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Fermín Peraza y Sarausa
Fermín Peraza y Sarausa
1907-2007-

por Jorge Domingo Cuadriello
 

Los estudios bibliográficos fueron iniciados en Cuba por algunos criollos ilustrados como Felipe Poey y Domingo del Monte, quienes no lograron, a pesar de sus esfuerzos, concluir una obra en esta disciplina. El primero en lograrlo fue el polígrafo Antonio Bachiller y Morales, llamado por José Martí “cronista ejemplar, filólogo experto, arqueólogo famoso, filósofo asiduo”. En el
tercer tomo de sus Apuntes para la historia de las letras y de la instrucción pública en la Isla de Cuba incluyó un “Catálogo de libros y folletos publicados en Cuba desde la introducción de la imprenta hasta 1840”, que constituye el punto de partida de la bibliografía cubana. Con posterioridad se enfrascaron en estos arduos y minuciosos estudios otros valiosos investigadores como Carlos M. Trelles, Domingo Figarola Caneda y, en años más recientes, Francisco Martínez Mota, Araceli García Carranza y Tomás Fernández Robaina. Mas en las décadas anteriores al triunfo revolucionario de 1959 el principal bibliógrafo cubano fue sin dudas Fermín Peraza, quien merece ser recordado en el centenario de su natalicio.
Los interesados en la
Historia de Cuba tienen en las obras de Fermín Peraza
una fuente de documentación
sumamente provechosa.
Hijo del General de Brigada y combatiente de las tres guerras independentistas Francisco Peraza Delgado, Fermín Peraza y Sarausa nació en la localidad habanera de Guara el 7 de julio de 1907. Su padre ya entonces se había retirado de la vida militar y de la política activa y se dedicaba con éxito a la administración de sus tierras en la zona de Batabanó. En el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana concluyó los estudios de Bachillerato en Letras y en Ciencias en 1926 y cuatro años más tarde se graduó de Doctor en Derecho Civil en la universidad habanera. Se iniciaba entonces el periodo de mayor crisis económica y represión
policíaca de la dictadura de Machado y no pocos jóvenes se incorporaban a la insurrección armada contra el gobierno. Incluso su padre, indignado ante el régimen imperante, con 75 años de edad se sumó a las filas oposicionistas que comandaban los generales Menocal y Mendieta, vistió de nuevo el uniforme militar y al frente de una partida de rebeldes en agosto de 1931 murió macheteado por las fuerzas del ejército en las cercanías de Los Palacios. Sin embargo, hasta donde conocemos, Fermín Peraza se mantuvo al margen de las luchas políticas y, por el contrario, ya por aquellos días se inicio en los estudios bibliográficos. Fruto de aquel primer esfuerzo suyo fue la Bibliografía de Enrique José Varona (1932). Después le siguieron otros muchos trabajos. Evidentemente su destino no se encontraba en los campos de batalla ni en la tribuna política, sino en el apacible ambiente de las bibliotecas y de los gabinetes de investigación.

Pocos meses después del derrocamiento de la tiranía machadista en agosto de 1933 fue nombrado Director de la Biblioteca Municipal de La Habana, cargo que desempeñó con dedicación y eficiencia durante mas de veinte años, hasta 1960. A lo largo de este período desarrolló una intensa e incansable labor como bibliógrafo, historiador y publicista. Así lo demuestran las numerosas obras que dio a conocer y entre las cuales se encuentran los índices de las publicaciones Cuba Contemporánea, Revista Cubana, Revista de Cuba y El Fígaro, este último en cuatro tomos. De modo particular elaboró también la bibliografía de algunos autores cubanos como Emeterio Santovenia, José Antonio Ramos, Francisco González del Valle y Diego Vicente Tejera. En este plano su mayor mérito posiblemente radique en la confección de la voluminosa Bibliografía martiana 1853-1953 (1954), realizada como un homenaje al Apóstol en el centenario de su natalicio.

También dio a la publicidad los estudios Notas sobre el plan de fomento, reforma y organización de las bibliotecas, museos y archivos cubanos (1934), La imprenta y el estado en Cuba (1936) y Antonio Bachiller y Morales, el padre de la bibliografía cubana (1937), entre otros, y escribió esbozos biográficos de Antonio Maceo, Carlos M. Trelles y varias personalidades cubanas más.

Mención aparte merece el Anuario Bibliográfico Cubano, que abarcó desde 1937 hasta 1952, y la Bibliografía Cubana, nombre que recibió esta compilación desde 1953 hasta 1959, cuando desapareció. En cada uno de estos textos Fermín Peraza agrupó en índices por autor y por materias los libros y folletos impresos en nuestro país en el año anterior y además agregó en varias ocasiones las conferencias impartidas en las principales instituciones culturales habaneras. Estos tomos poseen un valor inapreciable y constituyen textos de obligada consulta para los estudiosos de las letras cubanas.
Anuario Bibliográfico Cubano.


