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por lázaro j. álvarez |
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Desplazados en Darfur, hambre en Zimbabwe,
sangre en el Congo.
Guerras e intereses siguen matizando
de tristes colores el panorama africano. |
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En su mensaje de Pascua, el pasado 8 de abril, el Papa Benedicto XVI indujo a la audiencia en la Plaza de San Pedro y a la humanidad toda que celebraba la Resurrección de Jesús, a mirar hacia una tierra generalmente olvidada por la prensa mundial, y más grave aún, por los que toman las decisiones en este planeta.
De África, otrora cantera de esclavos y hoy, como durante siglos, mina de riquezas que generalmente se llevan otros, habló el Santo Padre: “Miro con aprensión –expresó– las condiciones en que se encuentran tantas regiones de África: en el Darfur y en los países cercanos se da una situación humanitaria catastrófica y por desgracia infravalorada; en Kinshasa, en la República Democrática del Congo, los choques y los saqueos de las pasadas semanas hacen temer por el futuro del proceso democrático congoleño y por la reconstrucción del país”.
“En Somalia –añadió– la reanudación de los combates aleja la perspectiva de la paz y agrava la crisis regional, especialmente por lo que concierne a los desplazamientos de la población y al tráfico de armas. Una grave crisis atenaza a Zimbabwe, para la cual los obispos del país, en un reciente documento, han indicado como única vía de superación la oración y el compromiso compartido por el bien común”.
Conflictos, saqueos, crisis humanitarias. Tales son, lamentablemente, los motivos más repetidos cuando se habla del empobrecido continente. La influencia foránea, los intereses de las transnacionales, o en otros casos, los malos procedimientos de las autoridades nacionales, marcan aún más la situación de África como el último vagón del desarrollo internacional.
LA GUADAÑA EN DARFUR
Sudán es una nación extensísima, la décima más grande del planeta. Y quizás así de proporcional sea el sufrimiento de su gente, asolada por la guerra y por la atroz miseria (el país ocupa el puesto 141 en el índice de desarrollo humano de la ONU).
En Darfur, el extremo oeste sudanés, desde 2003 se suceden enfrentamientos entre el rebelde Ejército de Liberación de Sudán, que defiende a las poblaciones negras y cristianas, y las milicias árabes Janjaweed, que en cierta medida son toleradas por el gobierno y que buscan desplazar a los primeros de las áreas de mayor interés económico.
Según testimonios recogidos por la cadena británica BBC, miembros de esos grupos, montados en caballos y camellos, llegan a las aldeas para matar hombres, violar mujeres y robar todo lo que encuentran a su paso. Entre las féminas, incluso, ha abundado el caso de que se les secuestra y se les mantiene como esclavas sexuales. Mujeres de entre ocho y ochenta años de edad, según Amnistía Internacional, han sido violadas y torturadas por los Janjaweed, en un brutal desenfreno de crueldad.
Hasta el momento, según cifras de la ONU, unas 200 mil personas han muerto y dos millones han huido de sus aldeas hacia campamentos en centros urbanos o hacia el vecino Chad, donde no hay suficientes alimentos, agua o medicinas. Muchísimos niños han perecido por desnutrición, ante las dificultades que genera la guerra para la distribución de alimentos.
Este mes, sin embargo, una esperanza brotó sobre los hostigados seres humanos que habitan en Darfur. El día 16, el gobierno de Jartum aceptó el envío de helicópteros de combate y 3 000 soldados de la ONU para sumarlos a una fuerza de paz de la Unión Africana que se desplegará en esa convulsa región.
El paquete prevé que el equipo ONU-UA cuente con 20 mil efectivos para garantizar la seguridad en la conflictiva zona, algo a lo que Jartum se había opuesto, por considerar que el cuerpo de paz africano se bastaba para cumplir la tarea. Según expertos, China, que importa las dos terceras partes del petróleo sudanés, tuvo un papel decisivo para lograr que el gobierno sudanés diera su asentimiento.
Falta ahora probar la efectividad de esa fuerza conjunta, y que no suceda con ella lo que en Kosovo, Ruanda y otros sitios: las guadañas segando vidas, y los cascos azules cruzados de brazos.
EL REY CAPRICHOSO
Algo más al este de Sudán, aparece otra tierra herida de indiferencia: el Sahara Occidental. Desde 1976, cuando la metrópoli española se retiró de la región, y entregó ilegalmente el dominio de ésta a Marruecos y Mauritania, la población saharauí ha exigido, por medio de las armas y del diálogo, la devolución del territorio que le pertenece, tan rico en recursos naturales como los fosfatos y los bancos pesqueros, pero de cuyo disfrute está privada.
