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SOCIEDAD

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Juan Emilio Friguls -Periodista con el placer en la frente-
El pasado 8 de agosto marchó al encuentro con el Señor un decano del periodismo en Cuba, el eminente comunicador católico Juan Emilio Friguls, quien en el momento de su muerte trabajaba como reportero de la emisora Radio Reloj. Esta entrevista, publicada en el periódico digital Trabajadores, se incluye dentro de una investigación, aún sin concluir, sobre la obra de Friguls. Con el permiso de su autor la ofrecemos a los lectores de Palabra Nueva.
con el placer en la frente  
por Joel García León

Esta vez no estaba sentado delante de su inseparable máquina de escribir o de su reciente compañera, la computadora. Ni siquiera tomaba nota de lo que allí pasaba. Anécdotas, opiniones y hasta un insospechado secreto enmudecían, por momentos, las ansias periodísticas de conocerlo.

No era una entrevista, a ratos él mismo se encargaba de recordar que simplemente estábamos conversando en igualdad de condiciones. Su voz baja y precisa era la de un Quijote libre, victorioso y sobre todo muy cubano, que a los 88 años (cumplidos el 3 de agosto) no se arrepiente de nada aunque reconozca su única debilidad: no poder despedirse de alguien que estima porque se echa a llorar.

El cronista religioso del periódico Información y luego del Diario de la Marina, el colaborador de Bohemia, el fundador del Canal 12 de la Televisión Cubana, el reportero de Radio Reloj, en fin, Juan Emilio Friguls, hablaba como el periodista activo más viejo de nuestros medios de comunicación y como el amigo de todos los días, que gusta comparar su profesión con la Medicina, tal vez para acabar diferenciándolas en una frase: “El médico conoce todos los lugares del ser humano, pero en el Periodismo conoces la posición del hombre ante la vida, y no hay dos hombres iguales”.

La vocación periodística

Yo nací y me hice periodista. Con nacer se gana el 50 por ciento, la vocación; el resto se hace. La historia está llena de grandes periodistas que no pasaron por escuelas de Periodismo, por una razón muy sencilla, no existían dichos centros en esa época. Pero la preparación teórica-técnica es fundamental. Hay una serie de recuadros que si estudias la carrera de verdad, lo notas enseguida. En eso se parece a la Medicina.

No había antecedentes en mi familia. Mi padre fue gerente de las dos empresas más importantes de Cuba en el mundo textil. Tanto él como mi madre me vieron vocación por la Diplomacia y el Periodismo. La primera les encantaba, pero la segunda no. Tenían el concepto de que el periodista era un atracador, un chantajista, un tipo de moral muy baja.

Mi padre siempre decía que el pan de cada día había que ganárselo con el sudor de la frente o con el placer de la frente. Por eso, al ver que además de los estudios de Diplomacia ingresé en Periodismo, aceptó, aunque con mal ánimo.

El 14 de febrero de 1945

El recuerdo es de la escuela de Periodismo Márquez Sterling como Alma Mater. Lo menos valioso de ella lo amábamos porque era una especie de doble naturaleza de uno. Allí me sentía culpable por la vida social de entonces. Por eso nunca me sentí orgulloso de ser de los primeros expedientes, ni que me escogieran para leer el discurso de graduación...

Mi primer trabajo periodístico lo hice estando en la escuela. El diario Información buscaba un periodista que conociera los temas religiosos, no misas y reunión, sino el aspecto social y teológico de los procesos. Le pedí audiencia a su director, Santiago Claret, y después de varias pruebas en el mismo día, aprobé. Un día memorable, el 14 de febrero de 1945, salió publicado mi primer trabajo.
Jubileo de los Comunicadores, domingo 4 de junio del año 2000.
Jubileo de los Comunicadores,
domingo 4 de junio del año 2000.
Condiciones al Diario de la Marina

El periódico necesitaba un periodista que escribiera sobre religión, pero yo trabajaba en Información. El monseñor de Cienfuegos, Eduardo Martínez, me sugirió que le pusiera 3 condiciones a los directivos del Diario para quitármelos de arriba.

La primera, que me pagaran 100 pesos a la semana. La segunda, que saliera mi fotografía y mi currículo en el periódico con la explicación de lo que iba a escribir. Y tercero, que mientras no apareciera alguien, seguiría en Información. Increíblemente aceptaron.

El 27 de junio de 1947 apareció todo lo pedido en la página 3 del Diario, cosa que no se le hizo ni a Gastón Baquero, quien fue mucho tiempo Jefe de Redacción. A pesar de que yo era dentro del catolicismo del Ala Izquierda, me dieron entrada. Había una capacidad intelectual y periodística estupenda. Es cierto que tenía una política editorial conservadora, pero allí también había comunistas...

Trabajar, trabajar y trabajar...

Por aquella época laboraba en cinco lugares. En la sección En Cuba de Bohemia. Desde 1946 en Unión Radio con José Pardo Llada. Era corresponsal de la National Catholic Welfare Conference de Washington. Dirigía o colaboraba con publicaciones católicas, además del trabajo en el Diario de la Marina. Luego, en 1958, fundé el Canal 12 de la Televisión Cubana, el primero en color de América Latina, al mando de Pumarejo.

La huella de Marinello

La figura que más me ha impresionado es Juan Marinello. No he visto gente con una calidad humana como la de él. Si a eso unes su cultura y los servicios que hizo, encuentras un hombre ideal. He admirado a mucha gente por un pedazo, pero no global como a Marinello.

