Amando la Sabiduría
Diógenes.
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¿Ser un poco cínicos...?
¡No estaría mal!
por Narciso de la Iglesia Rodríguez, sdb |
Hay una corriente filosófica fundada en Grecia, allá por la segunda mitad del siglo iv, que, al ver a la gente de mi ciudad, me está inquietando desde hace tiempo. Aparentemente no parece filosofía, pero lo que dice tiene mucha carga de profundidad. Además, tuvo muchos maestros. Se trata de la escuela cínica. Seguro que usted ha oído hablar de Diógenes Laercio, el que andaba desnudo por la calle, metido en un tonel. Pues, sí, tanto él como Antístenes y Crates fueron sus máximos exponentes. Los nombrecitos se las traen, pero las perlas que nos lanzan y, sobre todo, su estilo de vivir no se queda atrás. Verá qué interesante todo esto de los cínicos. ¡Ah!, una pregunta indiscreta: ¿es usted cínico? ¡Cuidado, no se me ponga |
bravo! Y le digo la verdad: a mí me gustaría serlo un poco más. Siga leyendo y al final me responde.
Decir hoy de alguien que es un cínico es tanto como afirmar que no cree en nada, que es una persona que carece de principios, a la que los valores le importan un comino y que no respeta a los demás. Pero en su momento, cuando nació la escuela, no era así en absoluto y se consideraba a los cínicos unos moralistas muy exigentes. Los filósofos cínicos se regían por un principio fundamental: intentar vivir sus vidas en función de la naturaleza y no de las convenciones sociales artificiales de las que no paraban de mofarse. ¡Ay, quien tuviera carácter para ser así de auténticos y no preocuparse de la opinión de los demás a la hora de actuar…!
Decían que la felicidad venía dada siguiendo una vida simple y en correspondencia con la naturaleza, que el hombre llevaba ya en sí mismo los elementos para ser feliz y conquistar su autonomía era de hecho el verdadero bien. De ahí el desprecio a las riquezas y a cualquier forma de preocupación material. El hombre con menos necesidades era el más libre y el más feliz. Atiéndame bien: “con menos necesidades”, no con menos cosas, señor mío, aunque lo uno va ligado a lo otro, sin duda.
Todas esas ideas tienen seguramente su origen en el ideal de una vida lo más acorde posible con lo natural, que cristalizaría en el proyecto de retorno a la naturaleza. Vamos, que se trataría de vivir del modo más natural posible, sí, como los animales, como un perro, por ejemplo (de ahí proviene “cínico”, kyon en griego que significa “perro”). ¿Se da cuenta ya de donde viene la palabra cínico?
Pero sigamos el hilo de esta serie de ideas que resultan esenciales en el cinismo antiguo; mas no sólo de ideas, amigo del alma, sino también de actitudes, puesto que no nos hallamos únicamente ante una filosofía, sino, asimismo, ante una forma de vivir. Paralelamente al menosprecio de los usos sociales, esa propuesta de una “vida natural” era vista como inseparable de la sencillez y la simplicidad, que obligarían a desprenderse de todo aquello considerado superfluo y prescindible, a limitar los deseos a lo auténticamente necesario y fácilmente alcanzable, y, asimismo, a la renuncia y la indiferencia de las cosas que son causa del desvelo de las más de las gentes: honores, riquezas y poder. Así, por ejemplo, refiere Diógenes de su homónimo el cínico que: “Viniendo una vez a él Alejandro y diciéndole: ‘Yo soy Alejandro, aquel gran rey’, le respondió: ‘Yo soy Diógenes el can ¿pasa algo?’.”
Y también que: “Habiendo visto una vez que un muchacho bebía con las manos, sacó su vaso del zurrón y lo arrojó diciendo: ‘Un muchacho me gana en simplicidad y economía’. Arrojó también el plato, habiendo igualmente visto que otro muchacho, cuyo plato se había quebrado, puso las lentejas que comía entre pan y pan.”
Cuánto me recuerda a mí este comportamiento a nuestro Maestro Jesús de Nazaret cuando predicaba por tierras de Palestina: “No se inquieten diciendo ¿qué comeremos?, ¿qué beberemos?, ¿con qué nos vestiremos? Esas son las cosas por las que se preocupan los paganos. Ya sabe el Padre celestial lo que necesitan. Busquen primero el Reino de Dios y hacer su voluntad y todo lo demás les vendrá por añadidura.” (Mt 6,31-33). Reino de Dios, ser auténticos, naturales, espontáneos… ¿un poco cínicos? Pues sí, cínicos en el sentido de aquellos filósofos de los que les he hablado y a los que les importaba “un comino” lo que pensaran o dijeran de su comportamiento.
Pero, oiga, el nuestro de acuerdo al Evangelio, a la Palabra de Jesús que es Camino, Verdad y Vida.
Ahora respóndame con sinceridad: ¿le gustaría ser un poco cínico? |
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