Santo!, tu presencia conduce infaliblemente a la Iglesia. Derrama, te lo pedimos, la plenitud de tus dones sobre este Concilio Ecuménico. Renueva tus maravillas en nuestros días como en un nuevo Pentecostés”.
En los últimos años del siglo xx y principios del actual, cuando la fe sigue pareciendo que se va debilitando en el mundo, el Espíritu Divino ha suscitado varios movimientos en la Iglesia para realizar una Nueva Evangelización en nuestro tiempo como pidió el Papa Juan Pablo II en 1979. Entre estos movimientos se encuentra la Renovación en el Espíritu Santo, suscitada por el Espíritu en la Iglesia y para la Iglesia como una “corriente de Gracia”, según afirmó el cardenal Joseph Suenens.
Justo con la celebración de los 40 años del nacimiento de la Renovación en el Espíritu Santo en el mundo y 30 años en Cuba, todavía se mantienen actuales las palabras que el Papa Juan Pablo II dirigió a sus miembros el 4 de abril de 1998: “El movimiento carismático católico es uno de los muchos frutos del Concilio Vaticano II que, como un nuevo Pentecostés, ha suscitado en la vida de la Iglesia un extraordinario florecimiento de asociaciones y movimientos, particularmente sensibles a la acción del Espíritu. ¿Cómo no dar gracias por los grandes frutos espirituales que la Renovación ha producido en la vida de la Iglesia y en la vida de tantas personas? ¡Cuántos fieles laicos, hombres y mujeres, jóvenes, adultos y ancianos, han podido experimentar en su vida la sorprendente fuerza del Espíritu y de sus dones! ¡Cuántas personas han redescubierto la fe, el gusto por la oración, la fuerza y la belleza de la palabra de Dios, traduciendo todo esto en un generoso servicio a la misión de la Iglesia! ¡Cuántas vidas han cambiado totalmente! Por todo ello, hoy, junto con vosotros, quiero alabar y dar gracias al Espíritu Santo.”
Cuando el Santo Padre Benedicto XVI, era aún cardenal Ratzinger, habló sobre la Renovación Carismática en un libro escrito por el periodista Vittorio Messori: Ratzinger Report. En su comentario expresa cómo a pesar de los momentos difíciles que está viviendo la Iglesia y el mundo hay una gran esperanza: “Lo que suena lleno de esperanza por toda la Iglesia universal, es el surgimiento de nuevos movimientos que nadie ha planeado y nadie ha hecho nacer, pero que simplemente surgen por sí mismos de la vitalidad interior de la fe… Estoy pensando por ejemplo en el movimiento de Renovación Carismática, el movimiento
UN POCO DE HISTORIA…
El 8 de diciembre de 1965 terminó el Concilio Vaticano II. El programa de renovación propuesto entonces comenzó a ponerse en práctica no sin serias dificultades que llevaron la duda y la angustia a muchos. En 1966, varios profesores católicos de la Universidad de Duquesne del Espíritu Santo, en Pittsburgh, Estados Unidos, se reunían frecuentemente para conversar acerca de la vitalidad de su vida de fe y para orar en común.
Se daban cuenta de que, a pesar de sus grandes esfuerzos por vivir y difundir el Evangelio, los frutos que obtenían eran pobres. En una de esas reuniones decidieron hacer un compromiso: cada día orarían unos por otros con la Secuencia de la Misa de Pentecostés: “Ven Espíritu Divino...”.
Corría el mes de febrero de 1967 cuando una noche en que estaban reunidos en oración el Señor dio respuesta a su pedido, regalándoles una experiencia viva que cambió todas sus vidas. Fue como un Pentecostés a nivel personal. De ese grupo de profesores y estudiantes católicos surgió el primer Grupo de Oración. La Renovación Carismática o Renovación en el Espíritu Santo había nacido. Todo comenzó con una chispa en Pittsburgh, que se propagó como incendio sobre paja y ha invadido los cinco continentes. Actualmente, 40 años después, se calcula que más de 100 millones de católicos se reúnen semanalmente en grupos de oración alrededor de todo el mundo, y de éstos, 70 millones son de América Latina.