Es un hombre que todavía hoy en Cuba no se ha valorado lo suficiente. Hay centros de investigación de la cultura cubana que llevan su nombre, pero de ahí en fuera nada. En Marinello puedes apreciar además una prosa barroca, pero bien informada. Su trabajo en la política y la cultura de este país trascendieron en el tiempo.

¿Rechazado por ser religioso?

Para ser sincero y en contra de lo que puedan pensar muchos, no. Desde el principio de la Revolución puse las cartas sobre la mesa: soy católico. Como tenía un poco de vida pública la gente ya lo sabía.

Además cuando he visto algún problema he llamado a las autoridades y les he preguntado: ¿qué diferencia hay entre los fundamentos doctrinarios de la Revolución Cubana y los evangelios, y con la Biblia?

Lo de haber entrevistado a dos Papas se debió fundamentalmente a las relaciones con las fuentes, que empiezan por el conserje y terminan con el Ministro o con el propio Papa.

Humor y emoción

¿Qué humor? La fama mía es de ser un tipo serio y callado. La gente dice que sí, pero eso es uno de los misterios que uno tiene en la vida. Confieso no haber visto una sola obra de humor de esas que salen en teatro. Quizás sea, más que humor, ironía, claro, ironía sana.

Soy un tipo raro, sensible y romántico, sin embargo, en las cosas grandes he tenido insensibilidad, por ejemplo, el día que me pusieron el distintivo de Decano del colegio de periodista o cuando me entregaron el Premio Nacional de Periodismo.

Hay dos hechos que me han emocionado muchísimo. La vez que descubrí una placa de José María Heredia en las cataratas del Niágara por la parte de Canadá, porque parecía mentira que en Cuba se hablaba tanto de Heredia y nunca se había dicho eso.

La otra oportunidad fue cuando consagraron al arzobispo de La Habana, monseñor Oves Fernández en la Catedral. Al terminar la ceremonia, durante el besamano, todos pasaron a saludarlo, y en mi turno se paró de la silla y me saludó como demostración de afecto.

Las entrevistas sí

Me apasionan las entrevistas y hasta ahora a los que he querido entrevistar lo he podido hacer, aunque tampoco creo tenerlo todo en la mano. Lo que sí me interesa es ver a la persona.

Hay una foto muy famosa donde estamos Fidel y yo solos en un tren que iba de Batabanó a La Habana. Pude haberla hecho, pero no se la hice. Ahora, siempre me ha gustado verlo y poderle preguntar.
La entrevista tiene un vestuario, una forma que es necesario cierto lujo. Sin dudas, es uno de los géneros periodísticos más difíciles de hacer, muy difícil.

Una anécdota de Bohemia

“En el año 1952, Miguel Ángel Quevedo estaba loco buscando una entrevista con el multimillonario Willian Pawey, el hombre que iba a cambiar los tranvías por los autobuses modernos y que se hospedaba en el cuarto piso del Hotel Nacional. Entré a su oficina y lo noté tenso.

Le dije: “para cuándo usted quiere la entrevista, yo creo que la puedo conseguir”. Me dijo: “muchacho, si algo admiro en ti es la seriedad, pero eso es casi imposible”. Le pedí el teléfono. Disqué. “Habla Friguls, ¿está Mister Pawley?, pregúntele si el trabajo de Bohemia puede salir ya.

Quevedo abría los ojos sin explicación. “Dice Mister Pawley que mañana por la mañana está el material con tres condiciones. La fotografía la pone él, al trabajo no puede quitarle ni ponerle un punto ni coma y debe estar firmado por el reportero de Bohemia”. ¿Por qué todo aquello? Yo le hacía las relaciones públicas en secreto al norteamericano. ¡Tremendo palo!
En la S.M.I. Catedral de La Habana, durante la Misa Solemne presidida por S.E. Cardenal Jaime Ortega Alamino,4 de junio de 2000.
En la S.M.I. Catedral de La Habana, durante la Misa Solemne presidida por S.E. Cardenal Jaime Ortega Alamino,
4 de junio de 2000.

Musicalidad en la escritura

El método para tener fresca la memoria es estar siempre con la mente movilizada. Leer es el gran dolor de mi vida, porque me pregunto para qué leo tanto si dentro de un mes, un año, quizás 4 u 8, siendo optimista viva.
Pero la lectura es fundamental. Me gusta la narrativa y la prosa poética en especial. No obstante, nunca me llamó la atención y jamás he podido hacer una poesía, ni cuando me enamoré.

Un profesor me dio un consejo en la universidad y se lo he transmitido a los periodistas: escribe y trata de oír la oración, la frase. Si no suena bien hay un error de sintaxis porque la escritura tiene musicalidad. Eso no falla.

El mejor artículo

No creo que pueda seleccionarlo dentro de mi obra ni pensar que va a venir dentro de poco. El periodista tiene que vivir hoy y ser el cronista de la vida porque muchas cosas pasan por delante y después.
El palo periodístico o Pisotón, como se llama en España, es prontitud, inmediatez. Eso hay que buscarlo con el trabajo diario, nadie lo va a tirar del cielo.

La vida y la muerte

He sido un hombre tan optimista en la vida que no le temo a nada. Ni a la muerte siquiera. En lo absoluto. Eso sí, toda la vida lo único que me ha preocupado es la última enfermedad.

De muchas cosas podría prescindirse en la vida, sobre todo en estos tiempos donde todo se ha materializado, pero del ideario fundamental y de una fe jamás. Y eso también me mantiene vivo.

La sencillez de su alma no le dejó decir mil razones más de su plenitud. Juan Emilio Friguls es de esos periodistas eternos en la historia de Cuba.

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