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Pastoral de la Salud en Cuba...
Unidos al servicio de los enfermos.
por Yarelis Rico Hernández. |
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La Pastoral de la Salud (PAS) cumple 20 años, razón suficiente para que sus miembros se reúnan en La Habana del 20 al 23 de noviembre y celebren su Segundo Congreso Nacional. Repasar todo lo hecho hasta ahora, a la luz del Espíritu Santo, se convierte en el primer gran propósito de quienes voluntariamente se vuelcan a la persona enferma para atender sus necesidades y llevarle la confianza, la paz, el optimismo y la alegría del amor cristiano. |
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hermano Manuel Cólliga (O.H.) |
Nadie mejor que el hermano Manuel Cólliga (O.H.) para acercarnos a su historia. Durante 17 años se desempeñó como secretario ejecutivo de la Comisión Episcopal de Pastoral de Salud en Cuba. En ese período, no sólo tuvo el privilegio de ver nacer la idea, sino que con su carisma hospitalario impregnó claridad a esta nueva misión de la Iglesia en cuanto a lo que se debía transmitir al enfermo y cómo se hacía. Pronto al diálogo, precisó desde el principio el fin y los medios.
“Nuestra finalidad es llevar al enfermo el mensaje cristiano, en especial a los más olvidados y desatendidos. Para ello debemos buscarlos en el lugar donde se encuentren, darles ánimo, hacerles comprender que no están solos ni abandonados ni separados, que su dolor no es inútil y tiene un mensaje que va más allá del sufrimiento: ‘Dios nos ama, y su amor nos libera del dolor y de la muerte’. Esa sería la finalidad. Pero se empieza por el gesto humano de la compañía. Habrá personas a las que sólo se les puede dar el testimonio de que ‘la Iglesia está contigo’.”
Una verdad tan inmensa como intensa en el tiempo: la acción salvadora de Cristo y su mirada de predilección hacia el mundo del dolor, ¿por qué entonces sólo 20 años de la Pastoral de la Salud en Cuba? |
La Iglesia siempre había atendido a los enfermos, pero el hecho de que se visitaran de una forma organizada a nivel diocesano, no se había hecho antes. A raíz de la Reflexión Eclesial Cubana (REC) de los 80 salió la necesidad de fomentar en las comunidades cristianas este trabajo. Luego, en 1986, la idea aparece entre las principales líneas de acción del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC).
Rememoremos ahora lo que ocurría a inicios de los 80 en Roma. En 1981, el Papa Juan Pablo II sufre un atentado y experimenta el dolor en carne propia. En 1984, escribe la Primera Carta Pastoral, Salvifici doloris, donde profundiza en el sentido redentor del dolor y el sufrimiento humano. Un año después, en el 85, crea un dicasterio para la Pastoral de la Salud, Dolentium Hominum, con el objetivo de orientar y promover acciones que tengan que ver con la salud. Cuando la comunicación de este Dicasterio llega a nuestra Iglesia –año 1985– sólo tuvo que tomar forma en cuanto a organización. Nace entonces la Comisión Episcopal de Pastoral de Salud con un obispo responsable que fue Monseñor Mariano Vivanco, q.e.d. quien, a su vez, me nombra secretario ejecutivo de dicha Comisión.
¿Cómo se organiza la Pastoral de la Salud y quiénes la integran?
Todas las comunidades tienen su pastoral de salud, con un responsable en cada diócesis. La deberían conformar, en primer lugar, profesionales afines, médicos, enfermeros, trabajadores sociales, etcétera, pero por las características de Cuba, la PAS comenzó orientada por voluntarios, en su mayoría personas adultas o cercanas a la tercera edad, quienes por lo general son más sensibles al sufrimiento del hermano y comprenden mejor al enfermo.
Hemos buscado apoyo en los jóvenes, y son muy receptivos. Con ellos se han desarrollado algunos cursillos. Generalmente responden, pero sus vidas tan agitadas y sus múltiples obligaciones impiden la constancia. Como alternativa, hemos buscado actos concretos donde enrolarlos y eso nos ha traído buenos resultados.
