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SOCIEDAD

  -¿Y mis fanáticos dónde están?
por anette jiménez.
- Fermín Peraza y Sarausa 1907-2007.
por jorge domingo cuadriello.
     
  - El mal del cráter.
por miguel sabater reyes.
- Saborear la vida con sabiduría.
por padre narciso de la i. rodríguez, sdb.

por Anette Jiménez

¿Y mis fanáticos dónde están?
Ella me iba a ver to´los días,
con ilusiones y fantasías,
carteles con mi nombre, mi fotografía,
al final ni caso le hacía.

Canción popular bailable
¿Y mis fanáticos dónde están?
Yamilé es una adolescente alegre y vivaracha. Estudia en un tecnológico un poco distante de su casa y en los viajes diarios hacia la escuela, además de la mochila, los pulsitos tejidos, los collares “de feria” y una alta dosis de maquillaje, la acompaña su walk-man donde las voces de sus ídolos musicales le van sugiriendo cómo debe actuar.

Yamilé ama la música. Yamilé quiere llegar a ser como su cantante favorita.

Esta muchacha no sólo imita a su “paradigma” del mundo artístico en el corte y color de pelo, en la forma de vestir y en los gestos, sino que ha memorizado tan bien la letra de todas sus canciones que, en el receso o cuando la profesora se distrae, ayuda a sus amigas a no quedarse fuera de la moda y le copia en el reverso de las libretas el estribillo de los últimos éxitos.

La mímesis de su estrella musical es tan intensa que esta joven estudiante ha plagado su vocabulario de frases extraídas de las más famosas canciones, de modo tal que, al conversar, inhibe su propia iniciativa sólo porque hablar como su ídolo le hace “ganar puntos” en el grupo.

Por este camino Yamilé ha dejado de ser ella misma para convertirse en una copia, mil veces repetida, de su venerada imagen musical. Ha cambiado viejas amistades por otras nuevas que, aunque no han sobrepasado la prueba de los años, declaran, con orgullo, una ciega fidelidad a los músicos de su preferencia, y esa es ya una buena razón para confiar en ellos.

¿Valdrá la pena que, ante cada nuevo rostro que nazca y se popularice, cambiemos de identidad como cambiamos de ropa? ¿Antes de emprender la riesgosa carrera de imitar cuanto sea famoso hemos pensado en qué deseamos realmente, fuera de las exigencias del colectivo?

La adolescencia es un período complejo pero hermoso. Llegan con él los miedos, las dudas, las inseguridades que marcan el camino a la adultez, pero arriban también las emociones del primer amor, el ímpetu por descubrir nuevas y desconocidas metas y las ansias de independencia… ¿Independencia total? ¿Semiindependencia? El adolescente, aunque a veces piense lo contrario, aún necesita mucho de los mayores, a quienes, consciente e inconscientemente, toma como modelos.

No se trata ahora de que padres, vecinos, maestros y artistas devengan fríos y aleccionadores monolitos humanos. Ni tampoco de que los jóvenes repriman sus deseos de admirar a alguien e intentar imitarlo, siempre que sea para bien. En la armónica, y no tensio-nante, relación familia-escuela-sociedad radica la clave para que Yamilé y sus contemporáneos sepan distinguir los patrones positivos de los anti-modelos, y comiencen a desandar el necesario sendero del autoco-nocimiento y la autovalidación.

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