Retornar al "Home Page" ...
 
 

Amando la sabiduría
Por Narciso de la Iglesia Rodríguez, sdb
Saborear la vida con sabiduría.
Saborear la vida
con sabiduría


Supongo que esté disfrutando de un verano a lo cubano, con mucho calor, y con la perspectiva, sin duda, de unos días en una casita de la playa ganada a pulso por su trabajo bien hecho o invitado por algún amigo. Pues eso, le deseo que se lo esté pasando de lo mejor, que esté gozando de lo lindo, en compañía de su familia. Y además de deseárselo de corazón quiero acercarme a usted, en este tiempo de descanso, con un filósofo que viene muy bien al caso: EPICURO, ese que dice que “el placer es el principio y el fin de la vida feliz”. Es decir, la felicidad consiste en la consecución del placer sabiamente administrado juntamente con el alejamiento del dolor. Se trata, pues, de que disfrutemos de la vida al máximo, ¡aunque sin pasarse, hermano! Por eso, además de ver quién fue ese señor nos acercaremos a los pensamientos filosóficos que dejó a la posteridad a través de esa célebre escuela que fundó, el epicureismo.

Epicuro de Samos vivió entre los años 341 y 270 a.C. Fue una personalidad fina, noble y atractiva. Se caracterizaba por su bondad y su alto concepto de la amistad. Como tenía la escuela en sus jardines de Atenas, a él y a sus discípulos se les conocía como “los del jardín”. Cierto que no tenían buena fama porque, ¡qué escándalo en aquellos tiempos!, admitían mujeres en el grupo, aunque no tanto para aprender filosofía, sino para entretener a los alumnos de vez en cuando con sus encantos.

Epicuro asociaba el placer a la felicidad. Pero para él, el verdadero placer no era beber cerveza, coca-cola o ron, ni el tener mucho dinero para gastar y gastar, ya que quien depende de estas cosas para conseguir placer queda amarrado, esclavizado, al esfuerzo y al trabajo que cuesta conseguirlas y no se goza con gusto. Él decía que lo único que había que tener para ser feliz y gozar de una vida sin dolor era pan y agua. Mientras no faltara esto, se estaría bien. Bueno, bueno, don Epicuro, yo creo que se ha pasado de la raya. De acuerdo que no falte el pan pero acompañado con un poco de jamón curado… no estaría mal. Y el agua sola… pues, eso, sólo para las ranas.
Sin embargo Epicuro nos da las claves para una vida más feliz: tener los ojos abiertos para la riqueza y belleza del mundo. Afirma la vida en su plenitud, en su pujanza, en su victoriosa fuerza. No dejarse nunca vencer por los lados sombríos de la vida. Ni la idea de la muerte tiene que ser un tropiezo. Y miren qué razonamiento tan sencillo nos hace a este respecto: mientras vivimos no está la muerte y cuando ella está no estamos nosotros. El epicureismo lanza un sí gozoso a la vida, que sólo mira lo positivo y por ello se aplica a sacar el jugo al día-día sin preocuparse del después. Es el “carpe diem” (aprovecha el momento presente) de Horacio no como una avariciosa insaciabilidad del gusto de vivir, sino como una ancha abertura para los valores de la existencia.

Pero, como les decía arriba, ojo con pasarse, porque la sabiduría de la vida que “el jardín” nos propone también sabe de comedimiento, de medida, de silencio y paz interior. Epicuro dirá sabiamente: “No se trata de contentarse con lo poco, sin más, sino porque cuando no podemos tener mucho, nos contentamos con poco, convencidos de que goza más de la riqueza aquel que menos necesita de ella” (Carta a Meneceo, 130).

Todo esto me recuerda al Señor cuando nos dice que no estemos agobiados por la vida con problemas de alimentos y problemas de ropa que es más importante la vida que el alimento y más valioso el cuerpo que la ropa, y “los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas” (Mt 6, 32). Pues qué suerte la de los cristianos que sabemos muy bien quién es la Divina Providencia, nuestro Padre del Cielo, el cual sabe que necesitamos todo eso, no nos deja de su mano y nos asegura que si buscamos primero el Reino y la Justicia de Dios nos dará también todas esas cosas (Cf Mt 6).

Tiempo propicio los meses de verano para entrar en el retiro y en el silencio, para saborear y hacer nuestros los consejos de nuestra querida Santa Teresa de Jesús, la de Ávila, cuando nos dice: “Nada te turbe, nada te espante… quien a Dios tiene nada le falta: sólo Dios basta”.

Y otro dato importante para saborear la vida con sabiduría era para Epicuro la amistad. Se vive para los amigos, se entrega uno a ellos porque “entre los bienes que la sabiduría aporta para la felicidad de la vida, ninguno mayor, ninguno más provechoso, ninguno más beatificante que la amistad” ( Epic. Frag. 539). La amistad es fruto de la sabiduría y el sabio es para él el artista de la vida. Pero yo me pregunto, ¿y qué es ese arte de vivir?, ¿qué quiere decir aquí propiamente vida?

Bueno, por hoy nos quedamos aquí y nos vamos a echar una siesta o a dar un buen baño en nuestro lindo Caribe. Lo de arriba rúmielo despacio y que le aproveche en sus bien merecidas vacaciones.

Regresar al Home
Sumario Breves Religión Sociedad Internacional Glosas Cubanas Deportes