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DEPORTES

  - Los mejores dúos ofensivos.
por fernando rodríguez álvarez.
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por Nelson de la Rosa Rodríguez



por Fernando Rodríguez Álvarez
Los mejores dúos ofensivos
Omar Linares.
Omar Linares.
En la historia del béisbol mundial han habido grandes dúos de bateadores o one-two. El más grande de todos los tiempos es sin dudas el que conformaron los míticos George German Babe Ruth y Lou Gehrig, the Iron Horse, “Caballo de Hierro”. Entre ambos dispararon 1207 bambinazos (término que se acuñó por el Bambino Ruth). Ellos coincidieron en la segunda mitad de la década del 20 hasta bien adentrada la del 30 del pasado siglo, causando pavor como parte de los Yankees de New York. Los seguidores de este pasatiempo de aquella época y de ahora, se han debatido incluso en la segmentación de esa fabulosa pareja y han tratado de ponerse de acuerdo sobre quién fue mejor: Babe o Lou. Otro one-two importante fue el que hicieron Mark McGwire y el cubano José Canseco con Los Atléticos de Oakland a fines de los 80 y principios de los 90. Ahora brilla el de los boricuas Carlos Delgado y Carlos Beltrán, núcleo principal del Line up de Los Mets de Nueva York.
En los 45 años de Series Nacionales de béisbol han habido varios duetos de grandes bateadores, de estos considero los más calificados los de Armando Capiró-Agustín Marquetti, Antonio Muñoz-Pedro José Rodríguez, Fernando Sánchez-Lázaro Junco, Antonio Pacheco-Orestes Kindelán, Omar Linares-Luis Giraldo Casanova y el de Pedro Luis Rodríguez-Romelio Martínez.

El de Capiró y Marquetti hizo época en los años 60 y 70, los que formaron parte principal de la célebre Tanda del Terror habanera. Sólo coincidieron 14 temporadas, de ellas 11 con el bate de madera, bola “muerta” y pitcheo soberbio. Armando sufrió una lesión en su rodilla izquierda que, unido a la prohibición de jugar por parte de la dirección del gobierno provincial, le privó de dar muchas más alegrías a sus parciales y coadyuvar más años al dueto con Marquetti. El de Muñoz y Cheíto fue de 15 campañas en común, de ellas las cuatro primeras con madera, bola muerta y el pitcheo fantástico que existió en Cuba hasta principios de los años 80. Ese dúo fue superior al resto durante los años que coincidieron.
En la era del aluminio también brilló con luz propia el de Linares y Casanova, no por gusto considerados dos de los tres peloteros más completos que han jugado en Cuba después de 1959, pero coincidieron en apenas nueve temporadas, debido a la diferencia de edad entre ambos, ya que Casanova le lleva 11 años al Niño Linares. El de Pacheco y Kindelán fue el que más interactuó, pues coincidieron en 21 temporadas, gracias a que ambos nacieron en 1964, por esa razón, unido a su indiscutible calidad y que jugaron la mayor parte de su carrera con bola super viva, pitcheo deteriorado y bate de aluminio, es el one-two que mejores resultados ofensivos acumula desde el punto de vista cuantitativo, baste decir que acumularon un total de 769 jonrones. Estos cuatro dúos interactuaron también durante varios años en la Selección Nacional de Cuba. El resto de las duplas mencionadas fueron también fantásticos en la era del aluminio, aunque Fernando Sánchez, en lo particular en sus seis primeras temporadas, bateó con madera, que incluso dista de la calidad de la que ahora se utiliza. El de los habaneros Pedro Luis y Romelio si no coincidió más (13 temporadas) fue debido a la impopular decisión de retirar de forma obligada a 52 atletas en 1996 y a 35 al año siguiente. Pedro se fue entre los primeros y El Toletero de Bejucal en el 97, aunque tuvo un regreso malogrado en 1999-2000.
Luis Giraldo Casanova.
Luis Giraldo Casanova.
En el caso cubano la gran polémica es clasificar cuál ha sido el mejor one-two. En lo personal me inclino ligeramente por el que conformaron Muñoz y Pedro José, no sin sustentar mi criterio con algunos argumentos agregados a los mencionados. En el período 1973-1985 la yunta villareña, como parte de la renombrada Trituradora Naranja, disparó 546 cuadrangulares e impulsó 1876 carreras y si no siguieron con ese formidable paso ofensivo se debió a la injusta y desproporcional sanción de que fue objeto Pedro José Rodríguez cuando sólo tenía 29 años y que lo sacó durante más de tres temporadas del béisbol, acabando prácticamente con su fenomenal carrera. De no haber sido así Cheíto Rodríguez hubiera agregado a su récord personal y al one-two alrededor de 220 bambinazos más. Su regreso fue pálido al punto que en tres Series Nacionales sólo conectó 10 cuatriesquinazos. De los dúos cubanos me parece que este ha sido más de sluggers, más a lo Babe-Lou, pues tanto Muñoz como Cheo eran los clásicos cuartos bates. Si Muñoz fue tercero en el line up central se debió a que era más completo como bateador y que Pedro José fue el más grande jonronero de su época y me atrevo a afirmar que de todos los tiempos, sólo comparado con Orestes Kindelán, no por gusto Juan Antonio Bobby Salamanca lo reverenció con: “Pase Usted, Señor Jonrón”.