En 1943, con motivo de la aparición del sexto volumen del Anuario Bibliográfico Cubano, el historiador Enrique Gay Calbó dio a conocer este comentario a través de la Revista Bimestre Cubana:

“Seis volúmenes, desde 1937, ha publicado Fermín Peraza sobre la bibliografía de Cuba. Debidamente clasificados los libros, folletos, las conferencias, las revistas y periódicos, la bibliografía martiana, de año en año se dispone de una guía tan completa como es posible acerca de nuestra producción intelectual. La sistematización de las noticias, hecha en la forma continuada, tiene un gran valor para conocer con exactitud la importancia y la calidad de lo que en Cuba se escribe.

”El bibliógrafo a estilo de Peraza demuestra un altruismo ejemplar. Consagrado a buscar datos sobre lo que hayan hecho los demás, se desentiende de su labor propia. Por ello, son pocos los Anuarios en que aparece como autor, con su papeleta, el incansable acopiador de obras ajenas.”1

De igual modo resultan de gran utilidad los diez tomos del Diccionario biográfico cubano, que dio a la imprenta entre 1951 y 1959, y los siete tomos de las Personalidades cubanas, que publicó entre 1957 y 1959. En el primero de estos títulos incluyó a figuras sobresalientes de la historia, la cultura y las ciencias de Cuba, ya fallecidas entonces, y en el segundo a aquellas que aun se encontraban vivas. Los interesados en la historia de nuestro país tienen en estas dos obras monumentales una fuente de documentación sumamente provechosa.

En correspondencia con su tesonera labor en beneficio de las bibliotecas y, en general, de los centros de documentación, Peraza en 1942 fundó la Corporación de Bibliotecarios, Archiveros y Conservadores de Museos del Caribe, de la cual fue su Secretario Permanente. Por el prestigio intelectual que pronto alcanzó, no sólo a nivel nacional, sino también continental, resultó designado en 1944 Primer Consultante en Bibliografía Cubana de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Con posterioridad fue elegido miembro del Comité Ejecutivo de la Asamblea de Bibliotecarios de América y asesor técnico de la Biblioteca y Hemeroteca Públicas de la Sociedad Colombista Panamericana. No le resultó ajena la actividad docente e impartió clases de archivología en el Archivo Nacional de Cuba y fue profesor de la Escuela de Bibliotecarios de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana.

De igual forma se mantuvo muy relacionado con las tareas periodísticas, obtuvo el título de periodista colegiado y durante varios años escribió en el diario El Mundo una sección de efemérides y de personalidades cubanas. También colaboró con artículos históricos, reseñas de libros y comentarios bibliográficos en distintas publicaciones cubanas, entre ellas Universidad de La Habana, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, Mediodía, Gaceta del Caribe y Revista Bimestre Cubana, así como en la Revista Interamericana de Bibliografía.

Por sus méritos profesionales y su fecunda labor cultural Fermín Peraza encabezó en 1947 la delegación cubana enviada a Caracas para conmemorar la muerte de Simón Bolívar, en 1950 representó a nuestro país en la conferencia sobre el mejoramiento del servicio bibliográfico, realizada en Francia, y al año siguiente fue el delegado de América Latina a la Reunión de Expertos en Bibliografía, celebrada en Gran Bretaña y organizada por la UNESCO. Como expositor en congresos culturales o invitado a impartir conferencias sobre bibliografía también visitó otros países europeos e hispanoamericanos. Fue miembro además de la Sociedad Económica de Amigos del País, de la Academia de la Historia de Cuba, de la Sociedad de Archiveros de México, de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela y de la Sociedad de Archivistas Americanos, de Raleigh, Carolina del Norte. A fines de 1954 ingresó en la Logia Masónica Superación, de La Habana, y poco después fue nombrado asesor de la Comisión de Biblioteca de la Gran Logia de Cuba.

