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Los cuentos de
Hipermestra
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por María del Carmen Muzio |
Continuando con los ecos de la Feria del Libro, en su última edición, se presentó el libro de cuentos Ámbito de Hipermestra de Mercedes Melo Pereira, premio “Luis Felipe Rodríguez”
(UNEAC) del 2005. |
La autora es nacida en La Habana en 1956 y filóloga de profesión. Este es su primer libro, aunque ha participado en diferentes antologías y obtenido otros premios, como el de cuento de La Gaceta de Cuba, en el 2002, con uno de los textos incluidos en este título.
Si en la década de los setenta no tuvimos muchas narradoras, a partir de los noventa ha habido un “brote” de mujeres dedicadas al oficio literario. Nombres como los de Marilyn Bobes (premio Casa de las Américas con su novela Fiebre de invierno) o el de Anna Lidia Vega Serova, por sólo citar dos, conforman el amplio espectro literario femenino.
Pero la década del noventa no sólo marcó el surgimiento de mujeres escritoras, sino también, la irrupción en nuestra literatura de temas marginados hasta entonces como los rockeros, los gays, las lesbianas, y las mujeres con sus preocupaciones propias. Para un acercamiento a esta literatura es bueno consultar el libro de Jorge Fornet, Los nuevos paradigmas. Prólogo literario al siglo xxi, al que se le dedicó una reseña en este espacio. |
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Ámbito de Hipermestra consta de nueve cuentos de exquisita factura, donde sus personajes se entrelazan de una historia a otra, para hacernos meditar en lo ilimitado de los géneros literarios en la actualidad y su a veces inútil definición, porque pudiera el libro convertirse en una novela o en una cuentinovela, en parte ensayística, o sencillamente, en el género de cuento en el que ha sido considerado.
Ya desde el primero, “Acceso a Beatrice”, la autora juega con el lector, al presentarnos el personaje de una investigadora literaria, afanada por su doctorado, en la ciudad de Parma, y que lleva el mismo nombre de la amada del Dante.
El segundo, “Examen de la obra de Alberto G.”, linda en lo ensayístico, cargado de referencias al concepto matemático de límite. Premiado en la misma revista a la que hace referencia con un “humor literario” si pudiéramos llamarlo así, Mercedes Melo juega con el hecho de que ese premio durante varios años consecutivos, sólo recayó en autores cuyos nombres eran Alberto y su primer apellido iniciaba con la letra G.
“Notas para un acercamiento a la abducción de la existencia del Venerable Harold”, que ocupa el tercer lugar en el orden impuesto por su autora, se mueve también dentro del campo de la ciencia, esta vez astronómica, cuyo personaje hace amistad con un poeta guantanamero, nombrado sólo como Regino, en franca alusión al Boti de nuestra poesía de las primeras décadas del siglo xx. Perdidos en la intrincada genealogía del Venerable Harold, nos ofrece además, al final, un cuadro sinóptico sobre ella.
Persistiendo con su intención lúdrica, en “Los cuentos de Casal”, una editora amiga encuentra en su mesa de trabajo unos cuentos inéditos de nuestro gran modernista del siglo xix, Julián del Casal. En el siguiente, “Albedrío, arbitrios y decapitaciones” notamos la herencia del gran argentino Jorge Luis Borges, sin que por ello el texto desmerezca.
El sexto relato, “La sombra de un reloj” nos divierte con un personaje que se debate entre el deporte y la literatura. Su nombre demuestra la intención de la autora al llamarlo Virgilio.
El penúltimo cuento y que da título al libro, “Ámbito de Hipermestra” es una recreación de una puesta en escena de una obra, supuestamente apócrifa, de la tragedia griega. Sin apartarse de los cánones de los más antiguos dramaturgos, satiriza el género policial, y la propia Facultad de Artes y Letras donde estudiara la autora.
“Postlogo”, como su nombre lo indica, es la última narración, que consiste en una carta a la autora-narradora de la Beatrice del inicio, separada ahora de todo afán investigativo. Otra vez vuelve Mercedes Melo, en esta ocasión de manera más concluyente, a bromear con los avatares de la ficción literaria, cuando transcribe: “Estimado señor: Me parece admirable el celo con que ha emprendido la edición de estos ensayos. Le agradezco asimismo la deferencia que me ha manifestado al enviármelos antes de su publicación. En otros tiempos sostuve la opinión de que cualquier análisis, comentario o explicación de un texto es inferior al texto mismo. Ahora, sobrepasado ya el medio siglo de mi vida, he llegado a considerar que tal vez el lenguaje debería utilizarse sólo en aquella función para la que fue originalmente diseñado: para que los humanos se comuniquen entre sí, cara a cara, como apoyo a la gestualidad esencial, como otra forma de acercamiento afectuoso”.
Libro divertido, escrito con imaginación desbordada y gran conocimiento literario, no es incluible dentro de la llamada “literatura femenina” donde la mayoría de las veces las mujeres, no muy plañideras, pero con algo de ello, nos cuentan lo difícil que les resulta su género. Aquí tendríamos que rediseñar ese término, porque en definitiva, un libro bien escrito, lo es y se agradece, independientemente del sexo de su autor. |
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