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La amenazadora difusión del SIDA lanza a todos un doble desafío, que también la Iglesia quiere recoger en la parte que le compete: me refiero a la prevención de la enfermedad y a la asistencia prestada a quienes han quedado afectados por ella. Una acción realmente eficaz en estos dos campos no podrá llevarse a cabo si no se intenta sostener el esfuerzo común con la aportación que deriva de una visión constructiva de la dignidad de la persona humana y de su destino trascendente.
La Iglesia ante el SIDA*
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Entre amor y sombras
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(Primera Parte)
texto Yarelis RICO HERNÁNDEZ
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Fui diagnosticada en el año 91. Perdí a mi mamá cuando tenía 16 años y tuve que irme de la casa porque mi padrastro me enamoró. Ahí empecé a rodar, y de Sancti Spíritus fui a parar a la Isla de la Juventud. Allá me junté con el padre de mi hijo, tuve el niño y casi al cumplir el año nos separamos.
Regresé entonces a mi casa con mis hermanos, ellos me dieron un cuartucho que tenía hasta una fosa, y en el piso dormía con el niño. Comencé a prostituirme porque el padre de mi hijo no me daba ni un medio para mantenerlo. Y lo peor, lo cargaba y salía con él para venderme por un plato de comida. Cuando me enfermé fue que su papá quiso darme dinero, pero… ¿para qué? Ya no había remedio.
Es una mujer hermosa y aún cuando ríe sus ojos revelan gran tristeza. El contexto donde se desarrolló su vida en plena adolescencia no le ofreció muchas opciones para elegir, y al paso de los años, su nombre está en la lista de personas que en Cuba viven con VIH. Bárbara es paciente SIDA.
Enseguida que me detectaron como seropositiva tuve que entrar al sanatorio. El niño se lo llevó su abuela paterna y ella fue quien lo crió. Ahora está con el |
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papá. Mis hermanos vendieron la casa, me dejaron en la calle. Hoy no tengo nada mío, y de ellos jamás he tenido ni una sola noticia. Mi única familia es mi hijo, y por supuesto, el padre Félix. Él es un excelente ser humano, alguien que me quiere de verdad, que me respeta, que me acepta como soy. Desde que lo conocí, yo he cambiado mucho mi manera de ver las cosas…Antes yo ni pensaba, fíjate que fui presa por propagación de la epidemia en 1992. Me cogieron en Cienfuegos. Estuve en el sanatorio de Nazareno hasta que salí definitivamente para la calle en el 2003. Pero antes ya había ido a ver a mi hijo. Él no sabía que yo era su mamá. No le habían hablado de mí.
Siempre, cuando reviso mi vida, el gran desastre que ha sido mi vida, pienso en si hubiese otra oportunidad para vivirla nuevamente. Si existiese, prefiero pedir limosnas, rogar un plato de comida en cualquier casa antes de vender mi cuerpo. Porque muchas veces me llevaron presa con mi hijo. Y cuando salía tocaba cualquier puerta y pedía algo de comer para él. A mí me llegaron a abrir un expediente por prostitución y no me llevaron presa porque me metieron en el sanatorio, si no estuviese rodando todavía por ahí con mi pequeño, que ya es todo un hombre.
Estamos, el padre Félix y yo, en un extremo del pueblo habanero de Gabriel, en una vieja casa de madera donde las nuevas goteras del techo le luchan un espacio a las viejas para instalarse. Aquí vive Bárbara desde hace cinco años, aquí comparte sus días con su pareja actual, que no está enfermo, aquí no tiene domicilio legal ni libreta de alimentos. No trabaja porque no tiene noveno grado, y para estudiar tendría que ir hasta Güira y el transporte en la zona es una calamidad. De cuando en cuando limpia una casa vecina y con el dinero que le pagan aminora un poco los gastos de su marido. Confiesa haberse acostumbrado al rechazo de casi todas las personas del pueblo, de lo contrario ya habría enloquecido.