Hace ya mucho tiempo que las autoridades mauritanas renunciaron a sus pretendidos “derechos” sobre el Sahara Occidental, pero la monarquía marroquí permanece anclada en su posición de no permitir un referendo de autodeterminación, pese a que se ha dedicado todos estos años a “sembrar” colonos marroquíes para alterar la composición demográfica y ganar una eventual consulta.
Los rebeldes saharauíes, articulados en el Frente POLISARIO, han observado una tregua desde principios de la década de 1990, para dar prioridad a un plan del ex secretario de Estado norteamericano, James Baker. Éste, como enviado del secretario general de la ONU propuso un plan, internacionalmente aceptado, para efectuar el mencionado referendo de autodeterminación.
Pero el anterior rey marroquí, Hassán II, le dio largas al asunto, mientras aumentaban las desapariciones forzadas y las torturas en la Cárcel Negra, un tenebroso recinto en El Aaiun, la capital saharauí ocupada.
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Su sucesor, Mohammed VI, tampoco tiene intenciones de querer llevar a la práctica la iniciativa de Baker. Por el contrario, el pasado 11 de abril, presentó ante el Consejo de Seguridad un plan para “resolver” el contencioso, que parte de la premisa de que Rabat concederá “sustancial autonomía a sus provincias del sur”, en referencia al Sahara Occidental, una posición que contradice absurdamente la postura internacional, que nunca ha reconocido a Marruecos el carácter de “potencia administradora”.
Por su parte, el Frente POLISARIO, que gobierna en zonas liberadas, presentó también su propuesta de solución, que implicaría buenas relaciones con Marruecos, pero desde una posición de independencia. |
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Para Ban Ki Moon, el nuevo secretario general de la ONU, que tiene ambos textos en la mano, la salida es una. Al hablar ante la prensa el 14 de abril, expresó su intención de proponer la prolongación del mandato de la Misión de Naciones Unidas para el Sahara Occidental (MINURSO), y celebró el esfuerzo realizado por las dos partes “que puede hacer avanzar la posibilidad de alcanzar una solución aceptable que proporcione autodeterminación al pueblo del Sahara Occidental”.
Autodeterminación, sí, con todas sus letras. Un buen cubo de agua fría para Rabat, aunque no hay que guardar muchas alegrías, pues los dichos de Ban probablemente no le importen más que un pepino. Así ha sido hasta hoy, ¿no?
HAMBRE EN LA “CANASTA DE PAN”
Otro país que suscita preocupaciones es Zimbabwe. La aguda crisis económica que lo golpea, visible en el empobrecimiento galopante de su población, se une a las manifestaciones de opositores políticos al presidente, Robert Mugabe, para cuyo reciente cumpleaños, simpatizantes gubernamentales acopiaron 1,2 millones de dólares.
La cifra no dice mucho en este mundo de descomunales gastos inútiles, pero sí en Zimbabwe, donde el Programa Mundial de Alimentos hace malabares para alimentar a 1,9 millones de personas, y donde según Afrol News, 3 500 personas mueren semanalmente por los efectos de un terrible coctel: la pobreza, la desnutrición y el SIDA.
El mencionado país, que décadas atrás fue visto como modelo por quienes en la vecina Sudáfrica luchaban contra el ignominioso apartheid, se ha sumido en una depresión económica apabullante, toda vez que la masiva confiscación de las haciendas de propietarios blancos, fuertemente vinculados a la ex metrópoli británica, se ha conducido sin una proyección de reforma agraria efectiva.
A la usanza de los antiguos dueños, que las empleaban como cotos de caza, no muchos de los que han pasado a ocupar las tierras las han hecho productivas, pues carecen de la práctica, el crédito económico y la tecnología necesarios para ello, por lo que el hambre cunde en la que una vez fue llamada “la canasta de pan” de la región. “Una catástrofe”, ha sido la frase empleada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Sudáfrica, para definir la situación en el vecino país.
Precisamente, a fines de marzo, el presidente sudafricano, Thabo Mbeki, fue escogido por la Comunidad para el Desarrollo de África Austral (SADC), para mediar en la crisis política en Zimbabwe. Los jefes de Estado de ese bloque decidieron plantearle a su colega Mugabe la necesidad de un diálogo con la oposición para detener el círculo vicioso de violencia, con la que ya se han saldado varias protestas. Asimismo, el partido gubernamental ZANU-PF y el opositor Movimiento para el Cambio Democrático (MDC) fueron instados a cooperar con el mandatario sudafricano.
