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  Monseñor Ubaldo Ramón Santana, arzobispo de Maracaibo y presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela, visitó La Habana para participar en la reunión del CELAM celebrada aquí del 10 al 13 de julio pasados. Esta entrevista se desarrolló en dos sesiones de tiempo libre de la comprimida agenda, pero era la única oportunidad de conocer de primera mano cuál es la percepción del episcopado venezolano sobre las nuevas formulaciones para la Iglesia continental, por un lado, y su visión e interés por los cambios que tienen lugar en aquel país.
Monseñor Ubaldo Ramón Santana, arzobispo de Maracaibo y presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela.

por Orlando Márquez

 

Buscamos el bien de todos los venezolanos.

¿Es esta su primera visita a Cuba?

Sí. Hace mucho tiempo deseaba venir a Cuba y conocer La Habana. Había oído hablar de la Iglesia cubana a través de tantos cubanos que están en Venezuela. Había oído hablar también de la isla, de sus atractivos y de su historia. Así que estoy contento de haber podido realizar ese deseo a través de esta asamblea del CELAM.

¿Cómo se ha desarrollado la asamblea?

Muy bien. Esta asamblea ha sido como una prolongación de la V Conferencia, porque la gran mayoría de los que vinimos a La Habana participamos en Aparecida y nos empapamos del espíritu que allí reinó, que fue ante todo un espíritu de oración, celebrativo, con unas liturgias extraordinarias. Nos transformamos en una comunidad orante que reflexionó sobre América, sobre la Iglesia y sobre nuestros países. Hemos tratado de mantener ese espíritu y de extraerle toda la savia que necesitamos para que este organismo continental, el CELAM, esté en condiciones de traducir Aparecida para todas nuestras iglesias y darle a nuestro continente un renovado impulso misionero. Hay algunas convicciones fuertes que queremos recoger, como por ejemplo la necesidad de colocar nuestra Iglesia, es decir todos los bautizados, en estado de misión permanente. Otra convicción fuerte es la primacía y centralidad de la Palabra de Dios, porque es esta Palabra de Dios la que convoca, la que llama a la fe y construye la comunidad.
Es primera vez que se habla de “misión continental”. ¿A qué se debe esto?

El tema se mueve en varios niveles. Hay quienes entienden la misión como la vocación de América Latina de ir hacia los países que no conocen a Cristo, lo que se llama la misión ad gentes; hay quienes entienden la misión como la necesidad de darle a toda la organización eclesial una dimensión misionera; y hay quienes entienden la misión como la necesidad de revisar y de actualizar todos los sistemas e itinerarios por medio de los cuales se trasmite la fe y se forman los discípulos dentro de nuestras comunidades. Son tres grandes pistas compartidas por la gran mayoría de nosotros, es en torno a ellas que nos hemos puesto de acuerdo para hablar de misión continental. Será también una de las fuentes inspiradoras de los programas de las conferencias episcopales.

Considerando que la misión de la Iglesia, evangelizar, es permanente, ¿esta misión continental pretende desarrollar una especie de estrategia común más orgánica y coincidente?

El CELAM siempre siembra principios, directrices, grandes líneas de acción, luego son las conferencias episcopales las que recogen esas directrices y las integran a sus proyectos pastorales. Pero no se queda ahí, pues las diócesis son como los terminales reales de toda la acción pastoral de la Iglesia, ellas recogen las líneas de acción propuestas por la conferencia episcopal y las introducen en sus planes pastorales propios. De modo que hay un doble paso: del CELAM a las conferencias y de estas a las diócesis. Todo eso va a lograr que, en cuanto al tema misionero, en los próximos años las iglesias que peregrinan en América Latina caminen en una gran sintonía. Eso puede dar pie al surgimiento de una fuerza misionera hasta ahora desconocida. Aparecida no es la primera conferencia que llama a la misión, ya Puebla había hablado de la necesidad de dar desde nuestra pobreza, y Santo Domingo insistió mucho en ir hacia los demás continentes. Pero ahora se ha tenido una visión más englobante y completa. Nuestras iglesias han alcanzado mayor madurez y organización y están mejor preparadas para aceptar este reto. Creo que en Maracaibo por ejemplo, estamos en condiciones de asumir el reto misionero en todas esas dimensiones.

Hablemos de Venezuela pro-piamente. El 7 de julio la Conferencia Episcopal de Venezuela que usted preside, hizo pública una Exhortación Pastoral que recoge importantes inquietudes de orden social. Más allá de los detalles, ¿qué preocupa realmente a los obispos venezolanos de la sociedad venezolana actual?

Lo dice el título mismo de nuestro mensaje: urge el diálogo y la reconciliación. El principal problema que confrontamos en Venezuela es la fractura interna del pueblo venezolano, y hace falta reconstruir la convivencia y crear las condiciones para crear un proyecto consensuado de país, es decir, que todos se sientan copartícipes y coautores de una sola Venezuela. Con nuestro mensaje queremos contribuir a que se tome conciencia de la urgencia de crear esos espacios, y a fundamentarlos sobre principios morales, espirituales y religiosos.