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Bárbara junto al padre Félix. |
PRINCIPIO DE UNA HISTORIA
Se asegura que la era del SIDA empezó oficialmente el 5 de junio de 1981 en Los Ángeles, Estados Unidos. En un inicio se identificó como una enfermedad de homosexuales y la prensa comenzó a llamarla la “peste rosa”, aunque muy pronto la padecieron también usuarios de drogas inyectables, receptores de transfusiones sanguíneas y mujeres heterosexuales. Tras ser bautizada con el nombre de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) e identificarse años más tarde al VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) como la causa de su desencadenamiento, las primeras investigaciones concluyeron que la principal vía de difusión de la epidemia era la práctica de relaciones sexuales de riesgo.
Mientras la atención se concentró sólo en la población gay, el SIDA siguió su curso. Esto propició que se extendiera sin control entre los heterosexuales, particularmente en África, el Caribe y luego en Asia. Hubo
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de pasar algunos años y de propagarse la epidemia por todos los continentes de manera alarmante para que la comunidad homosexual dejara de cargar con la culpa de su aparición y posterior expansión. No fue hasta que se diagnosticaron los primeros casos en los países desarrollados que el mundo conoció de la existencia de la enfermedad, sin embargo el punto de partida de la epidemia lo marcó África Central, donde durante largos años pasó inadvertida.
Pronto la terrible difusión del SIDA se convirtió en un gran desafío para la mayoría de los gobiernos nacionales. Por su parte, la Organización de Naciones Unidas ponía en marcha un programa de acción destinado a la prevención y al tratamiento de la enfermedad que descansaba en un Fondo Mundial para su financiamiento.
Llamada también a responder al desafío del SIDA, y considerando que se trataba de una verdadera patología del espíritu que lleva consigo una crisis de valores morales, la Iglesia Católica colaboró desde el principio con instituciones internacionales y desarrolló importantes esfuerzos tanto en la prevención como en la asistencia a personas afectadas.
En carta del Papa Juan Pablo II a Kofi Annan, secretario general de la ONU, el Sumo Pontífice aseguraba que la epidemia del VIH/SIDA no se trataba sólo de un problema de salud, ya que la infección traía consigo consecuencias dramáticas en la vida social, económica y política de los pueblos. Precisaba entonces que la lucha contra el SIDA debía inspirarse en una visión constructiva de la dignidad del hombre y trabajar a favor de la juventud, ayudándole a crecer hacia una madurez afectiva y responsable. “La Iglesia Católica sigue afirmando, a través de su magisterio y su compromiso a favor de los enfermos SIDA, el valor sagrado de la vida. Los esfuerzos que realiza se sitúan en el marco del amor y del servicio a la vida de todos, desde la concepción hasta el fin natural”. Considerando las posibilidades de los ciudadanos de los países más pobres, el Papa llamaba también la atención sobre el acceso de los enfermos a los cuidados médicos, y dentro de lo posible a las terapias antirretrovirales, cuyos precios eran excesivos y a veces, incluso, exorbitantes.
De entonces a la fecha la realidad ha cambiado poco para las personas que viven con VIH en las regiones más pobres. Para ellas, el acceso a los medicamentos y terapias que pueden alargar sus vidas y restituir incluso sus sistemas inmunológicos, sigue siendo una verdadera utopía. Hoy, en África, muchos seres humanos fallecen porque no tienen cómo alimentarse ni cómo tratarse. En América sucede lo mismo y en Asia también. La situación que antecedió a este siglo, sigue siendo actual.
CUBA: ¿REALIDAD APARTE?
