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Oyentes de la Palabra
LITURGIA PARA EL MES DE NOVIEMBRE

por fray Jesús Espeja o.p.

“UN MUNDO ACOGIDO POR LA MISERICORDIA DE DIOS” 


4 DE NOV.: DOMINGO 31 DEL TIEMPO ORDINARIO

“UN MUNDO ACOGIDO
POR LA MISERICORDIA DE DIOS” 

La Palabra de Dios: “Señor, te compadeces de todos” (primera lectura); “No perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis” (segunda lectura); “Hoy tengo que alojarme en tu casa” (Evangelio).

1. Muchos hombres y mujeres hoy viven al margen de Dios y de la religión, al menos al margen de la religión cristiana; y naturalmente los cristianos, que creemos en el valor del evangelio para la salvación o plena realización de los seres humanos, nos preguntamos: ¿qué será de ellos? La primera lectura responde: Dios ama a todos, habla en el corazón de todos y “de todos se compadece”.

2. Por otra parte nosotros mismos muchas veces sentimos el desánimo al ver que cada día no somos mejores y que, a pesar de nuestros esfuerzos, no logramos la perfección anhelada. Incluso podemos quedar atrapados por el miedo al castigo por nuestras incoherencias. Fácilmente olvidamos que Dios nos sigue amando incluso cuando somos

pecadores. Siguen teniendo actualidad la recomendación de Pablo en la segunda lectura: “no perdáis la cabeza ni os alarméis”.

3. Zaqueo es un publicano, en aquella sociedad judía un hombre impuro y pecador; además era físicamente tan pequeño que le tapaba la gente. Pero tuvo la valentía de trepar a un árbol, salir de la masificación humana, para ver a Jesús que pasaba por allí. Viendo Jesús la buena intención de aquel hombre insignificante, se invitó: “Zaqueo, tengo que alojarme en tu casa”. Es necesario que salgamos de la masificación y de la superficialidad. Tratemos de ser nosotros mismos y pensar por nuestra cuenta. Sin esa opción personal, no habrá encuentro con Cristo vivo, no habrá verdadero cristianismo.

11 DE NOV.: DOMINGO 32 DEL TIEMPO ORDINARIO
“AL DESPERTAR ME SACIARÉ
DE TU SEMBLANTE” 

La Palabra de Dios: “El rey del universo nos resucitará para una vida eterna” (primera lectura); “El Señor nos ha regalado una gran esperanza” (segunda lectura); “El Dios de Abrahán, Isaac, no es un Dios de muertos sino de vivos” (Evangelio).

1. Hemos escuchado en la primera lectura cómo siete hermanos, por mantenerse fieles a Dios, fueron asesinados por un emperador cruel. La historia humana está plagada de crímenes contra personas inocentes. Y uno se pregunta ¿dónde está Dios? Según esa lectura, Dios estaba en cada uno de aquellos hermanos dándoles fuerza y confianza. Entregaban la vida confiando en que Dios no los abandonaría en la oscuridad de la muerte.

2. San Pablo escribe a una comunidad cristiana que encuentra dificultades y también se pregunta cuándo se manifestará e intervendrá Dios, cuándo volverá Jesucristo en poder y gloria. Pablo les recuerda que Dios ya está con ellos: Dios nos está amando y nos está regalando un consuelo permanente y una gran esperanza. Lo importante no es mirar al cielo a ver si viene Dios o Jesucristo de entre las nubes, sino escuchar su voz dentro de nosotros mismos, en el sagrario de nuestra conciencia.

3. En tiempo de Jesús la mayoría de los judíos creían en la resurrección después de la muerte, excepto los saduceos que tienden una trampa a Jesús con ese cuento de una mujer que tuvo siete maridos. Pero Jesús les responde que no conocen las Escrituras. En el libro del Éxodo –libro de la Zarza – Dios se manifiesta como protector de Abrahán, Isaac… de todos los seres humanos. Por otra parte es dueño de la vida. Luego no dejará en la oscuridad de la muerte a sus protegidos. Vivamos siempre confiando en ese Dueño de la vida que nos ama: “al despertar me saciaré de tu semblante, Señor” (salmo responsorial).