Al inicio del documento ustedes dicen que hablar sobre estas cuestiones sociales “no es una ingerencia indebida en la vida política”. ¿Por qué es necesario hacer esta aclaración?

Porque anteriormente se ha querido reducir la palabra de los obispos a la expresión de un sector político del país, y se ha pretendido sacar nuestras declaraciones del plano ético y moral en que nos ubicamos para llevarlas a un plano político partidista. Nosotros entendemos muy bien cuál es nuestro papel, sabemos que no somos parte de ninguna de las facciones políticas partidistas que pugnan por obtener poder dentro del país. No hablamos ni queremos hablar en nombre de ningún grupo constituido a favor o en contra del gobierno. Nosotros hablamos como pastores, nos dirigimos a todo el pueblo y buscamos el bien de todos los sectores de la sociedad. Queremos dar nuestro aporte para mejorar el clima político interno y acrecentar la convivencia social y el entendimiento entre todos. No estamos abogando por ningún sector en particular, ni somos portavoces de ninguna facción.

¿Es posible que los sigan considerando como representantes de un grupo político?

El fruto de nuestro diálogo con los dirigentes actuales y con los demás grupos, debiera producir a la larga una superación de este escollo. No hemos logrado todavía crear el espacio necesario para dialogar con todos los sectores, particularmente con los sectores dirigentes actuales, pero no cejamos en nuestro propósito porque creemos que si algo puede aportar la Iglesia es esa capacidad que ha tenido a lo largo de la historia de llamar a los venezolanos a entenderse y a buscar juntos soluciones que favorezcan a todos.

Asumiendo que hay católicos que simpaticen con el gobierno, ¿cómo acogen ellos estos llamados de la Iglesia?
El hecho que se haya mantenido durante todos estos años el alto índice de credibilidad para la Iglesia, según los múltiples sondeos realizados, demuestra que quienes nos oyen hablar se sienten interpretados en sus anhelos, y entienden que buscamos el bien de todos los venezolanos. He tomado como ejemplo ese índice de credibilidad, pero en términos generales encontramos de parte del pueblo una actitud de comprensión y simpatía. Creo que tendremos que hacer un esfuerzo permanente de lucidez para saber encontrar el talante, los signos y las palabras necesarias para interpretar y llegar a todos. Nos anima siempre la esperanza de encontrar los caminos que promuevan el clima necesario para la convivencia, el diálogo y el trato respetuoso de unos con otros.

En este texto hacen referencia a la posible reforma constitucional. ¿Por qué se oponen a la nueva propuesta de reforma constitucional?

La constitución actual tiene ocho años, el pueblo apenas está empezando a conocerla y practicarla. Por otro lado, creemos que en la actual constitución están muy bien garantizadas las estructuras democráticas que necesita el país. Por eso en esta última declaración apelamos a la sensatez y al sentimiento democrático no solamente de nuestro pueblo, sino también de nuestros gobernantes, para que reflexionen si realmente es conveniente lanzarnos en la aventura de reformar una constitución que apenas conocemos y no se ha puesto en práctica. Y en el caso de que se vaya a una reforma, estamos pidiendo que se haga una consulta abierta, amplia y respetuosa de todos los cauces constitucionales.

Aun cuando la Iglesia no dependa de ninguna estructura social para cumplir su misión, ¿perciben ustedes que en esta propuesta del “socialismo del siglo xxi” de la que habla el presidente Chávez, la Iglesia puede verse afectada?
La discusión en torno al “socialismo del siglo xxi” ha dado pie para dejar en claro algunos principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia. Nos ha permitido dejar bien claro que la Iglesia no se casa con ninguna fórmula política, ni con el neoliberalismo o el capitalismo salvaje, ni con el socialismo marxista-leninista, porque ninguna de esas dos fórmulas responden a las profundas aspiraciones democráticas de los pueblos, y tanto el uno como el otro han dejado terribles secuelas en la memoria y en la vida de nuestras sociedades. No estamos diciéndole ni al gobierno ni al pueblo qué es lo que tienen que hacer, sencillamente los invitamos a mirar la historia, y a construir una sociedad sobre principios y valores universalmente admitidos como son la libertad de conciencia, de expresión, la justicia, el respeto a la dignidad de la persona y sus derechos humanos.

En relación con el cierre de la cadena RCTV, ustedes hablan de la “creatividad y coraje” de los jóvenes que protestaron tal medida, mientras el gobierno considera que esas protestas han sido promovidas por la oligarquía. ¿Se ha cerrado este capítulo o el enfrentamiento puede continuar?