Con el diagnóstico en 1986 de los primeros casos de VIH en Cuba, se puso en práctica un programa nacional de lucha contra la epidemia que tenía como prioridad el control y prevención de la infección. Por esa fecha, la estrategia cubana contemplaba entre sus aspectos fundamentales el pesquisaje masivo, el tratamiento sanatorial y la educación sanitaria. El profesor Jorge Pérez, subdirector de Atención Médica del Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí” y quien fuera director del sanatorio que albergó a los primeros pacientes, comenta sobre aquella decisión estatal de internar a las personas infectadas:
“Cuando me designan director del Sanatorio de Santiago de Las Vegas (Los Cocos) ya la decisión estaba tomada. Mi papel fue tratar de poner claro que esta no era la única vía para enfrentar la situación. Y por esa razón hablamos y demostramos que era más humano hacer un sistema de atención ambulatoria. ¿Factores por lo que yo creo que el país asumió la decisión de la política sanatorial, que pudiera haber sido muy criticada pero que tuvo sus ventajas…? Primero: la infección no se conocía mucho en el mundo, y se trató de dar a un grupo de personas que era muy reducido en aquel momento la mejor atención posible. Segundo: se veía venir una crisis que se agudizó en los años 89 y 90. Por otra parte, con el internamiento y la atención esmerada hacia estas personas se conocía de la historia natural de la infección, del tratamiento y de cómo se comportaría esta epidemia en el mundo; al mismo tiempo se trataba de contener.
”El método fue muy seguro para los que venían infectados del exterior, así no contagiaron a un mayor número de personas. Lógicamente, la epidemia fue subiendo porque nadie escapa a esto, y es una infección de transmisión sexual, no deja marcas y se transmite por vía placentera… A medida que pasaban los años, recogimos una serie de vivencias y experiencias que nos las brindaban aquellas personas con distintos tipos de creencias, preferencias, gustos y educación que convivían en un mismo espacio, y nos percatamos de que el problema del VIH se confinaba al sanatorio, específicamente al que estaba en Ciudad de La Habana. Esto limitaba la preparación del país y de los servicios de salud en el resto de la Isla para afrontar la epidemia como un problema médico. Por lo tanto se imponía universalizar los sanatorios. Luego de muchas conversaciones y consultas se decidió abrir en cada provincia un lugar donde estas personas se pudieran atender. |
”Después empezamos a trabajar en la educación de los seropositivos y aprovecharlos para la propaganda de prevención. Se crearon los grupos GPSIDA (Grupos de Prevención), y se comenzó a dar una dimensión diferente al sanatorio. Se luchaba por la vida, no por la muerte. Al mismo tiempo que se aceptaba la pluralidad no sólo religiosa, sino también filosófica, que se habilitaban y ofrecían cursos para preparar consejeros, nos convencíamos más de que no había porqué privar a la comunidad de una persona socialmente útil y dedicamos todos nuestros esfuerzos a lograr reincorporarlos a la vida laboral. Desde ese momento, año 1994, quienes lo desearon pudieron pasar al servicio de atención ambulatoria.”
También en Cuba, a través de sacerdotes, religiosos y religiosas, la Iglesia se acercó al dolor de las primeras |
Doctor Jorge Pérez. |
personas diagnosticadas. Muchos de ellos, llamados por el Papa Juan Pablo II a ser “heraldos del Evangelio del sufrimiento en el mundo contemporáneo”, asistieron espiritualmente a los enfermos en los sanatorios donde se hallaban internados. La labor de sor Fara González (h.c.) y la de los padres Félix Hernández y Fernando de La Vega, párrocos de Bauta y de Monserrate, respectivamente, ha hecho más creíble y eficaz la doctrina y la realidad del amor cristiano.
Una llamada, una simple llamada telefónica fue el motivo que acercó al padre Félix a lo que entonces sorprendía como una nueva y amenazadora calamidad en Cuba…
“Era párroco en San José y me llamó un muchacho del sanatorio de Nazareno. Quería que lo sacara de aquel lugar. Por supuesto que yo no podía, en la iglesia no tenía sitio para tenerlo. Le prometí ir a verlo. Ya en el sanatorio empecé por hablar con un psicólogo y terminé conversando con el director. Le expliqué que como sacerdote sí me interesaba visitar a los muchachos, al menos al que me había llamado. Me dieron la entrevista con varios de ellos y eso me permitió tener más argumentos para conversar nuevamente con el director y pedir que me autorizara la entrada al sanatorio para tener pequeños encuentros con los pacientes y desarrollar temas relacionados con la fe. Lo autorizó y entonces quedamos en que iría los viernes en la tarde. Los muchachos seguían insistiendo para que de vez en vez yo los sacara, pero fui sincero y les dije que mi mayor interés radicaba en brindarles una atención espiritual, que la Iglesia no tenía condiciones para hacerse cargo de ellos.