De igual modo, los líderes del SADC dejaron claro que preferirían que Estados Unidos y la Unión Europea levanten sus sanciones contra Zimbabwe, al denunciar que éstas sólo empeoran el conflicto y la crisis económica en el país africano, del cual está saliendo una verdadera hemorragia de inmigrantes rumbo a las naciones cercanas, particularmente Sudáfrica, esforzada al máximo en contener las oleadas migratorias que, definidamente, restan las posibilidades de empleo en el país.
No obstante, hasta el momento, no hay noticias de alivio acerca de la resolución de la crisis política interna, ni ha aminorado el deterioro económico, ni la inflación del 1 700 por ciento, ni las sanciones de la UE y Estados Unidos se han retirado. Y el pueblo espera por mejores horizontes. EL COLTÁN MANDA Un mineral, entretanto, dicta el destino de una de las naciones más afligidas por la guerra y la miseria. Es la República Democrática del Congo, antiguo Zaire. Y el mineral de marras es el coltán, clave para la confección de artículos electrónicos, o su empleo en las centrales atómicas y espaciales, los misiles balísticos, la fibra óptica y las baterías de los teléfonos celulares.
Según el investigador Ramiro de Altube, en las provincias orientales de ese país, se halla el 80 por ciento de las reservas mundiales de coltán. “Allí han puesto sus ojos, sobre todo en los últimos diez años, las grandes multinacionales: Nokia, Ericsonn, Siemens, Sony, Bayer, Intel, Hitachi, IBM y muchas otras. Se han formado en la zona toda una serie de empresas (muchas de ellas ‘fantasmas’) asociadas entre los grandes capitales transnacionales, los gobiernos locales y las fuerzas militares (estatales o ‘guerrilleras’) para la extracción del mineral”.
Desde que en 1997 fue derrocado el dictador Mobutu Sese Seko, un aliado de las transnacionales francesas, se dispusieron concesiones mineras para empresas norteamericanas y canadienses, en perjuicio de las galas. Así, hasta hoy se han mantenido los enfrentamientos entre grupos “rebeldes”, azuzados por unos y otros, en busca de la mejor cuña del pastel.
El mencionado investigador ejemplifica con la Sociedad Minera de los Grandes Lagos (SOMIGL), integrada por tres sociedades: la Africom (belga), la Promeco (ruandesa) y la Cogecom (sudafricana). El ejército ruandés, ligado a la SOMIGL, se encarga de comercializar el coltán monopólicamente, toda vez que son sus camiones y helicópteros los que trasladan esas cargas, mientras que compañías aéreas privadas, como la belga SABENA, vinculada a American Airlines, ingresan armas y se llevan minerales, rumbo a Estados Unidos, Alemania, Bélgica y Kazajstán.
Las grandes empresas, por tanto, financian a las distintas guerrillas o fuerzas militares que, incentivadas por cuestiones étnicas (que aquí no son el problema principal, pese a lo que se quiere hacer creer) contienden entre sí por el control de las minas. De 2,5 a tres millones de personas ha sido el precio en vidas humanas que se ha cobrado esta puja por recursos naturales.
El pasado 13 de abril, el Consejo de Seguridad decidió extender por un mes la misión de la ONU en ese país, hasta el 15 de mayo, mediante una resolución que reafirmaba el apoyo a la “soberanía, integridad territorial e independencia política” de la República Democrática del Congo.
La prórroga responde a la necesidad de dar tiempo a las recomendaciones del secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, sobre ajustes para reconfigurar y redefinir las funciones del operativo de paz. El texto apunta además que la situación en el país africano sigue constituyendo una amenaza para la paz y la seguridad mundial.
Sólo que está por ver si, aparte de los consejos que salgan desde Nueva York , existe la voluntad de los políticos, los militares, los empresarios y todo el que está detrás de tan insólito holocausto en pos de buenas baterías para los celulares, de dejar de atizar rivalidades.
Son medicinas y alimentos, educación y tecnologías, y no modernos rifles ni lanzagranadas, lo que los pueblos africanos necesitan que vengan en los buques y aviones de sus ex metrópolis. Pero esos embarques, como se ve, demoran… |
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