La medida no fue cerrar RCTV, sino de no renovar la concesión a RCTV. Esto ha reabierto un debate fuerte en Venezuela por la vigencia de la libertad de expresión. Nosotros hemos dicho que no estamos interesados en defender una señal de televisión privada y comercial como tal, de hecho en anteriores pronunciamientos hemos formulado serias críticas a ese medio y a otros. Aquí no se trata de defender a un medio, se trata de defender un espacio humano, social y comunicacional que la gente necesita. El gobierno ha ido adquiriendo un fuerte dominio en el campo de la comunicación social, casi se puede hablar ya de hegemonía comunicacional y mediática. Hay una enorme desproporción entre los medios oficiales y privados, a favor de los oficiales. Se ha roto el equilibrio y debemos invitar a toda la colectividad a velar para mantener el equilibrio requerido por la libertad de expresión.

¿Cree que podría volver a ocurrir?

Creo que hay que esforzarse por interpretar bien el movimiento estudiantil. Por primera vez en la historia han salido con una propuesta novedosa, no han salido a quemar cauchos como hacían anteriormente, ni a destruir medios de transporte, no han salido con armas a crear violencia, han salido con un mensaje y un propósito: queremos reconciliación y queremos paz, queremos que nos entendamos todos. Ese es un lenguaje que merece ser escuchado. Antes de precipitarse y catalogarlo en términos políticos es sabio por parte de un gobierno escuchar a su gente, sobre todo a los jóvenes, porque esa es la materia prima fundamental con la que se construye el futuro de una nación. Pedimos que se les escuche, y sobre la base de esa escucha, y respetando la legitimidad de esas proposiciones y reivindicaciones, incorporar sus aportes. Esa espontaneidad, esa libertad y ese sentimiento de poder hablar y manifestarse pacíficamente es un patrimonio de Venezuela, es un progreso y el cultivo de estos valores es fundamental para que no desemboquemos en enfrentamientos, odios y muertes.

Ustedes hablan también de que el diálogo iniciado con las autoridades sobre el nuevo proyecto de Ley de Educación se ha interrumpido. ¿Confían en poder retomar el diálogo?

Esos diálogos se han interrumpido cuando llegan comicios y momentos electorales. Antes de los momentos electorales se dialoga y una vez concluidos se detienen. Eso fue lo que sucedió con la Ley de Educación, una ley que se empezó a discutir y alcanzó una formulación de mucho consenso, aprobada en una primera instancia en la Asamblea Nacional y que después ha quedado no solo engavetada, sino que fue cambiada por una formulación distinta a la que había sido aprobada. La educación es un punto neurálgico para los venezolanos, porque enfoca la médula de la democracia, y por eso hay tantos deseos de participar. Para la Iglesia es también un campo de suma importancia porque ahí se juega la transmisión de los valores, de los principios y la formación ética de la población.
Cuando en este documento hablan de “solucionar los problemas sociales con los ingresos del petróleo y no con medidas populistas”, ¿qué quieren decir concretamente?

El gobierno ha invertido muchísimo dinero en programas sociales llamados “misiones”. Efectivamente ese acometido es válido, porque hay situaciones tan clamorosas que necesitan una atención inmediata y que no se pueden alcanzar si no es a través de programas sociales de alto impacto como las misiones. En ese sentido todos estamos de acuerdo que había que atacar a fondo ciertas situaciones alarmantes de pobreza, de miseria, de desempleo y darle al pueblo herramientas para que pueda salir adelante. Pero pensamos que esas misiones nunca han sido sufi-cientemente evaluadas para apreciar objetivamente sus resultados.
Monseñor Ubaldo Ramón Santana, arzobispo de Maracaibo y presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela.
Monseñor Ubaldo Ramón Santana, arzobispo de Maracaibo y presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela

Por último Monseñor, y de acuerdo con esta Exhortación Pastoral, parece que el proceso que se lleva a cabo pudiera dividir a los venezolanos en dos bandos irreconciliables, los que están a favor del “chavismo” y los que se oponen. Ustedes rechazan esta posibilidad de la división y hablan de la necesidad de reconciliación. Pero en las actuales condiciones de la sociedad venezolana ¿qué oportunidad real existe para acoger la reconciliación como una vía efectiva? ¿Es posible la reconciliación y el diálogo o continuará ganando terreno la división?

Yo creo que las condiciones están dadas para avanzar por ese camino. Hemos encontrado personas del gobierno que han manifestado mucho interés en que nosotros sigamos actuando en esa línea. Por eso creo que el espacio no está cerrado, y sería un error muy grande, una desesperación muy grande contraria al talante de los pastores, el creer que ya no hay espacios y ya no hay posibilidades para el diálogo y la reconciliación. En Venezuela hay posibilidades de construir una sociedad incluyente, democrática, abierta. Es sobre la base de esa esperanza que está presente en nuestro corazón de pastores como virtud teologal, pero que está también en muchos hombres y mujeres de Venezuela, sean oficialistas o no, que nosotros basamos nuestra propuesta. Queremos echar adelante ese mensaje y no nos vamos a detener en nuestro empeño.

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