”En un primer momento traté de dar catequesis y quise hacer celebraciones, pero pronto comprendí que era más efectivo hablar de cualquier tema mediante un contacto personal, lo que me permitía además establecer una relación de amistad. De esta manera lograba que fueran más espontáneos y sinceros… que se sintieran en confianza. Luego de algunos encuentros comenzaron a visitarme. A veces llegaban a la parroquia y me acompañaban a visitar algún enfermo. La comunidad pronto los aceptó, aunque no faltó quien se me acercara para pedirme que mantuviera cierta distancia con ellos pues podía contagiarme. Tal fue mi asombro que preferí no hacer caso de este tipo de comentario o advertencia.
”Recuerdo con mucho cariño a Rey Lara. Falleció. Tenía un gran problema familiar, pues su mamá no le perdonaba sus desórdenes de conducta… Estaba preso porque había robado y para todos sus parientes él era la oveja negra de la familia. Casi muriéndose lo visité. Tenía un gran peso en la conciencia, quería que su madre lo perdonara… Lloraba como un niño. Hablé con la mamá, y le dije ‘mire, yo no sé si usted lo perdonará de verdad o de mentira, pero Rey Lara está muriendo y necesita de su perdón para descansar en paz’. Lo perdonó.
”Un día, o una horas antes de morir, me mandó a buscar. Quería conversar conmigo, estaba feliz y me pidió que cuando mejorara lo bautizara. Pero estaba tan mal, yo sabía que le quedaban sólo horas. Le dije: ‘no, ¿para qué esperar? Ya tú estás preparado, y te voy a bautizar ahora mismo. Le pregunté si quería bautizarse en ese momento y me dijo que lo que más quería en el mundo era estar con Cristo. Le pedí un algodón a la enfermera, lo mojé y lo bauticé. Poco después murió.”
Entre la Iglesia y el personal de salud que en Cuba atiende a las personas viviendo con VIH media el respeto. En consonancia, el profesor Jorge Pérez opina que ante la amenazadora difusión del SIDA compete a todos enfrentar en un esfuerzo común el doble desafío de la prevención de la enfermedad y la asistencia a quienes han quedado afectados por ella. Pese a las discrepancias en algunos temas como el uso del condón o preservativo para prevenir la expansión de la epidemia, el especialista alerta que en esta lucha lo que vale es el respeto y la unión. “Hasta donde yo conozco el gobierno ha visto con beneplácito la ayuda y la participación de la Iglesia en este aspecto. Tampoco he visto oposición por parte de la Iglesia, sino todo lo contrario”, precisó.
A juicio del padre Félix, para quien todavía resultan insuficientes las acciones de la Iglesia en Cuba para acercarse y consolar a los enfermos de SIDA, la relación que como sacerdote ha mantenido con las direcciones de los sanatorios ha sido muy buena.
“En cierta ocasión salí con tres muchachos del sanatorio y un custodio que por lo general los acompañaba y vigilaba. Cuando llegamos a la parroquia, el custodio me entrega el carné de identidad de cada joven, y me dice que Pablo, quien era director del sanatorio en ese momento, le había asegurado que yo me haría cargo sin problemas de los tres muchachos y que el lunes por la mañana se los llevara de regreso. Le dije: ‘¡Pablo está loco!’, pero me hizo saber que ya había cumplido con acompañarlos hasta mi casa, lo demás no era asunto suyo. El lunes, le pregunto a Pablo que quién le había dicho que yo podía estar cuidando a los muchachos todo un fin de semana, si con todo lo que tenía encima apenas alcanzaba para cuidarme a mí mismo’. Y me respondió: ‘pues mire, acostúmbrese, porque voy a seguir mandándoselos’.”
