, tiene una tirada de 12 mil ejemplares que, en principio, sólo circulan en la arquidiócesis. Según nuestros cálculos, cada ejemplar es leído por diez personas, lo que hace un total de aproximadamente 100 mil adultos, número bastante más elevado que el de los asistentes regulares a la Misa dominical. En mi parroquia asisten regularmente 500 personas los domingos y se venden 200 revistas; los lectores son, pues, aproximadamente 2 mil. Es decir cuatro veces más de los practicantes dominicales. Otro medio de ampliación de los auditores de la voz de la Iglesia son los Centros culturales, realidad relativamente nueva y en período de ampliación.

Surge entonces una segunda pregunta: ¿Qué se está haciendo ya? ¿Qué se puede y debe realizar en cada ámbito eclesial para hacer más sólida y consciente la fe de los creyentes, viviendo concretamente la urgencia de la conversión que brota del encuentro con el único Salvador y transforma desde dentro las culturas marcadas por el secularismo?


Una buena parte de la respuesta a esta segunda pregunta está incluida en la respuesta a la primera. Por el momento, no se ven muchas posibilidades más de trabajo formativo y de acción social y caritativa, sea debido a la escasez de recursos económicos, sea debido a la escasez de agentes de pastoral bien formados. Lograr una fe más sólida y consciente en creyentes marcados por la situación sociopolítica y cultural de nuestro país, con una Iglesia todavía muy limitada “legalmente” en su acción evangelizadora y carente de medios y de personal adecuado, resulta tarea sumamente ardua y requiere una gran creatividad.
Lograr una fe más sólida y consciente en creyentes marcados por la situación sociopolítica y cultural de nuestro país,...
Una tercera cuestión toca la misión de la Iglesia con aquellos no creyentes, indiferentes o simplemente curiosos del mundo religioso que viven plenamente sumergidos en una cultura secularizada, pero con el deseo mas o menos explícito de redescubrir una dimensión humana y espiritual más auténtica y profunda.

En relación con los “no-creyentes militantes” (pocos) y los indiferentes y solamente curiosos (muchos), los caminos de las referencias culturales (entre ellas, las formas de religiosidad popular, la católica y la más o menos sincrética) y la “via pulchritudinis” son, por el momento los mejores puentes. ¡Y no dejamos de cultivarlos!

La Habana, 10 de abril de 2007.

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