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Las virtudes humanas y espirituales que supo desarrollar con fidelísimo tesón, unidas a sus grandes dotes intelectuales, hicieron del Padre Varela un verdadero modelo para los católicos de Nueva York. Su insigne caridad, su celo apostólico y su palabra iluminadora le granjearon el cariño filial del pueblo, la admiración de sus discípulos, el respeto preocupante en sus contrarios y la alta estima de sus superiores y compañeros de presbiterio.
Cuando en 1837 se reunía en Boston el tercer concilio provincial de los Estados Unidos, nuestro distinguido sacerdote era elegido para representar al Obispado de Nueva York. Allí, donde acogieron al Arzobispo Metropolitano, 8 obispos, 11 teólogos y 8 eclesiásticos más, el padre Varela fue designado como procurador.
Ese mismo año, su obispo lo nombra Vicario General; cargo que desempeñó cuidadosamente con la satisfacción de todos hasta su muerte. Y no sólo esto, sino que pensó en su nombramiento episcopal. Pensamiento que encontró mucho apoyo en el clero y en los fieles y que, al parecer, no llegó a materializarse según algunos por la firme oposición del propio Varela, que no lograba aceptarse digno de esa responsabilidad. Parece que su nombre se invocó mucho en 1837 cuando hubo que nombrar coadjutor al obispo Dubois; o en 1842, cuando a la muerte del mismo prelado se trató de designar como sucesor. Hay otra interpretación al hecho de no haber sido nombrado, referente a una insistente oposición del ministro español presentada a la Santa Sede –esto último no está del todo claro, aunque de ser verdad, creemos firmemente que estaría relacionado con su participación en las cortes de Cádiz y su postura radical ante la actuación tan poco digna del entonces monarca español. Además, la influencia espiritual cívica del presbítero cubano, en los círculos pensantes más destacados de Cuba, provocó mucha molestia en el Gobierno colonial de la Isla, el cual miró siempre con recelo al ilustre sacerdote.
Sea como fuere, quedó más que probado que la reputación del padre Varela como teólogo profundo, como pastor incansable y fiel, como verdadero apóstol de la fe católica en Norteamérica, estaba perfectamente cimentada y por todos reconocida. En 1841, el claustro de Teología del Colegio seminario de Santa María de Baltimore, le confirió el grado de Doctor en Sagrada Teología.
Fue en esta misma ciudad, capital del Estado de Maryland, donde sesionó el sexto Concilio provincial. Tomaron parte en el mismo 18 obispos y arzobispos, 3 obispos auxiliares, 25 teólogos y 12 eclesiásticos.
El padre Varela fue elegido uno de los tres teólogos que representaron al Obispado de Nueva York.
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A continuación un testimonio de una Gracia obtenida
(los testimonios han sido transcritos conforme al texto original)
Ciudad de la Habana, 11 de marzo de 2007
Muy estimado padre Rafael, prior del Convento de San Juan de Letrán,
Calle 19 entre I y J, Plaza, Ciudad de la Habana.
Tengo a bien comunicar mi experiencia para hacer patente humildemente en la causa de Beatificación del padre Félix Varela que ha obrado por su intercesión ante Dios por la enfermedad de mi esposa Ana María Silvera.
En febrero del 2006 mi esposa le detectaron un pequeño tumor en el pulmón, de inmediato se atendió en el Oncológico y después de estudios más profundos determinaron que por ser fumadora sus pulmones no tenían la capacidad respiratoria suficiente para operarla, por lo que necesitaba dejar el cigarro y hacer un tratamiento de rehabilitación en el Julio Díaz, esto duró 75 días más o menos, pero logró alcanzar el por ciento necesario para llevarla al salón de operaciones. Por la gracia de Dios todo fue de la mejor forma y muy rápido, fue operada el 31 de agosto de 2006, el tumor era maligno, en lo adelante todo el proceso recuperatorio fue excelente autorizándose la radioterapia y la quimioterapia, proceso que trascurrió normalmente y con resultados muy positivos. Cuando se terminaron estos tratamientos hubo que esperar a febrero de 2007 para hacerle de nuevo un chequeo, el cual dio favorable, así como su estado físico y mental muy satisfactorio y le dieron el alta y pudo hacer una vida normal hasta el momento que le escribo. Durante este largo proceso todas las noches he rezado al padre Félix Varela en busca de intercesión ante Dios por la curación de Ana María, y hoy con gran satisfacción hago patente este testimonio para que sea una prueba más del milagro que ha observado gracias al bendito padre y a Dios gracias y que pueda servir para su beatificación.
Sin más y muy agradecido de usted por orientarme del padre Varela por su intercesión y de Dios bondadoso por este milagro, se despide de usted:
Eduardo
Miembro Comunidad (AA)
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ENVIE SU CARTA A:
Monseñor Ramón Suárez Polcari
Causa de Canonización del Siervo de Dios Pbro. Félix Varela y Morales.
Calle Habana #152 esquina a Chacón. Habana Vieja.
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