EDUCAR EN EL AMOR
Estadísticas recientes revelan que en Cuba la epidemia del SIDA crece y en los últimos años experimenta un desplazamiento a edades más avanzadas (personas mayores de 30 años). La media está en 34 años. De un total de 9079 personas diagnosticadas, 81 por ciento son hombres y 19 por ciento mujeres. Pero dentro de los hombres, el 86 por corresponde a hombres que tienen sexo con hombres (HSH), población que sigue siendo la más afectada por el VIH. La infección ha aumentado también en mujeres y en heterosexuales. En el grupo de las mujeres, más del 75 por ciento está infectado por hombres bisexuales. Según los reportes más recientes, en el país hay 5524 seropositivos vivos y 1855 enfermos SIDA, lo que hace un total de más de siete mil personas viviendo con VIH.
Existe un buen control sobre los productos sanguíneos y un seguimiento a los 26 niños afectados en toda la Isla. Mil 660 personas han fallecido de SIDA desde 1986 hasta la fecha.
“Desde el año 2001 –refiere el doctor Jorge Pérez– Cuba produce seis medicamentos que se incluyen dentro de la terapia antirretroviral, y a través del Fondo Global entran al país seis o siete más. Esto hace un gran total de 15 medicamentos que forman parte del tratamiento –gratuito en el país– que debe llevar la persona que vive con VIH/SIDA, pues restablece su sistema inmunológico y reduce la carga viral a niveles indetectables, lo que a su vez se traduce en una dilación del período asintomático o incubación. El esquema de la terapia antirretroviral se basa en tres medicamentos: dos inhibidores de la transcriptasa reversa y un inhibidor de la proteasa, o tres inhibidores de la transcriptasa reversa (dos análogos y un no análogo). Esto ha tenido un impacto en la disminución de los casos SIDA y de de las muertes en el país. Por otra parte, siguen abiertos los sanatorios con un personal de salud debidamente entrenado para atender a quienes deseen vivir allí o tengan necesidad de un tratamiento o proceso de recuperación. Y en aras de una mejor nutrición, los casos diagnosticados reciben una dieta del Estado cubano y otra adicional que entrega el Fondo Global.”
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Para la prevención y control de las infecciones de transmisión sexual y del VIH/SIDA existen desde el nivel municipal hasta el nacional centros especializados para este trabajo. Gloria Pouza-da, quien pertenece al grupo provincial de Ciudad de La Habana y se desempeña como especialista principal del componente educativo, explica que entre las acciones que agrupa este departamento se halla, justamente, la de apoyo a personas que viven con el VIH/SIDA. A ella se suman además, las consejerías ya sean de servicio anónimo o cara a cara y las líneas de trabajo dirigidas a jóvenes, mujeres, hombres que tienen sexo con hombres, personas que se prostituyen y la del mercadeo social de condones.
”Justamente –amplía la especialista– en Ciudad de La Habana se concentra el 53 por ciento de la epidemia en Cuba, una situación que es característica delas capitales del mundo. |
Prevención en las calles.
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Cualquiermunicipio de nuestra provincia tiene más casos que una provincia del país. De ahí que para nosotros resulte tan importante definir bien las estrategias en cuanto a cómo asumir y desarrollar las distintas actividades, tales como capacitaciones, encuentros y la formación de promotores para el trabajo con iguales: mujeres con mujeres, jóvenes con jóvenes, HSH con HSH y la comunidad de personas que viven con VIH que constituye un equipo que también se dedica a la labor de seguimiento, apoyo e incremento de la calidad de vida de las personas que viven con VIH/SIDA.”
El trabajo de prevención de este tipo de centro se enfoca en primer lugar hacia la percepción de riesgo que tenga la persona. Al respecto agrega Gloria Pouzada:
“Nosotros tratamos de darle elementos a las personas para que sean capaces de hacer un análisis y decir: ‘yo estoy en riesgo, pues he tenido tal práctica sexual y he cambiado frecuentemente de pareja sin protegerme’. Nuestro objetivo es que esa persona a la cual le levantamos un poco la duda vaya y se haga la prueba del VIH.
