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Señor, no me reprendas con ira, no me corrijas con cólera;
tus flechas se me han clavado, tu mano pesa sobre mí;
no hay parte ilesa de mi carne, a causa de tu furor;
no me queda un hueso sano, a causa de mis pecados;
mis culpas sobrepasan mi cabeza, son un peso superior a mis fuerzas;
(...)
Señor mío, mis ansias están en tu presencia,
no se te ocultan mis gemidos;
siento palpitar mi corazón, me abandonan las fuerzas
y me falta hasta la luz de mis ojos.
Mis amigos, mis compañeros, mis parientes,
por mi dolencia se mantienen a distancia;
me tienden lazos los que atentan contra mí,
los que me quieren mal anuncian desgracias
y todo el día propalan calumnias.
(...)
No me abandones, Señor, Dios mío, no te quedes lejos;
ven aprisa a socorrerme, Señor mío, mi salvación.
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Salmo 38 |
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Más de 40 millones de personas en todo el mundo están infectadas por el VIH, el 95 por ciento de ellas vive en países en desarrollo. El VIH/SIDA ha cobrado la vida de más de 20 millones de personas en todo el mundo, y en la actualidad es la principal causa de defunción en África, y la cuarta a nivel mundial. Llamada también a responder al desafío del SIDA, y considerando que se trata de una verdadera patología del espíritu que lleva consigo una crisis de valores, la Iglesia Católica desarrolla importantes esfuerzos tanto en la prevención como en la asistencia a personas afectadas. En Cuba, la labor de religiosos y religiosas, fundamentalmente, ha hecho más creíble y eficaz la doctrina y la realidad del amor cristiano en la lucha contra el Sida
(ver artículo).
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