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Género Artículo
Un diario de 70 años
Autor: Virgen Gutiérrez Mesa |
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En julio del pasado año fue presentado, en el V Coloquio y Festival de Música y Poesía Nicolás Guillén, el Diario íntimo de la Revolución Española,* escrito durante los tres primeros meses de la Guerra Civil por un excepcional testigo que sufría en lo más hondo de su cristiano espíritu la batalla fratricida que enlutaba a la Madre Patria, el muy notable escritor habanero, profesor universitario, diplomático, conferencista, especialista en estudios hispánicos, José María Chacón y Calvo (1892-1969). Desde hacía algunos años Chacón estudiaba en los archivos de Indias los documentos que le permitieron rescatar valiosas informaciones acerca de la cultura cubana, descubrimientos que se convertirían en conferencias, charlas, folletos y valiosísimos libros que le ganaron un merecido lugar dentro de la historiografía literaria de Hispanoamérica. Pero en 1936 el ilustre humanista se desempeñaba como primer secretario de la embajada cubana en Madrid. A poco de iniciada la arremetida fascista contra la legal república, comienza Chacón a escribir sus tristes visiones de aquella que se convertiría en una sangrienta conflagración que permaneció haciendo estragos durante tres largos años. Exactamente el 22 de julio comienzan sus anotaciones que llegan hasta el 29 de octubre del propio año, fecha en que parte de regreso hacia Cuba.
Setenta años más tarde de su escritura, la aparición de estas memorias tiene, necesariamente que llamar nuestra atención y, claro está, se desencadenan las interrogantes de las nuevas generaciones. ¿Qué razón llevó al autor a ocultar tan valioso testimonio que lo retrata como un verdadero cristiano, como una persona justa y noble que sufre con el dolor ajeno, que se lamenta por la pérdida de vidas humanas, sean del lado que fueren?
Gracias a la labor de rescate, presentación y notas de la doctora Nuria Gregori, directora del Instituto de Literatura y Lingüística, tenemos la suerte de leer hoy aquellos apuntes de un hombre que intentaba mantener su fe religiosa, su neutralidad política en medio de un “movimiento desorbitado, con una envergadura que no creo tenga igual a ninguna otra revolución española, quizás en ningún otro suceso hispánico” (p. 29) como escribió Chacón el día que iniciara sus anotaciones.1
Las páginas del diario no están encabezadas siempre del mismo modo ni la escritura es uniforme, algunas contienen sólo breves apuntes, otras son extensas descripciones de lo acontecido; el 5 y 6 de agosto consigna: “no escribí nada en estos días” (p.64), el 9 de este mes transcribe una carta de su amigo Luis Carabela Orobio, soldado de 18 años quien, destacado en Toledo, escribe una carta a su madre que es, en el decir de Chacón y Calvo “un gran documento humano. Nada dirá mejor de esta guerra” (p. 69). El soldado cuenta las vicisitudes vividas y el impacto que le produce ver la muerte de un hombre: “Te digo la verdad mamá, ese día no comí, me parecía que el vino era sangre, el pan los sesos del muerto (…) Pero ahora ya me he acostumbrado a ver muertos y más muertos, en las posiciones más horribles que tu puedas imaginar, y ya no me hacen efecto ninguno. ¡Lo que hace la costumbre y lo que es la guerra!” (p. 73-74). Luego de su lectura Chacón anota: “Ya no necesito escribir nada de esta guerra. Todo lo dice para siempre este muchacho de diez y ocho años… que cuando recuerda aquella muerte cruel no puede comer y el vino le parece sangre…”
El 21 de agosto anota el diplomático: “Todos los días las mismas palabras en la Embajada. Todo llega a cansar. La misma tragedia también. Pero yo he callado por otras cosas” (p. 75). Tal vez por no revelar sus sentimientos, su angustia, su impotencia para mediar, para salvar vidas. O para no divulgar las desavenencias con quien estaba al frente de la embajada cubana: Manuel Serafín Pichardo. Ese día recibe noticias acerca de la enfermedad de su madre a quien le unía una tierna
Llegan a nosotros hoy
los apuntes de un hombre
que intentaba mantener
su fe religiosa,
su neutralidad política
en medio de la
Guerra Civil Española. |
relación. Aunque anhela viajar a Cuba exclama: “¡Aquí hay deberes para mí!” (p.76) Al día siguiente expresará: “Me he propuesto no contar sino las cosas que haya visto con mis ojos (…) Pero oigo cosas demasiado crueles, demasiado duras (…) Voy viendo cada vez más limitadas las posibilidades de mi acción” (p. 77-78) Hay varios días en que no escribe, otros en los que resume varios días; en estos casos sintetiza el terrible acontecer del tiempo vivido y deja ver sus escasos momentos de alegría cuando logra salvar a alguien, su frustración e impotencia cuando las circunstancias impiden, a pesar de su buena voluntad, dar asilo o llevar a lugar seguro a algún perseguido, sin que tenga en cuenta para ello, el grupo al que pertenece o la ideología que profesa. Sus buenos sentimientos, su solidaridad humana, su conmiseración hacia el que padece, le impiden a Chacón negar su apoyo a quien busca amparo |
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Según avanzamos en la lectura nos percatamos de cómo van desapareciendo sus esperanzas de contribuir al diálogo entre los dos bandos. La anotación del 8 de septiembre, día del asesinato de Calvo Sotelo y que presupone que Primo de Rivera sea pasado por las armas, le hacen exclamar: “Esto es de una gravedad enorme. A mí me parece que contribuye a que sea casi imposible un diálogo entre las dos Españas” (p.99).
Quien lea el Diario… comprenderá las razones que tuvo el autor para no publicarlo y también sabrá porqué nunca se deshizo de esos papeles escritos con sinceridad, llenos de emoción y frustración, páginas que revelan cualidades muy humanas, nobles sentimientos de este hombre, desconocido totalmente hoy por muchos cubanos o al que, en el mejor de los casos, se le conoce solamente por alguno de sus numerosos trabajos literarios.
Es meritoria la labor del Instituto de Literatura y Lingüística al publicar estas páginas salvadas para la posteridad, así como loable es la tarea que se impuso Gregori al dejar aclaradas, en notas rigurosas, quien era quién, dónde, o cuándo o cómo pasó tal acontecimiento. Por ello, demos las gracias por este útil e instructivo regalo que nos devela facetas desconocidas de ese hombre, José María Chacón y Calvo, quien dedicó toda su vida a trasmitir el caudal de su saber, que no fue poco, y a quien descubrimos aquí como un verdadero ejemplo de solidaridad humana, de fraternidad y amor por el prójimo. Notas:
* Chacón y Calvo, José María. Diario íntimo de la Revolución Española. Presentación y notas Nuria Gregori Torada. Instituto de Literatura y Lingüística. La Habana, 2006.
1. Todas las notas corresponden a esta primera edición.
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