”A nuestro juicio, para la contención de la epidemia existen tres pilares fundamentales. Ellos son: el incremento de la búsqueda a través de un amplísimo grupo de pesquisas, el acercamiento de los servicios de consejería para que la persona interesada pueda intercambiar con personal especializado que la conduzca por etapas de cambios en su comportamiento; y lo otro es el acercamiento hacia la adquisición del uso del condón como medio de protección, además de insistir, principalmente con los jóvenes, en el retardo del inicio de las relaciones sexuales y exhortar a la familia a que dialogue con los hijos. También se trabaja el tema de la autoes-tima, la fidelidad de la pareja y la abstinencia.”
La Iglesia, en cambio, encuentra en ese “además” la verdadera solución al problema y un camino seguro para superar los riesgos. El profesor Jorge Pérez, por su parte, considera que las actuales campañas y programas de prevención que existen en el mundo debieran buscar un nuevo discurso para llegar a sus receptores, en especial a los más jóvenes
“Yo creo que las propagandas de prevención actuales no están bien encaminadas. El SIDA sigue aumentando. Luego, no hemos encontrado la verdad. No creo que por el mero hecho de que usted use un preservativo se vaya a superar el problema. La persona debe de meditar, saber por qué tiene relaciones sexuales, con quién y si se hace por amor… El que ama quiere, y el que quiere protege. Si usted busca otros valores en la persona con quien tiene o tendrá relaciones sexuales, valores morales, filosóficos, y es fiel, ama, respeta y considera a su pareja, quizás logre lo que hasta ahora no ha logrado. Y ese es, a mi juicio, el mayor acierto del Papa Juan Pablo II cuando precisaba la acción de la Iglesia ante el SIDA: No podemos irnos solamente por el problema, sino por un análisis completo del problema, y este análisis debe ser más profundo. Fíjate si el preservativo no ha resuelto el problema que estamos hoy con SIDA y todavía sigue aumentando.”
La Iglesia no obvia las dificultades y angustias de la gente. Las comprende. Pero como bien asegurara el cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Pontificio Consejo para la Familia, en entrevista ofrecida a Radio Vaticana, “no puede quedarse quieta mientras se continúa llevando a las personas a creer que para tener ‘sexo seguro’ y evitar el VIH tienen que usar condón, y de esta forma vencer la enfermedad… No se dice que hay un porcentaje grave de riesgo, no solamente de SIDA, sino también de diferentes enfermedades transmitidas sexualmente, y que el porcentaje de fracaso es bastante alto”.
La era del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida continúa su curso, y aún con la aparición de nuevos medicamentos y terapias antirretrovirales millones de personas en el mundo siguen muriendo a causa de la infección por VIH. Ante esta realidad, la Iglesia invita a educar en el amor.
DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA
“Dentro de la Línea de apoyo a personas viviendo con VIH se encuentran y organizan los equipos de ayuda mutua –explica la licenciada Gloria Pouzada–, a los que las personas que viven con VIH/SIDA, según su voluntad, pueden o no agruparse. Pero en aras de mejorar su calidad de vida tratamos que asistan. Ahí no sólo van a encontrar la solidaridad de personas que transitan por su mismo problema, van a tener la posibilidad de acceder a cursos de capacitación, pues por lo general, y a petición de los propios beneficiarios, se lleva un tema de interés que les permite ampliar sus conocimientos sobre la enfermedad y les ofrece mejores herramientas para enfrentarla.” |

Padre Fernando de la Vega |
En Ciudad de La Habana existen hoy 23 equipos de ayuda mutua. A algunos de estos equipos, la Iglesia Católica les ha dado un espacio en diferentes parroquias y diócesis a lo largo y ancho del país. Uno de los más antiguos, precisamente, tiene su sede en la parroquia de Monserrate desde mediados de los 90. El padre Fernando de la Vega estuvo entre los primeros sacerdotes –si no el pionero– en acercarse a personas viviendo con VIH/SIDA.
