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Oyentes de la Palabra
LITURGIA PARA EL MES DE ENERO
 

por fray Jesús ESPEJA, op.


DOMINGO 6 DE ENERO: LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
“DONDE SE MANIFIESTA DIOS

La Palabra: “¡Levántate, Jerusalén, que llega una luz”. Los Magos “vieron una estrella y se pusieron en camino, llegaron a Belén y adoraron al niño”.

1. Luz es sinónimo de vida y de felicidad. Porque la oscuridad y las dudas ensombrecen nuestro presente y nuestro porvenir, mientras sentimos dentro de nosotros el anhelo de felicidad sin límites, más o menos conscientemente buscamos una luz, un motivo para esperar e ir construyendo el futuro. En esta situación, podemos acudir a una divinidad alejada de nosotros, a ver si por fin interviene, ilumina nuestra ruta y salimos de dudas. Pero muchas veces, aunque hagamos largas oraciones esa divinidad parece que no despierta, no responde, y seguimos nadando como podemos en medio de las tinieblas.

2. El itinerario de los Magos, unos paganos, puede ser revelador para nosotros: “hemos visto salir una estrella”. Dentro de cada uno de nosotros, en el sagrario de nuestra conciencia, está Dios mismo como anhelo de felicidad sin límites: hay en nosotros un deseo que no acallan todas las metas históricas. Reclamo que a la vez es luz e impulso para seguir adelante. Cuando escuchamos esa voz que nos habita, recibimos nuevos ojos para ver que todos los seres humanos y todas las realidades creadas son en cierto modo manifestación o epifanía de Dios. No sólo a los que conocemos el evangelio, sino a todos los seres humanos ilumina la Palabra que es Jesucristo.

3. Iluminados con esa luz interior, los Magos miraron de otra forma los astros del cielo y ahí descubrieron la huella de Dios. Pero dieron un paso más: “se pusieron en camino”; salieron de su propia tierra y emprendieron una trabajosa búsqueda, siempre guiados por la estrella cuyo resplandor singular descubrieron inesperadamente. Esa misma luz les permitió descubrir en un niño pobre y desvalido al Salvador: “vieron a un niño y adoraron a Dios”. Que dejemos emerger en nosotros la luz de Dios que nos habita. Que podamos mirar con ojos limpios para descubrir signos de esperanza en las personas y en la sociedad. Que, saliendo de nuestras propias cenizas nos pongamos en camino, para descubrir y adorar a Dios en los seres humanos, en el niño desvalido y en tantos excluidos de latierra. Sólo en esa opción se puede mantener viva nuestra esperanza.

DOMINGO 13 DE ENERO: BAUTISMO DE JESÚS
“AL PRINCIPIO ERA EL AMOR”

La Palabra: “Apenas se bautizó Jesús, se abrió el cielo y se vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto”.

1. Para vivir los seres humanos necesitamos amar y ser amados. Cuando nos aman, celebramos que nuestra vida sea valorada y, cuando nadie nos quiere, corremos peligro de creer que nuestra vida ya no merece la pena. La necesidad de ser amados y la tentación de caer en el desánimo cuando no experimentamos el amor, también son prueba para los mismos cristianos que un día recibimos el bautismo.
“¡Levántate, Jerusalén, que llega una luz”.


2. Jesús de Nazaret, hombre verdadero, profeta indefenso, pronto experimentó el rechazo de las autoridades religiosas judías que no aceptaban la buena noticia de Dios: Amor incondicional a favor de todos. En cierta ocasión, consciente de que su empeño por anunciar el evangelio podía desencadenar el proceso que le llevó a la muerte, manifestó su interioridad: “te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes, y en cambio se las revelas a los sencillos”. Jesús está viendo que la oposición y el rechazo de estos “sabios y prudentes” pueden llevarle a la cruz. Sin embargo, en medio del temor y del dolor, experimenta un gozo intenso: en cualquier hipótesis, ocurra lo que ocurra, Dios es “Abba”, ternura infinita. Alguien en quien siempre se puede confiar. Esta intimidad con el Padre, generó en él esa confianza para vivir y morir con amor y por amor.

3. En el relato del bautismo el evangelista resume bien el espacio interior de Jesús mientras vivió en Nazaret, recorría las aldeas de Galilea proclamando el evangelio, y soportaba los oprobios en la cruz. Jesús es el lugar del Espíritu, como la casa de una paloma es su nido. En esa presencia del Espíritu, Jesús experimenta su condición de Hijo. Según los evangelios, cuando todavía es un niño, cuando predica y hace signos, y cuando tiene que morir en silencio, gusta siempre la cercanía benevolente del Padre. Amor gratuito y materno de Dios que de algún modo arropa siempre a todos los seres humanos, iluminados también por el Espíritu. Un proyecto de salvación que se concreta en el bautismo de los cristianos; también ahí el Espíritu desciende, y se manifiesta nuestra condición de hijos amados.