Pero si difícil es definir la mejor dupla no menos complicado es discernir quién fue mejor: ¿Muñoz o Cheíto? Durante diez años esa polémica llenó las peñas de grandes y niños. Antonio Muñoz ha sido en unión de Omar Linares uno de los dos más grandes bateadores de la pelota en Cuba en los últimos 50 años, de todos ha sido el más natural, pues no pasó por ninguna de las etapas en que está organizada la pirámide del deporte cubano y sin dudas ha sido el mejor zurdo. El Gigante del Escambray, era más integral que Pedro José, pues daba más hits, dobles, triples, acumulaba mejores promedios ofensivos y recibía más bases por bolas. Cuando El Señor Jonrón llegó a Series Nacionales ya Muñoz, junto a Capiró y Marquetti, era uno de los consagrados bateadores del patio con seis temporadas jugadas, por lo que su rendimiento con la madera fue más efectivo que el de Pedro José cuando debutó y participó en sus primeras Series. Cheíto era más jonronero y empujador, pues era más oportuno y hasta daba más flys de sacrificio, recibía más pelotazos, pero exhibía mejor tacto (el mejor slugger cubano en ese aspecto). Si Cheo no impulsó más carreras en los años que jugó, obedece precisamente a que tenía a Muñoz delante en el line up, quien en muchas ocasiones limpiaba las bases. En el equipo Cuba se alteraba ese orden pues mayormente Pedro José era el cuarto y Muñoz el quinto hombre de la tanda criolla. Un detalle de interés es que Muñoz posee un somatotipo envidiable amparado en sus 191centímetros, repartido en un cuerpo atlético y vigoroso, mientras que Pedro José sólo mide 176 centímetros y pesaba 92 kilogramos en su forma óptima, aunque tenía un tren inferior fortísimo, así como unas muñecas y antebrazos prodigiosos.

Si de one-two hablamos no quisiera terminar sin decir que a estos prestigiosos dúos ofensivos cubanos se le sumaban terceros bateadores también terribles. Así vemos que a Capiró y Marquetti se les unía el no menos fenomenal Pedro Medina. Muñoz y Cheíto contaron con el respaldo de Héctor Olivera. Los pinareños tenían también a Lázaro Madera. Los matanceros contaban con Julio Germán Fernández. Pacheco y Kindelán tenían detrás a Gabriel Pierre. En el caso de los habaneros, tuvieron la presencia de Juan Carlos Millán, un quinto bate fenomenal que también fue separado de la pelota nacional muy joven en 1997.

Esperemos ahora por el próximo one-two criollo que alcance la categoría de los mencionados.

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