“Un día se me aproximó un joven porque quería que le regalara un jabón. Le dije: ‘yo te puedo dar un jabón, pero una persona joven y fuerte como tú puede trabajar para comprarse un jabón’. Me pidió hablar en privado. Me dijo que tenía SIDA. Me explicó que a la mayoría de ellos no le daban trabajo en ninguna parte, su situación económica era bien precaria y buscaban ayuda de alguien. Le pedí que citara a un grupo o amigos de él y que los trajera para conversar. Simultáneamente hablé con el diácono Lionel Pérez, quien atendía Cáritas Habana, para ver cómo podíamos ayudarlos. Lionel me dijo: ‘bueno un espacio sí, pero no tenemos fondos para eso’.
”Para mí, en aquella época, SIDA era una mala palabra. Hasta ese momento la Iglesia no se había acercado a las personas con VIH. Me reuní con ellos, les hablé, les expliqué que como Iglesia nosotros no podíamos ayudarlos |
materialmente, pero existían otras alternativas: una, brindándoles un espacio; dos, no sólo acogiéndolos, sino tratando de reafirmar en ellos la autoestima; y tres: tocar muchas puertas dentro y fuera del país en busca de medicamentos para atacar enfermedades oportunistas y brindarles alguna ayuda material. Y así empezó todo, primero una noche cada quince días, luego un encuentro semanal y actualmente dos veces a la semana.
”Al principio, participé todo el tiempo, hasta que me di cuenta que podían seguir solos. Muchos de los temas de autoestima, de dignidad humana, se los di yo, pero me di cuenta de que debía evitar (y esto fue uno de los grandes conflictos) los temas religiosos. Las conferencias las impartía desde mi concepción cristiana, pero sin hacer proselitismo, sin obligarlos a bautizarse, venir a misa o rezar. Había tres cosas prohibidas: tocar temas religiosos en las reuniones, si tenían alguna duda o interés les pedía que me vieran después; abordar temas políticos, que siempre iban a resultar problemáticos, divisorios y peligrosos; y por último, que debían respetar los preceptos de la Iglesia pues estaban en la casa de Dios.
”Tuve que empezar por documentarme. Estaba bien claro que el SIDA no era un castigo de Dios por problemas sexuales. En tiempos de Cristo, se decía que los leprosos sufrían el castigo de Dios, sin embargo Cristo los curó. Yo no podía curarlos, pero podía ayudarlos. En la medida que las personas conocieron que yo trabajaba con un grupo SIDA, aparecieron donaciones de diferentes países, especialmente de Estados Unidos.”
También con el tiempo aumentó al número de seropositivos y pacientes SIDA que llegaban hasta la parroquia, por lo que fue necesario conformar dos grupos. Los temas y su tratamiento se ajustaban a las características de cada equipo, priorizándose aquellos que mayor repercusión o impacto tenían en sus vidas. La parroquia llegó también a organizarles cursos de computación, idioma, actividades recreativas y encuentros con médicos, abogados, profesores… que respondían a sus dudas e interrogantes.
Entre los años 1997 y 1998, desde las Cáritas diocesanas comenzaron a organizarse visitas a algunas personas internas en los sanatorios y a otras que vivían en sus hogares pues se habían acogido al sistema de atención ambulatoria. Pronto el número de parroquias que abrían un espacio a los equipos de auto ayuda aumentó. Ya no eran una o dos aisladas. De entonces a la fecha, alejada de los ruidos que siempre entorpecerán la Caridad cristiana, la Iglesia cubana, como sacramento de salvación, sigue acompañando a las personas que viven con VIH/SIDA para sostenerles en tan difícil camino.
*Alocución de S.S. Juan Pablo II a la IV Conferencia Internacional sobre SIDA “Vivir, ¿para qué?”. |
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