| 1. Con frecuencia nos imaginamos a Dios como el soberano y todopoderoso que está detrás de las nubes. Sus representantes en este mundo son también los grandes y poderosos; los que mandan, tienen, saben y pueden. Pero la simbólica trinitaria que, siguiendo lo que nos dio a entender Jesús de Nazaret, confesamos los cristianos, trae una gozosa novedad. Hemos percibido que Dios es comunidad de amor entre personas distintas. Sólo es auténticamente representado por quienes viven y actúan solidariamente, tratando de crear comunidad de amor. Un mensaje luminoso para este mundo, en que todos nos vemos interrelacionados, y el individualismo ahoga nuestro anhelo de auténticas relaciones humanas.
2. La emergencia de la subjetividad en la época moderna degeneró con frecuencia en el subjetivismo. La centralidad exagerada del “yo” nos ha llevado a pensar que hombres y mujeres tenemos mayor personalidad cuanto más poder tenemos y más dominio ejercemos. La lógica del poder y la ley del más fuerte desencadenan intolerables dictaduras en el seno de la familia, en las sociedades nacionales y en la relación entre los pueblos. Sin embargo, y para interpretar la experiencia o fe cristiana de Dios, san Agustín acuñó una nueva visión personal que se constituye y se realiza no dominando sino abriéndose al otro, y relacionándose con amor para afirmarlo en su propia identidad.
3. Dios amor –eso quiere decir comunidad de personas– actúa como Espíritu en el corazón de todos los seres humanos. Es la Sabiduría que “goza con los hijos de los hombres”. Alguien que se autocomunica gratuitamente dándonos vida y aliento, afirmando y promoviendo todo lo bueno y noble que hay en nosotros. Cuando escuchamos esa voz en el sagrario de nuestra conciencia, nos dejamos seducir por ella, y tratamos de ser testigos de ese amor afirmando y promoviendo a los otros, estamos practicando la fe o experiencia de los cristianos sobre la Trinidad de personas. Estamos caminando hacia la verdad completa de Dios y de nosotros mismos.
10 DE JUNIO: FIESTA DEL “CORPUS CHRISTI”
CRISTO-PAN MULTIPLICADO PARA TODOS
La palabra de Dios: Cuando Abrahán iba de camino hacia la tierra prometida, Melquisedec, sacerdote del Altísimo, “le ofreció pan y vino” (primera lectura); en la comida de despedida con sus discípulos, Jesús comparte pan y vino, diciendo: “esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros” (segunda lectura); ante una multitud que tiene hambre, Jesús pide a sus seguidores: “dadles vosotros de comer” (Evangelio).
1. La fiesta del “Corpus” fue establecida para toda la Iglesia occidental en 1264, para celebrar la presencia real de Jesucristo en la eucaristía. Una presencia que viene a ser culminación de toda la historia bíblica: Dios en medio de su pueblo. Esta presencia culminó en la encarnación; Jesucristo es Enmanuel, Dios con nosotros y a favor nuestro. Se trata de una cercanía benevolente y entrañable, que nos da el aire para respirar que alienta vida, y nos acompaña desde dentro como alimento y fuerza en los desiertos de nuestra existencia. Cada ser humano está representado en Abrahán caminante hacia la tierra prometida, que pasa sed y hambre, pero que también recibe ayuda de Dios a través de los otros que salen a su camino.
2. Jesús de Nazaret pasó por el mundo haciendo el bien, curando a los enfermos y combatiendo las fuerzas del mal. Cuando las amenazas de muerte injusta cayeron sobre él y ya no había porvenir, tuvo aquel gesto inaudito, entregando la propia persona y la propia vida: “esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros”. En ese gesto se reveló cómo es Dios, y cuál es la vocación del ser humano. Dios es alguien que se autocomunica por amor, que no sabe más que amar. Y el ser humano se realiza, saliendo de su propia tierra y proyectándose hacia los otros con amor. Para caminar en esa dirección Cristo Resucitado se nos da como alimento en la comida fraterna de la eucaristía.