18 DE NOV.: DOMINGO 33 DEL TIEMPO
“NUESTRO FUTURO HABITADO POR LA GRACIA ”
 

La Palabra de Dios: “Los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas” (primera lectura), “Trabajad con tranquilidad para ganaros el pan” (segunda lectura); “Tendréis ocasión de dar testimonio” (Evangelio).

1. Estamos terminando el año litúrgico, y es natural que nos planteemos nuestro final de la existencia: ¿cuál es nuestro porvenir y el porvenir de nuestro mundo? El interrogante merece la pena, pues mirando a un lado y a otro parece que no vemos más que conflictos y desgracias. Encima nunca faltan profetas de calamidades, incluso dentro de la Iglesia , que sólo ven sombras de muerte en todos los sitios y anuncian nuevas calamidades. La Palabra de Dios, en cambio, nos anuncia un futuro de gracia, habitado ya por el amor de Dios “que lleva la salvación en las alas”.

2. A veces nos pasamos el tiempo diciendo que las cosas están muy mal; a ver si cambian los políticos y se arregla la situación; o tal vez venga pronto Jesucristo sobre las nubes del cielo y con su poder acabe con tantos males. Algo parecido pensaban ya los primeros cristianos de Tesalónica. Pero san Pablo les dedica una carta llamando la atención: déjense de sueños, y responsabilícense cada uno construyendo el porvenir mejor para todos, “el que no trabaje que no coma”.

3. Cuando san Lucas escribe su evangelio estaba de moda la mentalidad apocalíptica: llegará el fin del mundo en medio de grandes catástrofes y entonces cada uno dará cuenta de su conducta. El evangelio recuerda que ciertamente todo es relativo; hasta el templo de Jerusalén que puede ser destruido; por eso no hay que dar crédito incondicional a falsos mesianismos políticos o económicos que pretenden ser lo último. Sin embargo, en medio de tantos fracasos y desgracias en el ámbito personal y sociopolítico, hay que mantener la confianza: “no tengáis miedo, ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”. Esta confianza en Alguien que, ocurra lo que ocurra, siempre está con nosotros, es el testimonio que, según el evangelio de hoy, debemos ofrecer los cristianos.

25 DE NOV.: FESTIVIDAD DE JESUCRISTO REY
“UNA EXTRAÑA REALEZA”

La Palabra de Dios: “tú serás el pastor de mi pueblo” (primera lectura); “en Jesucristo, Dios quiso reconciliar consigo todos los seres” (segunda lectura); “Este es el rey de los judíos” (Evangelio).

1. Solemos mirar la categoría de las personas por el puesto elevado que ocupan; cuanto más alto, son más respetables. Incluso cuando proclamamos la igualdad de todos, se acota: “pero unos son más iguales que otros”. En esa visión, a Jesucristo le ponemos por encima de todos los reyes; pero ¿cómo entender esa elevación?

2. El pueblo donde se escribió la Biblia , como todos los pueblos, soñó con un rey, jefe o mandatario, ideal: que no sea opresor, que no imponga su voluntad por la fuerza. Que sea “como un pastor”, imagen que en aquella cultura rural es el que conduce al rebaño para que encuentre buenos pastos. La segunda lectura pone como prototipo de ese rey ideal a Jesucristo que fue capaz de morir para manifestarnos que Dios nos ama, que todos tenemos el mismo Padre, y que debemos vivir reconciliados como hermanos.

3. Según el evangelio, Jesús ha sido condenado como un criminal, su rostro está desfigurado por el cansancio, los desprecios y las bofetadas, su cuerpo cuelga de un madero como escarnio sangriento de la humanidad. Y ahí la primera comunidad cristiana confiesa que Jesús es Rey del universo. Su realeza no está en la humillación, en el desprecio ni en la muerte de cruz, sino en el amor al Dios de los seres humanos y a los seres humanos como imagen de Dios. Gracias a ese amor fue hombre para los demás, y probó ese amor entregando incluso la propia vida que le arrebataron injustamente. Un camino para todos los cristianos que, al proyectar nuestra existencia sobre las huellas de Jesucristo, queremos “re-crear” su conducta en nuestra propia historia. En esa configuración participamos de su realeza y podemos colaborar a construir ese reino “de verdad y de vida, de justicia, de amor y de paz”.


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