Pero esta realidad, que en principio percibimos como deficiencia, hoy es una fortaleza. La sencillez y la gran delicadeza de las personas mayores facilita la comunicación con el enfermo y esto redunda en una mejor comprensión del mensaje que se le quiere llevar con cada visita. Aquí la Caridad es real, no ficticia. Hay una total entrega, sin reservas.
Y los profesionales de la salud, ¿no se motivan? |
Cuando la PAS ya tuvo organizado los equipos en las diócesis, quiso crear grupos con profesionales de la salud. Nos vimos en la obligación de alentar y motivar a aquellas personas que por vocación y desempeño además, están más cerca de los enfermos. Visitamos comunidades y desarrollamos encuentros para explicar los objetivos de una pastoral de la salud, su sentido cristiano, la grandeza de esta obra ante Dios… La respuesta fue muy buena. Pero la idea de integrarlos en la PAS como profesionales de la salud, tal y como hicimos con los voluntarios, no fue aprobada por la Comisión Episcopal que se ocupó del tema, la que propuso entonces que estos profesionales pertenecieran a la Comisión Episcopal de Laicos. |
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¿Qué actitudes deben acompañar a un visitador o agente de la pastoral?
Podría darte una lista larga, interminable… Pero te resumo algunas: sensible al sufrimiento, al dolor; caritativo; sencillo; comprensivo; espiritual (va en nombre de la Iglesia). Esa persona lleva el amor misericordioso del Padre. “Dios te ama, y porque Dios te ama, yo estoy aquí”.
Muchos visitadores son, también, enfermos. Ellos, por su propia condición, llegan de una forma más directa y eficaz a quienes se encuentran en la misma situación. En una ocasión, me hallaba muy cansado, estaba estresado por la carga de trabajo y tenía que participar en una reunión de PAS. Pensé en no ir, pero fui con muy poca o ninguna motivación. A la reunión asistió una persona que casi no podía caminar por una linfangitis. Estuvo todo el tiempo con la pierna en alto. Sentí vergüenza de mí mismo. ¿Cómo podía quejarme del trabajo si aquella persona estaba allí, arrastrando su pierna?
Esta es una pastoral de pobres y para los pobres. Es un signo clarísimo de lo que es el Reino de Dios. Por otra parte, nosotros no hacemos distinción, el enfermo es un hermano nuestro y es nuestra obligación apoyarle, sea una persona de Iglesia de toda la vida o sea un ateo.
En su consideración, ¿cuál es el método más efectivo para llegar a un enfermo, para hablarle?
Hay que tener un sexto sentido para ver qué necesita. Lo esencial es ponerse en la relación de ayuda que él precisa; ver con los ojos espirituales lo que quiere y caminar por ahí. Un clérigo, acostumbrado a visitar a un enfermo, llega un domingo a su casa y lo encuentra inconsciente. El sacerdote se puso a orar: ‘mira, yo quiero orar contigo… el Señor te ama… no te abandona…’. Cuando vio que el hombre no reaccionaba hizo silencio. El enfermo le dijo, como en un susurro, ‘siga, padre, siga’. El enfermo es siempre un misterio. A veces es sólo la compañía el mejor de los consuelos, o el método más efectivo, como quiera llamársele.
Según Carlos Gardel “veinte años no son nada”. Eso se dice fácil…
Sólo se dice, pero la realidad supera cualquier expectativa. Hoy existen cerca de 500 equipos de visitadores y se realizan mensualmente casi 30 mil visitas. No imagino, ni deseo una comunidad sin PAS. Algunos la siguen considerando una pastoral menor, con poco brillo, oscura, silenciosa, anónima… Se trata de servir a Dios en medio del dolor, allí donde el sufrimiento es mayor, sin mucho reconocimiento público. El Evangelio de Jesucristo enseña que en el ejercicio del amor fraterno deben ser los enfermos y ancianos los privilegiados, por tanto, todo gesto a favor de ellos es testimonio de la presencia de Cristo en este mundo. Esto es obra de Dios, nosotros somos meros instrumentos; una prueba más de que los hombres pasan, las culturas pasan, las políticas pasan…pero Dios siempre está y estará siempre ahí. ¡Gracias a Dios que es así! |
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