3. Hay en nuestro mundo multitudes inmensas que tienen hambre. Unos porque no tienen pan para comer, y otros porque pretenden saciar sus apetencias infinitas de vida únicamente con pan. Al mirar a estas multitudes con los ojos del corazón, los sentimientos de compasión y dolor brotan espontáneamente: ¿cómo ayudar a estas multitudes hambrientas, cuando uno apenas tiene lo necesario para sobrevivir? Según el evangelio el milagro para que todos puedan comer y saciar el hambre tiene lugar en la medida en que los seres humanos ponemos a disposición de los demás y compartimos cuanto somos y tenemos.
17 DE JUNIO: DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO
LA FE QUE NOS HACE JUSTOS
La Palabra de Dios: “¿Por qué desprecias la palabra del Señor, haciendo lo que a él le parece mal?”(primera lectura); “justificados por la fe en Cristo, y no por el cumplimiento de la ley” (segunda lectura); “tu fe te ha salvado, vete en paz” (Evangelio).
1. Cegados por el egoísmo, fácilmente vemos el pecado de los otros, pero nos cuesta descubrir la viga en nuestros propios ojos. El caso de David es bien elocuente. Abusa de su condición de rey para poseer a una mujer casada, comete adulterio y homicidio, y en un primer momento es incapaz de ver su fechoría. Pero cuando cae en la cuenta de lo que ha hecho, se acoge a la misericordia de Dios, y es perdonado. Santo no es el que nunca cae sino el que siempre se levanta. El que tiene confianza y reconoce de nuevo a Dios como único Centro.
2. La fe no es sólo aceptación de verdades que nos dictan por autoridad; eso se llama creencias. La fe es un encuentro personal con Alguien que nos inspira confianza y suscita en nuestra existencia una conducta conforme a sus inspiraciones. San Pablo es buen ejemplo de creyente cristiano. Durante mucho tiempo profesó y practicó el farisaísmo judío; la pretensión de santificarse solamente por el cumplimiento exacto de normas y con la práctica de ritos. Pero un día descubrió que sólo la fe o encuentro personal con el revelado en Jesucristo nos salva, y cambió totalmente su conducta: “vivo de la fe en el Hijo de Dios”. En Jesucristo Dios se ha revelado como amor gratuito a favor nuestro.
3. En este sentido es bien significativo el relato del Evangelio. El fariseo que invitó a Jesús, era escrupuloso cumplidor de todas las prácticas rituales, ayunaba como estaba mandado, hacía la oración y las purificaciones prescritas. Pero no tenía fe, no confiaba ni ponía en Dios su centro; estaba obsesionado únicamente por su propia seguridad y vivía concentrado egoístamente; no era capaz de mirar con ojos limpios a una pobre mujer pecadora. Jesús viene a decirle: vale más la gratitud y el amor de esta mujer que todos tus cumplimientos legales. “Tu fe te ha salvado”. Tu confianza, mirarte desde Dios misericordioso como único Centro, y dejarte acoger por ese amor gratuito que te envuelve, viene a ser para ti el camino de salvación.
24 DE JUNIO: DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO
“TODOS SOMOS HIJOS DE DIOS”
La palabra de Dios: “Derramaré un espíritu de gracia y de clemencia” (primera lectura); “en Jesucristo somos herederos de la promesa” (segunda lectura); el Evangelio garantiza que “perder la vida” con amor es “ganarla”.
1. Cuando no experimentamos el amor de nadie, fácilmente llegamos a perder la propia estima, viendo que nuestra vida no merece la pena. Al sentirnos amados, crece la confianza en nosotros mismos y encontramos razones para seguir viviendo. La palabra de Dios en este domingo nos recuerda que un amor gratuito nos precede y acompaña siempre; nos acepta y valora tal como somos. El “espíritu de gracia y de clemencia” que animó al pueblo donde se escribió la Biblia y evoca el profeta Zacarías, hoy sigue animando a toda la humanidad.
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