A lo largo de aquellos años Fermín Peraza llevó adelante su quehacer bibliográfico ante la admiración, el respeto y el agradecimiento de algunos, la indiferencia de muchos y la ausencia de un respaldo oficial. Con no escaso esfuerzo, y en muchas ocasiones gracias a su peculio personal, pudo publicar sus bibliografías. Fueron muy contadas las oportunidades en que disfrutó de una ayuda monetaria de las esferas gubernamentales para acometer alguna de sus numerosas empresas en beneficio de nuestra cultura. En el año 1948, con motivo de una nueva salida del Anuario Bibliográfico Cubano, expresó este comentario el periodista y crítico literario César Rodríguez Expósito desde las páginas del diario El Avance Criollo:

“...se ha publicado un nuevo tomo del Anuario Bibliográfico Cubano que hace once años viene editando en Cuba, por iniciativa propia y por su cuenta y riesgo, el querido compañero y amigo doctor Fermín Peraza Sarausa, director de la Biblioteca Municipal de La Habana y uno de nuestros mas notables técnicos en materia de bibliografía y de biblioteconomía, cuya autoridad ha sido reconocida en los Estados Unidos y en los distintos países de la América, donde ha actuado como consultor y asesor técnico y ofrecido distintos cursos en las Universidades sobre todas estas materias.

”Fermín Peraza es un gran trabajador. Ha mantenido regularmente la publicación del Anuario Bibliográfico Cubano, ofreciendo relación detallada de todos los libros, folletos y conferencias que se han publicado en Cuba, proporcionando así un medio eficaz de divulgación de la bibliografía nacional y una obra de consulta tanto para nacionales como extranjeros.

”Extraordinaria en todos los sentidos es la labor que en favor del libro cubano viene realizando el Dr. Fermín Peraza, sin que tenga apoyo oficial de ninguna clase. (...)

”(...) Las cosas de la cultura interesan poco. No hay créditos para la divulgación bibliográfica cubana en el exterior. Sin embargo, el esfuerzo personal de un cubano se observa en este Fermín Peraza, quien solo ha mantenido la publicación del Anuario Bibliográfico Cubano durante once años, haciendo una labor de divulgación extraordinaria...”2
Así, de un modo esforzado y tras salvar incontables obstáculos, convencido de la trascendencia de su trabajo, Fermín Peraza llevó adelante su obra bibliográfica. Al ocurrir el triunfo revolucionario de 1959 encabezaba además el Grupo Bibliográfico Nacional Cubano “José Toribio Medina” y al frente del mismo se desempeñó como Director Técnico de la Bibliografía de Centroamérica y del Caribe, Argentina y Venezuela 1959, que se elaboró con el respaldo del Centro Regional de la UNESCO en el Hemisferio Occidental. Mas ante el proceso de radicales transformaciones políticas y sociales ocurrido entonces en el país y en desacuerdo con el rumbo socialista tomado por el nuevo gobierno marchó a los Estados Unidos en noviembre de 1960. En Miami, donde fijó su residencia, continuó su labor bibliográfica y con nuevos títulos engrandeció su vasta obra. Murió en dicha ciudad el 31 de enero de 1969. Junto con Bachiller y con Trelles forma parte del trío más sobresaliente de bibliógrafos cubanos. En el centenario de su natalicio merece ser recordado por la valiosa producción intelectual que nos legó.

La Editorial Letras Cubanas publicó en dos tomos en 1980 y en 1984, respectivamente, el imprescindible Diccionario de la literatura cubana. Obra colectiva de innegable importancia, constituye un texto de obligada consulta para los estudiosos de nuestras letras. Sin embargo, adolece de algunas deficiencias. La más notable y la que con más insistencia se le ha señalado es aquella que se refiere a la omisión en sus páginas por razones extraliterarias de autores de meridiana significación para la literatura cubana. En efecto, por motivos evidentemente políticos y en correspondencia con las rígidas orientaciones ideológicas de aquellos años, no encontramos en este diccionario a Guillermo Cabrera Infante, Lino Novás Calvo, Carlos Montenegro y Gastón Baquero, entre otros escritores que abandonaron el país tras el triunfo revolucionario, en lo que constituye una exclusión injusta. Sin embargo, debe reconocerse que este diccionario pudo realizarse sin que sus autores tuvieran necesidad de consultar los libros de dichos escritores suprimidos. A nuestro entender, mucho más escandalosa resulta la omisión de Fermín Peraza y Sarausa, pues su producción bibliográfica sí fue muy bien aprovechada para la realización de esta obra, como se reconoce incluso en la Bibliografía General de la misma. Su exclusión, por tanto, no solo entraña entonces una injusticia, sino además un acto de ingratitud. Ojalá estas simples líneas nuestras de recordación sirvan para contribuir a la necesaria recuperación de su memoria.

Notas:
1. Gay Calbó, Enrique “Informaciones”. En Revista Bimestre Cubana. Vol. XLVIII Nro.5. La Habana, noviembre-diciembre de 1943, p.152.
2. Rodríguez Expósito, César “Entre libros”. En El Avance Criollo, Año XIV Nro.182. La Habana, 3 de agosto de 1948, p.10


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