20 DE ENERO: DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO
“EL QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO”

La Palabra: Juan el Bautista vio a Jesús que venía hacia él, y exclamó: “este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

1. Vivimos una cultura donde lo más importante es gozar a costa de quien sea y de lo que sea. Se prescinde de Dios y la religión, mientras el pecado parece cosa de otros tiempos. Sin embargo, hay en la existencia humana y en nuestra relación con los otros una serie de incoherencias que falsean y desfiguran a nuestra humanidad. A esto se refiere san Pablo en una de sus cartas, cuando dice que todos somos capaces de “matar la verdad con la injusticia”; eso es pecado. Si utilizo al otro como si fuera una cosa, estoy negando su verdad como persona e imagen del Creador. Mato también mi propia verdad pues pretendo ser Dios absoluto cuando sólo soy imagen. Y estoy olvidando que Dios Amor es el único señor que a todos nos hace hijos y hermanos.

2. ¿Quién no experimenta estas incoherencias y estas mentiras en su propia conducta? ¿Quién no ha sufrido esa dura tensión de hacer muchas veces lo que comprende que está mal, y de no hacer aquello que debía? Es necesario que avivemos la conciencia de pecado, no por miedo a una divinidad que siempre nos amenaza con un palo, sino por el deseo de alcanzar el desarrollo auténtico de nuestra humanidad. El pecado va en primer lugar y directamente contra nosotros mismos.

3. Jesús de Nazaret fue hombre totalmente libre de falsos absolutos, siempre abierto con amor hacia los demás. Según los evangelios no se dejó dominar por el ansia de tener, de figurar o de poder para dominar. Fue totalmente humano porque no hubo mentira en su proceder. En el nacimiento, en la conducta histórica y en la muerte de Jesús, Dios estaba con él humanizando a la humanidad y abriendo un camino para todos. Haciéndose cargo y cargando con todos nuestras incoherencia. Ese mismo Dios, padre y madre, que nos ama, también está en nosotros, como Espíritu de vida, para que re-creemos en nuestra propia historia la conducta de Jesús.

27 DE ENERO: DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO
“CONVERSIÓN AL REINO DE DIOS”

La Palabra: “Jesús comenzó a predicar diciendo: convertíos porque está cerca el reino de Dios”.

1. “Reino de Dios” es símbolo de una utopía que una y otra vez mantiene viva la esperanza en el pueblo donde se escribió la Vida. Un tiempo paradisíaco donde el lobo feroz y el cordero indefenso vivirán juntos y en paz. Cuando los humanos en vez de forjar lanzas y espadas para matarse, invertirán los recursos en fabricar arados y podaderas. En nuestra cultura diríamos: se acabarán las violencias e imposiciones de unos pueblos sobre otros, y en vez de inventar armamentos cada vez más sofisticados para matar, la técnica servirá para producir más recursos y distribuirlos con equidad entre todos. Simplificando mucho podríamos decir que “reino de Dios” es lo que ocurre cuando mujeres, hombres y pueblos tienen como único señor de su vida y de sus pasos a Dios, Amor incondicional que quiere la vida en plenitud para todos.

2. El “reino de Dios”, esa nueva sociedad en que de algún modo todos soñamos, ya está irrumpiendo. Ha llegado ya en el acontecimiento de Jesucristo: la nueva humanidad que se ha manifestado y ha procedido sólo por amor. Está llegando en esa comunidad que llamamos Iglesia, signo y proclamación de la salvación y oferta del camino para legar a la perfección humana que ha tenido ya lugar en Jesucristo. Y el reino de Dios está irrumpiendo en el corazón de todos los seres humanos que, gracias al Espíritu, se abren a la buena noticia y tratan de ser testigos elocuentes de la misma. Es el reino de verdad y de justicia, de amor y de fraternidad que crece ya en todos los rincones de nuestro mundo.

3. Una y otra vez los seres humanos y los pueblos, movidos por el Espíritu que ya los trabaja, han hecho proyectos económicos y políticos buscando ese reino. Son mesianismos intrahistóricos que, una y otra vez, por una serie de factores imprevisibles, se quedan a medio camino. Los cristianos confesamos que Jesús de Nazaret, con su forma de vivir y de morir, es el verdadero Mesías. Según el evangelio, él es camino, verdad y vida que puede inspirar, sanar y perfeccionar todos los proyectos sociopolíticos de liberación humana que podemos y debemos ir construyendo. Porque Jesús pensó, vivió y actuó desde Dios, recorría las aldeas de Galilea, anunciando la buena noticia de Dios, “curando las enfermedades y dolencias del pueblo”. Jesús es referencia de verdad para las necesarias liberaciones intrahistóricas que los hombres y los pueblos vamos logrando.


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