El nacimiento de la Renovación en Cuba se produce cuando el padre Iván Berguerón, p.m.e., inicia un primer grupo en la diócesis de Matanzas y la hermana Eliette Gagnón, m.i.c., años después en La Habana. Era septiembre de 1977. Aunque surgieron otros grupos, no duraron mucho. Es, precisamente, el que se reunía primero en casa de las Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción, m.i.c., y luego en la parroquia del Corpus Christi, el que perseveró por más de 10 años.
No fue hasta el ENEC (Encuentro Nacional Eclesial Cubano), en febrero de 1986, que ocurre el crecimiento y multiplicación de los Grupos de Oración en la Arquidiócesis de La Habana. Tres meses después, existían 20 grupos reuniéndose en varias parroquias todas las semanas. Hoy están presentes en casi todas las diócesis del país. Existe un Consejo Nacional de Coordinación y varios equipos diocesanos con sus respectivos asesores. ¿QUÉ ES UN GRUPO DE ORACIÓN DE LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA?
Es una reunión de creyentes que se congregan semanalmente para alabar y dar gracias al Señor. Jesús mismo es el centro de estas reuniones de oración. Al impulso del Espíritu Santo se alaba a Dios, se acoge la Palabra de Dios, se canta al Señor, y se experimenta el amor de Dios actuando en medio del grupo a través de los carismas. Los testimonios, el compartir de los hermanos, la docilidad al Espíritu, la apertura y entrega al Señor son elementos normales de estas reuniones de oración.
La Renovación ha demostrado que es un árbol bueno por los excelentes frutos que produce cuando es auténtica y profunda:
a. Lleva a las personas a la experiencia del encuentro
personal con Jesús que está vivo.
b. Conduce a una oración profunda, personal y
comunitaria.
c. Apertura y docilidad al Espíritu Santo.
d. Conversión sincera, profunda y continua.
e. Amor a la Palabra de Dios.
f. Amor a la Iglesia. Unidad con los Pastores: el papa,
los obispos, sacerdotes, diáconos…
g. Progresiva purificación de la piedad popular.
h. Aumento de vocaciones sacerdotales y religiosas.
i. Impulso evangelizador con el poder del Espíritu Santo. UN TESTIMONIO
“Mi niñez y juventud se desenvolvieron en un ambiente de peleas entre mis padres. Mi papá era alcohólico y yo sufría la vergüenza de verlo llegar en esas condiciones. Aunque asistía a Misa y no dejé la iglesia como los otros muchachos de mi parroquia, espiritualmente estaba vacío. En esas condiciones me invitaron a un Grupo de Oración que recién comenzaba. Cuando me preguntaron a qué venía, respondí: ‘Yo vengo buscando a Cristo’.
”En ese grupo aprendí a conocer a un Dios que está muy cerca de nosotros, que es rico en misericordia y que nos ama infinitamente. Por primera vez en mi vida experimenté el amor de Dios en una noche y eso cambió mi vida totalmente. De pronto, veía y entendía con una nueva luz, la Palabra de Dios, que tantas veces había leído. La Misa y los Sacramentos adquirían un sentido nuevo; descubrí no sólo la oración en grupo, sino la oración contemplativa: ‘estando muchas veces a solas con el que sabemos que nos ama’. Nació en mí un amor renovado a la Iglesia y esto me llevó a un compromiso eclesial fuerte, de ahí a la necesidad de evangelizar. Mi vida hoy es muy diferente.” (Luis, 55 años)
Es imposible compartir la riqueza de este movimiento en un solo artículo, por eso los que quieran tener más información pueden dirigirse al Centro nacional de servicios de la Renovación Carismática Católica de Cuba: Calle 146 # 904, esquina a 9na. Playa. Ciudad de la Habana, C.P. 11600, Cuba. Teléf. 208-3387. E-mail: rccuba@yahoo.com.
Termino citando al Papa Benedicto XVI cuando aún era el cardenal Ratzinger: “en medio del corazón de un mundo desertizado por el escepticismo racionalista ha surgido una nueva experiencia del Espíritu Santo que ha alcanzado las proporciones de un movimiento de renovación a escala mundial. Lo que nos narra el Nuevo Testamento sobre los carismas que se manifestaron como signos visibles de la venida del Espíritu Santo no es mera historia antigua, concluida ya para siempre; esta historia se repite hoy bullente de actualidad”. (Ratzinger Report, p.168). |