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LITURGIA PARA EL MES DE AGOSTO

por fray Jesús Espeja, OP

Oyentes de
LA PALABRA

LITURGIA PARA EL MES DE AGOSTO

5 de agosto: Domingo 18 del tiempo ordinario
“Guardaos de toda clase de codicia”

La Palabra: “vaciedad sin sentido, todo es vaciedad” (primera lectura); “dad muerte a lo terreno que hay en vosotros” (segunda lectura); “la vida de uno no depende de sus bienes” (Evangelio).

1. En la experiencia de cada día constatamos lo que dice el libro del Eclesiastés que expresa la sabiduría del pueblo: cuando menos pensamos se corta la trama de nuestra existencia; el que trabaja y consigue bienes, al final “tiene que legar su porción al que no ha trabajado”. Sin embargo, por un ciego instinto continuamente nos afanamos por tener más y asegurar posiciones. Es la codicia, según el diccionario, “apetito desordenado de riquezas”. Apetito

desordenado porque no es razonable: “necio, esta noche te van a quitar la vida, ¿para qué te sirve lo acumulado?”
2. Hay que tener en la vida un proyecto más consistente que almacenar riquezas. El evangelio sugiere un proyecto humanizador: compartir lo que somos y tenemos con los demás. No es fácil concretar este proyecto en la organización sociopolítica, que debe articular igualdad de oportunidades para que todos los ciudadanos satisfagan sus derechos fundamentales, y libre iniciativa de los mismos en orden al bien común. Pero en cualquier caso, esa articulación exige y supone “un hombre y una mujer nuevos”.

3. Si existe el apasionamiento por esa humanidad fraterna donde todos podamos vivir con la dignidad de personas, de modo espontáneo ser dará muerte a lo terreno que hay en cada uno de nosotros: “codicia y avaricia que son como una idolatría”, pues nos arrodillan ante falsos dioses que nos dan una seguridad falsa. El valor de nuestra vida se mide no por los recursos materiales acaparados, sino por el amor con que los hemos compartido.

12 de agosto: Domingo 19 del tiempo ordinario
“Mirar confiadamente al porvenir”

La Palabra: “nuestros padres tuvieron ánimo con la promesa de que se fiaban” (primera lectura); “la fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve” (segunda lectura); “tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas” (Evangelio).

1. A nuestro constitutivo de seres humanos pertenece la condición temporal; y el tiempo es una sucesión de distintos momentos. Quiere decir que nuestra existencia humana sólo se realiza esperando, abriéndonos al porvenir. Cada momento es siempre nuevo y exige de nosotros nueva responsabilidad. Hay que estar preparados “ceñida la cintura” para seguir caminando con honradez; en cada momento nos estamos jugando para bien o para mal.

2. Cuando miramos confiadamente al porvenir y caminamos en esa confianza, tiene lugar lo que llamamos la esperanza. Según la primera lectura, el pueblo esclavizado en Egipto, “esperaba la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables”. La Biblia cuenta la historia de personas como Abrahán que, fiándose de la promesa hecha por Dios, esperaron contra toda esperanza.

3. Es normal que, ante las dificultades presentes, todos ansiemos un porvenir de felicidad, y debemos trabajar para que así sea. Pero el evangelio nos sugiere que ya podemos hacer lo más importante para forjar ese futuro: tener “las lámparas encendidas”. Un símbolo de la fe cristiana que significa confiar en que estamos todos acogidos por el amor de Dios, y llamados a crear fraternidad. Un empeño que, apoyados en la promesa de Dios ya hecha realidad en Jesucristo, todos podemos llevar a la práctica en todas las circunstancias y a pesar de todo.

19 de agosto: Domingo 20 del tiempo ordinario
“El fuego de los profetas”

La Palabra: “muera ese Jeremías” (primera lectura); “quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos la carrera fijos los ojos en Jesús, iniciador y consumador de la fe” (segunda lectura); “he venido a prender fuego al mundo ¡ojalá estuviera ya ardiendo!” (Evangelio).

1. En la Biblia un profeta es el hombre o la mujer, que habla en nombre de Dios. A veces su palabra denuncia los males existentes, y los poderosos de turno tratan de silenciarlo. Así ocurrió con el profeta Jeremías: denunciaba las atrocidades cometidas por el rey y su corte, su palabra era intolerable para ellos y determinaron eliminarle: “¡muera ese Jeremías!”. La historia se repite una y otra vez a lo largo de los tiempos.

2. Jesús de Nazaret no es un simple profeta, pero el cuarto evangelista le llama “el Profeta”. Siendo Palabra, Hijo de Dios, en su condición humana, sufrió la contradicción hasta la muerte. Pero animado por el amor, soportó la cruz siendo el testigo por excelencia. Por eso la carta a los Hebreos le presenta como el “primogénito de los creyentes”, la referencia inequívoca para quienes aún caminamos en la oscuridad de la fe.

3. Los cristianos hoy necesitamos vivir y actuar con espíritu profético. Ser cristiano es ante todo y sobre todo dejarnos alcanzar y transformar por el espíritu que animó la existencia y la conducta de Jesucristo. Si esto sucede, seremos capaces de hablar no sólo para denunciar males; antes y sobre todo para anunciar la buena noticia: estamos llamados a caminar todos juntos como hermanos para conseguir la felicidad de todos. Tenemos como garantía la promesa y la cercanía benevolente de Dios mientras vamos de camino.

26 de agosto: Domingo 21 del tiempo ordinario
“En la promesa de salvación para todos”

La Palabra: “yo vendré para reunir las naciones de toda lengua” (primera lectura); “aceptad la corrección porque Dios os trata como a hijos” (segunda lectura); “entrad por la puerta estrecha” (Evangelio).

1. Salvación significa plena realización de todos nuestros profundos anhelos, llegar a esa felicidad que todos oscuramente barruntamos. La gran novedad, la buena noticia de Jesucristo, es que Dios nos ama a todos, no porque seamos buenos sino porque El es bueno; nos ama incluso cuando somos malos si bien lamenta que nos dejemos deshumanizar por el mal. Es el horizonte que nunca deberíamos olvidar: Dios quiere la salvación de todos y a todos acompaña para que logren esa meta de felicidad.

2. Con ese horizonte y en esa convicción, debemos situarnos y combatir los males que con frecuencia enturbian nuestra existencia ponen a prueba nuestra esperanza. Porque Dios está dentro de nosotros, más íntimo a nosotros que nosotros mismos, dándonos fuerza para que venzamos al mal, la segunda lectura interpreta el mal como una llamada para que nos acordemos de Dios: no estamos solos en el sufrimiento.

3. Ante la curiosidad de si son muchos o pocos los que se salvan, Jesús dice que no perdamos el tiempo con cavilaciones que a nada conducen. Lo importante es que, en nuestra práctica diaria, nos esforcemos por seguir un camino de rectitud ética; en el amor y en la justicia; sin dejaros atrapar por el individualismo y la corrupción. Eso quiere decir en lenguaje evangélico “entrar por la puerta estrecha”. El camino que lleva a la salvación; cuesta pero merece la pena.


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